Llévame al altar

—Sé que no cederás— El hombre apuntaba a su cuello, una fina navaja oscura, hablaba calmadamente.

—El rey debe morir, para que este mundo tenga paz— Sentado en la silla, percibía su muerte, el filoso artefacto comenzaba a entrar en su piel, sabía que no saldría vivo de esa habitación

—Si no me dices algo relevante, me encargaré de que se acabe tu legado de sangre— La punta del arma entró cortando la piel, el hombre soltó un quejido de dolor.

—Ellos resistirán— Dijo antes de que aquella sombra atravesara su garganta de lado a lado, llenando sus pulmones de sangre, y ese fino algodón exportado, que su cadáver ya no sabría apreciar.

—Fuiste una perdida de tiempo— Una voz masculina salió de la oscuridad inmensa, para después salir por el gran ventanal.

****************

—Estos días, Lucian ha estado indiferente conmigo— Nuria agachó la cabeza, Elder la acarició fraternalmente, esa chica era como su hija.

—Tranquila, ya sabes que como es él. Tampoco te preocupes, yo le llamaré la atención— Estaba molesto con su hijo por dejarla a un lado.

—Yo no quiero casarme con ella— Lucian nunca alzó la cara para ver a su padre, de hecho, le era indiferente.

—No digas tonterías, su padre y yo tenemos un trato desde que eran bebés, te casas y punto.

—No tendré esta conversación de nuevo, me caso con ella para complacerte solo a ti, no me pidas que aparte la trate bien todo el tiempo— Era imposible tratas de razonar con su hijo, siempre terminaban peleando.

—¿Para cuándo es la boda?— Preguntó Lucian de repente, haciéndolo sonreír.

—Hasta que muestras interés por fin.

—No mi boda, la boda de la protegida de Noel— Por fin alzó la mirada, viendo el pálido rostro que su padre trataba de disimular.

—En menos de dos días— Dijo mientras intentaba aclarar su garganta, no podía evitar sentir que Lucian lo estudiaba meticulosamente.

—Ya veo, enviaré un regalo a la pareja— Elder debía reconocer que a veces su hijo le daba escalofríos, no parecía tener buenas intenciones con nada y era bueno manipulando personas para su beneficio. Para ser el próximo líder no eran cualidades tan malas, solo deseaba que su hijo se mostrara más empático y humano.

—Bueno, entonces que te parece si después de esta boda le pedimos a Noel que celebre la tuya con Nuria, será muy especial— Sonrió de oreja a oreja, era una sugerencia importante para él.

—Los Phoenix siempre se han casado en privado, no deseo algo tan público— Contestó fríamente, antes de continuar con su trabajo.

Elder salió de ese lugar sintiendo que le faltaba aire, era inimaginable para él que su hijo le causara tal sensación.

****************

Me encontraba en la pequeña biblioteca de invitados, leía la historia del imperio, su origen y las guerras que se han librado a lo largo de los siglos; sin embargo, yo sentía que algo faltaba, ya que en los estantes estaban tres libros, uno azul, uno rojo y uno verde, cada uno con el símbolo de la familia a la que pertenecían.

Azul: Familia Einhorn, mostrada con un caballo alzando los cascos delanteros, rodeado de rosas y con un par de espadas adornando la parte baja de la imagen.

Verde: La familia real, representada con un león negro, con el contorno cocido en hilo de oro.

Finalmente, el rojo, este era de la familia Phoenix.

Sin embargo, al lado de ellos, había un gran espacio, donde parecía caber otro libro, cuyo sitio estaba pintado de amarillo, como los demás de su color correspondiente.

—Veo que has tomado tus lecciones en serio— Noel entró por la puerta, me sobresalté pero logré disimularlo.

—Majestad— Hice mi correspondida reverencia, él solo sonrió.

—Puedes sentarte de nuevo— Hizo una seña con la mano y después se sentó al lado mío.

—Debes estar nerviosa por tu boda— Dijo sin quitarme la mirada.

— Supongo, estos días e estado ansiosa— Respondí temiendo ser demasiado familiar.

—Te entiendo, cuando yo me casé mis manos sudaban, pero cuando la tuve de frente, todo eso desapareció, ella estaba igual así que de inmediato sonreímos y toda tensión se esfumó, aún lo recuerdo, todos los días de mi vida lo hago— Su mirada se iba perdiendo en la luz del fuego que me acompañaba, se veía triste.

Es que quien no lo estaría después de lo ocurrido, esa noche trágica donde su joven mujer y su hijo aún por nacer fueron secuestrados y asesinados, el reino entero guardo luto durante un año, sin música, sin risas, fueron tiempos difíciles.

—Bueno, solo espero que tu matrimonio vaya bien, que no haya mentiras o secretos... ojalá caminen ciegos— Esa última parte la dijo casi en un susurro, yo creí no haber escuchado bien, pero él se volteó hacia mí, me sonrió y se levantó de golpe de la mesa, esta vez si me asusté un poco.

—Tengo que irme, mi trabajo aumenta cada segundo que estoy aquí— Los guardias cerraron la puerta, dejándome hundida en una profunda duda, sobre que quiso decir.

****************

Viéndome con el vestido de novia, simple, pero elegante, mi cabello hermosamente peinado y mi piel suave y tersa, resultado del arduo trabajo de los trabajadores del palacio me hizo sentirme bonita, pero con un ligero sabor agridulce, pues no sabía con quién me casaría.

—¿Lista?— En el espejo también se reflejaba Reagan, estaba vestido como un soldado de rango alto, su cabello rubio estaba bien peinado, incluso el olor que tenía era suave y frutal.

—No pensé que vendrías tan rápido— Dije abrazándolo, me había hecho mucha falta esos días.

—Es un día especial para ti, no faltaría. Por cierto, debo advertirte, al no haber nadie que te entregue en el altar lo haré yo, así que la gente hablara ¿De acuerdo?— Asentí con la cabeza, ya que nadie me entregaría significaba que no tenía honor ni protección.

Después de un par de minutos, finalmente estaba frente a las puertas del gran templo, no había ruido alguno.

Finalmente, se abrieron, haciendo un sonido rechinante, dejando ver que dentro solo estaban los nobles menos notables, no estaba el emperador ni la familia Einhorn o Phoenix.

Lo miré a la cara, pues en el altar no había nadie esperándome.

—Él no está— Dije con el rostro conmocionado, no quería casarme con un desconocido, pero que quien pidió mi mano no estuviera era peor que nada.

—Por supuesto que lo está— Sin quitar la mirada de enfrente, llevó mi mano a sus labios y la beso haciéndome sonrojar.

Mirando al frente vi a alguien conocido, era el hijo mayor de los Einhorn, que se había vuelto sacerdote, bien conocido entre la nobleza.

Cuando finalmente llegamos al altar, él tomó mis manos entre las suyas y nuevamente me sonrió.

—Yo soy quien pidió tu mano— No pude evitar abrir mucho los ojos, sus palabras se arremolinaron en mi cabeza, eso explicaba sus misteriosas palabras antes de irse.

—Empecemos— Dijo el sacerdote, dedicándome un ligero gesto de aprobación.

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