No hay que perder la fe.

Primero quisiera aclarar que esta novela no debería de estarse publicando ahora pues esperaba subirla hasta los diez capítulos, pero supongo que puse mal la fecha, así que... Aquí estamos jaja

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La amenaza de Deborah me quitó el sueño, ella cumpliría sus palabras si me atrevía aunque sea a mencionarle algo a Esmeralda, además, se me rompería el corazón si algo le pasara a mis padres y el miedo de no volverlos a ver me paralizaba.

—Debes ayudarme con algo— Esta mañana el señor Robert me ordeno encontrarlo en sótano, con una cubeta llena de agua tibia y una esponja vieja de la cocina. Ese pedido era inusual, pero acepte sin muchas preguntas, no quería más información que impidiera mi libertad.

Llegue al lugar y Alex permanecía allí, verlo tan tranquilo traía a mi mente la duda de por qué él no se quejaba, reñía o gritaba para aclamar salir de aquí. En cambio, era tan sereno y su aspecto no se había desgastado ni un momento, excepto por la ropa vieja que se le había puesto para robar sus caras ropas, pero ni con eso se convertía en alguien de repeler.

—Desvístelo— Ordenó mi señor sacándome de mis pensamientos.

—¿Qué?— Fue lo único que exclamé antes de que me empujara hacia él haciéndome caer de rodillas y pasándome la cubeta haciendo que esta se derramara me dijo:

—No me hagas decirte las cosas dos veces, desvístelo— A pesar de su avanzada edad tenía la suficiente fuerza para lastimarme, solo asentí y acerqué mi mano a los botones de la camisa, no quería pensar en que estaba tocando el dorso de un hombre, la punta de mis dedos podían sentir su calor lo que me hizo avergonzarme aún más.

—Tranquila— Sus labios se movieron, él no se veía inquieto y una vez más me calmó.

—¿Puede desatarlo?— Pregunté a Robert quien me miró con sospecha.

—No, solo quítale un poco de suciedad y vuélvele a poner la misma camisa— Frunció su ceño como si lo que hubiera dicho fuera absurdo.

Con mi mano temblorosa metí la esponja en el agua y la exprimí para retirar el exceso, por primera vez en mi vida estaba tocando a un hombre, mis mejillas enrojecidas debieron ser evidentes para Robert quien se sonreía con burla, parecía disfrutar mi vergüenza.

—Deslicé la esponja desde su frente hasta el cuello, siendo cuidadosa de no mojar la cinta en sus ojos para que no se sintiera incómodo, cada rastro de polvo al ser removida una piel clara y lisa se dejaba ver, demostrando un antes y un después con el otro lado de su rostro.

—Quítale la venda— Exclamó Robert antes de irse y dejarme realizando la tarea, probablemente para evitar que lo reconociera o lo viera.

Rodee su cabeza con mis brazos y comencé a desatarla, a pesar de mi aparente calma mi corazón latía rápidamente, yo sabía que esa mirada que él poseía era intensa incluso con la cinta, toparme con sus ojos directamente era algo que jamás imaginé incluso mis manos comenzaron a sudar.

Al retirarla sus ojos se clavaron en mí de forma inmediata, un intenso color gris de forma afilada parecían observar cada parte de mi rostro, como si lo estuviera memorizando parte por parte.

—¿Podría dejar de mirarme así?— Pregunté con voz muy baja, sabía que Robert aún vigilaba en la puerta.

—No, no puedo hacerlo— Contestó mientras observaba mis gestos, me sentí de piedra, ya no podía seguir lavándolo.

—De acuerdo— Dije antes de soltar la esponja y comenzar a abotonarle de vuelta la camisa, ya no podía seguir allí.

—No quería ofenderte— Replicó mientras veía como recogía las cosas antes de irme.

—No lo ha hecho señor— Ya no podía seguir hablando, la vergüenza me obligaría a sonreír para ocultarla y ya no podía siquiera mirarlo a la cara.

—Gracias— Él seguía mirando mis movimientos, me levanté y tomé el valor para mirarlo de vuelta, baje la mirada y torcí la boca, probablemente haciendo un gesto raro.

—Solo hice lo que mi señor me ordenó.

—No es cierto, me alimentaste cuando no debías y a pesar de todo no me aventaste la cubeta encima para terminar y dejarme aquí, solo quería decirte gracias por todo— Su voz profunda se quedó en mi mente, nadie me había dado las gracias de forma sincera antes.

—No es nada— Inevitablemente mis labios formaron una pequeña sonrisa, me sentía feliz y él lo sabía, así que me sonrió de vuelta.

—No me vuelvas a decir señor, me llamó Alex, no lo olvides— Me di cuenta de mi gesto y salí casi corriendo del lugar, haciendo que soltara una risa escandalosa, efectivamente Robert seguía afuera y la escuchó, lo que hizo que la sangre se me fuera del rostro.

—Supongo que te divertiste— Sonrió, pero a diferencia de la sonrisa de Alex sus dientes podridos y encías ennegrecidas me asquearon, sobre todo sus labios sonreían, pero sus ojos se mantenían sin brillo, dándole ese aire escalofriante que tanto me atemorizaba.

—Iré a preparar el almuerzo— Salí casi corriendo, ya no quería que me siguiera hablando, más tarde me di cuenta de que no le volví a colocar la cinta en los ojos.

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Horas antes...

—No debiste amenazar de esa manera a Dornen, ¿Qué tal sí termina abriendo la boca y busca protección?— Robert estaba molesto con el actuar de Deborah, tan precipitada desde siempre.

—Esa niña torpe jamás pensaría en eso, ella no es más que una moneda de cambio— Ella leía mientras estaba acostada en su cama, no miraba a su esposo, más bien parecía harta de su presencia.

—Exacto, es una moneda de cambio— Robert parecía haber pensado en algo, pero su esposa no parecía muy interesada.

—Ajá, eso dije— Indiferente seguía su lectura.

—Hablar contigo es hablar con la pared, sorda— Su actitud lo estaba cansando, si Deborah no estaba interesado en escucharlo, solo lo haría.

—¿Qué planes tienes con esa niña? Ella pronto será mayor de edad— Lo miró de reojo, ahora si estaba intrigada.

Resignado comenzó a hablar.

—Esa chica sabe que se irá de esta casa en cuanto cumpla la mayoría, pero no si regresará a casa de sus padres, así que planeó intercambiarla— No dejó de darle la espalda, pero tampoco le interesaba su reacción.

—¿A sí? ¿A quién?— Deborah esperaba que su esposo no dijera una tontería, pero de esas, había muchas.

—Al tipo de abajo o al tipo rico que a Tony se le ocurrió robarle, lo que sea mejor— Rio con tos seca, era perfecto.

—¿Qué tonterías dices? ¿Crees que van a querer a esa joven delgada y sucia?— Rodó los ojos, su poca fe se terminó.

—Es delgada, pero no es fea, su cabello negro y largo es valioso y también sus rasgos poco comunes, ella es una cosa excéntrica.

Deborah estaba cansada de los delirios de su marido, ya no contesto y se durmió, esperando que la muerte esa noche se llevara a su marido, como todas las noches esperó desde que se casó.

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Comments

Daidoyi ZR

Daidoyi ZR

me abruma la felicidad y armonía de esta señorial pareja

2024-06-28

1

Thailyng

Thailyng

La vieja envidiosa jajaja

2024-05-27

1

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