No podía comprender cómo es que no había recordado a Jae después de revivir.
Mikhael debió recordármelo al momento, así como Yami recordó su propia versión del recipiente del sol. Y no solo eso… yo no había caído enamorada de Mikhael como lo había hecho en esta versión de mi vida como con Jae.
No podía quitarme la sensación de que algo estaba mal. Algo no cuadraba.
Era como si tuviera un… hueco. Un vacío en mi interior. Una pieza restante del rompecabezas que era mi vida. Sin importar todo lo que buscara y rebuscara en mi interior, era como si me hubieran quitado algo.
—Jae, ¿qué haces aquí? —Pregunté casi como si estuviera en un trance, repitiendo las mismas palabras que en el pasado.
Sus ojos dorados me echaron una mirada de reojo, pero al contrario de las veces que sus expresiones me habían revelado todo con un solo vistazo, ahora parecía una estatua hermosa como el Miguel Ángel. Sus facciones no revelaron absolutamente nada, y eso me había asustado mucho más que la posibilidad de ver cara a cara a mi familia después de lo que había hecho.
La sensación de que me había traicionado la persona en la que más confiaba en el mundo… podía doler más que cualquier herida física que me hicieran.
Aunque claro, morir por veneno podía rivalizarlo.
Un escalofrío pasó por mi cuerpo al recordar aquello.
—Supongo que no podías quedarte sin ver todo tu plan terminar. —Murmuré más para mí misma que para él. Creo que, a esas alturas, ya no debía preguntarme qué estaba haciendo ahí, sino por qué. —Después de todo, siempre fuiste detallista. —La amargura de mi voz también delataba la aceptación a mi destino. Tal vez estaba condenada ahora a siempre vivir este último día y…
—¿Mi plan?
La ofensa en su voz fue un cambio en mis recuerdos, a la vez que una recompensa a esa absurda añoranza que hasta esos momentos tampoco recordaba. En ese día un año atrás, él no me había hablado en absoluto. ¿Cómo es que ahora lo hacía? ¿O es que estaba ahí realmente?
Una parte de mí no lo creía, pero parecía real, reaccionaba idéntico. ¿Cómo es que me había respondido?
Subí la mirada a su rostro una vez más. Era realmente era hermoso; un dulce castigo a mi corazón ya lastimado. No podía dejar de pensar en esa sensación de que estaba en el infierno y ese lugar no era real, pero a la vez estaba desesperada por pensar que sí. Podía compartir mis últimos momentos con él nuevamente y quizás entonces podría morir en paz.
Morir de verdad esta vez.
—¿Acaso no te cansas de burlarte de mí? —Su voz llena de veneno no era lo que esperaba… de hecho, no sabía qué esperar, pero no eso. —Tch, no sé ni por qué me molesto en hablar con una Chernyavsky.
Mi cerebro detectó cierto paralelismo, pero comenzaba a sentirme mareada y no pude pensar demasiado. Los dedos comenzaron a hormiguearme cada vez más, lo que se tornó excesivamente incómodo. Comencé a mover los dedos, lo que extrañamente le llamó la atención a Jae, pero no dijo nada. Solo apartó la mirada hacia las puertas del elevador. El reflejo de su rostro se veía trastornado, pero además de eso noté otra cosa… algo… deforme, que no debía estar ahí.
Pero antes de poder siquiera pensarlo bien, las puertas se abrieron una vez más y el tan temido pasillo se extendió ante nosotros con una nauseabunda familiaridad.
Cuántas veces no había pasado por ahí, y todas habían sido sintiendo un terror sin igual.
Yo no había vivido en ese piso. Lo hice en una modesta casita en los suburbios donde al menos podía tener paz conmigo misma, pero siempre vigilada e incapaz de huir. Y solo en ocasiones cuando tenía que entregar cuentas o ser castigada por mis errores – que normalmente era lo segundo –, llegué a caminar por ese largo pasillo con temor al final tras la puerta.
Como un animal bien entrenado, la sola imagen de ese camino como una pesadilla logró hacerme temblar. Todavía no lograba superar mi propio miedo a una familia abusadora, incluso si lo había logrado en una vida similar a la mía.
Ese pensamiento extrañamente me calmó.
Lo lograste una vez, a pesar de que no era tu verdadera familia. Y ellos tenían magia, ¿por qué no lo puedo hacer de nuevo?
Además, ahora yo tenía mi propia fuente de poder.
Intenté invocar mi magia, queriendo pelear con esos dos guardaespaldas… pero algo estaba mal.
Me empujaron por la espalda para salir de la caja metálica, y yo me volteé con toda la intención de descargar mis sombras contra él.
Lo único que logré fue empujarlo, y al darme cuenta de que mi magia no estaba respondiendo como debería, entré en pánico. El tipo solo levantó una ceja, y antes de que pudiera reaccionar, salí corriendo como si mi vida dependiera de ello.
Bueno, sí dependía de eso.
—¿Qué demo…?
—¿Terminó por volverse loca? —Murmuró uno de los dos, riéndose como tonto.
—¡Eve! —Y finalmente Jae pareció reaccionar, con voz sorprendida por mi arrebato. Ninguno de los dos nos habíamos atrevido desde hace años a enfrentarnos a nuestras familias, menos aún a huir tan absurdamente de nuestros vigilantes así.
Y hasta que no estuve a unos cuantos metros de distancia, no recordé por qué.
Escuché los pasos del gigantón detrás de mí, y cuando yo pensé que lograría ir a las escaleras de servicio, al agarrar la puerta para meterme escuché a mi lado que se sacaba algo del pantalón.
No tenían permitido matarnos ni herirnos con balas, pero sí podían usar otra cosa:
Escuché algo explotar en chiquito, y el sonido de electricidad llegó a mis oídos antes que el dolor.
La pistola taser me mandó los 1.200 voltios por todo el cuerpo, tirándome al suelo incapacitada por la electricidad, retorciendo mi cuerpo entre dolor y simple parálisis que me hizo morder con fuerza lo que desgraciadamente fue mi labio. Sin embargo, el dolor de la mordida parecía nada a comparación de las pulsaciones.
Y aun así… la electricidad de Naïssen la recordé peor, y había sobrevivido a eso.
—Pft, se ve ridícula. Al menos tiene un buen trasero, ojalá se moviera así cuando la…
—¡EY! —A mi genuina sorpresa, la reacción de Jae respecto a sus comentarios vino como un agradable recuerdo. Era su usual reacción cuando algún otro hombre me tiraba piropos horribles o hacía cualquier comentario a mi cuerpo de forma despectiva. Ya sabes, típicos machorros que se creen dueños del cuerpo de la mujer. —Si vuelves a decir una palabra más y ni siquiera tu madre te reconocerá entre tanta mierda que serás…
Aunque claro, su valentía no duró demasiado cuando el guardaespaldas le presentó su puño a la cara, tirándolo al suelo con una fea marca roja en la comisura de su labio y luego sacó su arma real para apuntarle a la cabeza. Jae vio con odio al guardaespaldas, solo a sabiendas que en realidad no podría hacerle nada si quería salir vivo de ahí.
—¿Qué has dicho, niño bonito? —El hombre se tronó los dedos, viéndolo con media sonrisa de suficiencia. —Me parece que los perros deberían quedarse callados cuando sus dueños están hablando. Así que más te vale cuidar lo que dices, bastardo.
—Y tú, más te vale que te quedes quieta, o la siguiente será una bala por tu pierna. —Ya que mi cuerpo estaba paralizado, el tipo que me había disparado me levantó cargándome como si fuera una estatua, dejándome parada en el pasillo. Mis músculos se desentumieron poco a poco, cuando el tipo comenzó a empujarme y golpearme el cuerpo. —Ahora camina. No empieces con tus dramas, ya sabes que no tienes escapatoria.
A pesar de saber que los puñetazos eran por diversión suya, me ayudaron a volver a hacer reaccionar los músculos. Con lentitud, reanudé el camino que fallidamente intenté rechazar. Y, además, la reacción de Jae me hizo sentir mejor, por poco.
Nos empujaron a ambos al frente, y aunque el cuerpo de por sí ya me dolía de antes, le ofrecí la mano para levantarse. Se me quedó viendo con una cara entre confusión y disgusto. Solo me apartó la mano, levantándose solo. Aquello me volvió a doler un poco, pero me recordé que
Algo había raro en toda esa situación, y hasta que no lo vivía una segunda vez es que me daba cuenta de ello, lamentablemente.
Como en la ocasión pasada, caminamos por el pasillo hacia la boca del león, pensando en qué habría hecho mal en esa vida para volver a pasar por todo eso de nuevo. Con una vez era suficiente y sobrante.
Pero en esta ocasión, a mi sorpresa, caminaba lado a lado con Jae. Antes solo se había mantenido atrás o lejos. Ahora, a pesar de rechazar mi mano antes, parecía un poco reacio a dejarme atrás o adelante. Volteaba a ver furtivamente sobre su hombro, con expresión visiblemente molesta con los guardias.
—No habría pensado que me defenderías de nuevo. —Le murmuré por lo bajo, secretamente feliz.
La expresión en su cara se giró a mí, sin cambiar ni un gesto de ella.
—Ni siquiera te lo mereces. —Luego volteó la cara al frente, suavizando un poco la mirada. —Solo es un hábito.
Podía tomarse así, sí, pero creo que, si lo hubiera pensado bien, se hubiera detenido a tiempo para no recibir el puñetazo en la cara. Solo estaba haciéndose el caradura.
Llegamos a la puerta y el miedo volvió a asentarse en mi estómago. Estaba un poco más calmada que antes gracias al pequeño gesto de Jae, pero eso no significaba que se me había quitado lo aterrada.
Me vi las manos, aún negras y ahora temblorosas por el curso de la electricidad por mi cuerpo. Creo que gracias a los shocks de Naïssen ahora podía aguantar más esos voltios, pero no retiraba del todo el dolor y los músculos agarrotados. Pero lo que más me preocupaba, era que se me hacía difícil sentir mi magia.
Aún la notaba ahí, como esa segunda circulación a través de mi cuerpo, pero no podía llegar a ella. Parecía haber una barrera o un… imán que evitaba que saliera de mi cuerpo. Me pregunté si sería el efecto del veneno. Quizás me había tomado mucha más fuerza de lo que había pensado inicialmente. Después de todo, no era sanadora y ese veneno no era poca cosa. En el mundo de los Zenith y Helios, esa sustancia era conocida por ser uno de los tres venenos más potentes del reino, segundo apenas del veneno de basilisco que mataba en un par de minutos. Pero según estaba descubriendo el de demonio, éste no solo quemaba tu vida; también tu maná.
Indefensa como estaba ahora, creo que iba a ser difícil defenderme ahí dentro otra vez…
—Gracias por compartir tu vida conmigo, Jae. —Solté de repente. Si había posibilidad de morir ahí de nuevo, prefería descargar mis sentimientos y despedirme bien esta vez. —Sé que no fui perfecta, pero de verdad te amé y ojalá puedas encontrar paz ya que no esté aquí…
—¡Sin hablar, solo entra!
Pero esas palabras parecieron confundir a Jae una vez más.
—¿Una vez que no estés? —Su sarcasmo parecía temblar en su voz. —¿Es que intentarás huir de nuevo tras venderme? ¿Por qué te molestas en decirme esas cosas?
¿Venderlo? ¿De qué hablaba?
—¿Venderte? Yo nunca haría eso… —Entonces entendí por qué había detectado un paralelismo. Por fin algo hizo click en mi cabeza y todo cobró sentido. Los recuerdos se traslaparon como si fuera un dibujo hecho en papel calca. El original y el recuerdo. Solo que no sabía ahora cuál era cuál. —Jae, ¿qué sucedió cuando saliste al punto de reunión…? —Por que Mikhael había caído en la misma trampa… una mentira hecha por mi propia “familia”.
Pero no pude escuchar ninguna respuesta cuando el guardia se exasperó y me empujó, excepto que su rostro comenzó a delatar una nueva duda que nació como si de algo se hubiera dado cuenta.
—¡Adentro!
Cuando las puertas abrieron, el miedo volvió a nublar mi mente. No quería entrar, así que me resistí a la fuerza del guardia, pero era inútil. Me empujó con fuerza una vez más y caí al suelo. La puerta se cerró detrás de mí y solo alcancé a ver el último destello de Jae, que ahora parecía genuinamente preocupado y ansioso. Creo que comenzaba a ver qué es lo que había sucedido realmente ahí.
—¿Por qué tardaste tanto, pedazo de basura? Tenemos cosas más importantes qué hacer que tratar contigo. —La voz de mi segundo hermano me congeló en el lugar. Una voz que no esperaba volver a escuchar jamás. La habitación pareció helarse de inmediato, y aunque me daba miedo incluso moverme, lentamente volteé la mirada al origen de mis pesadillas y más profundos traumas.
Rodrigo, André y de espaldas a mí, sentado en el sofá y viendo las noticias en su tablet, mi padre.
Justo como en mis pesadillas. Ambos hermanos me veían con fastidio, demasiado cansados de esperar. Como siempre, impacientes de mí. Cansados de que yo fuera su hermana.
Tú y yo no somos hermanos.
La voz de Hansen vibró en mi mente.
Pero de estos demonios sí era su media hermana, con sangre de ese hombre en el sofá como intermedio. Mi madre había muerto bajo sus manos, pues había sido “demasiado clan asiático” para él. Por simples rumores de traición. Nada confirmado y aun así no dudó.
—Venga, chicos, trátenla mejor. Hiciste un gran numerito con ese Lukyan. —La voz tan profunda y rasposa de mi padre llenó la estancia, ganando el silencio de todos los presentes por respeto, miedo y sumisión. —Te permití jugar lo suficiente con él en caso de que fuera a ser útil para la posteridad y parece que ha rendido sus frutos.
Un video corrió en la pantalla de su equipo, alzándose la voz y escuchando lo que antes había sido solo un borrón en mis memorias.
“…capturados bajo el gran peso en evidencias de un informante anónimo que se presume haber sido un alto cargo de la familia Lukyan. Tras décadas de control y de salirse con la suya, la imponente familia fue acusada y aprisionada sin la opción de un juicio…”
El sonido cesó cuando la pantalla se oscureció y una voluta de humo salió de su boca. Se levantó lanzando el electrónico a su asistente, y por fin volteó a verme con su terrorífico semblante de seriedad y dominancia.
—Quizás sea hora de promoverte y darte un lugar mejor en la familia. Después de todo, derrocaste a toda nuestra competencia solo usando ese cuerpo y cara tuyas. Sabía que una hija de esa hermosura de mujer tendría sus ventajas. Ojalá ella misma no tuviera sangre enemiga. —Siempre me había chocado esa forma de hablar de mi madre. Alabándola e insultándola al mismo tiempo. Sabía que mi padre había caído por ella por su belleza, pero aparte del deseo carnal, los sentimientos nunca existieron ahí. —Pero tú inclusive nos dejaste al cachorro de los Lukyan listo en la puerta. ¡Maravilloso! Pensaba que no habrías heredado nada de mi cerebro.
Apreté la mandíbula.
Si hubiera sido la vieja yo, la confusión, la traición de Jae y mi ferviente deseo por aceptación y reconocimiento de mi padre me habría nublado el juicio. De hecho, lo hizo. En estos momentos, había estado totalmente confundida y pensando en que quizás no habían descubierto mi propia traición, que los papeles se habían perdido. Me habían hablado tan bien por fin. Si no podía huir con Jae, a pesar de todo el dolor que eso me provocaba, quizás ellos podían darme una segunda oportunidad porque había tirado a sus enemigos.
—Venga, ¡traigan un brindis que vamos a celebrar esta ocasión! —Pero no podía estar más equivocada.
En mi emoción por haber recibido el menor halago, ni siquiera dudé de las verdaderas intenciones de ese intento de padre.
Llegaron cuatro vasos llenos de whisky, luciendo lujosos. Y de hecho mi padre y hermanos tomaron cada quien un vaso, sonriendo divertidos de verme en el suelo.
Pensaba que eran sonrisas de aceptación… qué ingenua, tonta y simplemente imbécil fui.
Cuando me ofrecieron el último vaso, lo tomé con un escalofrío. Ese último trago de una bebida ridículamente cara había sido lo último que había probado en esa vida. Ese veneno que ahora parecía una vía de escape a un descanso permanente…
Pero ahora que lo reflexionaba, era un pensamiento demasiado ingenuo. Después de todo, había vivido de nuevo, había sufrido de nuevo y no tuve el descanso que quería. Pero todo debió ser por una razón, incluso si ese lugar quizás no era real. Ahora solo tenía una misión.
Vengarme.
Con lentitud, me levanté sin soltar el vaso, viéndolo fijamente.
—Pensaba que no me querían. —Murmuré recordando mis palabras de aquel entonces. —Pensé que nunca tendría la oportunidad de escuchar esas palabras.
Quizás no estaba en el infierno después de todo. Más bien estaba en un lugar donde podría cambiar el pasado. Donde podía elegir cosas nuevas y no arrepentirme de mis acciones.
Aún sentía el miedo por debajo de mi piel. Los golpes, los castigos, los insultos, la manipulación y el uso que me daban como objeto. El hecho de solamente verme como algo para aprovechar y no como persona. Y todo para que al final solo me mataran como si fuera una rata en su hogar. Lo que había hecho había sido bien merecido, pero de alguna manera se salvaron ellos y los Lukyan no.
—Te lo has ganado. —La sonrisa llena de veneno de mi padre me dio asco. Tan fácilmente podía mentir a su propia sangre y despreciarla. —Salud.
Incluso si moría intentándolo, saldría de ese lugar con la cabeza en alto, no retorciéndome como un gusano en el suelo.
—Salud. —Levanté la bebida sonriendo con la misma expresión que el hombre delante de mí. Y cuando los tres bebieron de sus vasos con total confianza de que no estaban envenenados, yo giré mi vaso y lo eché directamente a la cara del guardia que protegía mi única salida.
—¡GAAAAAHHH! —De inmediato como esperaba, el veneno actuó quemando sus ojos con un horrible sonido.
Podía estar débil, sin magia y en desventaja, pero esta vez no me quitarían lo único que tenía restante: mi vida, y las ganas de vivirla.
Mientras el hombre se retorcía del dolor, todos reaccionaron lento cuando yo me abalancé a la pistola enfundada del herido. Con una sensación familiar del metal contra mi palma, la cargué y apunté hacia esos monstruos.
Sin creerse lo que veían ya que nunca me había enfrentado a ellos antes, no alcanzaron a responder de inmediato. La primera bala atravesó el pecho de André, mi segundo hermano, tirándolo hacia el sofá, y antes de que pudiera responder Rodrigo, disparé en su dirección y solo no le di por su estúpida velocidad de reacción.
Aunque quería dispararle a mi padre, el resto de los guardias que había escuchado el grito de su compañero aparecieron de los lados, ahora empuñando sus propias pistolas para defender a sus jefes.
Abrí la puerta tirando al guardia ciego en el proceso, y la cerré de un portazo tras de mí, escuchando balazos apenas lo hice.
Afuera, el tipo que vigilaba a Jae levantó su pistola para terminar conmigo a modo de ataque sorpresa, pero se le olvidó que estaba rodeado. Con una sorprendente fuerza, el puño de Jae golpeó la sien del hombretón, aplastándolo contra la pared y noqueándolo de una.
Había olvidado que alguna vez él fue el mejor luchador de su clan y no por nada lo tenían en una alta estima.
Sin siquiera preguntar qué había sucedido, agarró la pistola del caído y nos echamos a correr por el pasillo hacia los elevadores. Escuché gritos detrás y antes de que pudiera voltearme, Jae ya estaba disparando a nuestras espaldas con un rápido vistazo. Creo que fue gracias a él que no nos dispararon directamente a las espaldas, porque escuché maldiciones y un “!Cúbranse!”
Corrí con la mayor dificultad de mi vida, pero también sentía que volaba a través del pasillo. En nada de tiempo, llegamos a los elevadores y golpeé con agresividad el botón, pero corrí hacia el pasillo perpendicular para tomar refugio de las balas que de inmediato comenzaron a volar en nuestra dirección. El foco al lado del elevador justo donde había estado abajo mi cabeza explotó con una de ellas y el destello me dejó cegada por un momento.
—¡Eve, agáchate! —Escuché a Jae y sin pensarlo dos veces lo hice. Una explosión repentina donde estaba rompió la pared del hotel y el miedo volvió a instalarse en mi cuerpo. Una escopeta. ¿Podría ser peor morir por una herida de esas o sería más rápido que el veneno?
Otro disparo de la escopeta rompió la pared del lado de Jae, justo cuando las puertas del elevador se abrían. Le eché un rápido vistazo y como lo habíamos hecho en otras ocasiones, parecía que no necesitábamos palabras para entendernos.
Corrí primero al elevador disparando mi arma hacia los atacantes, sintiendo dolor en la mano por el retroceso del arma. Hace mucho no sostenía una.
Aunque no atiné la mayoría, una golpeó el hombro del loco con escopeta, volteando su cuerpo y disparando al techo golpeando otra luz que explotó en destellos, cegando a todos por los segundos más preciados para Jae, que corrió al interior del elevador conmigo, pero del lado de los botones. Cada quien con un pedazo de elevador para protegerse, él presionó el botón del lobby y luego el de cerrar puertas con rapidez.
Escuchamos de nuevo los balazos que pasaron entre nosotros mientras las puertas se cerraban con una aparente lentitud horrible. Aunque la mayoría solo perforó la parte interior del elevador, noté que un par rebotaron y me cubrí la cabeza con los brazos para protegerme, pero en una de esas, escuché un quejido de Jae.
Abrí los ojos con terror de lo que escuché, y lo vi sujetándose el brazo izquierdo con la mano que llevaba el arma.
Las puertas se cerraron por fin y aunque los balazos siguieron sonando en las puertas metálicas, el movimiento del elevador las alejó de nosotros.
La música de elevador parecía ridícula después de todo eso.
Avancé hacia Jae con rapidez, totalmente preocupada.
—¿Dónde te dio? —Le quité la mano para ver la herida, y noté que la bala – quizás por tanto rebote y por eso la disminución en velocidad – estaba visible en la perforación, pero aún así estaba sangrando bastante. Sin pensarlo dos veces, le quité el casquillo y lo tiré en el suelo, a pesar del grito de dolor que emitió. La sangre fue un contraste muy evidente en el suelo plateado.
Le quité el saco que llevaba y mis ojos bajaron a su cintura. Agradecí que Jae todavía usaba un cinturón en su pantalón, porque se lo quité de inmediato para hacer un torniquete en su brazo. Mi cabeza estaba trabajando a mil por hora que no noté su mirada en mí.
—No me delataste. —No era pregunta. Levanté los ojos hacia él, apenas reconociendo la cercanía en la que estábamos. —No fuiste tú, me engañaron.
Entonces entendí de lo que estaba hablando. Parece ser que mi familia había hecho algo para separarnos en nuestra reunión para escapar y le habían mentido que todo había sido diseño mío para capturarlo. No podía culparlo de que se lo creyera. Por mi culpa muchos enemigos de mi familia habían caído gracias a mis encantos y engaños. Nadie se resistía a una cara bonita, al parecer.
Negué con la cabeza, apenas sintiendo la velocidad a la que iba mi cuerpo. Mi corazón latía como loco, a la par de la adrenalina y de la cercanía del hombre que más había amado en mi vida.
—Te iban a matar. —Otra afirmación sin ser pregunta. Creo que él pensó que iba a ir a recoger un premio o algo por el estilo, pero desde la manera en la que me trataron en el pasillo tras salir del elevador, pareció dudar de ello. Yo solo asentí con la cabeza, de nuevo sin hablar directamente.
Sin poder contenerme, puse la mano en su pecho, que se movía incontrolable.
No podía creer que todo eso fuera falso. No cuando su cuerpo estaba caliente, cuando su corazón palpitaba con la misma rapidez que el mío, cuando sus ojos me veían con la misma intensidad que me vieron una vez en mi vida pasada.
Su mano, caliente de su sangre, acarició mi mejilla con la misma delicadeza que antes. Noté que todo el enojo, la duda y recelo de antes se esfumaron. Volvió a verme con el mismo amor que creo que no había desaparecido del todo a pesar de lo sucedido. Creo que, como yo, quizás pudo haber muerto amándome aún a pesar de pensar que lo había traicionado.
Con lágrimas en los ojos, no esperé a que él lo hiciera.
Acorté la distancia entre ambos, uniendo nuestros labios en lo que no supe hasta ahora que estaba de regreso en ese lugar, era mi mayor anhelo.
Pero ese pensamiento no dejaba de molestarme...
¿Cómo no podía ser real todo eso…?
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Comments
Alex
Será que son los mismos hermanos en las dos vidas?? 🤔
2024-08-07
1
Irene Salas
Despierta Evelyn, debe ser una ilusión
2024-05-11
0