⚠️ Advertencia. Esta historia contiene violencia física, verbal y emocional, leer bajo su propia responsabilidad ⚠️
...----------------...
Teri miraba con preocupación a la persona frente a ella. El Edward McDowell que había conocido hacía años, no era el mismo que estaba frente a ella. Esta nueva versión de él le hacía temblar y poner una mirada aterrada. Mordió su labio inferior y apretó sus manos contra su vestido antes de poder hablar.
—Edward. —Dijo casi susurrando. Edward no la volteo a ver y tomó el último trago de su copa, ella apretó más fuerte sus manos y se arrastró por el sillón en forma de L, al lado de él. Con manos temblorosas y tímidas, agarró la copa y la apartó a un lado—. Deja de tomar, mejor vamos a mi departamento, hoy compre uno, y quería que fueras el primero en verlo.
Los ojos obsidiana se fijaron en ella, había consumido más de la mitad de la botella de whisky y su vista estaba nublada. Levantó su mano derecha y acarició el rostro de Teri sin decir una palabra. Su piel era suave y blanca. Los anchos dedos de Edward pasearon por la mejilla y resbalaron por el delgado cuello de ella hasta llegar a su nuca, después, posó su mano sobre la raíz de su cuello, y acarició con el pulgar la clavícula expuesta.
El rostro de Teri se tiñó de rojo dándole un aspecto débil y sumiso. Edward arrugó las cejas y retiró su mano bruscamente—. Iré a casa.
—Oh, bueno. —No pudo evitar mostrarse decepcionada.
Edward se levantó y caminó con dificultad hacia la salida. Hace un momento tenía ganas de tomar el cuerpo de la persona que amaba. Hacerla suya en ese lugar sería la mejor experiencia para ambos, sin embargo, el rostro sonrojado de Andy se sobrepuso sobre el de Teri, y la irritabilidad que sentía aumento.
Teri se quedó viendo la espalda de Edward hasta que desapareció de su vista. Sus ojos se volvieron fieros y la delicadeza que tenía hace un momento se ocultó en un rostro frívolo. Agarró su celular, que estaba sobre la mesa del bar, y marcó un número que pronto respondió.
...----------------...
Andy estaba recogiendo las últimas bolsas de basura y las estaba sacando, ya era tarde y su cuerpo estaba agotado, sin embargo, tenía que mantener limpia su casa. Ya había pasado una hora desde la llegada habitual de su esposo, no era raro que no llegara a dormir, así que no pensó en mandar algún mensaje o hacer una llamada, no quería arriesgarse que alguna mujer volviera a responderle. Aunque sabía sobre las infidelidades, prefería mantener sus ojos cejados. Deseaba nunca haber hecho aquella llamada, después de todo, la gente es más feliz cuando vive en ignorancia.
Miró el cielo, era oscuro y las estrellas brillaban en él. Un recuerdo llegó a su mente, él y su abuelo solían contemplar las estrellas en una cabaña en el bosque, era un paisaje hermoso. Y en invierno, si tenía suerte, podría observar las auroras boreales colorear el firmamento. Una imagen de ensueño. Sus delgados labios se curvaron en una sonrisa.
—¿Estas mejor? —La voz de un desconocido llegó desde su derecha, Andy volvió la mirada hacia él tratando de reconocerlo, pero nunca había visto a esa persona. Él hombre le sonrió y se acercó cinco pasos más a él—. No me recuerdas, ¿verdad?, soy la persona que te llevó al hospital.
Él trató de recordar, sin embargo, se dio cuenta que no había preguntado cómo era el hombre que lo había llevado al hospital. Con los problemas con Arthur ni siquiera había pedido una leve descripción. Tenía sentido lo que ese desconocido estaba diciendo.
—Yo lamento no haberle agradecido antes, muchas gracias por llevarme ese día.
El hombre asintió, aceptando los agradecimientos—. Entonces, ¿estás mejor? —Volvió a preguntar. Después de llevar a Andy al hospital comenzó a recolectar información sobre él, preguntó a algunos empleados y algunos vecinos, ellos le contaron cómo es que ese chico se había metido a la casa de Edward McDowell. Había muchos rumores sobre cómo lo manipulaba con asuntos secretos, lo que no tenía mucho sentido, viendo que el niño apenas y tenía para vestir ropa decente, no podía imaginar que pudiera manipular a alguien.
—Sí, mucho mejor. —Respondió—. Me gustaría darle algo para mostrar mi gratitud, espere un momento.
Antes de que pudiera responder, Andy ya se había ido corriendo con dirección a su casa. Él se quedó esperando, y unos tres minutos después, Andy apareció con una caja en la mano.
—Es un postre, quería que... la persona con la que vivo la probara, pero parece que hoy no vendrá.
Ese postre lo había hecho originalmente para Edward. Aunque Edward no acostumbraba a comer cosas dulces, un día antes lo había visto comer un caramelo, pensó que no le desagradaba el sabor y quería intentar darle un postre hecho por él mismo. Edward no había llegado y seguramente no vendría en muchos días, sería un desperdicio de dinero si el postre caducaba.
—Oh, se ve delicioso. —Debido a que la caja era transparente, el postre resaltaba bellamente. Un pastelillo con crema de fresa y decorado exquisitamente con frutos rojos debería de saber muy bueno.
—Muchas gracias, espero que lo disfrute. Yo me tengo que ir primero, nos vemos otro día. —Andy se despidió, y estaba por irse cuando el hombre lo agarró de la mano—. ¿Qué sucede?
—Aun no me has dicho tu nombre.
—Cierto. Mi nombre es Andy, un gusto señor...
—King, señor King. —Repitió—. Mi nombre te lo diré otro día que nos encontremos. Nos vemos luego, Andy. —Después de terminar de hablar, se fue caminando. Andy quedó un tanto confundido, ignorando al extraño hombre, decidió regresar dentro de su hogar.
—Maneja. —La voz de Edward salió tan fría como un témpano de hielo. Sus ojos parecían arder de la ira. El chófer se limitó a conducir hasta la villa.
Una vez que llegaron, Edward McDowell bajó del auto y cerró la puerta en silencio. Caminó hasta la entrada y abrió la puerta principal con sigilo, las luces de adentro estaban apagadas y solo la habitación que ocupaba Andy estaba encendida.
Edward subió las escaleras en silencio y fue a la habitación de Andy, la puerta estaba abierta y entró sin ser escuchado.
El agua se escuchaba correr desde la regadera, Edward se sentó con paciencia a esperar a que su esposo saliera. Su rostro estaba sombrío y sus ojos oscuros parecían brillar en la oscuridad que le brindaba la sombra de su cabello.
Hoy regresó sólo para pedir una explicación. Pensaba en asustar un poco a su tímido esposo y hacerle prometer que no volvería a darle nada a Arthur Hayden. Tal vez gritarle un poco sería suficiente para que Andy dejara aquel estúpido trabajo y se dedicara simplemente a estar en casa. Sin embargo, antes de llegar a su casa, vio a su esposo hablando cómodamente con otro hombre, ambos parecían conocerse bien.
Hizo que el chófer se detuviera y apagara las luces, no quería interrumpir el sucio momento romántico entre esos dos. Vio a Andy ir a la villa, esperó un poco y pensó que ya no saldría, sin embargo, cuando estaba por decirle al chófer que siguiera conduciendo, Andy salió con una caja en las manos y la entregó al desconocido. Edward golpeó el vidrio de la ventana con tanta fuerza que se podría romper, por suerte, era vidrio blindado.
Después de ver a su esposo actuar tan íntimamente con aquel sujeto, y recordar a Arthur, Edward maldijo en un susurro a Andy.
—Maldita perra, te haré saber que a Edward McDowell debes respetarlo.
Edward apretó los puños con fuerza. Casi parándose para sacar a Andy de la ducha a la fuerza, la puerta del baño fue abierta. Andy salió con una bata de baño y una toalla sobre su cabeza, su cabello, aun mojado, dejaba caer pequeñas gotas de agua sobre su piel, se deslizaban sobre su cuello y bajaban por su clavícula hasta perderse en su pecho.
—Edward. —Dijo con sorpresa. Pensaba que su esposo no llegaría ni esa noche ni la siguiente, pero ahí estaba, y, por si fuera poco, estaba en su habitación, sentado en su cama. Edward nunca había puesto un pie ahí desde que se habían casado—. ¿Qué haces aquí?
La pregunta salió, McDowell se levantó de donde estaba y con fuerza, agarró la mandíbula de Andy, clavando sus dedos en la delicada piel pálida de él. Andy no entendía qué estaba ocurriendo, no había visto a su esposo en todo el día, no había mandado mensajes o había hecho llamadas innecesarias, entonces, ¿Por qué Edward estaba tan enojado?, simplemente no podía imaginar alguna razón.
—¿A quién mierda esperas? —Su voz no era fuerte, pero su rostro estaba tan cerca de él que podía sentir su aliento contra su cara y la voz le resonaba en los oídos. Sus ojos se calentaron y la comisura se puso roja al instante.
—No... A nadie. —Dijo, tartamudeando e intentando desesperadamente contener las lágrimas. La fuerza en su mandíbula aumentó y la mirada de Edward le hizo estremecer. Andy sujetaba el brazo de su esposo con ambas manos en un intento inútil de quitarla de encima. Edward comenzó a levantar el delgado cuerpo de Andy. Los pies de Andy comenzaron a levantarse del suelo y sólo las puntas de sus dedos tocaban el piso—. Edward. —Habló con dificultad por el dolor causado.
Edward soltó su mandíbula y lo agarró del cabello aventándolo contra la cama. Él usó tanta fuerza que Andy no pudo frenar y su cabeza golpeó contra el respaldo de madera que adornaba la cama. Su frente, en el lado izquierdo, comenzó a sangrar. La sangre escurrió por su piel hacia su ojo, sus pestañas se tiñeron de un rojo vivo, y sólo atinó a agarrar la herida con ambas manos para tratar de detener la hemorragia.
—Mierda, ¿te atreves a mentirme? —Andy estaba sentado sobre sus pies dándole la espalda, Edward subió a la cama del lado derecho y lo volvió a agarrar fuertemente del cabello. Andy soltó un quejido de dolor, pero sin atreverse a decir nada—. Dime, ¿tan desesperado estás por qué te metan una verga?
—No sé de qué hablas. —Se defendió. Su voz reflejaba todo el miedo que estaba sintiendo en ese momento. Andy usó el dorso de su mano para quitar la sangre de su ojo. Su frente se sentía caliente y el líquido rojo seguía saliendo sin señal de parar.
—¿Acaso no quieres conquistar a Arthur Hayden con tu estúpida comida?, ¿No hiciste lo mismo con ese tipo fuera de esta casa? —Andy comprendió porque su esposo estaba tan enojado. Resulta que había malinterpretado sus acciones.
—Yo simplemente les di las gracias, por ello les regalé un poco de comida. —Explicó, con la esperanza de que Edward aflojará el agarré en su cabello, su cabeza dolía y tanto las sábanas como la bata de baño, estaban manchadas de sangre, debía de detener el sangrado antes de que se desmayara.
—¿De verdad? —Edward sonó sarcástico, y deslizó una mano por el muslo de Andy. Andy quiso apartarlo, pero fue presionado contra la cama. Edward era más alto y más fuerte que él. Su vista no estaba clara y el dolor le robaba las fuerzas—. No te creo. —Susurró de una manera escalofriante en el oído de Andy. La palma fría y grande de Edward se deslizó más arriba, apretando con fuerza, Andy no pudo evitar gemir del dolor.
—Basta, por favor, basta. —Rogó, llorando, y tratando inútilmente ponerse de pie. Su cuerpo estaba pegado a la cama, sus manos trataron de quitar el agarre sobre su cabello—. Edward, el alcohol te hace actuar así, por favor, Edward, por favor déjame ir. —Imploró, llorando y golpeando suavemente la mano de Edward.
Cuando Edward se le acercó descubrió que olía a alcohol, su esposo bebía, pero nunca lo había visto actuar de esa manera. Sin desearlo, revivió aquella noche en el callejón. Estando en esa posición, lo regresó a su infancia y al día en que aquel hombre abusó de él.
Edward, sin importarle el llanto en absoluto, soltó el cabello de Andy, y cuando esté estaba por levantarse lo agarró de los pies y lo arrastró hacia él. Andy volvió a caer sobre la cama, y nuevamente fue presionado contra el colchón, su rostro estaba manchado de sangre y sus ojos estaban rojos por las lágrimas. Edward posicionó sus piernas en medio de las de Andy y agarró sus dos muñecas contra su cabeza.
Andy fue inmovilizado nuevamente—. Eres mío, eres mi esposo, todo tu cuerpo, tu mente y tu voluntad me pertenecen desde el día en que firmaste el acta de matrimonio, ¿Por qué debería parar? —Las palabras salieron tan escalofriantes que Andy dejó de hacer cualquier movimiento, incluso su respiración se detuvo. Su esposo parecía un psicópata.
Edward pasó su mano debajo del abdomen de Andy y quitó el listón que aún ataba la bata de baño sobre su cintura. Andy se estremeció al darse cuenta lo que trataba de hacer y comenzó a forcejear.
***¡Descarga NovelToon para disfrutar de una mejor experiencia de lectura!***
Updated 51 Episodes
Comments
Junnymariel Calfupan
jajajaj tienes mucha razón eso es sospechoso 🤔
2025-02-07
0
María Isabel Torres Aguilera
ni siquiera tu lo respetas y pides que el te respete aparte solo le está siendo amable con su alrededor
2025-01-15
1
Langen Galdamez
Desgraciado Edwards no vallas a busar de andy
2024-11-19
0