Los ojos cafés de Andy se abrieron lentamente, la luz dorada del sol brillaba, sin embargo, las delgadas cortinas blancas le impedían a los rayos pasar. Andy se acurrucó en las sábanas, no había ánimos para salir, ni mucho menos fuerzas para levantarse. Sintió un peso extra en su espalda, algo estaba presionando; era pesado y más grande que él. Entró en pánico, pero no quiso voltear, lamió sus labios, estaban secos y su garganta dolía. La cama se hundió nuevamente y el sonido de algo moviéndose llegó a sus oídos. El brazo blanco lo abrazó por la cintura, la mano fría acarició su abdomen causándole escalofríos.
Su cuerpo se puso rígido al momento de sentir el toque. Edward estaba durmiendo a su lado, después de las palabras tan crudas que la noche anterior había oído, creyó que Edward se iría tan pronto como terminara, nunca pensó que él estuviera a su lado por la mañana. Eran casi como un matrimonio.
Sus ojos se enrojecieron al pensar en ello. Si no fuera por las palabras de Edward, probablemente se ilusionaría pensando que tiene una oportunidad de ganar el corazón de su esposo. Pero, ya no era importante, únicamente era un pedazo de carne para Edward. Alguien con quien divertirse y a quien tirar cuando se le diera la gana. Las lágrimas escurrieron por sus mejillas y un dolor agudo le hizo encogerse en la cama. Cubrió su boca con su mano y mordió su labio hasta que el sabor de la sangre llegó a su lengua. Su respiración se estaba agitando, pensó en Edward y en lo que posiblemente le haría si molestaba su sueño.
Con dolor en las piernas y en todo el cuerpo, Andy se levantó lentamente de la cama y caminó con dificultad al baño. Sintió un líquido tibio recorrer sus piernas, miró hacia abajo y se asustó cuando vio los hilos de sangre descendiendo por su piel.
Andy agarró papel higiénico y limpió la sangre, sin embargo, el líquido parecía no detenerse.
—Si te sientes mal ve al médico. —La voz fría de Edward traspasó la puerta de madera. Andy no respondió, simplemente se quedó en cuclillas apretando su estómago, la puerta de la habitación se cerró de golpe y él pudo emitir un quejido sin miedo a molestar a nadie.
Antes hubiese corrido hacia el hospital, sin embargo, cuando John lo encerró en esa habitación, la tarjeta que había ocupado para huir fue confiscada. Pedirle dinero a Edward nunca había sido una opción, era mejor soportar y salir hasta que el dolor pasara.
...----------------...
Era mediodía, la villa McDowell estaba en total silencio, Andy bajó las escaleras y fue directamente a la cocina. No había salido en casi un mes de su habitación, no había comida y las pocas verduras que había, estaban podridas. Tenía hambre, no había comido nada el día anterior y ya casi eran dos días sin probar más que agua. Atribuyó el dolor abdominal a la falta de alimento, sin embargo, aún estaba asustado por haber sangrado. Edward no estaba, y John seguramente lo había seguido.
Fue a la puerta principal, pero antes de que pudiera siquiera poner un pie fuera, un hombre se interpuso en su camino. El hombre era alto, llevaba traje negro y lentes oscuros. Andy retrocedió un paso, con temor.
—Por órdenes del señor McDowell, no puede salir de esta casa. Si necesita algo, puedo conseguirlo por usted, si quiere salir al patio trasero o a caminar, uno de mis compañeros irá con usted, pero solo podrá salir una hora por día.
Andy regresó a la sala en silencio, dejó caer su adolorido cuerpo sobre el sofá negro de piel. Edward lo había encerrado, ahora era un prisionero en su casa. Era peor que una mascota. A un perro siquiera lo dejaban correr libre, él, en cambio, tenía que ir acompañado de alguien, incluso tenía el tiempo contado.
Andy se recostó en el sofá y abrazó sus piernas, aún había un poco de dolor en el abdomen, pero la sangre había dejado de salir. Tenía hambre y sueño. Cerró los ojos en busca de dormir. Desde la noche en la que Edward lo obligó a estar con él, dormir era la única manera de escapar de la realidad, sin embargo, las pesadillas reinaban sus sueños. De cualquier forma, Andy no podía tener paz en ningún lugar.
Fue arrojado al suelo en un golpe sordo. Confundido, levantó la vista y vio esos ojos oscuros que tanto amaba. Edward lo miraba altivamente mientras arrojaba un plato con comida al sillón.
—¿A caso eres un perezoso?, son las ocho de la noche, ¿Qué haces todavía dormido? —Edward señaló el plato en el sillón—. Es para ti.
Andy se levantó con dificultad del suelo sintiendo una punzada en el vientre bajo, mordió su labio inferior intentando controlar el dolor. Susurró con dificultad—. Gracias.
Edward le restó importancia al aspecto lamentable de Andy y subió con indiferencia las escaleras. Andy miró con dolor la espalda ancha y recta desaparecer por el pasillo derecho. Abrió el plato con comida, era verdura salteada, pasta y carne a la parrilla, a simple vista el plato era delicioso y el aroma lo era aún más. No sabía si era porque Edward se lo había dado o porque no había comido nada en casi dos días, pero la comida fue devorada con gusto y él quedó satisfecho.
El dolor en el abdomen era consistente, pero había disminuido, únicamente quedaban pequeños espasmos ocasionales que le hacían ponerse en posición fetal sobre el sillón. Era tarde, casi las diez de la noche, el sonido de los zapatos de piel se escuchó por las escaleras. Andy alzó el rostro y miró a Edward, su vestimenta era algo informal, no como si fuera a una reunión de trabajo, más bien, como si se fuera a encontrar con otra de sus amantes. Edward lo vio de reojo, sin embargo, sólo había disgusto en su mirada. Andy volvió a encogerse en su lugar, la puerta principal fue abierta y cerrada segundos después.
—Esto... ¿es mi destino?
Las lágrimas mojaron sus mejillas, limpió su rostro con el dorso de su mano, sin embargo, cuanto más limpiaba, las lágrimas lo mojaban aún más. Fue otra noche más de llanto y soledad. Otra noche más donde volvió a desear convertirse en una estrella más en el firmamento.
...----------------...
El restaurante era elegante y hermoso, el sonido delicado del piano acompañaba a los comensales en sus conversaciones amenas. Teri revisó por quinta vez su maquillaje y peinado, había esperado por diez minutos y sentía que se estaba desarreglando. Algo definitivamente iba mal con Edward, él nunca la haría esperar de esa manera. El nombre de Andy Brown llegó a su mente junto a la advertencia que su padre le había dado. Debía actuar cuanto antes, encontrar el momento exacto y entrara en la villa McDowell, sacar a Andy de ahí era tarea fácil.
—¿Esperaste mucho? —La voz de Edward la sacó de sus pensamientos, Teri se levantó sonriendo y lo abrazó en un ángulo en el que cualquiera pensaría que se habían besado.
—No, llegue hace poco. —Dijo soltando a Edward y volviendo a su lugar—. Quiero agradecerte, Edward.
—Ese bastardo lo merecía, nadie toca ni insulta lo que es mío. —Edward arrugó las cejas, sin embargo, la imagen que llegó a su mente no fue la del hijo mayor de la familia Regardie, sino la de Arthur Hayden. Ese imbécil no había dejado de mandar mensajes y hacer llamadas al celular de Andy.
—Pero tengo miedo. No quisiera que tomaran represalias contra ti. —Cuando regreso de su viaje de negocios, Teri se enteró que al hermano de esa mocosa que presumía ser amante de Edward, lo habían encerrado por tráfico de drogas y trata de personas, pensó que era azares del destino, sin embargo, Edward envió una fotografía de la noticia junto a un mensaje de texto; ¿Te gusta mi regalo?, No supo qué trucos había usado, sin embargo, logró que el grupo RB, cayera en picada en menos de una semana.
—Ellos no son más que una pulga a mi lado, ni siquiera usando todo el dinero que tienen podrían contra un imperio empresarial como el mío.
Edward mostraba seguridad y dominio con cada palabra dada. Teri sonrió y brindo por ello.
"No importa qué o quien se atraviese en mi camino. Edward McDowell definitivamente será mi esposo." Pensó.
—Vayamos a caminar un poco. —Teri abrazó el brazo de Edward y recargó su cabeza en su hombro. Edward sonrió de forma amable y, con delicadeza, retiró el brazo que sujetaba el suyo.
—Mañana tengo una reunión importante, lo lamento. —Ella asintió, desanimada. Edward se sintió mal por mentirle, sin embargo, Andy se veía realmente mal antes de salir. Su rostro estaba sudoroso y sus ojos se veían apagados, temía que en cualquier momento pudiera morir. Quiso llevarlo al hospital más temprano, pero la repentina llamada de Teri lo obligó a ir con ella, después de todo, Andy no era tan importante como ella.
—Oh, lamento haber molestado esta noche, si me hubieras dicho que estabas ocupado, hubiésemos ido otro día.
Edward acarició su rostro y besó su frente—. No, no me molestas, quise venir porque eres mucho más importante que cualquier reunión.
Ambos se despidieron. Teri espero que trajeran su auto y entró después de que Edward se había ido. Una llamada bastó para saber porque no quería ir con ella, el imbécil huérfano estaba en su casa, obviamente, Andy lo había seducido. No había más tiempo, tenía que actuar de inmediato.
Edward conducía por la oscura carretera. Teri había elegido un restaurante realmente alejado de la zona de villas. Edward había manejado durante veinte minutos cuando una llamada de un número desconocido entró.
Con dudas, respondió— ¿Señor McDowell?
—Sí, ¿Quién habla?
Las siguientes palabras le hicieron dar la vuelta y conducir a toda velocidad de regreso. Edward apretó las manos contra el volante y la sonrisa que había adornado el rostro de Teri durante la cena y cuando lo invitó a caminar, parecían fragmentarse en su mente. Sus manos temblaron y su rostro se deformó en preocupación y culpa.
—Teri... aguanta. —Susurró pisando el acelerador.
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Andy estaba tendido en el sofá, su respiración era agitada y su cuerpo estaba completamente sudado. Temblaba y el dolor en el vientre bajó había regresado. Su temperatura había aumentado considerablemente y Edward seguramente no iba a regresar. Con dificultad, se levantó del sillón y caminó tambaleándose hacia la cocina. Había memorizado el celular de Edward hacía mucho tiempo, marcó los dígitos y esperó a que respondiera.
Edward no respondió.
Marcó más de diez veces, pero nunca contestó la llamada.
Su cuerpo perdía fuerzas, el dolor aumentaba y las punzadas eran cada vez más seguidas. Se arrastró hasta la salida, sabía que había un hombre custodiando la entrada, al menos a él podía pedirle ayuda.
Al abrir la puerta, el hombre se paró frente a él—. Señor...
—Por favor, creo que voy a morir, —interrumpió—, por favor, llévame al hospital. —El cuerpo de Andy cayó pesadamente en los brazos del hombre. La ropa que llevaba estaba empapada de sudor y se podía sentir la piel hervir detrás de la delgada tela—. Llévame... al hospital, por... favor.
Andy luchaba por mantener los ojos abierto, apenas y podía distinguir algunas siluetas, su vista cada vez era más nublada—. Intentaré contactar a su esposo... él dijo que no lo dejáramos ir más allá de la villa.
—No... Él no, él no responde... por favor, por favor. —Las lágrimas mojaron los brazos del hombre, el lamentable Andy seguía rogando y llorando, se inclinó hacia el suelo, una punzada más fuerte que las otras le hizo gritar del dolor—. Moriré... llévame.
—Yo... —Él agarró el audífono en su oído y gritó— ¡Llama al señor McDowell! —Miró a Andy temblando en el suelo y se puso en cuclillas susurrando—. Lo lamento... no puedo sin su autorización.
—¡Andy! —Un grito vino desde la entrada a la villa, un hombre vestido de negro se acercó corriendo—. Andy, ¿Qué te pasó?
—Váyase de aquí, es zona privada, no me haga sacarlo por la fuerza.
—Se está muriendo, ¿y te importa más qué hago aquí? —Él se agachó y levantó a Andy en sus brazos.
—Señor... me duele mucho. —Andy se acurrucó y agarró su vientre con desesperación.
—Vamos, te llevaré al hospital.
El guardaespaldas se interpuso—. No tiene permitido salir de la casa, no saldrá sin órdenes del jefe, ya lo están contactando, una vez que él sepa sobre esto... —Sus palabras fueron interrumpidas por uno de sus compañeros.
[El señor Edward no quiere saber nada del señor Andy, dijo que le importaba una mierda lo que pasara con él, intenté otra vez, pero apagó su celular.]
El guardia se llenó de incredulidad. Andy era su esposo, ¿cómo es que no le importaba en lo más mínimo?, miró a Andy temblar y cerrar los ojos débilmente. Arrugó las cejas. No podía dejarlo morir ahí, pero tampoco quería morir él si lo sacaba.
—¿Crees que tu jefe estaría feliz si supiera que su esposo murió por tu culpa?, Andy morirá si no nos vamos ya.
—Bien... iré con usted.
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Updated 51 Episodes
Comments
Yolanda Morocho
ase mal nacido se merece lo peor
2025-02-20
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Alicia Salamanca Hernández
si se muere Andy que te cancelen y allí te den tu merecido por violador y golpeador si te lo mereces Eward😡😡😡😡
2024-10-27
1
Alicia Salamanca Hernández
maldito escoria ojalá te des de topes cuando Andy ya no este 😡😡😡
2024-10-27
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