EDWIN

El crepúsculo del poder mágico que yace dentro de mí se intensifica con cada día de entrenamiento y cada conexión que establezco en este intrigante mundo mágico. Las chicas, atraídas por la aura misteriosa del Anticristo, se congregan a mi alrededor, alimentando mi ego y sumándose a mi creciente popularidad en el reino.

En los campos de entrenamiento, mi destreza en la magia y el combate se afina con cada sesión. Mis compañeros de batalla y yo nos sumergimos en intensos enfrentamientos, mientras la energía mágica fluye a través de mí, elevando mi poder a niveles que nunca imaginé. La dualidad de mi existencia como Anticristo y humano se entrelaza en cada hechizo lanzado y en cada victoria alcanzada.

Los burdeles mágicos se convierten en mi refugio, donde las concubinas, criaturas místicas y hadas me ofrecen sus encantos. La atracción por lo prohibido se despierta en mí, pero con ello, regresa mi personalidad narcisista y seductora, dejando entrever la complejidad de mi ser.

Entre misiones y reuniones estratégicas, descubro que la influencia del poder corrompe sutilmente mi moralidad. La seducción de las sombras me envuelve, y mientras avanzo en mi destino, las decisiones que tomo revelan un desafío constante entre la luz y la oscuridad, entre la humanidad y lo sobrenatural.

Erwin, con su vestimenta elegante y un toque de excentricidad, camina con una seguridad que delata su origen noble. Su cabello dorado enmarca su rostro esculpido, y sus ojos azules destilan una mezcla de astucia y autoconfianza. Cada gesto suyo parece cuidadosamente coreografiado para impresionar, desde la forma en que ajusta el cuello de su chaqueta hasta la manera en que se desplaza con gracia por los pasillos del Castillo.

Edwin, con su cabello dorado ondeando con gracia, se cruza en mi camino por los majestuosos pasillos del castillo. Su presencia destila un atractivo innegable, y sus ojos reflejan la chispa de la magia que corre por sus venas. Se presenta como el mago concubino favorito de Lilith, una posición que alimenta su arrogancia.

La tensión crece entre nosotros, como si nuestros egos estuvieran destinados a chocar. Cada palabra se convierte en un arma sutil, un juego de poder en el que ninguno de nosotros está dispuesto a ceder. Edwin despliega su magia con gestos elegantes, intentando eclipsar mi propia destreza mágica. En este duelo verbal, cada réplica es una nueva estrategia para debilitar al otro.

—¿Así que eres el famoso mago que ha capturado la atención de Lilith? —le lanzo una mirada sutil mientras intento no revelar el malestar que su presencia me causa.

Edwin sonríe con autosuficiencia, sus ojos centellean con un brillo desafiante. —Lilith aprecia la magia refinada y el encanto, algo que, por supuesto, no puede resistirse.

Arqueo una ceja, jugando con la emoción del desafío. —Supongo que la magia no es la única herramienta en tu arsenal.

—De hecho, el encanto personal también juega un papel crucial. Pero no todos pueden entender ese arte. —Su tono es tan afilado como sus hechizos.

 

—¿Te sientes amenazado, Alex? —la sonrisa de Edwin se ensancha, alimentada por la certeza de su propio encanto—. No es sorprendente; después de todo, Lilith no elige a cualquiera.

Respondo con calma, sin dejar que su actitud me afecte. —Lilith puede apreciar lo que sea, pero la verdadera pregunta es: ¿puedes mantenerte a la altura?

Edwin ríe, una risa que resuena con arrogancia. —¿Acaso estás sugiriendo que deberíamos competir por su favor?

—En este mundo, la competencia es inevitable, ¿no crees? —mi tono es más afilado de lo que pretendía.

—Pero, Alex, hay una diferencia entre competir y perder. —Edwin detiene su paso, enfrentándome con una mirada desafiante.

El pasillo se llena de electricidad, como si nuestros egos fueran tormentas en colisión. Cada palabra pronunciada es un relámpago, y cada gesto, un trueno. La rivalidad entre Edwin y yo se convierte en un duelo de voluntades, donde la victoria se mide en el control de la narrativa y la influencia sobre Lilith.

Continuamos nuestra interacción, cada respuesta es una puñalada sutil, y cada gesto es una estrategia calculada.

 

Al cruzar el campo de entrenamiento, me encuentro con Rey, lista para la batalla. Nuestros movimientos son un espectáculo coordinado de velocidad y magia. Empuño mi katana con determinación, lanzando hechizos con destreza, pero cada movimiento es anticipado y respondido por los ágiles movimientos de Rey.

La batalla se desarrolla en un ballet de golpes y esquivas. Rey, sin utilizar armas ni magia, confía en su habilidad física. Esquiva mis ataques con gracia, respondiendo con golpes precisos. Siento que cada movimiento está impregnado de una intención más profunda, como si estuviera tratando de comunicarme algo a través de cada golpe.

A medida que la batalla progresa, mis fuerzas flaquean ante la imparable destreza de Rey. Finalmente, desarma mi katana y me deja en el suelo. Su mirada, desafiante pero con un matiz de reconocimiento, se encuentra con la mía.

—Ya no eres el muchacho confundido que entrené. En cambio, ahora veo a una persona completamente diferente. —Su tono, una mezcla de orgullo y advertencia, resuena en el campo de entrenamiento.

Me incorporo, sintiendo el peso de sus palabras. La batalla no solo fue física, sino una prueba de mi crecimiento y transformación en este mundo mágico lleno de intrigas y desafíos.

Rey me observa con una mirada crítica, sus ojos escudriñan mi rostro en busca de respuestas. Su tono se vuelve más serio cuando habla:

—Tu reciente actividad en los burdeles no ha pasado desapercibida. Los placeres mundanos tienen la habilidad de convertir a hombres talentosos en simples marionetas sin valor. ¿Es esto lo que deseas para ti mismo?

Me enfrento a sus palabras con una mezcla de sorpresa y resistencia. Rey siempre ha sido mi guía en este mundo mágico, y sus comentarios reflejan una preocupación genuina. Sin embargo, mi orgullo se interpone, y respondo con un toque de sarcasmo:

—¿Preocupada por mi bienestar, Rey? ¿O estás molesta porque alguien más ha llamado tu atención?

Ella no se deja llevar por mi provocación y responde con franqueza:

—Tu camino en este mundo va más allá de las distracciones momentáneas. No olvides que estás destinado a un papel más grande, y tus elecciones deben reflejar ese destino.

Mientras Rey se aleja, mi mirada se queda fija en su figura grácil. ¿Será posible que detrás del velo de sus ojos haya algo más que simple preocupación? La idea de que ella podría tener sentimientos hacia mí se filtra en mi mente, pero rápidamente la descarto. Rey nunca ha mostrado una pizca de interés más allá de la relación mentor-aprendiz que compartimos.

No obstante, la tensión entre nosotros no puede ser ignorada. Mi deseo por ella se mezcla con la incertidumbre. ¿Es solo atracción física o hay algo más profundo que se esconde en los rincones de nuestras interacciones?

Rey suspira, como si sintiera el peso de mis pensamientos, y se da la vuelta. El movimiento de sus caderas es hipnotizante, despertando mi deseo aún más. Pero mientras reflexiono sobre lo que podría haber entre nosotros, una pregunta persiste en mi mente: ¿cómo puedo reconciliar mi destino con las complejidades de las relaciones humanas?

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Comments

Alicia Salamanca Hernández

Alicia Salamanca Hernández

Que complicado la tiene Alex 🤔🤔

2024-03-30

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