Mi cuerpo se tensa porque sé que debo cumplir con mi deber ¿deber? Que palabra más estúpida, creada para oprimir a personas que no quieren hacer algo, lo odio. Golpeo la mano de Cian cuando no deja de tocarme y me dirijo lo más rápido que puedo hacia mi habitación, al entrar la puerta no se cierra a tiempo y mi esposo entra, ignoro su presencia y camino hacia el closet.
Abro las puertas corredizas y frunzo mi ceño al ver maletas en el piso, una de ellas está abierta y tiene ropa masculina ahí, noto que parte de mi ropa nueva ha sido retirada, me doy cuenta de que él se quedará aquí obviamente, compartiremos todo como dicen nuestros votos, votos que no me moleste en repetir. Alejo mis tacones de mis pies y los dejo ahí, me aseguro de hacer un desastre buscando mi pijama, las encuentro y dejo todo en el piso, me giro y veo a Cian observando la pistola que le dio Audrey.
Está de pie en la puerta, no puedo irme.
-Debería ser tu regalo. – dice luego de un largo silencio.
- ¿Qué? – pregunto confundida.
- Para seguir la tradición, tu hermana ha matado a mi primo y en el proceso a mi hermano, mataron a mi hermanito. – empieza a hablar. – Creo que debes tenerlo y matarme a mí, para seguir lo que hacen. – finaliza.
Sus ojos se encuentran con los míos.
- ¿Quieres venganza? – pregunto de inmediato.
- Si. – admite.
- ¿Yo soy tu venganza? – pregunto sabiendo la respuesta.
- Si. – responde con seguridad. – Vas a llenar el vacío que quedo y lo harás bien, serás perfecta, la perfección. – informa.
Esas palabras no son lo que quería escuchar, porque han sido dichas tantas veces, me han dicho tantas veces lo perfecta que debía ser, lo buena y nunca lo logré, no lo fui y no puedo serlo, nunca pude ser lo que esperaban de mí y no creo hacerlo ahora. doy un paso hacia él y abro mis brazos, no luce confundido o sorprendido, no le importa nada, luce así.
- Puedo llenarlo, pero no quiero. – le digo. – Creo que lo justo es que me dispares, porque no voy a ser lo que quieres, aceptas lo que ofrezco o nada. -le explico.
- ¿Qué ofreces? – pregunta.
Apunta a mi cuerpo con la pistola.
- ¿Tu cuerpo? – pregunta. – Lo necesito para el bebe, pero ¿Qué más? – pregunta.
- No. – digo de inmediato, bajo mis brazos. – Ofrezco esto. – digo.
Empiezo a desnudarme lentamente y cuando me encuentro completamente desnuda, sé que he tomado una buena decisión por su reacción, baja la pistola y suspira, da un paso hacia mí y se detiene a poca distancia, escucho algo caer al piso y sé que es la pistola. Él acerca su mano a mí y toca mi mejilla, observa mi rostro fijamente, sujeta mi rostro con fuerza sorprendiéndome, me empuja y trato de pelear con él, me quejo cuando mi espalda golpea la pared.
Acerca su rostro al mío.
-Eres una Doherty. – dice con molestia en voz baja, su nariz roza la mía. - No ofrezcas algo que no es tuyo, eso ya me pertenece, como mi cuerpo a ti, ofréceme algo que nadie más pueda tener o tomaré la nada, la tomaré y te dolerá, mucho, demasiado para soportarlo. – me advierte.
- Ofrezco la nada. – digo con insolencia.
Sonríe.
Su lengua abandona su boca y lame mi mejilla sorprendiéndome, mi cuerpo tiembla, su boca se acerca a mi oreja y por unos segundos no dice nada.
- Si eso te hace feliz, bienvenida a casa, Señora Doherty. – dice en voz baja.
Retrocede soltándome y me encuentro jadeando, toco mi mejilla con molestia y limpio todo con mi mano bruscamente, lo veo girarse y dar un paso, entiendo lo que hará y cubro mi rostro de inmediato con mi brazo, recibo el golpe, pero es más fuerza de lo que esperaba, mi cabeza golpea la pared y me siento mareada, intento recuperarme, pero no lo logro, termino sentada en el piso.
Miro hacia él con molestia y lo veo alejar la chaqueta de su cuerpo, sigue quitándose su ropa y poco a poco termina completamente desnudo delante de mí, intento no lucir sorprendida a ver que su cuerpo está completamente tatuado, un gran dragón cubre su pecho y sus piernas están cubiertas por calaveras, algunas serpientes y demás. Noto cicatrices, demasiadas cicatrices, frunzo mi ceño al ver una herida reciente en su abdomen, una venda lo cubre.
- Esto ofrezco. – dice.
Sus palabras me regresan al presente y la situación.
-¿Tu cuerpo? – pregunto sintiéndome confundida por el golpe.
- No. – responde con molestia.
- Yo. – responde sonriendo.
¿Está loco?
- ¡No lo quiero! – grito molesta.
- Pero lo tienes. – me asegura.
Lo veo alejarse de mí y cubrir su cuerpo con una bata de baño, me mira por unos segundos y habla.
- Date una ducha, hueles a sudor. – me informa. – Te espero en la cama. – me informa.
No respondo y él lo nota.
- Vamos a dormir, mujer. – dice con diversión. – Seré bueno, demasiado. – dice en voz baja, mira hacia mi cuerpo antes de salir del closet.
Me siento demasiado molesta para pensar, sujeto la pistola que está en el piso y se la lanzo, no me importa donde cae, pero escucho el golpe cuando sucede, no dice nada. Me pongo de pie lentamente y acerco mi brazo a mi nariz, maldigo ruidosamente al notar que sus palabras me molestaron, siento que voy a perder mi cabeza aquí, pero no puedo jugar su juego, yo soy la persona en control, siempre lo soy.
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