Me despierto envuelto en las suaves sábanas, atrapado en el éxtasis que emana de Frieren. La observo con atención mientras se dirige desnuda hacia la ventana. Las curvas perfectamente esculpidas de su cuerpo desafían la realidad, y la blancura de su piel trasciende cualquier estándar terrenal.
En silencio, Frieren se vuelve hacia mí, sus ojos cargados de un conocimiento que parece atravesar las capas de mi ser. —Puedo ver el velo detrás de tu corazón —susurra, sus labios articulando palabras que resuenan en el espacio compartido.
—Sabes que percibes las emociones como ningún otro. —Continúa, sus palabras impregnadas de una sabiduría ancestral—. Esa parte de ti que reclama el dolor como propio, que se conecta con cada ser vivo. Lo sentiste al ver a Sarah saltar al abismo, en los ojos cansados de tu madre, en la solemnidad reflexiva de tu padre. Eres un núcleo viviente, y es hora de que guíes a la humanidad hacia la luz.
— ¿Cómo puedes ver eso? —pregunto, sintiendo cómo sus palabras resuenan en las paredes de mi mente.
Frieren se acerca, la desnudez de su cuerpo apenas distorsiona mi concentración. — Hay cosas en este mundo que trascienden lo físico —responde—. He aprendido a sentir más allá de las apariencias, a ver las verdades que se ocultan en el corazón de cada ser. Tú, Alex, llevas consigo un vínculo único con la esencia de la existencia.
La habitación parece cargarse de una energía intensa mientras absorbo sus palabras. — Pero, ¿cómo puedo guiar a la humanidad? —pregunto, desconcertado por la magnitud de la revelación.
Frieren se acerca aún más, sus ojos fijos en los míos. — Tu poder, Alex, es el puente entre dos mundos. La dualidad que llevas dentro te otorga la capacidad de traer la luz a las sombras. Pero primero, debes aceptar esa conexión y abrazar la verdad que reside en tu corazón.
Me quedo en silencio, sintiendo que las piezas de un rompecabezas cósmico se ensamblan en mi mente.
Con suave ternura, posa un beso en mi frente, un toque ligero, pero notable, su firma dulce vibra hasta mis huesos. Su mano, sorpresivamente sólida, toma la mía y me guía firme hacia la ducha.
El agua chisporrotea, golpeando con resonancia rítmica el piso de piedra y nuestras formas desnudas. Su proximidad es palpable, su cuerpo presiona el mío, las curvas de su figura tallan un contorno en mi piel.
Suavemente, besa mi barbilla, desplegando un cariño que provoca en mí un deseo desbordante. Desplaza sus labios a mi cuello, delineando un camino de besos que prometen placeres aún mayores. Desciende con su boca, explorando mi abdomen.
Con un acto de fuerza, la levanto en mis brazos, me encuentro sujetándola con facilidad. Sin embargo, en su audacia, extiende su lengua en un intento de lamer mi cara. La detengo, mi mano se desliza hacia su delicado cuello, presionándola contra la pared con firmeza. Libera un gemido, una deliciosa melodía. ¿Es esto lo que hace que hombres y mujeres pierdan la cabeza? Ahora lo entiendo. Mi cintura presiona contra sus nalgas. Frieren voltea a verme con un atisbo de aprobación, sin compasión la penetro por detrás.
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Comments
Alicia Salamanca Hernández
muy fuerte tentación 🤭
2024-03-30
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