⚠️ Advertencia. Esta historia contiene violencia física, verbal y emocional, leer bajo su propia responsabilidad ⚠️
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La lluvia se volvió mucho más intensa a medida que el reloj avanzaba, el inicio de los meses lluviosos eran los peores. A la una y veinte minutos de la madrugada, las tenues luces de un auto se vieron al fin por la carretera. Andy estaba completamente empapado y el calor de su cuerpo comenzaba a abandonarlo. Arthur se detuvo frente a él y bajó casi corriendo.
—Señor Arthur, lamento hacerlo venir tan tarde. —Andy volvió a disculparse. Al parecer, lo hacía muy a menudo, lo que era inevitable.
—Es lo que menos importa, sube al auto, estás empapado y seguramente vas a resfriarte. —Andy, aunque indeciso, subió al auto y se inclinó nuevamente en una disculpa. Arthur arrugó las cejas, le quitó el abrigo empapado y puso el suyo sobre él—. No tienes que disculparte siempre, ponte esto y cúbrete, prenderé la calefacción.
Andy asintió y su cuerpo gradualmente fue calentándose nuevamente, sin embargo, aún estaba mojado e incómodo. Arthur lo miraba de reojo de vez en cuando, el rostro de Andy parecía deprimido y varias veces veía la pantalla del celular. Tal vez esperando alguna llamada, seguramente de su esposo. Las cejas de Arthur se arrugaron inconscientemente. Recientemente, cuando se trataba de Andy lo hacían muy seguido.
—Gracias por traerme, señor Arthur. —Andy bajó del auto en la entrada de las villas, era un lugar privado y sólo los residentes e invitados podían entrar. Aunque Arthur era su invitado, Andy no sentía como que ese lugar era su hogar, entonces, tampoco quería que entrara.
—De nada. Ve con cuidado y cuida tu salud. —Arthur se despidió desde el auto y Andy movió su mano de la misma forma. Arthur le había dado un paraguas, y aunque la lluvia había menguado, aún había llovizna.
Arthur abandonó la carretera, pero sus pensamientos se quedaron puestos en Andy, ¿Por qué si vive en un lugar tan lujoso tiene que trabajar?, seguramente su esposo es una escoria que ni siquiera le da lo necesario.
Andy entró. La villa era enorme y fría, solo en ese lugar, le hacía sentir en un abismo de oscuridad. En aquel 'hogar' era como un desconocido. Por las paredes se podían observar fotografías de paisajes y algunas fotografías de la familia McDowell. Desde que se casó, no tuvo alguna fotografía de su boda más que las que guardo en el álbum. Edward nunca le permitió colocar alguna fotografía de ellos en la repisa o en la pared. Se quitó el abrigo y caminó descalzo hacia la sala, sus pies dejaban huellas húmedas y de su rostro gotearon lágrimas calientes.
Miró alrededor y confirmó sus sentimientos. No había nada en ese lugar que lo hiciera sentir como su verdadera casa. Toda la decoración era como le gustaba a Edward, era un extraño viviendo ahí. Si se fuera en ese momento, nadie sabría que estuvo ahí, nadie pensaría que alguna vez alguien más compartió la misma casa con Edward McDowell.
Secó sus lágrimas y subió a su habitación, en realidad, era la única zona de la casa donde sentía que le pertenecía; la habitación y la cocina. Tal vez había pasado mucho tiempo en ambas y no deambulaba mucho por los alrededores, por ellos esos dos lugares eran como su hogar. Se duchó con agua caliente y estornudó un par de veces antes de dormir, no le tomó importancia a la ropa mojada, ya la lavaría otro día.
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—Vamos, te acompañaré a tu habitación, ya es muy tarde. —Edward agarró a la chica por la cintura y la puso en pie. Ella había tomado mucho y ahora estaba ebria, era tierno el comportamiento que tenía en ese momento.
—Umm no, aun no bebo lo suficiente. —Se quejó, tratando de agarrar una botella más de cerveza.
—Teri, es hora de irnos. —Él la agarró con delicadeza y la condujo hasta su habitación.
Esta mañana, al salir de su hogar, se comunicó rápidamente con Emma para concertar una cita con Teri Pratt, sin embargo, ella respondió enseguida que aquella chica iba a ir a otra ciudad. Entonces pidió que tuvieran listo su avión privado, ni siquiera fue por una maleta, era mejor partir en ese momento. No podía esperar más tiempo.
Estaba feliz. Las mejillas sonrojadas de ella y los brillantes labios le hacían querer besarla, nunca lo había hecho y las mismas preguntas recorrían su mente una y otra vez. Se preguntaba a que sabían sus labios, como sería su voz al despertar, como sería su rostro al hacerlo con ella. Sin embargo, cuanto más se preguntaba eso, su mente se encargaba de recordarle el rostro de aquel 'niño' que lo esperaba en casa.
«Ese tonto perro, si no fuera por él yo estaría contigo», pensó.
Acarició el rostro de la chica y, por primera vez en muchos años, una sonrisa llena de amor y calidez se formó en su frío e inexpresivo rostro. Si alguien lo viese en ese momento, pensarían que el alcohol estaba haciendo su trabajo, sacando una parte de él que jamás había mostrado a nadie. Recostada en la cama y con el rostro iluminado por una tenue luz amarilla, Teri se veía hermosa, su cabello estaba más largo y su rostro era brillante a pesar de los estragos del alcohol. Edward planeaba tomarle una fotografía, lamentablemente, su celular se había quedado sin batería.
Al regresar a su habitación, conectó su celular y lo encendió, tan pronto como el teléfono estuvo totalmente activo, las notificaciones de llamadas perdidas llegaron. Edward arrugó las cejas, 'tonto molesto' era la única persona que había llamado. Soltó un 'tks' y se recostó restándole importancia a aquel chico.
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Por otro lado, Andy estaba acurrucado en la cama, su respiración era agitada y su cuerpo temblaba incontrolablemente. Debido a que permaneció bajo la lluvia mucho tiempo y estuvo con la ropa mojada, sus bajas defensas no soportaron y la fiebre surgió en la madrugada. Trató de dormir, pero la fiebre era demasiado fuerte, su cuerpo estaba sudoroso y sus ojos se abrían levemente.
Muy temprano en la mañana se levantó con mucha dificultad. Agarró un abrigo grueso y salió caminando, no tenía coche, y aunque hubiese tenido, dudaba que pudiera conducir en ese estado. La villa estaba retirada y los huesos le dolían, el sol aún no había salido y ningún auto pasaba por ahí. Andy tembló y se abrazó. Sus débiles piernas le fallaron y cayó al suelo desmayado.
Despertó y la luz blanca le dificultaba abrir los ojos, estaba en una habitación blanca con olor a desinfectante. Seguramente un hospital. Miró a todos lados tratando de ver a alguien, pero la habitación estaba completamente vacía. Sus labios estaban resecos, miró a su lado izquierdo había una jarra y un par de vasos de cristal, sus manos temblorosas lograron alcanzar el vaso, pero perdió fuerza y el vaso cayó al suelo rompiéndose en pedazos.
La puerta fue abierta bruscamente y su jefe corrió hacia él—. Andy, que bueno que despertaste, ¿cómo te encuentras?, ¿quieres agua? —Andy tenía la garganta seca y le dolía un poco, solo asintió y después de unos minutos por fin pudo hablar. Su voz salió débil y baja lo que le hacía aún más lamentable.
—Yo... estoy bien... ¿cómo... llegué aquí?
—Un hombre te encontró tirado en la acera, te trajo a este hospital y cuando llamé temprano él me informó tu estado. —Respondió. Arthur se veía preocupado, y tomó entre sus manos el pequeño y hermoso rostro de Andy, por suerte la temperatura se había ido.
—Y... mi esposo, tengo que hablar con él. —Dijo, buscando su celular. Arthur arrugó las cejas y sus ojos se oscurecieron.
—Han pasado tres días, Andy. —Dijo con la mirada sombría y las venas marcadas en sus puños. Andy no entendió y sólo dijo un '¿Ah?'—. Has estado internado durante tres días. —Volvió a repetir. Esta vez Andy logro escucharlo fuerte y claro. Habían pasado tres días, seguramente Edward estaba molesto porque no lo vio en casa, porque, aunque no lo quisiera, él no lo dejaba ir de ese lugar.
—Tres días. —Repitió, incrédulo—. ¿Alguien... alguien ha llamado?
—No. —Respondió al instante, con un tono fuerte y molesto, aunque no quisiera, la forma devota en la que Andy trataba a su esposo le hacían enojar—. Nadie ha llamado, ninguna persona se ha preocupado por ti... ni siquiera ese bastardo que tienes como esposo. —Dijo, apretando los dientes. Andy apretó las sábanas y las lágrimas escurrieron por sus mejillas. Arthur se enojó aún más—. ¿Por qué le lloras a un imbécil?, claramente no se preocupa por ti en absoluto. Estuviste internado por tres días y ni siquiera un mensaje de él has recibido. ¡Ni siquiera te ama!, ¿Por qué te aferras a él?, hay más personas que pueden amarte.
—¡Cállate! —Gritó Andy. Había escuchado pacientemente porque sabía que, en cierta parte, Arthur estaba en lo correcto.
Edward nunca se había preocupado por él desde el día de su boda, pero Arthur no sabía lo bueno que podía llegar a ser su esposo. Edward podía mostrar una sonrisa cálida y dar afecto. Sólo necesitaba un poco más de tiempo para probarlo. Para probar que Edward también podía amarlo. Pero cuando escuchó las últimas seis palabras el enojo surgió.
—No me conoces —continuo Andy—, no sabes si de verdad hay más personas dispuestas a quedarse a mi lado. —Dijo entre dientes. Su mirada era sombría y el cabello cubría sus ojos impidiendo verlos—. No conoces mi pasado, no sabes nada de mí, así que no te atrevas a seguir diciendo cosas al azar. —Levantó los ojos y su mirada había cambiado. Arthur nunca había pensado que esta persona pudiera siquiera mirar de esa forma—. Le agradezco su amabilidad, pero le agradecería más que no se metiera en mi vida. Por favor, váyase. Váyase. —Repitió sin remordimiento.
Arthur iba a decir algo más, sin embargo, Andy volvió a acostarse y le dio la espalda, a Hayden no le quedó de otra que salir.
—Si me dieras la oportunidad, podría conocerte. —Susurró, antes de cerrar por completo la puerta, sin embargo, Andy no lo escuchó.
Por la tarde, el médico entró. Le explicó que debía quedarse un día más, que, aunque su condición había mejorado, tenían que seguir vigilándole. Andy se quedó una noche más. En la oscuridad comenzó a recordar las palabras de Arthur.
«Hay más personas que pueden amarte»
—No. No las hay. —Se repitió.
Nadie querría a una persona 'sucia' y huérfana como él. No tenía familia, no tenía amigos, sin Edward, no le quedaba nada. Andy se enojó con Arthur, pero sintió más coraje con él mismo.
Era consciente que a lado de su esposo sólo podía tener dolor, pero lo amaba, no había nadie más en quien confiara. No tenía el coraje para dejarlo, no tenía el valor para decirle 'basta', no, simplemente perdía toda voluntad a su lado.
Tal vez no por amor, sino por dependencia.
La lluvia golpeaba fuerte la ventana, y Andy se encogió entre las sábanas blancas del hospital, la luz de los relámpagos iluminaba tétricamente la habitación. Cerró los ojos con fuerza y con miedo. No le gustaban los días lluviosos y mucho menos los recuerdos que venían con ellos.
El suceso que marcó su infancia y la muerte de su 'abuelo', ambos ocurrieron en días de lluvia, eso le había generado un trastorno.
Se acurrucó, y abrazando sus piernas, dejó escapar un suspiro y comenzó a tararear una canción, la misma que su 'abuelo' le cantaba en los días lluviosos.
«Cuando sientas miedo, sólo canta está canción y es como si yo estuviera a tu lado»
Fueron las últimas palabras de aquel noble anciano—. Abuelo, realmente te extraño. —Murmuró.
Esa noche, como habían ocurrido las últimas semanas, los ojos de Andy se humedecieron en sus sueños. Era un recuerdo doloroso y desgarrador, lo atormentaba cada noche y se intensificaba con la lluvia. Odiaba la lluvia. Pero odiaba más el hecho de no poder salir de su miseria, de siempre necesitar de los demás. Odiaba humillarse y rogar por amor, llegó a pensar que era él quien debía cambiar, que a él le faltaba algo para tener amor.
Sin embargo... nunca entendía que era.
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Updated 51 Episodes
Comments
Nata Marte
hoi no andy abres los hojo , amor propio porfa
2025-02-09
0
Tomasa Aguirre
necesita un poquito de amor propi
2025-02-08
0
Yeisy Sofía De la Hoz Polo
Si espero q ese pensamiento crezca
2025-02-07
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