Verla irse corriendo por lo jardines fue más doloroso de lo que esperaba.
No entendía por qué de repente había reaccionado así, o porqué no me había rechazado con firmeza, directamente. No me había dicho que no, solo que… no pensara en ella ni que la buscara.
Mi cabeza estaba desesperadamente buscando migajas de que no me odiaba o que estaba completamente en contra de la idea de estar juntos, aún a pesar de que la acababa de verla irse tan rápido.
Aunque, a decir verdad, yo tampoco comprendía del todo por qué me atraía tanto. Por qué estaba tan desesperado por verla y quedarme con ella cuando lo hacía. Pero estar a su lado se sentía… correcto, bien. Como si estuviéramos predestinados el uno al otro. Algo tenía ella que era como un imán para mí. Y todo mejoraba cuando pensaba que no era parte de ese mundo, de ese lugar. Que la única razón por la que estaba ahí era por su tóxica necesidad de la oscuridad que ofrecían los Zenith.
Sin embargo, pensar en ello fue como un golpe de realidad. Una vuelta al presente lejos de la nube de enamoramiento de Yami.
Y es que además apareció uno de ellos, pero no vino la más simpática de los tres… sino el problema mayor.
—Su Majestad, parece ser que lo agarré en mal momento. —Su tono no parecía nada el de alguien cordial, sino una completa burla. —Aunque debo suponer que ser rechazado por tu amante no es buen momento para nadie.
—Lord Hansen Zenith. —Le saludé con frialdad, notando que estaba vestido para la fiesta. —Hasta donde sé, el cumpleaños de la Reina solo es para invitados. ¿Qué hace aquí? Los Zenith no son bienvenidos hasta donde estoy enterado.
Un suave sonido de una espada moverse en su funda me indicó que Thresh ya estaba de vuelta a mi lado, viendo con el mismo recelo al joven amo de la oscuridad frente a nosotros.
—Entonces debe estar atrás en las noticias, Su Majestad. —De su bolsillo de su traje sacó lo menos esperado: una invitación, blanca y dorada. —Por que estoy, en efecto, invitado a esta exclusiva fiesta.
Eso fue inesperado a muchos niveles, pero no estaba dispuesto a creerlo para nada.
—Falsificar la invitación puede ser considerado un crimen, Zenith. Te aconsejo que dejes la fachada y abandones el Castillo antes de que llame a los guardias para sacarte por las malas si es necesario.
Soltó un bufido de diversión, y vi cómo las sombras comenzaron a bailar a sus pies, con sus ojos rojos brillando peligrosos.
—Quiero verte intentarlo. Si tú no puedes hacerlo personalmente, no creo que tus guardias de pacotilla puedan siquiera acercarse a mí.
—¿Me estás amenazando, Zenith?
—Me parece que es lo contrario, Helios. —Respondió con ojos amenazantes, cruzándose de brazos. —No darme la entrada a un lugar donde fui invitado me parece un acto bastante infantil y grosero de su parte, Su Majestad. Aún más si usted mismo no es especialmente bienvenido aquí ni es su fiesta personal.
Su tono de burla ahora comenzaba a ser de advertencia. Parecía que en cualquier momento podría atacarme, pero no lo hacía quizás con la intención de que yo lo hiciera primero para poner la excusa después de que él solo se estaba defendiendo. Una víbora astuta, pero una vez que se le cortaba la cabeza, era inofensiva...
—Oh, lord Zenith, pudo hacer espacio para asistir, qué agradable sorpresa.
Interrumpiendo todo lo que estaba sucediendo, la persona que menos me esperaba llegó al patio como si todo hubiera estado planeado.
—¿Zamira? ¿tú has invitado a este…?
—¿Renombrado caballero? —Así como su madre, ella casi siempre portaba un abanico en eventos importantes para ocultar sus verdaderas expresiones, pero ni siquiera necesitaba quitárselo de la cara para notar esa sonrisa de maldita. —Por supuesto. Así como todos en la familia, yo también recibí una invitación extra para invitar a quien yo quisiera. ¿Algún problema, hermano mayor?
—Varios. Debiste saltarte la parte donde no se invita a ningún miembro de la familia Zenith, Zamira. —Le dije con frialdad. Entre los dos gemelos, era ella la que más escalofríos me provocaba, a la par de dolores de cabeza y enojos constantes. —¿O es que estás en tu fase “rebelde” de niña mimada?
Su sonrisa se borró detrás del abanico a juzgar por la expresión de fastidio de sus ojos, pero cuando bajó su accesorio una sonrisa fría estaba en su lugar.
—Puedes llamarlo así si quieres, querido hermano mayor, pero no veo que seas diferente de mí al invitar a una mera sirviente de la niña Zenith. —Le eché un vistazo rápido a Hansen, pero él a diferencia de Zamira que usaba su abanico, no delataba ni una sola emoción a la mención de su hermana. —De igual manera, apreciaría que independientemente del caso que sea, no amenaces a mi invitado… ya has espantado a la tuya, no quiero que se repita.
La escuché reírse bajito de mí, lo que solo hizo hervir mi sangre todavía más.
Tomó el brazo de Hansen con total familiaridad y así como si nada volvió a la fiesta, dejándome afuera calentando todo el frío de mi alrededor.
—Mik, estás quemando las flores. —Me dijo Thresh a mi lado, como siempre siendo la parte más calmada de los tres. —En vez de dejarte llevar por el enojo, será mejor que investigues por qué tu hermana invitó a Hansen.
Portando la voz de la razón, me obligué a respirar y a tranquilizarme bajo el buen consejo de mi mejor amigo, viendo a la dirección de las plantas que parecían tener puntas ennegrecidas.
—Volvamos al interior entonces. De todas maneras, no queda mucho tiempo en lo que llegan los enviados… de Evelyne. ¿Está todo listo para nuestra partida?
—Solo faltan los enviados.
Asentí con la cabeza, viendo una última vez en la dirección en la que se había marchado Yami.
—Volvamos entonces. Tenemos mucho qué hacer.
Con un suspiro, di media vuelta hacia la fiesta.
El interior seguía igual de soso y esnob que siempre, pero la gente ahora tenía la atención puesta sobre Zamira y su nuevo acompañante. Si yo había llamado la atención como una vela en una habitación oscura, ella era el faro en un mar de curiosos.
La presencia de Hansen Zenith parecía ser un heraldo de mala suerte y un mal destino, y todos parecían realmente molestos con él. Pero se bañaba en su atención y malos comentarios como un pavorreal llenándose de cumplidos.
Me di cuenta entonces que, a pesar de que tenían tan mala fama, era eso mismo lo que hacía tan poderosa a esa familia. Se bañaban en los insultos y en los rumores. Todos tenían una versión de la monstruosidad de esa familia y nadie sabía exactamente qué hacían realmente. No les importaba tener ese tipo de infamia y hacían oídos sordos a todo lo que les decían.
Ella también hacía eso. Evelyne.
Y por esa misma razón es que no me gustaban.
Hacer el trato con Evelyne había sido mi momento más bajo… pero había terminado en aquello por lo que muchos imperios habían caído. La idea de poder volver a ver a Yami, de saber que una de las condiciones era no encerrarla, ni hacerle daño y perdonarle todos sus crímenes hasta ahora. No sé si había sido la mejor decisión que habría tomado hasta el momento, pero sí era una de la que sentía que en el momento era la correcta por ella.
Pero como me había dicho Revan al momento de haberlo decidido “solo buscas una excusa para encadenarte y no sentir que estás haciendo el mal”.
Probablemente.
Pero no me arrepentiría de mis decisiones.
Por el momento solo tenía que seguir el plan, y estaba seguro de que al terminar todo eso, el resto podría llegar a mí si trabajaba en ello. Evelyne me debería un gran favor, yo podría ser el heredero incuestionable y eso me daría el poder de proteger a Yami. Además, tirar a esa mujer que había matado a mi madre era el mejor bonus posible.
Solo tenía que jugar bien mis cartas…
—Hijo. —Mi padre, el Rey, llegó a mí a través de todas las personas antes de que pudiera registrarlo. —¿Me permites unas palabras?
Eso era raro. No es que tuviéramos una mala relación para no tener charlas de padre a hijo, pero no solía hacerlas mientras estábamos en reuniones públicas.
Pero al voltear a ver a los tronos donde estaban él y la Reina, comprendí rápidamente que no estaba hablando con él en realidad. El Rey Evan me veía desde lo lejos, y lo que había visto ahora solo era un espejismo, una magia bastante avanzada para los Helios.
Se desvaneció frente a mis ojos, dejándome con la invitación solamente.
Pero como era el Rey y mi padre, no podía realmente negarme.
Me alejé hacia alguno de los pequeños cuartos alrededor de la pista de baile, con Thresh siguiéndome como mi sombra. Le indiqué que tenía que quedarse afuera vigilando cuando llegué a uno, y entré al interior para ver uno de los espejismos de mi padre ya esperando sentado.
—Padre, ¿Quería hablar conmigo?
—Quiero hablar de tu pareja de baile. —Casi lo había olvidado. No había querido que él hablara con ella porque… varias razones. En primera mi padre era conocido por sus múltiples aventuras con mujeres. Tampoco podían resistirse muchas a su poder. Además de todo, no quería que se acordara de… —Es una sirvienta de aquella chica Zenith, ¿no?
Eso precisamente.
—No pensé que fuera a recordar eso…
—No tengo tan mala memoria como piensas que tengo, Mik. —Suspiró, lo que sonaba extraño viniendo de un espejismo. —No me importa con quién te metas, pero ya sabes las reglas.
—Si me permite, no es una Zenith.
—No tengo que explicarte nada para que entiendas a qué me refiero.
—Apreciaría que no cuestiones mis elecciones de parejas, padre. —Dije de la manera más cordial posible, pero no me interesaba realmente ser amable. —No tienes el mejor de los gustos tampoco.
—Cuida tus palabras, Mikhael. Nosotros elegimos en base al poder, no en el corazón y por menos en la lujuria, que te ciega más que otras cosas.
—No hables de esas cosas conmigo, padre. Por favor.
—Y tú no hables con ella. Será mejor que la dejes ir.
Lo vi sin poder creérmelo. Él probablemente era el menos indicado para decirme con quién sí o quién no estar, pues se sabía de la gran cantidad de mujeres que iban con él a pasar las noches y regresaban en ocasiones para pasar otras. Era solo por la gran maestría de algunos doctores que ninguna de esas mujeres se había embarazado ya.
—¿Con qué cara me dices eso?
—Silencio. —Lo dijo con voz tranquila, sin imponer, pero una vez conociéndolo, sabías que la primera vez era suficiente advertencia para obedecerlo. Apreté la mandíbula, desviando la vista a cualquier otro lado. —Te he dado prioridad por encima de tus hermanos, pero ya no puedo darte ese lujo, Mikhael. —Sus ojos voltearon a ver hacia la puerta, pero estaba seguro de que también él mismo estaba viendo otra cosa en el salón de baile. —Tu mal ejemplo ha hecho que incluso tu hermana haya desobedecido una orden y haya traído al hijo de ese hombre. Y ya que tú has comenzado esta desobediencia, no puedo decirle nada abiertamente. Además de que es cumpleaños de Katherine y por lo tanto no tengo derecho a opinar de sus invitados.
—¿Y es que ella no planea decirle nada a su hija? —Refuté señalando con la mano a la pista de baile donde estaba seguro de que estaban esos dos bailando y bañándose en la atención que le daban los demás, buena y mala. —Te está desafiando con tus instrucciones…
—Aunque lo haya dicho yo, no está en la ley prohibirle la entrada a los Zenith. —Por primera vez parecía que estaba atado, o resignado. Era el Rey, ¿es que no tenía voz o derecho a opinar en eso? —Y a Katherine no parece molestarle porque yo permití que tú te pavonearas con esa joven. —Me señaló con un dedo, lo que fue igual de amenazante que con su figura real, física. —Así que escúchame bien, no vuelvas a encontrarte con ella, no la metas a mi hogar y sin duda alguna, no dejes que nadie te vea con ella una vez más. Culpa todo a la lujuria, te irá mejor si lo llamas así.
Muchas emociones pasaron por mi cabeza en ese momento, pero no pude soltar ninguna al ver cómo su espejismo se desvanecía por completo dejándome enfurecido.
Sin embargo, sus palabras me dejaron pensando un momento.
“No dejes que nadie te vea con ella”.
“Te irá mejor así”.
¿A qué se refería?
Pero mis pensamientos fueron interrumpidos cuando tocaron a mi puerta, y Thresh se asomó por el hueco.
—Han llegado. —Dos palabras emocionantes, preocupantes y exhilarantes.
Los dos enviados de Evelyne que me llevarían a través de la montaña donde habían jurado que había un grave caso de esclavitud y tortura. No me lo habría creído si no me hubieran dado lujo de detalles y sus rostros no hablaran de aquello que no habrían querido ver nunca.
Eso y que venían solos, sin apoyo de nadie y si creaban una trampa, yo llevaba a todo mi pelotón conmigo.
Aún a pesar de todas las promesas hechas, aún mantenía a Evelyne en un margen de mentira y verdad muy frágil.
Pero si esto de la montaña era verdad… todo lo que creía justo y correcto podría derrumbarse. La Reina, el Rey, por lo menos la mitad de los nobles. Todo el reino podría caerse…
Pero para construir, debíamos destruir primero.
Eso me lo había dicho ella. Esperaba que fuera así de verdad.
***¡Descarga NovelToon para disfrutar de una mejor experiencia de lectura!***
Updated 70 Episodes
Comments
Daniel Fernando Santos
Por lo menos, ahora hay menos divagaciones y es más fluida la historia!😎✌️
2024-09-22
0
Irene Salas
Todo es como el rey un espejismo y si no ves más allá de tus narices te puedes estrellar con la dura realidad de las cosas, ojo Mikhael no es tan simple como parece
2024-05-08
0