Todo era demasiado intenso, Alex provocaba en mi vergüenza, me sentí pequeña a su lado, como si su atrevida forma de ser intentara sacarme de mi caparazón a la fuerza.
No podía dejar de pensar en él y Esmeralda comenzó a notarlo, a todas hora me preguntaba que me sucedía y su mirada acusatoria me hacía sentir culpable pues ella era mi persona de confianza.
—Acompáñame al pueblo, tiene tiempo que no ves a tus padres y es hora de una visita— Jaló mi brazo hacia la puerta principal, donde Deborah apareció.
—Supongo que irás a tu visita del mes, no tarden, quiero almorzar más temprano— Sus pasos lentos y pesados pasaron a un lado de nosotros, dándonos total libertad.
—No puedo creer que no nos haya regañado como la última vez— Comenté mientras sacudía el polvo de mi cara.
—Porque yo hablé con ella antes de salir— Respondió mientras en su brazo la canasta se agitaba de un lado al otro.
—¿Hiciste que?— Pregunté estupefacta, no tanto porque ella le haya preguntado, más bien por el hecho de que haya aceptado.
—Le dije que el mes estaba casi por terminarse y habías trabajado duro, sobre todo manteniendo su evidente secreto bien guardado— Colocó un dedo en sus labios y con gesto pícaro volteó a verme.
—No debiste hacer eso, te traerá consecuencias después— Quise regañarla, pero su leve puchero me detuvo.
—Yo haré las compras y tú ve a ver a tus padres, deben estar entusiasmados de verte— Me dijo antes de salir corriendo a la entrada del pueblo y perderse de vista.
Yo tomé el pequeño camino que se desviaba a la mitad del pequeño bosque a las afueras del pueblo, no sin antes divisar a una mujer, con el cabello rojo encendido que me recordaba a alguien. Tenía vestidura militar y estaba acompañada de varios hombres más. Sin darle relevancia seguí mi camino, la mujer era hermosa, pero no podía desperdiciar cada minuto junto a mis padres.
Adentrada en el bosque, finalmente llegué a un claro, donde la figura de una mujer de estatura promedio, cabello canoso y largo sacaba agua del río con una tina hecha de barro.
—¡Madre!— Corrí lo más rápido que mis pies podían, la emoción de volverlos a ver me inundaba de paz y calma, aquella que tanta falta me hacía.
—Dornen, cariño— Estiró sus brazos apenas me vio, ese refugio donde todo dolor desaparecía.
—Hija mía has vuelto— Detrás de ella se encontraba mi padre, un hombre de aspecto un poco más fuerte, de piel canela igual que la mía, de cabello denso y ojos oscuros que me llenaban de calidez.
—Estoy de visita, es bueno verlos— Los abracé con fuerza, nuevamente estaba en mi hogar.
Mis padres me tuvieron siendo ellos algo mayores, se habían conocido mientras mi madre recolectaba flores silvestres para vender y mi padre llevaba a los animales a pastar, ambos son amorosos y me criaron con buenos modales y de educación me dieron lo básico, aprender a hablar y leer.
—Es bueno verte de regreso, mi pequeña— Con su habitual sonrisa cálida me abrazo, despues de un leve repaso de lo que pasó este mes nos metimos a casa y les ayude con actividades que ellos ya no pueden realizar tan seguido.
Al caer el sol del mediodía me despedí de ellos con una sonrisa en mi cara, mamá agitaba su mano en el aire mientras me perdía en la espesura del bosque y papá me gritaba que me amaba con todas sus fuerzas. Me costo mucho trabajo alejarme, pero debía regresar, Esmeralda ya me esperaba en el arco fuera del pueblo, juntando florecillas y colocandolas en su pelo, atorandolas de forma natural en su rizos, su aspecto angelical le hacia parecer un hada del bosque y me permití imaginarme igual que ella, libre de todas las cadenas que me ataban, corriendo y jugando hasta cansarme. Pero decidí detenerme, eso era imposible, sacudí mi cabeza y me dispuse a caminar a su lado, de regreso a mi prisión.
...****************...
El día transcurrio de forma normal, pero por alguna razón la imagen de aquella mujer de cabello encendido seguía apareciendo en mi mente, su rostro bien definido y su cuerpo alto y esbelto me inquietaban sin saber porqué.
En cuanto terminé de lavar la loza me dispuse a asearme, llené la tina con el agua caliente que previamente calenté en el fuego y me metí, cerré los ojos y dejé que el agua se llevara mis preocupaciones mientras de fondo tenía el sonido de los insectos nocturnos.
Estaba a punto de quedarme dormida en la tina cuando unos pasos se escucharon desde la ventana del baño, me alerté de inmediato pues desde donde estaba era imposible ver pues la cortina que me cubría no estaba a mi alcance y solo podía ver como una figura oscura se deslizaba a traves de la habitación para detenerse frente a mí.
Me quedé sin habla, temía que aquella cosa abriera la cortina y me atacara, los latidos de mi corazón se agitaron y mi temor me llevó al extremo del llanto, mis ojos se nublaron cuando una voz se escuchó desde el otro lado.
—Dornen, ¿Estás despierta?— La voz de Alex me alivió de cierta manera, pero al mismo tiempo me asusté, no sabía que el podía salir del sótano.
—¿Alex, que haces aqui?— Pregunté un poco irritada, tambien sintiendo un cóctel de emociones por si Deborah o Robert lo encontraran aquí, en mi pequeño baño improvisado.
—No sabía que este era uno de tus espacios improvisados, lo siento— Al final soltó una risita, como si de un niño travieso se tratara.
—Me refiero a porque no estás en el sótano, deberías regresar antes de que alguien te escuche— Le dije mientras buscaba con la mirada donde habia dejado la manta con la que normalmente secaba mi cuerpo.
—¿Creiste que me mantendría en ese lugar sucio? Confieso que tenía otras espectativas— Su tono de vos me hizo detenerme un momento.
—¿Crees que soy estupida?— Entrecerre los ojos esperando su respuesta, sentí mi sangre hervir, tal vez era bastante ignorante en muchas cosas, pero siempre que podía leía los libros que Deborah tenía esparcidos por la casa, talvez la forma de dirigir mis dudas no fue la correcta.
—No lo creo, desde que te conozco eres la mas sensata— Esas palabras parecían burla, asi que decidí no seguir con el tema.
—No deberías estar aquí, me meterás en problemas— Yo sabía que si Deborah se da cuenta de que Alex no está en el sótano seré culpada de inmediato, pasearse por la casa de su secuestrador era estúpido, sobre todo estar en la habitación de la humilde sirvienta.
—Quería verte, es tarde para que bajes— Sus palabras hicieron efecto en mí, me avergoncé.
—No debiste, yo estoy tomando un baño ahora— Aparté la mirada como si tuviera su rostro de frente, me sentí tonta.
—No lo sabía, pero ya que hablé contigo me iré— Enseguida unos pasos se escucharon y la sombra desapareció.
Desconcertada noté que en verdad se habia ido, ¿Porqué? Que esperaba que el hiciera, porque mi corazón latía con fuerza mientras mi mente se ponía en blanco.
—El agua caliente hirvió mi cerebro— Reaccionando me levanté y salí, sintiendome extraña.
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Comments
Alejandra Paganini
es una historia muy interesante se q debe de ser ocupado su día pero me gustaría leer más capítulos ❤️ siempre me queda ese estrés x lo q va a venir y....zazzz determinó el capítulo 😘❤️ igual gracias x este nuevo capítulo y felíz año nuevo,q todos sus deseos se hagan realidad y q la bendición de Dios sea derramada sobre su hogar y el de sus familiares 🍾🥂🎇🎆🎊🎊🎊🎊🎊
2023-12-29
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