UNA NOCHE MÁGICA

En el Castillo de Lilith, donde la magia se entrelaza con la historia, se despliega una noche de misterio y encanto. Las altas torres se alzan en el aire como guardianes mágicos, y la seguridad mágica se extiende por los pasillos como un velo invisible pero infalible.

El salón, iluminado por lámparas flotantes que destilan luz de tonos dorados, está adornado con tapices mágicos que narran leyendas olvidadas. La arquitectura, una fusión de estilos antiguos y futuristas, crea un escenario majestuoso para la velada.

La seguridad, compuesta por criaturas mágicas y hechizos de protección, se manifiesta de manera sutil pero efectiva. Sombras aladas patrullan los corredores, mientras encantamientos invisibles detectan cualquier amenaza potencial. El Castillo de Lilith, a pesar de su belleza festiva, es un bastión seguro y vigilado.

La armonía de la magia se refleja en la diversidad de atuendos. Hechiceros vestidos con túnicas de colores cambiantes, exploradores con formas míticas que se desplazan con elegancia, y soldados mágicos que llevan armaduras que combinan la antigüedad con la modernidad. En esta noche de máscaras, la identidad se mezcla con el misterio.

La jerarquía se manifiesta en detalles exquisitos. Los hechiceros de mayor renombre ostentan túnicas bordadas con símbolos antiguos, mientras los exploradores llevan máscaras que reflejan sus formas místicas. Los soldados mágicos, con sus armaduras relucientes, danzan en sintonía con la música mágica que fluye por el salón.

En el centro del salón, rodeada por la élite mágica, Lilith, la reina del mundo mágico, se encuentra en un vestido que parece tejido con la luz de las estrellas. Su máscara, enmarcada por filigranas doradas, oculta su rostro pero no su autoridad. La elegancia de su presencia domina el ambiente, y su mirada, llena de antigua sabiduría, barre el salón como un faro de poder.

La música mágica, interpretada por seres invisibles, crea un ambiente etéreo. Las risas y los murmullos se mezclan con hechizos encantadores que danzan en el aire.

Entre la multitud de máscaras y hechizos danzantes, mis ojos se encuentran con Rey descendiendo majestuosamente los escalones del gran salón. Su vestido, un despliegue de magia textil, parece tejido con hilos de luz lunar y encaje de sombras. La tela se ajusta a su figura con una precisión que desafía la realidad misma, resaltando su gracia sobrenatural.

El rostro de Rey, enmarcado por una máscara que fusiona lo antiguo y lo futurista, es un misterio cubierto por enigmas. Pero la imposible exactitud de sus facciones revela una belleza que trasciende los límites de lo terrenal.

—Alex —su voz, suave como un susurro mágico, me envuelve al acercarse—. ¿Disfrutas de la velada?

—Rey, te ves absolutamente impresionante. —mi cumplido es genuino mientras mi mirada recorre su atuendo etéreo—. Este lugar se ilumina con tu presencia.

Un destello de aprobación brilla en los ojos de Rey mientras acepta el cumplido con elegancia.

—Agradezco tus palabras, Alex. —sus labios se curvan en una sonrisa intrigante—. Pero esta noche no es solo sobre apariencias.

La música mágica nos envuelve cuando, con un gesto grácil, Rey me invita a unirme a ella en la danza. Bailamos entre las sombras y la luz, nuestros movimientos siguiendo la cadencia de la magia que impregna el aire. Los diálogos fluyen entre nosotros, una danza verbal que revela fragmentos de verdades ocultas y conspiraciones mágicas.

—¿Qué secretos esconden estas paredes, Rey? —mi pregunta se mezcla con el susurro de la música—. ¿Y cuál es tu papel en todo esto?

Rey, con su mirada penetrante, responde entre las vueltas de nuestra danza:

—La verdad es un tapiz complicado, Alex. En este mundo mágico, cada hebra oculta un secreto, y no todos están listos para ser revelados.

Las luces centelleantes del salón iluminan su rostro, revelando la seriedad detrás de su máscara. Continuamos moviéndonos con gracia por el salón, nuestras palabras enlazadas como hechizos entrelazados.

—Tu llegada ha alterado las corrientes mágicas, Alex. Eres el catalizador de eventos que han estado en juego durante eones. —su voz suena serena, pero sus palabras llevan consigo un peso significativo—. La dualidad entre sombras y luces te sigue como una sombra inquebrantable.

La música nos envuelve en su encanto, creando un escenario mágico para nuestras confesiones veladas.

—¿Y cuál es mi papel en todo esto? —mi pregunta se desliza entre las notas melódicas.

Rey se detiene por un momento, su mirada se encuentra con la mía con intensidad.

—Eres el elegido, Alex. La encrucijada donde convergen los destinos mágicos y las fuerzas ancestrales. —sus palabras parecen desentrañar la esencia misma de mi existencia—. Pero debes elegir qué camino seguirás, pues tus decisiones resonarán más allá de este salón de máscaras.

Rey guía mi paso a través de la multitud como una sombra confiable, revelando los nombres y cargos de aquellos cuyos destinos están entrelazados con el tejido mágico del mundo. Entre risas y susurros, nos desplazamos por el salón, y al final de nuestro recorrido, llegamos al pie del trono de Lilith, la reina de este reino encantado.

Ante nosotros, la Guardia Real se alza como un símbolo de poder y lealtad. Seis guerreros excepcionales, cada uno con su propia historia legendaria. Rey, la ex Juana de Arco, Hércules, el invencible, Arturo, el rey de la mesa redonda, Aquiles, el héroe de la guerra de Troya, Musashi Miyamoto, el legendario espadachín, y Caín, el hijo maldito de Adán y Eva.

Mis ojos siguen cada figura, admirando la magnificencia de aquellos cuyos nombres resonaron en las páginas de la historia humana. La Guardia Real, los sietes, ahora reunidos en un solo lugar, destilan un aura de poder que trasciende lo mortal.

Rey, con un gesto ceremonial, presenta a cada miembro de la Guardia Real, resaltando sus hazañas y proezas mágicas. Mis ojos se encuentran con los suyos, cada uno portando la carga de un destino inmortal.

—Alex, estos son los legendarios sietes. La élite que protege y sirve a Lilith, la reina de nuestro reino mágico. —la voz de Rey resuena con orgullo y respeto—. En su presencia, las leyendas se vuelven realidad.

Ante el trono de Lilith, los sietes se erigen como guardianes de un linaje mágico, cada uno llevando consigo el peso de su historia y el compromiso de servir a la reina. En este momento, soy testigo de la grandiosidad de aquellos cuyos nombres resuenan a través de los siglos, mientras la magia del Castillo de Lilith se entrelaza con las historias inmortales de la Guardia Real.

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