...Lamento mucho el abandono; he tenido un inicio de año muy malo en muchos aspectos de mi vida y no he podido avanzar prácticamente nada de mis proyectos narrativos, lamento la demora de actualizaciones, pero espero que la vida mejore de ahora en adelante y no tardar tanto en publicar capítulos. Espero me disculpen y disfruten al menos los próximos episodios. - R...
El mundo decidió estar al revés por los siguientes minutos.
El arriba era abajo, los sonidos eran luces y explosiones, la luz era oscuridad y a cada choque que dábamos, las sombras se congelaban como un golpe de pintura que explotaba al aire.
Mis flechas encontraban a su espada sin falta y su espada asestaba mis puños y golpes en defensa sin errar ninguno. Estábamos sorprendentemente a la par, aunque sospechaba por la mirada de indiferencia de Hansen que no estaba poniéndole seriedad a la pelea.
Puños, patadas e incluso oscuridad sin formar salía del suelo, de las paredes e incluso del techo. Ambos éramos uno con las sombras, por lo que viajar entre cada una no era difícil, ni siquiera seguirnos el paso. Sabía dónde iba, qué haría, lo que sus ojos delataban y planeaban, la manera en que su cuerpo delataba sus movimientos antes de realizarlos.
A pesar de la aberración del pensamiento, jamás me había sentido tan en sincronía con alguien. Sabía exactamente qué quería hacer, cómo se sentía cuando movía las sombras y cómo vibraba todo mi cuerpo cuando nuestros ataques se encontraban.
Invoqué dos puños y una patada a su alrededor, pero tal como esperaba, los bloqueó con su espada y con su propia magia, que congeló mis sombras en el lugar. Pero aprovechando la inmovilización, yo cargué una flecha que al salir volando creció en tamaño y poder.
Sin espacio para esquivar, Hansen recibió todo el daño de mi ataque, haciéndolo retroceder varios metros en el suelo, pero sin ceder aún a caer.
Cuando las sombras se esfumaron, tenía un escudo de hielo negro en el brazo que se rompió con rapidez.
Se sacudió los pedazos, viéndome con media sonrisa de suficiencia.
—Nada mal. Supongo que ese cuerpo te vino mucho mejor que esa pequeña niña que vivía en tu cuerpo antes. —Se sacudió la ropa con la mano, pero noté que él seguía fresco como si no hubiéramos hecho nada hasta ahora.
—Dime, ¿acaso sentiste alguna vez remordimiento? ¿culpa, pena, miedo? —En mis manos, una nueva flecha se formó, afilada como la obsidiana recién cortada. —¿O te interesó alguna vez mi bienestar? ¿O solo sentiste una obsesión enfermiza por mí cuando de repente ya no estaba bajo tu poder?
No sé por qué le preguntaba eso ahora, pero una parte de mí quería saber. A pesar de que él no había sido el mejor hermano del mundo, hubo algunos momentos en los que demostró un extraño interés por mí que no podía realmente ponerle un nombre.
—Mmm… —Hizo girar su espada, presumiendo quizás que aún podía moverse con total libertad como si todo lo que ya hubiéramos peleado no le hubiera afectado en nada. Quizás era así de verdad. —¿Si te respondo, cambiarás tu parecer sobre atacarme, acaso?
—No, pero quizás considere matarte más rápido o más lento según tu respuesta.
Su sonrisa lo hizo parecer más apuesto, pero eso no le quitó el brillo de la locura de sus ojos carmesíes. En momentos, podía ver el dorado detrás que delataba el demonio que lo poseía.
—Ahora sí pareces una Zenith. ¿Por qué nunca interactuamos de esta manera antes? Me gustas más ahora que antes. —Sentí náuseas solo de escuchar eso último. —¿Y qué si te digo que incluso antes de que nacieras ya tenía interés por ti? Que desde que tu madre llegó a la mansión, ya quería ver qué era la criatura que llevaba en su vientre…
—Tuviste suficientes hermanos para obsesionarte con cualquier otro. ¿Por qué la fijación conmigo? —Muchos de nuestros hermanos murieron en las pruebas Zenith. Aunque no lo pareciera, no habíamos sido los únicos como para recibir todo el fruto de su obsesión.
—Ah, tanto odio y, sin embargo, no sabes ni siquiera los orígenes de tu familia. —Su tono burlesco solo me hizo sentir que había algo más ahí de lo que no estaba al tanto. Un secreto que solo él sabía. —¿Es que no te estabas vengando además por tu madre?
Su provocación era obvia, pero ya que no sabía de qué hablaba, era difícil negarse a escuchar lo que tuviera que decir. ¿Qué tenía que ver mi madre en todo eso?
—Mi madre murió por el parto.
—¿Sigues en esa parte de la historia? Vaya, y yo que pensé que con lo poco que te estás esforzando no estaría cargando con todo tu odio. —Se encogió de hombros, levantando la mirada hacia la estatua tallada de la diosa. —¿Quieres saber cómo supe sobre ti? Quizás debería empezar con la historia de tu madre… sobre cómo llegó un día pidiendo asilo a mí padre, cargándote de meses de embarazo… sin siquiera saber quién era él, pero prometiéndole que su hija tendría sus ojos. Los ojos malditos de los Zenith. Que sería ella la que acabaría con su peor enemigo.
Tardé un momento en comprender de qué estaba hablando, o los secretos ocultos que me estaba revelando con esas palabras. Volvió su mirada a mis ojos con intensidad, pero no comprendía nada si es que estaba ocultando una verdad tras esas palabras.
—No era ningún secreto que mi madre era vidente. Si no vas a llegar a nada con tu inútil conversación…
—Tú no eres mi hermana. —Soltó de repente Hansen, callándome de inmediato y sin duda alguna confundiéndome con ello. —¿Ahora entiendes mejor qué te estoy diciendo, Evelyne?
—¿De qué demonios hablas…?
Apuntó su espada a mí, ahora con mirada seria.
—Los ojos que portas no son producto de la sangre Zenith. Nunca lo fueron, nunca lo serán. Y, sin embargo, es bien sabido que solo nosotros tenemos este “lujo”. ¿Acaso sabes por qué?
Mi determinación comenzó a flaquear.
Algo en su forma de hablar, en sus palabras… ponía en tela de duda todo lo que creía.
Si Yurik Zenith no era mi padre, y Hansen y Ceres por extensión no eran mis hermanos… ¿entonces por qué me habían mantenido en esa retorcida mansión? ¿por qué mi madre había pedido asilo en la mansión negra si es que Hansen estaba diciendo la verdad? ¿por qué – de todos los lugares posibles para pedir asilo – había elegido ese infierno en particular?
—Solo los Zenith tienen ojos rojos, no tiene sentido lo que dices…
—No puedes ser tan inocente para creer esa tontería. ¿Acaso te imaginas a Yurik teniendo hijos a diestra y siniestra con cualquier mujer que pase por la calle? El Duque Zenith podrá ser un monstruo sin sentimientos y un hambriento de poder, pero nunca fue una basura que abusara de mujeres que no fueran sus esposas. —Se burló seguido de decir eso. Y aunque parecía algo bastante banal, no podía evitar estar de acuerdo con él. La sola idea de los rumores que circularon sobre mi madre y Yurik de que había sentido una especie de amor a primera vista por ella eran ridículos por sí solos. —Y no solo eso, todos los familiares que tuvo alguna vez ese hombre fueron asesinados por él mismo para evitar la… proliferación de nuestra especie de forma desmedida. Si usas aquello que llamas cerebro, te darás cuenta de lo obvio.
Tragué saliva.
Sí, ellos me habían hecho pasar un infierno la primera vez que viví en ese lugar. Mi inocente y perdida personalidad que había muerto en ese cuerpo la primera vez sufrió las consecuencias de ello… pero entonces no todo había sido culpa de ellos. Había sido de mi madre. Una figura inexistente pero que de alguna manera le guardaba cierto cariño porque en mi mentira, ella por lo menos no había hecho nada para dañarme.
O eso creía.
Pero otras palabras en su discurso llamaron mi atención.
—¿”Nuestra especie”? —Si Hansen estaba sacándome de la canasta de los Zenith, ¿por qué me estaba incluyendo en esa frase?
Pero él sonrió de oreja a oreja, como si entonces por fin hubiera dicho algo que mereciera realmente la pena responder.
—¿Acaso ya olvidaste todo lo que te soltó el estúpido de Ceres?
Levantó la mano libre, de donde su magia brotó primero como una negra rosa de hielo… antes de empezar a derretirse, pero en lugar de agua, lo que tocó el suelo era sangre.
El Atributo de Sangre, pero eso significaba…
—Nosotros no nacimos con ojos rojos solo porque el color nació de nuestra genética. Es que todos estamos malditos… enlazados irremediablemente con un demonio desde que llegamos a este mundo. Y nuestra sangre es el conducto que tienen para llegar a este reino humano desde el infierno, siendo nuestro cuerpo su medio para no perder la cordura por culpa de la bendición de los Helios en esta tierra.
Algo en la parte trasera de mi mente comenzó a hormiguear. Sus palabras – aunque desconocidas para mi yo del presente –, parecían estar buscando recuerdos que debían estar ahí, pero parecían estar ocultos por una tela como si cubrieran mis ojos.
—Pero yo no tengo un contrato con ningún demonio…
—¿Segura? —Su burla volvió a su voz, de nuevo haciéndome sentir que algo sabía que yo no. —¿Es que acaso no has sentido la terrible sed de sangre que da cuando quieres mantener un demonio aquí? ¿Las ansias de matar, de controlar todo a tu alrededor y romper todos los cuellos que se te presenten enfrente?
No pude decir nada. Y mis gritos mentales ahora desesperados que llamaban a Yami parecían tener más eco que nunca.
¿De qué estaba hablando? ¿Y por qué parecía que conocía sobre todo lo que pasaba por mi cabeza?
Yami no era un demonio. Era yo. Era mi vida pasada, mi reencarnación.
Pero entonces… ¿por qué parecía que había una barrera siempre separándonos? ¿Por qué es que, en efecto, debía alimentarme con sangre para seguir… viva?
—Oh, Evelyne. —Hansen bajó sus manos y caminó con total paciencia y libertad hacia mí. Y lo peor de todo, no podía levantar mis manos que hace rato habían dejado la lucha por las dudas en mi cabeza. —Mi querida hermana adoptiva. ¿Pero acaso sabes lo peor de todo? ¿Acaso sabes con qué demonio hiciste el trato? —Su mano llegó a mí sin percatarme de ello, sosteniendo mi rostro con firmeza, levantando mi mirada a la suya, dorada y llena de una loca obsesión. —Evelyne, Yami, Selene, Ixchel. Diosa de la luna, madre de los destinos, señora del pasado, presente y futuro. Conozco tu historia y cómo fue que te traicionaron. Sé la tortura por la que pasaste en cada vida y sé lo que hiciste por mantener tu progenie viva.
Esta vez todos los nombres hicieron estragos en mi cabeza.
De repente no era Evelyne, ni Yami. De repente los gritos de Selene retumbaron en mi cabeza y el dolor puro de Ixchel invadió mi corazón. Sentí cómo la oscuridad invadía mi corazón, pero esta vez no era una familiar como mi magia. Era una oscuridad del miedo, de agonía, de odio y desprecio.
De repente todo ese salón perdió el color cálido del atardecer y se sumió en sombras absolutas.
Un escalofrío pasó por mi cuerpo como un rayo, y el suelo de repente se iluminó de rojo a nuestros pies. Un calor abrasador comenzó a inundar la sala que antes estaba congelada.
—Pobre de mi diosa. Tanto dolor en tu vida, tanto buscaste por alguien que al final solo traicionó tu confianza. Alguien que juró amarte tal y como eras, pero que al final no pudo mantener esa promesa. —La voz de Hansen de repente no era la de él. Era una más profunda, más antigua. —Yo hice lo imposible por tenerte, por amarte… ahora te salvé y espero que reconozcas por fin todo lo que he hecho por ti. Vuelve. Vuelve a mí, mi amada Ixchel…
No veía a Hansen ahora.
Veía a ese hombre ahora. A ese ser sin nombre que había luchado contra mi amado Itzamná y lo había terminado en combate con un ataque a la espalda. Lo reconocí y su verdadero nombre botó en mi mente como si siempre hubiera estado ahí, en la punta de mi lengua todo el tiempo. Ese hombre que en su obsesión intentó ganar mi corazón por todos los medios y en todos los tiempos.
Y una parte de mí quiso ceder por fin a su amor. Una parte quiso decir ese nombre, pero también algo me gritaba que nunca debería pronunciarlo. Y, sin embargo, la tentación era tanta, tan fuerte…
Abrí los labios para pronunciar ese nombre que era como una maldición, dispuesta a solo dejarme llevar y quitarme todo ese dolor de la pérdida y la traición…
Pero de repente el mundo se volvió blanco a mi alrededor y el frío volvió como un agradable abrazo en ese infierno. Escuché algo chillar de dolor como una bestia y por fin reaccioné.
El trance se rompió y volví a ser yo misma. Evelyne.
Ya no veía a ese hombre frente a mí, sino un demonio sin rostro, pero con tres pares de ojos viéndome fijamente. Me sentí débil entonces, en peligro mortal. Esa cosa estaba alimentándose de mi alma, de mi pena. Y casi decía su nombre.
Un nombre que debía permanecer en el olvido para siempre, comprendí.
Y lo que me había salvado de esa cosa…
—¡Evelyne! ¡Corre! —Dane, bendito fuera como lo era su lealtad, había lanzado un ataque de hielo en contra de aquella cosa que alguna vez había sido Hansen, hiriéndola con una enorme estalactita de hielo justo en su abdomen.
Me zafé de sus garras y mi instinto volvió a actuar. Una flecha se formó en mis manos y la disparé sin siquiera pensar, pero algo más sucedió.
De alguna manera ese demonio atrapó mi flecha, que explotó en miles de sombras a nuestro alrededor sin control. Eran látigos que rompieron las rocas y el suelo, que extendieron sus peligrosos tentáculos a través de todo y que cortaron todo aquello que alcanzaban.
Entonces me di cuenta que algo estaba terriblemente mal.
Mis ojos entonces se dieron cuenta del origen del calor infernal que había invadido ese salón.
A mis pies como si estuviera parada sobre un delicado cristal, un portal a una tierra desolada se había abierto. Mi pensamiento no tardó en reaccionar a saber qué lugar era ese: literalmente era el infierno, el reino de los demonios.
—¡EVELYNE! —Dane volvió a gritar mi nombre, pero parecía ser demasiado tarde.
El demonio frente a mí volvió a lanzar un chillido ensordecedor y con una explosión repentina, mi flecha por fin encontró la dirección por la que debió ir inicialmente y salió disparada por el hombro de aquella criatura, haciendo un enorme agujero en su cuerpo que explotó su hombro y brazo, liberándome de su agarre por fin.
Pero no tuve punto de apoyo entonces… y a mi horror, comencé a caer por ese portal.
Lo último que vi antes de ser teletransportada fueron las garras de ese demonio atacarme, pero la sombra blanca de Dane se atravesó primero en mi dirección.
La sangre llenó todo mi campo de visión, y sin nada que detuviera nuestra caída, nos precipitamos al fondo del abismo.
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Updated 70 Episodes
Comments
Alex
Noooo Dane!!!!! 😱😱😱
2024-08-06
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Gina Rodríguez
gracias escritora espero que todo en tu entorno se mejore para que haci puedas actualizar más pronto te mando un abrazo y mis mejores deseos
2024-02-21
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