Borrador

Después de que todos salieron de mi habitación me senté en la cama, quería frotar mi piel con algo para quitar ese polvo blanco perfectamente sellado que no era yo.

Observé la ventana, en como la tarde caía dándole paso a la noche, quería perderme en el recuerdo de Esmeralda y sus posibles burlas hacia mi aspecto, soltando esa risa burlona que me contagiaba.

Salí de mi ensoñación cuando tocaron a la puerta, no tenía ganas de hablar con nadie así que no moví un músculo.

—Soy yo, Reagan— Dijo la voz, miré sorprendida la puerta, para después abalanzarme hacia ella y abrirla de golpe

—Señor Einhorn— Dije sonriente, después de este par de días difíciles el ver una cara conocida me hacía feliz.

—No pensé que estuvieras tan alegre de verme— Hay estaba de nuevo, esa sonrisa amable, sus ojos en media luna y su cabello castaño bien peinado me avergonzaron.

—Yo, lamento que me vea de esta manera— Extendí los brazos para después dejarlos caer, sabía que no era fea, pero todo esto parecía ser a propósito, esa pintura blanca en mi cuerpo me había ver ridícula.

—No lo lamente, yo deseo ser su acompañante esta noche, si me lo permite— Extendió su mano, tenía un guante blanco y puro, que combinaba con su uniforme color azul marino y detalles blancos que resaltaban sus medallas.

—Para ser un soldado de bajo rango ha hecho muchas cosas— Mire asombrada cada una de ellas, eran hermosas y vistosas, reconocía alguna de ellas por las clases que me impartieron.

Su rostro enrojeció en un hermoso color durazno, yo retrocedí, nunca había visto una expresión tan tierna en alguien.

—Será un honor para mí ser su compañera— Extendí mi mano hacia la suya, le sonreí, fue tan natural que me descubrí acalorada.

—Bueno, vámonos— Rodeé su brazo con el mío, y ambos camínanos por el largo pasillo, bajo la mirada de algunos sirvientes, había burla en sus gestos, pero en ese momento no me importaba.

...****************...

La música salía del enorme salón, conforme nos acercábamos sentí mi corazón latir con fuerza, el castillo era enorme, los pasillos largos y pintorescos, una decoración que no había dejado de admirar.

Dentro de la sala, el Emperador se encontraba sentado en medio de una gran mesa, donde los líderes de las familias más importantes lo acompañaban, en su mano tenía una copa de vino, tan rojo y espeso que me causo náusea.

—Me alegra que se haya decidido a asistir a su propio baile— Me dijo antes de tomarse todo el líquido de la copa y entregársela de inmediato

a un ayudante de la cocina. En cuanto habló, toda musica se detuvo, dejando un silencio general.

Voltearon a mi dirección, reconocí a algunos que asistieron al juicio, pude notar que solo los más importantes estaban allí, los jueces, señores feudales y otros nobles de bajo rango no acudieron.

—Bien, siéntense— El Emperador sonrió de forma audaz haciendo que me estremeciera.

—Todo estará bien— Reagan tomó mi mano y me ofreció una silla en una de las mesas más cercanas a la mesa principal.

Noel se levantó y, aplaudiendo un par de veces, todo el mundo ahora lo miraba a él.

—Ahora que estamos todos presentes ¿Qué opinan?— Su mirada cambio y ahora me miraban de forma analítica.

—Baila— Dijo uno de los líderes familiares, causando que estuvieran atentos a cada uno de mis movimientos.

Me quedé fría, volteé a ver a Reagan y ya estaba inclinado hacia mí, ofreciendo su mano.

—Reagan— Uno de los hombres en la gran mesa se levantó, de inmediato supe que se trataba del señor Einhorn, su padre adoptivo.

Fue un intento de protesta de su parte, pero el Emperador tocó su hombro y fue silenciado.

Moví la cabeza de forma negativa, era obvio que su padre no lo quería ver conmigo así que rechacé su invitación. En cambio, me levanté de la mesa y me posicioné sola en medio del lugar, esperando que la música comenzara a sonar.

—¿Qué se supone que está haciendo?— Dijo entre risas una voz femenina.

Noel movió su mano, autorizando la música. Todos estaban consternados, pude ver también el rostro de Reagan, parecía de piedra.

Suspiré profundamente y tomé la posición, me dejé llevar, había practicado tantas veces el baile por orden de mi maestro y a falta de compañero me acostumbré a mantener firme mis manos en el aire.

Estaba haciendo el ridículo, lo sabía, pero no me importaba, cerré los ojos y solo pensé en mi compañero ideal, alguien apuesto, sonriente y cálido como los primeros rayos del sol y tan confiable como una manta de dormir. Inevitablemente, el rostro de Reagan me llegó a la mente, deseaba recargarme en su pecho y perderme en el suave movimiento de mis pies.

—Lamentamos llegar tarde— Esa voz rompió toda la ilusión que había creado, haciéndome recordar la fría mirada y el insensible sentimiento de abandono y arrepentimiento que sentí la última vez que lo vi, hace menos de un mes.

Mis pies tropezaron, caí en el suelo, todos se rompieron en sonoras carcajadas, yo estaba bajo la luz de las velas y candelabros, que también iluminaron los ardientes ojos azules que me miraban y esos intensos cabellos rojizos que volvían para atormentarme.

—Señorita Senna, señorita Nuria— Saludo Noel, pasando de largo ante mi cuerpo desplomado que pronto fue apoyado por las manos de Reagan, que me preguntaba si me ocurría algo malo.

—Emperador, supongo que la fiesta no va de acuerdo a su gusto— La pelirroja sonrió en un gesto burlón.

—No seas así— La rubia a su lado golpeó ligeramente su hombro, mientras me miraba con compasión.

—Yo, estoy bien— Dije sacudiendo el vestido, que era horrible antes y ahora estaba peor.

—Supongo que Lucian sigue evitando cada una de mis invitaciones— Noel le resto importancia a mi presencia, ciertamente estaba aliviada.

—Debo tomar aire— Dije antes de salir corriendo por la puerta y de haberme soltado del gentil agarre de Reagan.

Probablemente, mi actitud me traería problemas con el emperador, pero los ojos de esa chica eran la cosa mas terrible que pude volver a ver.

Me retiré el tocado de cabello, deshice las incómodas mangas del vestido, me quité los incómodos tacones y tiré los guantes, dejando un camino de caos a lo largo de mi paso.

Sentía que mis pulmones no tomaban suficiente aire, mis labios se secaban con los jadeos incesantes, probalemente seria echada, tal vez tampoco conseguiría el marido que tanto ansiaban que tuviera, ahora solo quería huir de esa horrible mirada.

Más populares

Comments

Gladis Garma

Gladis Garma

interesante historia

2024-04-17

0

Total
Capítulos

descargar

¿Te gustó esta historia? Descarga la APP para mantener tu historial de lectura
descargar

Beneficios

Nuevos usuarios que descargaron la APP, pueden leer hasta 10 capítulos gratis

Recibir
NovelToon
Step Into A Different WORLD!
Download MangaToon APP on App Store and Google Play