Devorah, sospecha.

Salí del sótano bastante agitada, durante mis labores estuve distraída y Deborah parece haberlo notado, me sigue por todos lados, el establo, su habitación, la cocina, el patio, donde sea esta ella, supongo que mi semblante pálido y tembloroso no fue de ayuda.

Mi estómago se revolvió cuando me tomó por los hombros, sus ojos sin rastro de luz me miraban de forma acusatoria, yo solo me encogí y evité su mirada.

—¿Qué tienes?— Me preguntó apretando con fuerza mi hombro, solté un quejido de dolor.

—Solo no me he estado sintiendo bien— Sudor recorría mi frente, incluso Robert era más tolerable, para él no era más que un fantasma y solía ignorarme, pero Deborah era diferente, ella me observaba siempre con sospecha, cuidando mis manos para no tomar nada que no me perteneciera, azotándome a la mínima duda.

—Espero que mi confianza en ti esté intacta, no queremos que la pequeña Esmeralda sufra por tu ausencia— Esta vez, me frotaba violentamente los hombros, ante su amenaza me quedé fría.

—No se preocupe, de mí depende que el huésped tenga una buena estadía— La miré temerosa, pero segura para darle la confianza que de mi boca no había salido nada.

Esta vez ella me soltó, sin bofetadas, sin golpes, sin insultos, muy probablemente para ella ni siquiera yo valía la pena.

—Sí, de ti depende, no le niegues nada ¿Oíste?— Una sonrisa macabra se dibujó en su rostro, ella me miraba de forma sugerente y un escalofrío recorrió mi cuerpo.

—¿A qué se refiere?— Pregunté casi en un susurro, mi voz era incapaz de salir.

—Tú sabes, tu valor es casi nulo, no conseguirás un buen matrimonio, ya que no serás presentada en tu pueblo al cumplir la mayoría de edad, deberías aprovechar que ese hombre está allí— Se retiró rápidamente antes de que pudiera replicar.

Mis pies parecían haberse pegado al piso, por alguna razón las lágrimas comenzaron a acumularse en mis ojos.

—Deberías escucharla, nadie creerá que al salir de aquí conservaste tu pureza, eso haría más amena su estadía— Robert apareció por mi espalda, lo seguí con la vista mientras pasaba sin quitarme la mirada, cuando terminó de hablar soltó una carcajada, que hirió a un más mi ya lastimada estima.

Apreté las manos y seguí, mordiéndome los labios, obligándome a callar.

—Deja de hacer eso, estás sangrando— La voz suave de Esmeralda me regresó a la realidad de nuevo, como si el mundo hubiera recuperado sus colores, solo para darme cuenta de que mi boca tenía un extraño sabor metálico

—Pero que...— Toqué mis labios sintiendo humedad, vi mis dedos manchados de un rojo intenso, Esmeralda de inmediato acudió a limpiarme.

—Haces eso cada que algo malo te pasa, callarte no es la solución— Colocó un pedazo de tela en mi boca para detener la hemorragia.

—Eso no es verdad, solo estoy estresada— Esmeralda me miró con enojo, sabía que mentía.

—Dilo hasta que te lo creas, pero deberías decir lo que piensas, un día vas a estallar y será peor— Sacudí la cabeza para asentir y ella me abrazó, su toque me reconfortaba, deseaba no ser tan cobarde.

...****************...

Cuando llegó la noche fui a hurtadillas al sótano, Alex me esperaba con una sonrisa.

—Viniste— Exclamó contento, su sonrisa causaba cosquillas.

—Estoy aquí porque es el trato— Respondí tratando de sonar sería.

—Sí bueno, disculpa por obligarte a hacer esto— Mordió su labio, yo sabía que se estaba reprimiendo.

—Entiendo que te sientes solo, también por eso vine— Me senté frente a él y retiré la venda, nuevamente me miraba intensamente.

—Algo hay de eso, me gusta tu compañía, aunque me gustaría que fueras más abierta conmigo.

—¿Por qué haría eso?— Era como si se burlara de una sirvienta, como preguntarle su historia de vida a alguien inferior para saber "Que se siente ser tú"

—Cuando me vaya de aquí te llevaré conmigo— Por primera vez en mucho tiempo solté una risa, esperando que fuera una broma.

—No hablas en serio— Respondí con algo de burla.

—Porque no lo haría, sé bien que no eres como ellos, podría darte una mejor vida— Su tono serio me hizo saber que no jugaba, tomó mis manos y se los llevó a los labios, por un momento no pensé en eso, hasta que salí del trance de su mirada, me di cuenta que no estaba amarrado.

—¡Espera!— Solté mis manos y caí de espalda, si Deborah o Robert se daban cuenta de que estaba desatado probablemente me golpearían hasta matarme.

—Tranquila— Habló con voz baja, para aventarse encima de mí y cubrirme la boca. —Hay alguien arriba— Cuando puse atención me di cuenta que decía la verdad, la madera encima de nosotros crujía con cada paso que la persona daba, era probable que fuera Deborah.

—Me tengo que ir— Susurré cerca de su oído y traté de quitarlo de encima.

—Espera, al menos hasta que se vaya— Los pasos parecían dirigirse hacia la cocina, eran lentos y contados, el peso de su cuerpo me estaba quitando el aire y él pareció notarlo.

—Deja me muevo un poco— Su aliento tibio chocó en mi piel, de inmediato mi cuello se erizó y mis mejillas enrojecieron

—¿Estás bien?—Preguntó cada vez más cerca de mi rostro, como si estuviera consciente de lo que hacía.

—Lo estoy— Subí mis manos para tocar su pecho y alejarlo, pero, en cambio, enterró sus dedos en mi cabello, provocando que me encogiera.

—No te creo— Acercó su rostro al mío, la sensibilidad de mi cuerpo subía, haciéndome consciente de lo que pasaba.

Su pierna estaba metida entre las mías, la otra rozaba el exterior de mi pierna porque podía sentir su calor, su corazón latía con fuerza a la altura de mi mano, su pecho era cálido y firme, su piel era pálida y blanca, sin rastro de pecas, y sus ojos grises y brillantes dejaban apreciar un rubor rojizo en sus mejillas, ese hombre era solo tentación.

Al pensar esas cosas mi desesperación por quitarme debajo fue en aumento como el rojo de mi cara, él pareció notar mis intenciones y me apreso en su cuerpo.

—Todavía no regresa— Acercó sus labios a los míos, sentí su tibieza tan cerca y cerré los ojos, cuando los pasos pasaron apresurados, el se quitó de encima y yo salí casi huyendo de allí sin mirar atrás. Probablemente el tenía un gesto de superioridad, ahora lo sé.

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