(Este capítulo tiene descripciones perturbadoras que pueden no ser aptas para todos, se pide discreción y respeto. Se considerará censurar el episodio si existen quejas al respecto.)
Tuve que soportar todo el camino a caballo con Manson a mi espalda bloqueando todo mi maná y pegándose a mi espalda a propósito.
El único faro de esperanza en esos momentos es que el anillo no había dejado de funcionar y seguía siendo un chico para ellos, pero no podía saber si eso haría alguna diferencia o no. En mi vida pasada Manson había abusado muchas veces de chicas y la noticia había viajado en todos los círculos sociales. Lo que no había descubierto hasta ahora es que ese abuso al parecer también se extendía a chicos y ahí había sido mi fallo.
Llegamos a una calle concurrida donde la gente de trabajos nocturnos aún la llenaba sin prestar atención a quién iba y venía. Había bares, restaurantes, burdeles y algunas puertas abiertas discretamente de donde salían luces rojas y risas en conjunto que lo hacían parecer un casino.
Un callejón nocturno.
Bajaron todos de sus caballos, Manson aún manteniéndome cerca de él, pero ahora podía notar que ahí enfrente de todos solo se limitaba a bloquear mi maná.
No era algo que me acomodara precisamente, pero sí me dejaba incómoda el saber que no podría defenderme con magia si llegaba el momento.
Me jalaron a un edificio elegante con las luces encendidas, pero bastante discretas. El interior estaba todo decorado de colores fríos y a lo largo del pasillo había pocas puertas. Parecía solo que fuera una casa cualquiera, pero cuando un hombre salió de una de esas puertas, pude atisbar el interior con rapidez y pude adivinar por fin qué era ese sitio: un club de caballeros como solían llamarle.
Reuniones entre herederos, jefes de familias importantes, conversaciones sobre negocios, tratos, comercio. Y por encima de todo a esas horas, de las mujeres, de a quién querían muertos, críticas abiertas de todos incluidos el Rey y los pobres por igual y en la misma oración.
Un lugar lleno de testosterona de la mala calidad, si me preguntaban.
Pero no entramos al salón principal.
Me empujaron del cuello hasta ir al fondo, donde unas puertas dobles estaban abiertas y un segundo pasillo largo presentaba más puertas a ambos lados de las paredes. Mis suposiciones me hicieron pensar que serían habitaciones privadas para charlas más sensibles al oído público.
Todo eso gritaba a que podía ser un lugar potencial para rebeliones o graves problemas. Nada de ahí podía ser legal ni aparecer en el radar de los Helios.
Nos metimos a una de esas habitaciones y cuando cerraron la puerta detrás de mí, el aire pareció ser succionado totalmente.
Ningún ruido entraba. Estaba segura de que ningún ruido saldría.
Ese lugar me ponía con los pelos de punta.
—¿Y bien? ¿Qué tal te gusta el Club de Plata de Sorent? —Ceres se sentó en el sofá como si fuera su casa, subiendo los pies a la mesa y estirando los brazos por encima. —Es un lugar excelente para intercambiar ideas, para metérselas a la gente o simplemente para quitárselas. —Sonrió como si nada, pero su significado estaba explícito en el silencio de esas habitaciones.
—Todo va a depender de qué tan dispuestos estén para cambiar de ideas. —Añadió Sorent, llamando al servicio con la campana al lado de la puerta. —Es más divertido cuando se resisten, pero bueno… no somos salvajes, también podemos cambiar de idea nosotros.
La ironía en su voz era bastante irritante.
—Pero hablemos de lo que vinimos a hablar en realidad. —El servicio se asomó por la puerta, pero no terminó de entrar y solo metió la cabeza por el hueco. —Lo de siempre. Y para nuestro invitado… —Ceres me vio de pies a cabeza, sonriendo por una extraña razón. —Trae un Especial de la casa.
El del servicio asintió con la cabeza, retirándose silenciosamente y cerrando igual.
Manson me empujó a una silla individual, donde me sentó con brusquedad. Lo que no me gustó es que aun a pesar de que dejó de tocarme, mi magia seguía sin funcionar debido a su cercanía. Se había puesto sobre el respaldo del asiento y sentía su mirada perforar mi cráneo todavía.
—¿Qué quieren de mí? —Pregunté de primeras, masajeándome el lugar donde me había sujetado Manson antes. —Aparte de lo que hice en la arena, no puedo encontrar una razón para que me hayan sacado de las celdas ni por qué me trajeron aquí.
Los ojos de Ceres brillaron peligrosamente.
—Si no hubieras hecho lo que hiciste en la arena, de todas maneras, habríamos ido por ti, Lapis. Aunque casi matar a alguien fue un buen bonus a las razones por las que queríamos traerte…
—¿Y cuáles son esas razones?
—Ya te lo he dicho antes.
Elevé una ceja. Lo único que se me ocurría era por mi maná diferente.
—¿Por mi atributo?
—Parece que captas rápido.
—Sigo sin entender qué tiene de especial…
—No tienes que entender nada. Solo harás lo que te diga cuando te lo diga, y si quiero que me des algo, me lo darás cuando te lo pida. Tú mismo lo dijiste, vas a ser uno de mis perros y como tal no debes preguntar por qué cuando te de una orden.
—¿Y por qué debería? No pareces ofrecerme absolutamente nada a cambio y parecía ser que tú necesitas más de mí de lo que yo necesito algo de ti.
Sorent bufó, pero parecía dirigirlo hacia Ceres en vez de a mí.
—Te encontraste un perro inteligente.
Ceres comenzaba a perder su sonrisa, cada vez más irritado con mis negaciones y respuestas.
—Permitirte seguir aquí y con vida es suficiente pago por mi lado. Y en cuanto al por qué deberías hacerme caso, creo que eso podemos aclararlo dentro de poco.
Justo entonces volvieron a tocar a la puerta, y tras darles permiso de pasar, un mesero entró con una bandeja llena de bebidas y enormes puros apilados en una pequeña pirámide. Seguido de éste, un segundo hombre vestido aún de servidumbre lo siguió, parándose justo al lado del sillón de Ceres. El primero dejó la bandeja en la mesa del medio y se marchó, pero el segundo se quedó en su lugar.
Manson a mi lado se levantó por fin, avanzando hasta la mesa y comenzó por servirse su bebida. A pesar de ello, no dejaba de sentir la presión de su magia sobre mí.
—Dime, ¿qué sabes sobre aquellos con atributo de sangre como tú?
No supe qué responder. La verdad es que no sabía nada más que la reacción que había recibido de todos cuando apareció en la esfera y que al parecer los animales huían de mí por esa misma razón.
Negué con la cabeza en señal de desconocimiento.
—¿Conoces a alguno de tus padres? —Esta vez fue Sorent quien me lo preguntó.
Negué con la cabeza de nuevo tras un momento de duda.
—Y supongo que está de más preguntarte si has estado alguna vez al borde de la muerte.
Esta vez no lo negué, pero comenzaba a pensar que todo eso solo era una pérdida de tiempo.
—¿A qué vienen esas preguntas?
—Oh, vienen las más importantes. —Sonrió Ceres, estirando la mano a Manson quien le entregó un puro de inmediato. Se puso el cigarro en la boca, encendiéndolo con su dedo en llamas negras. —Dime, —¿Alguna vez has perdido la memoria, la noción del tiempo o te has encontrado en un lugar completamente diferente de un momento a otro?
Parpadeé solo una vez. ¿Qué clase de preguntas específicas eran esas? ¿Y por qué a pesar de todo podía responder que sí? Aunque eso había sido culpa de Yami…
—No. —Ceres asintió con la cabeza, pero no se había creído esa respuesta de nada.
—Y la última… ¿alguna vez has visto a un demonio? —Sonrió.
Esto no me estaba gustando de nada.
—¿Demonios? ¿No son muy raros de ver? ¿Y qué no solo salen del norte?
Ceres soltó una risita, soltando el humo por la nariz.
—No hablo de monstruos descerebrados. Hablo de demonios mayores. Inteligentes, astutos… semihumanos.
Algo me hizo cosquillas en la parte trasera de mi nuca. Se me erizó la piel y un escalofrío me recorrió entera. No sé por qué, pero la sola idea de pensar en ese tipo de demonios parecía activar algo en mí que me advertía de no hablar de ello.
—No. —Negué rotundamente, sin siquiera detenerme a pensar en ello.
—De todas las preguntas que te hice, solo respondiste me respondiste con honestidad una, y fue sobre tu conocimiento en el atributo de sangre. No estamos empezando con el pie correcto, ¿no crees? —Me tensé. Eso sonaba a todas luces a amenaza. —Te diré la verdad. Un detalle muy importante para la gente como tú… —Se acomodó en el asiento, acercándose a mí y soltando el humo en mi dirección a propósito. Sus ojos volvieron a brillar entre rojo y dorado. —La gente común tiene un miedo bastante arraigado a… criaturas como tú, porque todo en su naturaleza les grita que ustedes son peligrosos. ¿Te puedes imaginar por qué? Ya te he dado demasiadas pistas.
Me quedé callada. No quería responder esa pregunta… no podía. Físicamente me era imposible abrir la boca para hablar. Y Ceres se dio cuenta de ello, demasiado contento consigo mismo. Pero en vez de responderle, solo negué con la cabeza.
—Eso no puede ser posible. No se han visto demonios de ese tipo en siglos…
Pero ambos sabíamos que eso no era verdad…
Sus ojos brillaron dorados de nuevo, y esta vez sentí un escalofrío pasar por mi espalda tras sentir una respiración sobre mi cuello.
—Aún mintiendo. ¿No crees que eres muy repetitivo, Lapis? —Mis ojos viajaron a Manson, que me sonreía sugestivamente. Un momento, si él estaba allá… ¿Qué me había respirado en la nuca…? —Si necesitas que te refresque la memoria… te presento a Ragg’kan. Aunque probablemente él te conozca a ti ya.
Escuché una oscura risa justo en mi oído, seguido de un siseo que me mandó señales de alerta por todo el cuerpo y me gritaron voltearme y atacar.
Pero cuando intenté invocar cualquier magia para hacerlo, nada respondió.
Cuando vi lo que tenía detrás, todo en mí se congeló y el miedo se apoderó de mí como nunca antes lo había hecho.
De la pared misma una figura humanoide estaba saliendo de la misma negrura. Su cuerpo soltaba humo oscuro y sus ojos dorados me veían fijamente con hambre, con odio. Antes de que pudiera reaccionar, su garra se estiró a mí y me estrujó el cuello con fuerza. De inmediato traté de zafarme, atacarlo, defenderme, pero de nuevo estaba oprimida por la magia de Manson y no pude moverme mientras me levantaba del suelo y me quitaba la respiración.
Aquella cosa me veía fijamente, acercando su rostro poco a poco con los colmillos abriéndose poco a poco. Su boca no dejaba de crecer y abrirse, y cuando estuvo a su máximo en lo que parecía haber roto su quijada y desprender la piel de sus mejillas, se detuvo.
—Suficiente. Ponlo en el suelo. —Escuché decir a Ceres, pero el demonio no pareció hacerle caso totalmente. Se me quedó viendo unos instantes más, girando la cabeza a un lado y al otro. Yo me estaba quedando sin aire y comenzaba a ver puntos negros en mi visión. —Ragg’kan. En el suelo, he dicho.
El demonio no le hizo caso de nuevo, pero volteó a ver a Ceres y a mí me movió como un muñeco de trapo con la mano. Un poco más y de verdad iba a desmayarme.
Hizo un ruido extraño entonces, como miles de cuchillos raspando una pared al mismo tiempo, y tras terminar aquello, me soltó de inmediato, haciéndome caer al suelo con fuerza. Inhalé aire a bocadas grandes una vez libre, tosiendo por el dolor en mi garganta y al tocarme la piel la sentí ardiendo.
—Ya veo…
Ceres volteó a verme, ahora de pie. Chasqueó los dedos y antes de que pudiera recuperarme de cualquier manera, todo mi cuerpo fue rodeado por cadenas. Un grillete rodeó mi cuello, pasando la cadena por detrás de mi espalda y sujetando mis brazos en el lugar. La cadena se estiró hasta mis piernas, sujetando mis tobillos con otro par de grilletes tan juntos entre sí que solo podía quedarme incómodamente hincada.
Al abrir los ojos de nuevo con un poco de mareo, Ceres ya estaba frente a mí, viéndome con la mayor seriedad que nunca le había visto.
—¿Quién eres?
A ese punto ya me estaba preguntando qué demonios estaba haciendo Revan. O si estaba ahí en su totalidad. Todo había tomado un curso totalmente diferente y retorcido que no podía controlar para nada.
Todo eso había sido con la idea de hacerlos confesar sus crímenes que involucraban a la fábrica de la montaña o de que habían asesinado personas que supieran al respecto, pero a esas alturas solo la presencia de un demonio era prueba suficiente para capturarlo y decapitarlo.
¿Entonces por qué no actuaba ya? ¿Qué estaba haciendo ese secretario idiota?
—Si no me dices, solo tendremos que sacártelo por las malas. Y puedo hablar por todos que esa es nuestra forma favorita.
No sé cómo había descubierto que no estaba usando mi rostro verdadero, pero no podía delatarme, cualquiera que fuera la tortura. Mientras no se les ocurriera quitarme el anillo que ocultaba en mi puño, no podrían saber nada…
—Perfecto, ya estaba aburrido de esperar. —Manson dejó su vaso y caminó hasta mí, agachándose a mi lado con su tétrica sonrisa. —Primero haremos la dulce tortura. Quiero jugar contigo…
Se lamió los labios viéndome el cuerpo y mis recuerdos aparecieron traslapándose al presente como si solo fuera una tela de realidad diferente pero igual al pasado.
Me empujó al suelo y caí de bruces golpeándome en la mejilla. Mis piernas se levantaron por efecto de las cadenas, y el pánico me invadió de inmediato en forma de una oleada de desesperación. No quería vivir eso de nuevo. No podía dejar que me tocara, que volviera a abusar de mí. El enfermo y asqueroso de Manson. Otro Molten que se había aprovechado de mí, que había hecho mi vida un infierno con su hermana.
Parecía que todo eso lo había vuelto a vivir por nada. Nada iba a cambiar.
—Asqueroso. Me avisan cuando ese idiota acabe. Si aún no habla, me tocará a mí. —Sorent se alejó hasta la puerta, y verla abrirse fue la gota que derramó el vaso a mi desesperación.
Manson bajó mis pantalones y aunque luchara lo más que pudiera, no pude zafarme…
Eso hasta que de repente escuché un golpe seco, un quejido a consecuencia y toda la presión que hasta entonces sentí, se liberó como si alguien hubiera destapado la tapa de un vino. A mi lado, Manson cayó inconsciente.
Sentí la enorme oleada de magia contenida en mi interior explotar, y no desaproveché la oportunidad.
De alguna manera, mis ojos viajaron directamente al sirviente que no había dejado la habitación en ningún momento. Su cara de sorpresa fue su última expresión cuando una mano negra, con garras por uñas, atravesó su garganta llevándose un pedazo de su columna y tráquea con ella, manchando todo y a todos de sangre.
Las cadenas que me encarcelaban desaparecieron de inmediato.
Mis ojos viajaron después a Sorent que ahora tenía media cara roja y veía todo con sorpresa y confusión.
Otras dos garras aparecieron, una encima de su cabeza y otra por debajo de su mandíbula.
Apenas alcanzó a reaccionar cuando ambas lo atacaron con la intención de aplastar su cráneo. Su piel se endureció hasta ser de acero, pero la garra inferior alcanzó a atravesar y romper su mandíbula lo suficiente para mellar ese acero. Solo fue cuestión de tiempo y de aplastarlo con mi magia cuando su rostro desapareció en una explosión roja.
El único que quedaba era Ceres, que en la confusión no había respondido en absoluto.
—¡Ragg´kan! —Fue lo primero que gritó cuando reaccionó, y su demonio volvió a aparecer desde su espalda mucho más grande y amenazador que antes. El olor a sangre pareció enloquecerlo porque comenzó a sacudirse con agresividad y soltar un gruñido de éxtasis. —¡Mátalo!
Sus ojos se fijaron en mí, pero ahora que sí podía defenderme, no sentí miedo.
Sus garras se estiraron como dos lanzas a donde estaba, pero instintivamente invoqué dos garras frente a mí que las detuvieron con fuerza y las apretaron con fuerza abrumadora, haciéndolo chillar de agonía.
Comencé a levantarme, sintiéndome en un trance con olor a sangre.
Al ver que sus brazos no serían liberados, la criatura dislocó su boca para abrir su horrible boca y su cuello se estiró con demasiada velocidad hacia mí, pero esta vez lo recibí con un escudo de cuchillos que atravesaron sus ojos y su cara, pero no se detuvo. Sus colmillos se hundieron dolorosamente en mi hombro, pero apenas y reaccioné.
Ceres, sorprendido por lo que acababa de ver, invocó sus llamas oscuras en sus brazos.
Le regresé la mirada, y él dio un paso atrás.
—¿Quién…?
—Ceres. —El demonio, en sus últimos esfuerzos apretó más la mordida y sentí mi anillo vibrar en la mano, pero aún así no respondí. —De verdad, no sabes hacer nada bien.
La sangre corrió por mi hombro, sintiéndola pegajosa y caliente por mi brazo. El anillo que era mi máscara por fin dio todo de su energía y se reventó en mi dedo.
Mi cuerpo masculino se desvaneció rápidamente con el artefacto roto y sentí mi cabello liberarse nuevamente sobre mis hombros, justo a tiempo para ver cómo la cara de mi medio hermano se descomponía en la sorpresa, el miedo, la traición y finalmente en rabia pura.
—Evelyne. Asquerosa rata. Te voy a despedazar y quemarte viva…
Levanté mi mano sana, y una garra agarró la cara de Ceres. Antes que se diera cuenta, le di una vuelta de 180 grados y con eso el demonio en mi hombro se deshizo en cenizas.
El cuerpo de Ceres cayó hacia adelante, justo frente a mí, pero su cara veía al techo totalmente retorcida y sin vida.
Todo había terminado…
Excepto que Revan estaba justo a mi lado, viendo todo sin parpadear y sin decir palabra alguna.
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Comments
Cecily~★
Ptmadre>:'v
jajajaj Revan es un inútil de mieer🤬 jajajaja me re calenté jajajaja😅🤣🤣🤣
2025-02-28
0
Alex
Noooooooo!!!! 😱😱😱😱😱😱
2024-08-06
0
Alex
😱😱😱😱😱
2024-08-06
0