No quiero ser pretenciosa, mucho menos monótona, pero la noche anterior algo malo pasó, ya que olvidé poner la venda en sus ojos de nuevo, todo el día he estado con el corazón acelerado pensando en el castigo que me pondrían si alguno de los señores llega a enterarse del error tan tonto que cometí
—Es un milagro que hoy no te vas bien— Esmeralda entró con una pequeña canasta de frutas silvestres para colocarla en la barra.
—No es nada, es solo que no he dormido como debo— Froté mis ojos para disimular, ya que mis mentiras eran fáciles de detectar para ella. A pesar de mi gesto, dudó.
—Si tienes algo que hacer con "la tarea" de los señores encárgate, puedo encargarme un rato de la cocina— Lo sabía, era yo una persona transparente como el agua, sentí vergüenza.
—Gracias— Dije ya sin disimular y salí pasando a su lado, probablemente se sorprendió por lo rápido que iba.
Estando fuera me di cuenta que Robert estaba en la entrada principal del jardín, a lo lejos me veía extrañado, pero no me puso mucha atención, ya que al parecer, la persona que esperaba había llegado en un sencillo carruaje que me pareció familiar.Asíi que aproveché su distracción para levantar la trampilla y meterme enseguida al lugar.
—No esperaba que vinieras tan temprano— Alex se dio cuenta de mi llegada de inmediato y ñor alguna razón su voz me causó escalofríos
Caminé rápidamente sin contestar, tomé la venda y me dispuse a colocarla de nuevo.
—¿Cuál es la prisa?— Preguntó apenas vio mi intención de hincarme frente a él.
—Cometí un error al dejarte ver— Algo me impedía colocarle la venda de nuevo, sus ojos fijos en mí me hacían temblar y me incapacitaban.
—Al mirarte yo no pensé que fuera un error— No entendí en un principio a que se refería, así que al ver mi gesto tonto se comenzó a reír.
—Eres linda, eso es lo que pensé en cuanto te miré— Me dijo entre risas. Cuando me lo explico yo me puse de muchos colores, nunca nadie me había elogiado de esa manera.
—Supongo que debo decir, gracias— Mis mejillas teñidas de rojo probablemente le parecieron tiernas, pues volvió a mirarme fijamente.
—Cuanto quisiera sostenerte entre mis brazos— Su atrevida confesión me irritó un poco, esas palabras me aclaraban su intención. Esa de la que tanto me advertía mi madre.
—Eso no sucederá— Estiré mis brazos para colocarla cuando unos pasos fuera de la trampilla hicieron que un escalofrío doloroso recorriera mi espalda.
—Colócala y escóndete— Me miró fijamente a los ojos, esa era una orden, así que la volví a poner en su lugar y me escondí detrás de unas grandes cajas vacías que había en el lugar.
No me equivocaba, efectivamente Robert había abierto la trampilla y entró, aunque comparado a su silencioso andar, unos pasos rápidos le acompañaban.
—Sé más cuidadoso— Regaño a su acompañante.
—¿Cuál es el problema? Esta es tu casa— Una voz áspera y vieja me hablaba de quien se trataba, Adolf, el hermano de mi señor.
—Así que aquí está, tiene muy buen aspecto para llevar aquí casi una semana— Observé desde la orilla como le daba ligeras patadas en sus pies para hacerlo reaccionar.
—No hagas estupideces, este tipo ha estado comiendo mejor que Deborah y yo solo para mantenerlo vivo, no seas tan descuidado— Robert se veía irritado, pero su molesto hermano lo ignoró.
—El tonto eres tú, no deberías tenerlo de esta manera— Se agachó para mirar mejor su rostro, parecía dudar de algo.
—¿Acaso quieres que nos paguen el rescate de un cadáver? Nos hemos comportado peor que animales y a ti solo te importa matarlo de hambre, caímos bajo, Adolf— Era evidente que Robert tampoco estaba muy feliz de ser partícipe de esto, no por principios, sino por su orgullo como patriarca de una familia que ahora está en la ruina.
—Es raro, para ser un simple soldado tiene su piel muy cuidada, aunque su aspecto es fuerte y ágil— Adolf frotó su barbilla con la mano, Alex se mantuvo sin decir una palabra
—Sé que no viniste solo para ver su estado, dime que pasó— Robert detestaba andar con rodeos, así que fue directo al grano pues Adolf no solía solo visitarlo porque sí.
—Hay malas noticias, supongo. Han visto soldados del ejército de Leone, están a más de dos ciudades de distancia— No pareció reaccionar mucho a sus propias palabras,así que dudó.
—Si es solo un soldado, no es normal que tal ejército esté buscándolo, talvez buscan otra cosa— Lucía incrédulo a lo que decía su hermano, así que ni siquiera lo considero.
—Eso creo, no ha sido visto el capitán, solo su subcapitán, espero el rescate no demore mucho, me estoy comenzando a sentir nervioso— Adolf se incorporó con mucho esfuerzo, sus labios viejos y delgados se torcían en una mueca de auto convencimiento.
—Lo peor que puede pasar es que no valga nada y lo reemplacen con un hombre más— De forma impulsiva, escupió a los pies de Alex, una reacción extraña a mi parecer.
De alguna manera me molestó y estuve a punto de dar un movimiento en falso, pero bajo mis pies la madera crujió.
—¿Qué fue eso?— Robert caminó con mucha prisa hacia mi escondite, estaba a punto de ser descubierta y probablemente terminaría recibiendo ese azote que tanto deseaba evitar, resignada cerré con fuerza los ojos esperando el golpe.
—Yo no iría para allá si fuera tú— Alex habló en tono burlón haciendo que Robert se detuviera en seco.
—¿Asi? ¿Porqué no?— Se detuvo en seco y regresó para ponerse enfrente de él.
—Si no quieres tener los pies llenos de más mierda me alejaría de allí— Alex habló con desdén, incluso en mi mente me lo imaginaba sonriendo.
—Eso es asqueroso hermano— Adolf miró con repulsión a Robert, quien suspiró fastidiado.
—Entonces le diré a la chica que venga a limpiarte, es mal educado de tu parte no avisar antes— Estaba en su límite, así que golpeó el rostro de Alex con el puño cerrado, debido a su edad, no debió ser grave.
Después de un rato, ambos hermanos se fueron y pude salir de mi escondite, para inmediatamente ir hacia Alex, quien sonreía.
—No debiste haberme ayudado— Dije mientras retiraba la venda buscando algún daño en su rostro.
—Es lo que debía hacer, así que ahora me debes un favor— Sonrió de forma burlona, yo temblé ante las cosas terribles que me podría pedir.
—No pagaré su ayuda de cualquier manera, dígame lo que quiera y yo veré si lo acepto— Mi rostro serio parecía causarle algún tipo de gracia, pero no me sentía con ánimos para discutir.
—Solo tengo una petición, espero no te incomode— Sus ojos grises me miraban con un brillo especial, me sentí atrapada.
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