Con el mayor silencio posible, Dane y yo avanzamos por ese castillo en ruinas intentando darle un sentido de orientación al lugar.
Sin saber en qué piso estábamos, viendo escaleras hacia arriba y hacia abajo cuando las vimos, decidimos investigar un poco el lugar antes de hacer nada. Quizás podríamos encontrar algo útil en alguno de los cuartos… o eso quería pensar para evitar la otra idea que era enfrentarme a mi hermano.
Pero la verdad era que no había nada más que muebles viejos y podridos, piedras y polvo.
Ese lugar realmente solo era un cascarón de lo que fue en su vida pasada…
Igual que yo.
El pensamiento invadió mi cabeza sin mi consentimiento. Y jamás con mayor razón ya que fue Yami la que realmente lo pensó.
—Yami, ¿dónde estabas?
Parecía una idiotez decir eso. Obviamente que seguía en mi cabeza, pero no había dicho nada desde que llegamos y había comenzado a preocuparme el silencio de mi mente.
Pero de nuevo, me respondió ese eco de mi propio tono de voz.
No me había percatado de ello hasta esos momentos, pero realmente ella y yo teníamos un tono diferente. Así como dos gemelos idénticos se podían diferenciar por sutilezas particulares de cada uno, ella y yo nos diferenciábamos en eso únicamente.
Y en la energía que dábamos, en nuestra personalidad aparentemente tan diferente pero tan similar a la vez.
Intenté no pensar mucho en ello al no recibir respuesta.
No estaba acostumbrada ya a tener mis pensamientos tan tranquilos.
—Evelyne, ven aquí.
Por lo menos Dane se ocupó de llamar mi atención. Al voltear a verlo, estaba agachado en un montículo de piedras que en mi ángulo solo parecían uno más del montón, pero cuando me acerqué a ver qué es lo que quería que viera, noté aquello por lo que me llamó.
—¿Es un cofre?
—Uhm, no exactamente… es demasiado largo. Pero sí parece una caja de algo. Ven, veamos si tiene algo valioso.
—Dane, no estamos aquí para asaltar tumbas y no es como que podamos llevarnos oro o algo así.
—No, espera. Mira este símbolo. —Quitó polvo y piedras de encima para enseñarme lo que él veía, aunque no llegué a comprender del todo su interés.
—Un sol y una luna. ¿Qué pasa con eso?
—¿Qué no te fuiste todo el año a la Academia? ¿Acaso no viste algo como esto en clases?
—¿De qué hablas? De todas maneras, no tenemos tiempo…
—Del templo del sol y de la luna. —Me interrumpió, pero esta vez me mantuve callada al recordar por fin con esas palabras a lo que él se refería y le interesaba. —De la época oscura, antes de la Guerra del Abismo cuando supuestamente existían los dos templos en armonía.
Ese símbolo lo reconocía por ser Yami, no exactamente por ser yo, Evelyne.
Pero eso se me hizo más extraño aún… ¿cómo lo sabía Dane?
—¿Cómo sabes eso?
—Oh… bueno, en una de las ocasiones cuando… tu hermano Hansen volvió del sur, llegó acompañado. No era mi incumbencia, pero varios sirvientes se sorprendieron y estaban cuchicheando por todos lados que se les hacía extraño y se preguntaban qué estarían buscando. —Podría apostar todo mi dinero a que estaba acompañado del profesor Luden. —Como pensé que quizás esa información podría ayudarte a ti o a mi… pues digamos que yo también tuve curiosidad de entrar a la biblioteca.
—¿No te descubrió? ¿Y qué estaban buscando o leyendo?
—No, pero sí estuvieron cerca de hacerlo. Por lo menos tenía ya mi buen sentido del oído. Escuché que hablaban sobre la época antes de la Guerra del Abismo. Nunca había escuchado nada sobre eso, así que al final me quedé solo por el interés. —Mientras hablaba, quitaba las piedras de encima de la caja, como obsesionado con la idea de haber encontrado algo de ese tiempo. —Resulta que antes no solo estaba el templo del sol, sino también de la luna, llena de sacerdotisas. Y aunque al final cayeron del poder por su locura, su magia era todavía más poderosa que la del sol. ¿Te imaginas? Si hoy en día ni siquiera tu padre se atrevería a atacar ciegamente al Rey Helios, aunque su hostilidad se ve sin necesidad de escucharlos hablar.
Al menos toda esa información ya la conocía.
—¿Qué más dijo?
—No alcancé a escuchar mucho, pero sí que el templo de la luna a lo largo de su época dorada creó diferentes reliquias, y cada una de ellas tenía un alma atada a ellas. —Me volteó a ver un momento antes de terminar de quitar las piedras de encima. Parecía que estaba más emocionado de ver qué alma le hablaría que el objeto en sí. Y eso me recordó a mi arco, con el que al parecer había conocido a Yami. —Y por esa razón, no suelen perder su magia, ni su filo o su… armadura, al parecer.
Al abrir la caja, en el interior había una preciosa armadura plateada casi blanquecina. Al levantarla y verla con mayor detalle, el blasón de la luna estaba plasmado en una desvencijada camisa que cubría el pecho de la armadura, pero era enorme para cualquiera de los dos.
—Realmente parece en buenas condiciones, pero es demasiado grande. Quizás en un par de años podamos usarla. —Dije suspirando también habiendo estado emocionada con haber encontrado algo útil, pero a la vez inútil. —Tenemos que avanzar…
Dejamos la armadura en su caja, pensando vagamente en quién habría sido la última persona en usarla. O en no usarla si es que estaba bien escondida en ese lugar.
Conforme avanzábamos, encontramos una que otra cosa interesante, pero desafortunadamente ese lugar ya había sido bastante saqueado con el tiempo. Nada que nos fuera útil para la batalla en adelante.
Solo estábamos alargando lo inevitable, ambos lo sabíamos, pero creo que el bajo miedo que sentíamos era una buena razón para no querer ver a mi hermano y sus trampas.
Pero eventualmente mientras bajábamos escuchamos las primeras voces en un buen rato.
—…no tendrá escapatoria. No hay salida de ese lugar. —Casi me tropezaba cuando por la esquina del pasillo por el que íbamos caminando dos sombras aparecieron caminando hacia nosotros. Dane me jaloneó del cuello de la camisa para meternos en una habitación igual de destruida para escondernos, y mientras tanto, las voces siguieron en el pasillo. —Así habrá cumplido con su parte del trato.
—La pregunta es si él cumplirá su propia parte. —La voz de Hansen me mandó un escalofrío por todo el cuerpo. Entonces la otra voz debía pertenecer a Mark Luden. —No se puede confiar en su especie. Son demasiado astutos y retorcidos con las palabras…
—No pueden mentir. Pueden estirar la verdad, retorcerla a su percepción y omitir detalles, pero cumplirán su palabra. Es el efecto adverso de su primera naturaleza…
—Los mantendremos vigilados. En este mundo no pueden ir a ningún lado sin el círculo…
—Pueden hacerlo. Aleja a los soldados lo suficiente para que no los puedan tentar tan fácil. Empecemos los preparativos entonces.
Las voces pasaron frente a nuestra habitación y se fueron de largo sin alertarse de nuestra presencia, pero sí que nosotros nos alertamos de su conversación. Los ojos nublados de Dane solo me dijeron que estaban confundidos, y yo debí delatar mi impresión de que creo que sé de qué hablaban. Pero no quería adelantarme a los hechos y las ideas.
—¿Qué fue eso? —Me susurró Dane con las cejas arqueadas en confusión. —¿De qué hablaban?
—Si es lo que creo que es, creo que mi hermano será la menor de las preocupaciones… así que creo que tendremos que darnos prisa.
Salimos en el mayor silencio posible siguiendo la dirección a donde se fueron esos dos. No había nadie en ese lugar, lo que solo me daba mala espina. Afuera todos los soldados estaban apostados en la periferia, pero ahí ni las sombras se movían a nuestro paso. Ese lugar estaba muerto, y no solo por la falta de gente, sino que realmente parecía una tumba.
Cuando llegamos a la esquina contraria del pasillo, un enorme salón lleno de la luz del atardecer nos dio la bienvenida.
El polvo y la tierra habían sido removidos del lugar. El suelo era de mármol lustrado y parecía que no había pasado ni un día desde que lo habían puesto. Reflejaba el techo derruido a la perfección, además de llenar la sala del color rojo del sol de la tarde. Todo ello le daba una extraña apariencia al lugar, como si estuviera hirviendo o fuera un espejo al infierno…
Pero cuando dimos un paso al interior, lo único que sentimos era frío.
Un anormal frío que helaba hasta los huesos.
—Me preguntaba en qué momento saldrías de tus escondites, mi pequeña hermana. Ibas a llegar bastante tarde a nuestra cita.
Tirando el factor sorpresa por la ventana, Hansen chasqueó los dedos y una barrera transparente nos separó a Dane y a mí de la sala al pasillo. Volteé a verlo con pánico, pero él ya estaba bloqueado del otro lado luciendo asustado. Golpeó la barrera con el puño, pero yo que puse las manos sobre la barrera ni siquiera sentí vibración alguna de sus golpes.
Pero de repente volteó a ver a su espalda y de la nada tres soldados lo taclearon al suelo, poniéndole esposas antimagia y una bolsa en su cabeza.
—¡Dane!
—No te preocupes por él, no le va a pasar nada. Lo importante estará entre nosotros dos. —A mi derecha, Hansen apareció por fin, vestido elegante como siempre, con ojos brillando entre amarillos, anaranjados y rojos. La luz jugaba con él casi a capricho, pues él parecía caminar entre sombras. —Una hermosa reunión, ¿no lo crees, hermanita?
Seguí sus pasos, volviendo mi rostro una máscara de frialdad y odio.
—No tengo problema con reunirte con Ceres mejor. Siempre fueron ustedes dos contra el resto de la familia, ¿qué no? Deberían irse juntos al infierno. —Abrí las manos a mis lados, en mi izquierda invocando mi arco y en la derecha una bola de oscuridad lista para salpicar de nuevo la tierra con sangre y sombras. —Estaría más que contenta de ser quien los lleve.
—Si alguna vez dudaste de eso, fuiste muy ingenua, Eve. Todos vamos a ir para allá sin falta. —Me sonrió, lo que hizo que toda la sala volviera a enfriarse uno o dos grados. —No invoques tu magia, Evelyne. ¿Es que no aprendiste de Ceres que el poder bruto no sirve de nada? —Movió la cabeza en un gesto hacia mi espalda, y vi cómo tiraban a Dane al suelo sobre sus rodillas, con una espada sobre su cuello. El que la portaba era Isaac, la mano derecha de Hansen.
Maldita sea, es verdad. Tenía las manos atadas si es que no quería que mataran a Dane… maldito cerdo.
—¿No dijiste que no le harías nada?
—Mientras te comportes, claro está. —Se encogió de hombros, dando un par de pasos hacia atrás con total tranquilidad. —Vamos, Eve… solo quiero que hablemos. Usar magia para pelearnos será solo una pelea inútil para ambos.
—El que no busca pelear es porque sabe que va a perder. —Lo intenté provocar, pero él solo me sonreía como si yo le diera ternura.
—¿No acabas de ofender a todos tus amiguitos pacifistas? —Sus ojos brillaron ahora más dorados que antes, y su sonrisa se afiló. —No, mi querida hermana, no estoy evitando pelear porque puedas ganarme. Sino porque quiero hacer un trato contigo. ¿No nos llevábamos mejor haciéndolos?
—Hemos pasado el punto de hacer tratos, Hansen.
—Oh, ¿entonces la declaración de levantar armas contra mi padre también me involucraba a mí? —Puso una mano en su pecho, viéndome fijamente. —Me has herido, hermanita. ¿Es que no veías cómo intentaba protegerte? ¿Hacer que te rindieras siempre de perseguir algo que nunca ibas a conseguir?
—Tu amor es un poco retorcido, Hansen. No capté tus indirectas.
Sonrió apenas un poco, pero solo dio media vuelta de repente aburrido de la conversación.
—No me interesa en absoluto un simple título de Duque. Ni siquiera el de ser Rey. ¿Por qué querría tanto trabajo? —Me volteó a ver por encima del hombro, por fin con su cara indiferente normal. —Y creo que lo mismo se aplica a ti, Evelyne. No haces esto por mero interés de subir al poder. Y aunque nuestra infancia fue dura, pudiste solo vengarte de nuestro padre que no detuvo el curso de tortura infantil. Sin embargo, Ceres y yo estamos en tu línea de fuego. ¿Por qué, Eve? ¿Qué hicimos nosotros para merecer un odio tan profundo de tu parte? ¿Qué hice para merecerme esos ojos de venganza pura? ¿Y por qué de un día al otro? Recuerdo que, a pesar de todas tus desgracias, solías buscarme a mí por encima de Ceres.
¿Acaso estaba herido que la pequeña Evelyne había dejado de buscar amor fraternal? ¿Que había dejado de esconderse para tomar cartas en el asunto de su maltrato? Parecía ser chiste.
¿En qué momento Hansen se había preocupado realmente por mí? ¿O intentado ser un verdadero hermano que me ayudara y apoyara? Incluso si habíamos crecido en un ambiente donde lastimar era sinónimo de querer, pudo elegir diferentes elecciones. Pudo haberse detenido de lastimarme.
—¿Tengo que responder eso, de verdad? —Lo vi con incredulidad. ¿Qué estaba pasando por su mente para que siquiera lo considerara?
—No. —Casi parecía un chiste esta conversación. —Pero no negaré que al menos así habría sido todo más fácil… dime, Evelyne. ¿Cuándo cambiaste? —Volteó a verme con ojos indiferentes. Un extraño brillo en sus ojos me hizo dudar de mi respuesta. —¿Cuándo fue… que cambiaste de ser esa pequeña niña asustadiza a ser una mujer con sed de venganza?
Volteé a ver a mi izquierda, donde Dane lamentablemente seguía con la espada en el cuello.
—¿Y a ti que más te da? He venido a matarte, el pasado no cambiará nada. No cambiará un perdón ni un arrepentimiento.
—Ah, permíteme cambiar las palabras en mi pregunta. —Levanté una ceja. Hansen volteó a ver algo a la pared, y por inercia volteé a ver lo que él veía. —¿En qué momento tu consciencia cambió? ¿Cuándo es que una nueva versión de ti entró en ese cuerpo?
Un enorme cuadro tallado en piedra decoraba la pared. Era una representación de la diosa de la luna, una mujer con tres caras, tres cuerpos, tres etapas de la vida. Una niña a la izquierda, una mujer al centro y una anciana a la derecha.
Entre sus manos cargaban una especie de serpiente, que rodeaba el cuerpo de la diosa y al frente se mordía su propia cola. Y coronando todo su alrededor, decenas de estrellas.
No supe por un momento si debería fingir demencia o solo aceptar que él sabía y darle la razón con la verdad. Supongo que no importaba qué haría, porque él lo sabía. Era el único que lo sabía.
—No pensaría que le pondrías atención a una niña. ¿O es que solo extrañas la atención? —Le di vueltas a mi arco, girando la cabeza en curiosidad. —No importa quién sea, por cierto. El objetivo es el mismo.
—¿De verdad? Y, sin embargo, no me conocías hasta el momento que llegaste. Hace un año, cuando toda tu personalidad cambió 180 grados. ¿Por qué decidiste que me odiarías, en vez de buscar la posibilidad de llevarnos bien?
Me lo quedé viendo unos momentos. Él regresaba mi mirada con una seriedad digna de su nombre. No buscaba amor, comprensión ni camaradería. Solo buscaba una respuesta y la buscaba de mí.
De Evelyn, no su hermana pequeña.
Y pensar en ello, sentir que alguien por fin me veía por quien verdaderamente era… por una extraña razón me sentí aliviada, a pesar de ser Hansen el que producía esa sensación.
—Por que te pareces a mis antiguos hermanos. Y no tengo la pasión de enmendar relaciones podridas. Menos aún de crear otras nuevas con gente igual de enferma. —Admití por fin, sintiendo un alivio salir de mi pecho. —Además, no has tratado bien a una niña para merecer que seas parte de mi círculo social, así de simple.
Bufó. Volteó a ver hacia donde estaba Dane e hizo una señal con la cabeza.
—Muy bien. —Pronto liberaron a Dane, y yo levanté una ceja en dirección de mi medio hermano. —Entonces no vale la pena crear un trato contigo. Tendré que someterte a la fuerza que tanto te gusta.
Algo dentro de mí se alegró de tener que dejar las cosas simples.
—¿Someterme? Quiero verte intentarlo. —Creé mi primera flecha oscura, poniéndola en mi arco lista para ser disparada.
Hansen sacó su espada de su funda. El metro y medio de acero helado brilló rojo con los últimos restos de luz.
Era hora de despedirme de mi último familiar.
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Updated 70 Episodes
Comments
Irene Salas
Si con Ceres fué una pelea difícil no quiero pensar lo que tendrá que pasar para vencer a Hansen, cada vez está más y más emocionante
2024-05-10
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