En la penumbra de mi apartamento, Belfegor emerge como una sombra leal, su presencia envuelta en una familiaridad reconfortante. —La decisión que enfrentas es tan antigua como el conflicto mismo. —Su voz, una mezcla de sabiduría y sarcasmo, resuena en la habitación.
Me enfrento a él, buscando respuestas en los ojos que destellan con astucia. —¿Qué opinas de la propuesta de Rey?
Belfegor, como un consejero del inframundo, ofrece su perspectiva. —El mundo mágico es un laberinto de intrigas y poderes oscuros. Rey no te ha contado toda la verdad, pero tampoco puedo negar que el conocimiento que buscas podría estar allí.
La dualidad de sus palabras me deja con más preguntas que respuestas. En el trasfondo de la conversación, Belfegor desgrana fragmentos del conflicto ancestral entre Satanás y Lilith. Un relato que se remonta a eras pasadas, tejiendo la historia de la primera esposa de Adán y su rebelión contra las cadenas divinas.
Decidido a enfrentar mi destino, contacto a Rey. A las tres de la mañana, nos encontramos en el Central Park, donde las sombras danzan entre los árboles que guardan secretos ancestrales. —La decisión está en tus manos, Alex. —Rey, con su mirada intensa, parece leer mis pensamientos.
La conversación fluye entre nosotros, como un río que lleva las corrientes de la historia mágica y mis propias dudas. Rey, finalmente, abre un portal al mundo mágico.
El paisaje que se despliega ante mí es una sinfonía de colores y formas. Las ropas casuales de los habitantes del mundo mágico combinan la elegancia de la era victoriana con toques futuristas. La arquitectura de la ciudad mezcla la grandiosidad de la época de la Hera victoria con la tecnología avanzada que desafía mi comprensión.
Árboles místicos, cuyas hojas destilan un brillo etéreo, dan sombra a las calles empedradas. La ciudad, con su encanto atemporal, respira vida mágica en cada esquina. En las plazas, criaturas mitológicas caminan junto a humanos, creando una armonía que parece desafiar las leyes de mi propio mundo.
Rey, con su armadura reluciente, se erige como una figura imponente. —Bienvenido al mundo mágico, Alex. Aquí, la dualidad de sombras y luces cobra vida en formas que aún estás por descubrir.
La visión del mundo mágico, cautivante y envolvente, se extiende ante mí como un lienzo de posibilidades infinitas.
Atravesamos callejones mágicos y plazas llenas de vida, siguiendo el camino que nos lleva al corazón de este mundo encantado. El castillo de Lilith se alza majestuosamente en la distancia, una obra maestra de arquitectura que fusiona la gracia de la antigüedad con un toque de modernidad mágica. Al llegar, nos encontramos ante las imponentes puertas del castillo. Rey, con una reverencia respetuosa, anuncia nuestra presencia. Las puertas se abren lentamente, revelando los pasillos iluminados por lámparas encantadas que llevan al corazón del castillo.
Lilith, la primera esposa de Adán, nos espera en un salón adornado con lujosas telas que ondean como susurros de antiguas historias. La belleza de Lilith es surrealista, su figura envuelta en telas que parecen tejidas con hilos de sueños y anhelos. Su cabello oscuro cae en cascadas, enmarcando un rostro que irradia una belleza que desafía la comprensión humana. Sus ojos, profundos y penetrantes, capturan la esencia de quien los contempla. Parecen contener la sabiduría de los siglos y la promesa de secretos ancestrales.
Lilith se yergue con una gracia etérea, su presencia eclipsa la sala, convirtiéndola en el epicentro de una realidad mágica. El viento, como un eco de susurros antiguos, acaricia las telas que envuelven a Lilith, como si cada hebra contara una historia de amor y desafío. Su mirada, fija en mí, traspasa las capas de mi propia existencia, como si pudiera leer los secretos inscritos en las líneas de mi destino.
—Bienvenido, Alex, semilla de mi propia historia. —La voz de Lilith, suave como una melodía ancestral, llena la sala. Rey se adelanta con una reverencia, y yo, cautivado por la presencia de la mujer que desencadenó una guerra entre sombras y luces, la saludo con respeto. La conversación que sigue es una danza de palabras mágicas, donde Lilith revela fragmentos de la historia que nos une.
En la penumbra del castillo, entre las delicadas telas y la mirada intensa de Lilith, me encuentro inmerso en un mundo que va más allá de lo que jamás imaginé.
Lilith se adentra en la narrativa de su relación fallida con Lucifer, una historia tejida con los hilos de la rebelión y el desencanto divino. Sus palabras revelan la complejidad de un amor que se convirtió en el epicentro de un conflicto cósmico, marcando los fundamentos de lo que los humanos ordinarios llaman sobrenatural.
—La rebelión contra la divinidad fue un acto de liberación, Alex. Lucifer y yo buscamos la autonomía, la capacidad de decidir nuestro propio destino. Pero, como bien sabes, ese camino llevó a la separación y a la guerra entre sombras y luces.
Su voz resuena en la sala, llevando consigo el eco de siglos de desafío. Mientras habla, el ambiente se carga con la energía de una historia que ha sido narrada a través de los tiempos.
—La profecía que te envuelve, Alex, es el eco de una verdad fundamental. Eres la semilla de una conexión única entre lo divino y lo terrenal, destinado a llevar a la humanidad al umbral del Apocalipsis.
Las palabras de Lilith pesan en el aire, como un presagio que se cierne sobre mi propia existencia. La idea de ser el portador de un destino apocalíptico resuena en mi mente, tejiendo sombras en la tela de mi comprensión.
—Pero, querido Alex, en la dualidad de sombras y luces, siempre hay alternativas. —Lilith se acerca con gracia, su mirada sosteniendo la mía.
En su discurso, Lilith revela una posibilidad que desafía la profecía.
—Puedes unirte a mí, Alex. Juntos, podemos desafiar el curso establecido por la profecía. La guerra entre sombras y luces ha persistido por demasiado tiempo, y tú, con tu sangre y tu existencia única, puedes ser la clave para trascender las cadenas del destino.
La oferta de Lilith, envuelta en la seducción de sus palabras y la promesa de desafiar la profecía, pende en el aire como una elección trascendental.
Rey guía mis pasos por los terrenos donde los reclutas del Ejército mágico entrenan sus habilidades. El campo se despliega como un escenario mágico, donde las criaturas mitológicas ensayan sus gráciles movimientos y los hechiceros lanzan hechizos que iluminan el cielo con destellos de luz.
—Bienvenido al corazón de nuestras fuerzas, Alex. Aquí entrenamos a aquellos que se alzarán en la batalla entre sombras y luces. —Rey expone con orgullo el espectáculo de habilidades mágicas.
Se detiene frente a mí y señala hacia diferentes grupos. —En la jerarquía del Ejército mágico, los hechiceros dominan el arte de los hechizos a distancia, mientras que los exploradores, criaturas míticas con formas diversas, destacan en los enfrentamientos directos.
Continuamos nuestro recorrido y llegamos a la sección de los soldados mágicos, aquellos con apariencia humana, al igual que los hechiceros. Rey explica sus roles y destrezas en la batalla.
—Y aquí, en la cúspide, se encuentra la Guardia personal de Lilith, los Sietes. —Su mirada se fija en mí mientras menciona sus nombres.
Rey nombra a cada uno de los caballeros legendarios que componen la élite de la Guardia personal de Lilith: Juana de Arco, Aquiles, el rey Arturo, Caín, el hijo de Adán y Eva, Musashi Miyamoto y Hércules. Cada nombre resuena con la fuerza de las leyendas que llevan consigo.
—Y el séptimo... —Rey se detiene, su mirada fija en mí. —El séptimo debes ser tú.
La diminuta hada, Serafín, se posa con delicadeza sobre el hombro de Rey, y su voz, a pesar de su tamaño diminuto, resuena con una melodiosa claridad.
—Rey, ¿quién es este humano que te acompaña? —pregunta, sus ojos centelleando con una curiosidad chispeante.
Mis ojos se abren con asombro cuando escucho el verdadero nombre de Rey. —¿Rey eres Juana de Arco? ¿Eres uno de los Sietes?
Rey asiente, revelando un fragmento oculto de su identidad. —Antes de adoptar el nombre Rey, fui Juana de Arco, una mortal que se convirtió en uno de los Sietes de la Guardia personal de Lilith.
Serafín, con su pequeña figura, asiente con sabiduría. —Así es, y ahora está destinado a guiar al séptimo.
La revelación resuena en mi mente mientras la hada y Rey intercambian miradas cómplices. Nos dirigimos a mi apartamento, donde Belfegor aguarda con su habitual indiferencia. La atmósfera está cargada con la tensión de las revelaciones y las decisiones que se ciernen sobre mi destino.
—Bienvenido de nuevo, Alex. Parece que las sombras y luces te han llevado por un camino intrigante. —Belfegor, con su tono sarcástico, saluda mi regreso.
Rey se despide con un gesto de la mano, dejándome con el demonio que ha sido mi compañero en esta travesía.
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Comments
Alicia Salamanca Hernández
interesante no cabe duda Alex tiene una decisión complicada??
2024-03-30
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