Entre las sombras y los lamentos eternos, los pasillos del inframundo se extienden como las capas más profundas del mismo infierno de Dante, un laberinto de sufrimiento donde las almas perdidas encuentran su morada eterna. Belfegor avanza por los corredores, donde las llamas destellan con una intensidad que solo el reino de Lucifer puede ofrecer. La arquitectura infernal se levanta imponente, como si la desesperación misma hubiera dado forma a cada piedra y sombra.
Llega al castillo de Lucifer, inexpugnable y oscuro, donde los gemidos de las almas condenadas resuenan como un eco eterno. Al atravesar sus puertas, los demonios guerreros se arrodillan en un gesto de sumisión ante Belfegor, cuyo caminar despierta el respeto de aquellos que sirven en el reino del mal.
En una sala llena de sombras y susurros, Kira, un demonio femenino de antigüedad insondable, se planta con gracia ante Belfegor. Su apariencia adolescente oculta la sabiduría de eras pasadas.
—Maestro Belfegor, tengo el honor de informar sobre la visita de Alex al mundo mágico —anuncia.
Belfegor, cuya personalidad usualmente rebosa sarcasmo, adopta una solemnidad inusual.
—Háblame, Kira. ¿Qué ha ocurrido en su travesía? —inquiere.
Con reverencia, Kira narra los eventos que han transcurrido en el reino mágico, desentrañando cada detalle de la visita de Alex.
—Tu hermano Alex aún desconoce la verdadera dimensión de su poder —termina.
A lo largo de los ominosos pasillos del Palacio, Belfegor y Kira se mueven cual sombras entre la oscuridad. La figura imponente de Belfegor, en su forma definitiva, domina los corredores, y Kira, pequeña y sombría, le sigue con devoción palpable.
Ante ellos, el inmenso salón se abre, rebosante de demonios envueltos en una orgía inefable. Kira toma con su mano pálida un dedo de Belfegor, aferrándose a él mientras atraviesan aquel lugar. La devoción de Kira hacia Belfegor se manifiesta en gestos sutiles, como un vínculo que trasciende las tinieblas del inframundo.
—¿Me extrañaste, Kira? —Con una sonrisa pícara, Belfegor rompe el silencio.
Un suspiro escapa de los labios de Kira mientras lo guía hacia una habitación sumida en penumbras. Lentamente, ambos comienzan a desvestirse, liberándose de las sombras que cubren sus siluetas. La disparidad de tamaños entre sus cuerpos crea una danza peculiar de proporciones.
Ella se aproxima a él, percibiendo la inmensa diferencia entre sus estaturas.
Con un gesto cargado de sensualidad, Belfegor toma a Kira por el cuello, acariciando su rostro simétrico y deslizando su mano por sus estrechos hombros. Un beso depositado en la comisura de sus labios despierta una pasión que desafía las sombras del reino infernal.
De repente, con una rapidez que desafía la percepción, Belfegor la abraza por detrás. Su mano izquierda se aventura por el vientre de Kira, mientras la derecha sostiene con firmeza su mentón. El aliento cálido de Belfegor se entrelaza con los cabellos rojizos de su compañera, creando un aura de lujuria y éxtasis.
Los ojos de Kira, completamente blancos y delineados en negro intenso, capturan la esencia del placer malévolo que inunda el lugar. La piel de porcelana, los labios manchados de carmín, y la sonrisa cargada de placer, crean la visión de una seductora infernal. El cuerpo de Kira, con la forma de un reloj de arena, se convierte en la obra maestra de las sombras y las luces.
Belfegor, perdido en la vorágine de sensaciones, percibe el olor a lilas que emana del cabello de Kira y la humedad dulce entre sus piernas. Los muslos delgados, los brazos delicados, el cuello esbelto; Kira se convierte en una pequeña sumisa entre las manos enormes de Belfegor.
La danza adquiere un tono salvaje, una sinfonía de placer y deseo que resuena en los confines del inframundo.
En la tenue luz del candelabro, Belfegor despierta en la habitación que, momentos antes, fue escenario de una pasión desenfrenada. Kira, desnuda a su lado, despierta con un delicado beso en su pequeña y respingada nariz.
—Quizás deba matar a Alex —las palabras emergen de los labios de Belfegor como un susurro cargado de sombras.
Kira, con sus ojos completamente blancos, lo mira con serenidad.
—Si tu hermano menor no cumple con las expectativas de Lucifer, tu padre, me temo que esa será tu obligación. Y deberás ocupar su lugar.
Un suspiro escapa de los labios de Belfegor. Durante tanto tiempo se había desempeñado como mascota, como leal compañera de Alex. Ahora, en medio de la penumbra y las confesiones, las líneas entre el amor genuino y la ilusión comienzan a difuminarse en su mente.
Luego de una reunión secreta en los dominios de Lucifer, Belfegor regresa con la misma solemnidad que había adoptado en el inframundo. Al encontrarse con Alex, retoma su tono sarcástico y habitual, resonando en el aire.
—Bienvenido de nuevo, Alex. Parece que las sombras y luces te han guiado por un camino intrigante.
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Comments
Alicia Salamanca Hernández
como son hermanos y piensa en liquidar Alex Belfegol😠
2024-03-30
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