Miro mi reflejo en el espejo, un gran vestido
blanco, corte princesa que cae en el piso con elegancia y que en los bordes inferiores tiene un bordeado de tonos dorados que harían cualquier mujer sentirse como una princesa. Miro hacia mi mano izquierda y veo los finos guantes blancos con algunas perlas rosas en el mismo, sobre este hay un anillo de
diamante rosa con pequeños diamantes blancos, es algo digno de un cuento de hadas, un cuento de hadas en donde la princesa se coloca el velo cubriendo su rostro como estoy haciéndolo yo ahora mismo y sonríe emocionada porque al fin consiguió el final feliz.
Me giro lentamente y observo la gran habitación, doy dos pasos en el lugar y suspiro, toco mi abdomen sintiendo que el corsé está demasiado ajustado para mi gusto, incluso los tacones dorados son
incomodos, todo lo es. Sé que luzco como una princesa, mi piel morena brilla por todos los cuidados y buena alimentación que he llevado últimamente, me veo bien, pero ¿me siento? No sé lo que siento.
¿Qué está mal en mí? He pedido no ver a mis
hermanas cuando llegaron, todos están ahí afuera esperando que la novia camine hacia el altar y sonría mientras mira a su futuro esposo, el hombre con el cual compartirá toda su vida ¿toda su vida? Eso debe ser una broma. Ni siquiera he visto a mi futuro esposo una vez desde que llegue, he pedido no verlo o no me presentaría, eso fue muy convincente.
¿Por qué tome está decisión? ¿será por qué
perdí? Por unos segundos me permito recordar la sonrisa de Michael cuando lo conocí, me pareció tan real y lo hice, permití que se acercara un poco, pero
esa pequeña cercanía me hizo llorar cuando se fue. ¿Por qué decidí hacerlo? ¿por mis hermanas? Quizás, necesitaba que todas fueran felices y así podría tomarme el tiempo para ver lo que realmente soy, lo que he hecho y como mis acciones nos llevaron aquí sin que ellas lo supieran.
¿Cómo les digo a las personas que están ahí
afuera que no estoy sorprendida? Yo lo vi venir, vi lo que sucedería y lo permití, no tengo arrepentimientos sobre ello, me gustaría hacerlo, pero como
Nadia dijo por años, algo está mal en mí. No estoy feliz, no estoy triste o preocupada, solo estoy aquí viendo todo suceder y peleando cuando es necesario porque es lo que una buena chica haría, lo que debía hacer para mostrarle a mis hermanas como hacer las cosas.
Siempre la chica que es el ejemplo, las mejores calificaciones, siempre mostrando como debían comportarse, siempre siendo la persona responsable si algo malo sucedía por años, hasta que mi carga, mis preocupaciones fueron entregadas a Kaleani y eso fue su perdición, ella tuvo que hacerlo porque algo estaba mal en mí, no podía fingir como ella, no podía sonreír si quería, soy real, solo esto.
Mi cuerpo tiembla cuando escucho un golpe en
la puerta y suspiro tocando mi pecho.
- Señora, están esperando. – escucho decir a
alguien a través de la puerta.
- Necesito unos minutos. – respondo en voz alta.
- Señora, le he dado media hora. – me recuerda.
Miro hacia el espejo que cubre un costado
completo de mi ahora habitación y observo mi cuerpo, doy un paso hacia el espejo y sonrío, luce falso, no real, cierro mis ojos y pienso en algo positivo, algo feliz ¿tengo un recuerdo feliz? Recuerdo a mis hermanas y sonrío sin poder evitarlo, pero abro los ojos y recuerdo lo malo, siento nauseas al hacerlo.
-He mentido tanto. – susurro.
Siento ¿culpa? ¿Por qué? ¿Por qué ahora? todo
es perfecto, todos están bien, me encuentro viviendo en una mansión de 7 habitaciones, ocho baños, pero solo tonos grises por todos lados no me hacen
disfrutar estar aquí, en Bismarck, Dakota del Norte, pero debo hacerlo, miro hacia la puerta cuando intentan abrirla y maldigo ruidosamente. He evitado
hablar con mi prometido todo este tiempo, he ignorado a mi futuro suegro cuando pregunto por mi seguridad, he fingido tanto que no tengo algo más que utilizar ahora mismo, solo estoy yo aquí.
¿Debo llamar a Kaleani? ¿ella entenderá? ¿me
dirá que sentir ahora? no sé qué sentir, solo ¿Qué siento? Toco el collar fino de oro blanco que cubre mi cuello y sacudo mi rostro logrando que algunos
mechones de cabello rizado caigan en mi frente. Miro hacia abajo y luego de vuelta hacia el espejo, grito sin poder evitarlo al ver por unos segundos al
ver a alguien de pie detrás de mí, me giro rápidamente y no veo a nadie ahí.
Frunzo mi ceño confundida e intento tranquilizarme, escucho gritos del otro lado de la puerta cuando notan que he colocado seguro. Toco mi pecho y mi cuerpo se congela en el tiempo cuando recuerdo
a quien he visto detrás de mí, recuerdo… lo hago, recuerdo a él, recuerdo mi versión de 18 años conociendo a un torpe chico con pecas que decidió seguirme a todas partes.
-Maldición. – digo en voz alta.
Cubro mis orejas cuando un fuerte golpe me
regresa al presente, miro hacia la puerta y veo a un hombre jadeando de pie mirando hacia todos lados sujetando su pistola. Se acerca a mí y toca mi hombro luciendo preocupado, veo sus labios moverse y no escucho nada, no entiendo nada porque recordé… recordé lo que hice, recordé lo que perdí, recordé todo… la traición y la perdida.
- ¿Está bien? – logro escuchar.
- Lo perdí. – susurro.
Mis ojos arden y niego sollozando.
- ¿Qué? puedo ayudar. – me asegura.
- Lo perdí. – susurro de nuevo.
Cierro mis ojos y recuerdo… lo hago.
...18 años...
Veo mis horarios de clases y no estoy de acuerdo ¿Cuándo tendré tiempo para mí misma? Un trabajo de medio tiempo y clases todo el día, no es mi plan, pero debo hacerlo, Nadia me ha organizado todo, Nadia tiene expectativas de como todo sucederá y debo hacerlo, lo correcto. Miro hacia mi izquierda y veo a John lanzar mis maletas al piso con molestia, él fue el encargado de venir conmigo, rentar el apartamento y pagar la renta por algunos meses ¿Por qué debo trabajar? Porque debo ser responsable, debo serlo.
Peino mi cabello largo con mis manos y sonrío
al escucharlo maldecir, me gusta saber que está molesto, me alegra saber que no disfruta esto, quiero que sufra porque he visto como mira a mis hermanas, lo odio, pero no puedo alejarlo, no puedo… por ahora. lo veo caminar hacia mí y sujeta mi rostro con su mano, mi corto vestido verde se sacude por la
brusquedad.
- Arruinas esto y yo mismo te arruino a ti. – me
advierte.
- Nunca he arruinado nada. – le recuerdo.
- Eres inútil, no he olvidado que no cumpliste
con tu misión. – me recuerda.
-El hombre era molesto. – le digo.
Me empuja alejando su mano de mi rostro.
- Debías conseguir los datos solicitados, no dar
tu opinión. – me dice. – He perdido tiempo contigo, te enviaré el contacto de un entrenador en la ciudad, sigue tu rutina porque te probaré cuando sean
vacaciones. – me advierte.
- Lo sé. – admito.
Lo veo lanzar un sobre con dinero al piso y camina hacia la puerta, abre la puerta y la cierra con fuerza, me acerco al dinero y lo tomo lentamente, son 2000 dólares y sé que serán útiles para comprar comida por un tiempo. Observo el pequeño apartamento, una gran sala en donde está la cocina a un costado y en el centro una pequeña cama sin sabanas, debo comprar un refrigerador pequeño y una estufa para cocinar, debo comprar
muchas cosas.
Suspiro al escuchar un golpe en la puerta ¿Qué
sucede ahora? camino lo más lento que puedo hacia la puerta y la abro, me sorprende ver a alguien diferente ahí, veo a un chico mirándome fijamente, sus
ojos marrones claros me ven con un brillo que nunca había visto antes y luego sonríe, dientes imperfectos que son perfectos a su manera, frunzo mi ceño al
notar su torso desnudo cubierto de ¿pintura? Pintura de diferentes colores, su cuerpo solo está cubierto con unos pantalones sueltos blancos que también están manchados.
Vuelvo a mirar su rostro notando la diferencia de estatura.
- ¿Qué? – pregunto.
- Bienvenida. – dice sorprendiéndome.
- ¿Qué? – pregunto confundida.
- No pude evitarlo, soy el único estudiante aquí
y note que tenías libros, así que estoy intentando darte la bienvenida, vivo al final del pasillo, puedes tocar mi puerta si necesitas ayuda. -me informa.
Retrocedo lentamente mirando fijamente las
pecas que cubren sus mejillas y nariz, su cabello castaño oscuro cae en su frente húmeda, siento mi corazón latir rápido y no me gusta, cierro la puerta
rápidamente ignorando su presencia, escucho su risa, toco la puerta con mi mano, me pongo de puntitas en mis pies para ver por la mirilla de la puerta y lo veo de pie sonriendo.
- Mi nombre es Ángel. – dice sonriendo. – Te
dejaré aquí en la puerta un listado de números importantes, policía y demás, por cierto, soy hijo del encargado del edificio, sabía de tu llegada, no soy un
acosador, señorita Wagner. -dice.
Deja de sonreír y acerca su mano en la puerta.
-Hasta luego. – dice.
Lo veo alejarse y suspiro feliz de que se haya
ido, me giro y veo el desastre que debo arreglar, decido empezar antes de que anochezca porque mañana tengo mi primera clase. Me toma media tarde convertir estas cuatro paredes en algo más que un lugar sin color, necesito cortinas para la única ventana del pequeño lugar y demás, me doy un corto baño al terminar y peino mi cabello húmedo, lo dejo suelo y cubro mi cuerpo con un vestido floreado de color rojo, salgo de mi apartamento sabiendo que anochecerá pronto.
Bajo las escaleras del edificio y cuando mis
pies tocan la acera acerco mi bolso a mi pecho, lo noto, es la primera vez que estoy sola, estoy en una ciudad diferente, estoy en Denver, estoy lejos de casa por primera vez y nadie me vigila ¿Cómo no perderme ahora? intento relajarme y camino por la acera, me dirijo hacia el lugar en donde sé que hay un pequeño supermercado, al llegar entro y busco todo lo que podría necesitar, comida para unos días y al ver todas las bolsas se lo estúpida que fui, pienso que debo hacer y le pido a la cajera que envíe todo a mi apartamento, doy mi dirección y solo me llevo una bolsa, debo pagar extra por ello, pero no importa.
Miro hacia el cielo notando la oscuridad, camino de regreso a mi apartamento y en todo el camino intento no extrañar mi hogar, intento no querer regresar o preocuparme por mis hermanas, ellas deben ser vigiladas constantemente, alguien debe ver que Kalsey, está robando dinero y alcohol, he estado ocultándolo, pero lo verán, lo harán.
Maldigo ruidosamente cuando mi bolsa se rompe,
veo todo en la acera y veo a dos personas pasar, nadie me ayuda, pienso que debo hacer y tomo todo lo que puedo torpemente, veo algunas papas en la acera y decido abandonarlo, sigo caminando y ya puedo ver mi edificio, me detengo al ver un auto detenerse en la entrada, veo salir al chico que conocí hace algunas horas.
Espero que él entre al edificio antes de acercarme, empujo la puerta con mi hombro derecho y todo lo que se encuentra en mis brazos vuelve a caer al piso, grito molesta y suspiro intentando relajarme,
escucho algo y miro hacia las escaleras, intento no lucir sorprendida al ver a alguien mirándome fijamente, veo a aquel chico saludarme con su mano, su
cabello ahora está sujeto hacia atrás en una coleta.
- ¿Necesitas ayuda? – pregunta.
- Creo que sí. -admito en voz baja.
Lo veo acercarse, veo la bolsa en su brazo y
noto algunos libros en la misma, él abre su bolsa y guarda mis cosas ahí lo mejor que puede, observo cada uno de sus movimientos, observo su nariz pequeña, sus labios gruesos y como tiene largas pestañas, sus ojos se encuentran con los míos y sonríe sorprendiéndome, sonrío sin saber por qué.
- ¿Eres así siempre? – pregunta.
Me siento confundida.
- ¿Cómo? – pregunto.
-Me miras. -me dice.
- No entiendo. – digo.
Lo veo ponerse de pie y sujetar la bolsa cerca
de su pecho, mira hacia otro lado por unos segundos y niega lentamente, duda antes de hablar y al final no lo hace, camina hacia las escaleras y sigo sus
pasos, subo cada uno de los escalones lo más rápido que puedo, cuando llego al piso cuarto, me apresuro en abrir mi puerta, lo detengo antes de que entre.
- Yo lo hago. – le pido.
- ¿Qué? – pregunta con confusión.
- Te entregaré tus cosas después. -le pido.
-De acuerdo. – me dice.
Me entrega el bolso y lo veo alejarse, entro
al apartamento y veo mi ropa interior en el colchón todavía desnudo, cierro la puerta con mi pie y acomodo todo lo mejor que puedo, quiero gritar cuando
recuerdo que no tengo refrigerador, todo lo que debe estar ahí se arruinará. Separo lo que puede ser guardado en el pequeño gabinete de la cocina, es pequeño, pero suficiente, creo que me mudaré sin informarle a nadie.
Miro los libros que estaban en la bolsa y son
de ¿arte? ¿estudia eso? Abro uno de los libros y algo cae, veo una pequeña hoja de papel doblada, abro la hoja de papel y veo algo escrito en letra perfecta
cursiva…
...Tal vez esto será todo...
...Todo lo que podré ver y escuchar...
...Todo lo que podré sentir y amar...
...Será todo lo que alguna vez podré desear...
...Si lo será todo, ¿Por qué me asusta?...
Vuelvo a doblar la hoja de papel y la coloco dentro del libro, camino hacia mi puerta y abro la puerta, salgo de mi apartamento y me dirijo hacia la última
puerta al final del pasillo, golpeo la puerta sujetando el bolso en mi mano izquierda. Abren la puerta segundos después y veo a ¿Cuál es su nombre? No lo recuerdo.
- Gracias. -digo.
Él toma su bolso y asiente, retrocedo y me giro, doy unos pasos cuando
escucho mi nombre.
- Sabes mi nombre. -digo un poco sorprendida.
-Vi el contrato. – admite. – Sé que notaste que
no tienes refri, tenías, pero el mío se averió y tome el tuyo, me aseguraré de que en menos de tres días tengas uno. – me asegura.
- Perderé carne y…- me interrumpe.
- Usa el mío. – me sugiere. – Era tuyo de todos
modos. -me dice.
- Lo pensaré. – digo.
Sigo caminando y me detengo sin saber porque, no escucho su puerta cerrarse, me giro y lo veo observándome, luce sorprendido de que lo he notado, su rostro toma un ligero todo rojizo.
- ¿Cuál era tu nombre? – pregunto.
- Ángel. – responde.
- Soy Kristin. – digo.
- Lo sé. – dice sonriendo.
- Sé que lo sabes. – admito.
Me giro y sigo caminando mientras sonrío, abro mi puerta y entro a mi apartamento, cierro la puerta y apoyo mi espalda de la misma ¿Qué fue eso? Fue
un poco torpe, pienso en lo que he leído y me pregunto si es una tarea o algo más, pero no debe importarme, debo encontrar un teléfono y llamar a casa, quiero saber cómo está Kaleani con su enamoramiento sin sentido.
Cierro mis ojos.
- Ángel. – digo lentamente. – Me gusta como suena. – admito.
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