MUNDOS DESCONOCIDOS

En el gélido valle, entre los cristales de hielo danzantes, Frieren y yo practicamos la conjuración de portales.

—¿Así que, Alex, sientes el flujo de la magia a través de ti? —pregunta Frieren con una sonrisa, sus ojos centelleando con un brillo juguetón.

—Sí, cada vez se siente más natural. Aunque, aún me parece increíble todo esto. ¿Dónde más puedo ir en este mundo mágico? —respondo con curiosidad.

—Oh, hay tantos lugares asombrosos. Al norte, Asgard, al sur, el Olimpo, pero el más intrigante es "la 5d".

—"La 5d", ¿qué es eso?

—Una dimensión etérea, sin límites, sin gravedad, habitada por seres iluminados. Buda gobierna en ese plano.

—¿Buda? ¿En serio?

—Sí, una entidad sabia y compasiva. Pero, hay algo más, ¿verdad?

—La mención del cielo me intriga. ¿Cómo es?

Frieren baja la mirada, y su expresión se vuelve más solemne.

—El cielo es el reino supremo, inaccesible para muchos. Metatrón custodia su entrada, y se dice que es invencible. Cruzar al cielo sin morir primero es una tarea imposible.

La idea de un lugar tan celestial, fuera del alcance incluso de los seres mágicos, me llena de asombro y una sutil sensación de anhelo.

—¿Metatrón? ¿Por qué es tan impenetrable? —pregunto con la mirada fija en Frieren, buscando entender más sobre este enigmático cielo.

Frieren juega con una hebra de su cabello antes de responder.

—Metatrón es una entidad única, una especie de guardián entre los mundos. Se dice que fue un humano convertido en un ser divino. Su esencia es pura y resistente, y su deber es salvaguardar el cielo contra intrusiones no autorizadas.

Observo las huellas de nieve en el suelo mientras proceso la información. La idea de un ser humano ascendido a un papel tan divino me resulta fascinante.

—¿Alguna vez has intentado cruzar al cielo? —pregunto con la esperanza de descubrir más detalles.

Frieren se queda en silencio por un momento, como si estuviera sumergida en sus propios recuerdos.

—Sí, una vez lo intenté. Pero Metatrón es formidable, y no hay camino fácil para alcanzar el cielo. Fui rechazada, como muchos otros.

Siento la tensión en su voz y decido no profundizar más. En lugar de ello, dirijo mi mirada hacia el horizonte, donde las montañas parecen tocar el cielo, un recordatorio de las fronteras entre los reinos mágicos.

—¿Qué hay más allá de estas tierras? —pregunto señalando las montañas.

—Más allá, encontrarás lugares inexplorados, criaturas asombrosas y desafíos que pondrán a prueba tus habilidades mágicas. La magia fluye por cada rincón de este mundo, y tú, Alex, apenas has rasgado la superficie.

 

El portal se manifiesta tras un conjuro:

—Bienvenido a Yolantis, un reino donde las líneas entre la magia y la tecnología se entrelazan de manera única —explica Frieren mientras caminamos por las transitadas calles del reino.

Observo con asombro las criaturas y las construcciones futuristas que se extienden ante mí. Hombres reptiles charlan entre ellos, niños con cabezas grandes y piel gris juegan alegremente, y sombras altas y delgadas parecen flotar en el aire. Cada rincón de Yolantis es un testimonio de la diversidad mágica.

—Aquí, la magia y la ciencia coexisten en armonía. La creatividad de estas razas es extraordinaria —comenta Frieren, señalando hacia una tienda que muestra hologramas de objetos brillantes.

Me dejo llevar por ella, asombrado por las maravillas que se presentan a mi alrededor. La mezcla de culturas y tecnologías es fascinante.

—Pero ten precaución, Alex. A pesar de la apariencia amigable, algunas razas aquí son más reservadas. No querrás ofender a nadie sin quererlo.

 

Mientras recorremos las calles animadas de Yolantis, las naves espaciales surcan los cielos, dejando estelas de luz y color a su paso. Frieren señala hacia arriba con una sonrisa.

—Estas razas llevan viajando entre las estrellas desde hace millones de años. Mientras los humanos aún juegan su juego de tronos, aquí exploran el vasto universo —comenta con admiración.

Observo las naves con asombro, preguntándome sobre los misterios que se esconden más allá de nuestro propio cielo. Frieren continúa guiándome por el bullicioso mercado, donde criaturas de todas las formas y tamaños comercian con artefactos mágicos y tecnológicos.

—A veces, los humanos subestiman el potencial que tienen al alcance de su mano —agrega Frieren, guiándome hacia una tienda donde hologramas de planetas y constelaciones flotan en el aire.

Las explicaciones de Frieren me sumergen aún más en la realidad de este mundo. 

Observo con consternación cómo los reptiles sacerdotes tienen encadenado a Jacobo en la entrada del templo. Mi compasión me impulsa a preguntarle su nombre, y él responde con voz apagada: "Jacobo".

Mientras intento hablar con Jacobo, Frieren suspira, anticipando lo que está por suceder. Jacobo, con voz entrecortada, me explica la teoría sintérgica que los sacerdotes parecen seguir. Pero antes de que pueda hacer algo, uno de los hombres reptiles lo patea en el rostro y lo arrastra hacia el interior del templo.

Mi instinto me incita a intervenir, pero Frieren me detiene con firmeza.

—No puedes interferir en sus asuntos. Aquí las reglas son diferentes, y a veces es mejor no cuestionarlas —dice con un toque de melancolía en su voz.

Me quedo allí, impotente, observando cómo arrastran a Jacobo al interior del templo. 

El militar reptil se aproxima a nosotros, su uniforme denota autoridad, y nos acorrala. Inquisitivo, pregunta por el motivo de nuestra visita, y Frieren, con su habitual tranquilidad, responde: "Estamos aquí para comerciar con magia".

El militar exhala con desinterés y, de repente, me sujeta del antebrazo, examinando detenidamente el tatuaje que adorna mi piel. Es el 666 enmarcado en un triángulo y otros símbolos de geometría divina.

Con brusquedad, me libero de su agarre, sintiendo la tensión en el aire. Mi actitud se vuelve desafiante, consciente de que este mundo mágico alberga sus propias reglas, y estoy dispuesto a enfrentarlas.

Frieren, en un intento por apaciguar la tensión, interviene con palabras conciliadoras, pero el reptil se siente amenazado. Sacando una pistola de diseño extraño, el brillo del cañón revela la peligrosa energía que emana de ella.

Mi atención se enfoca en el arma, reconociendo la potencia mágica que porta. 

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