Apus llenó los momentos solitarios en aquella jaula con unas cadenas de juguete. Volaba sobre mí, me contaba cosas que veía en el exterior, me hablaba sobre historias de su mundo como las constelaciones y sus héroes de antaño. También vigilaba en caso de que alguien fuera a acercarse y avisarme cuando me pusiera el anillo, pero pronto caí dormida y soñé sobre el día que había ido a visitar al director de la academia.
Soñé sobre el libro, sobre sus cientos de imágenes que tenía para mí, sobre el nacimiento de la luna y sobre las estrellas que buscaban un alma perdida. Soñé cuando bailé con el sol, cuando era feliz y no lo sabía. Cuando aquel tomado de mi mano era Mikhael y me sonreía como un faro de esperanza a que los tiempos venideros serían mejores.
Pero el sueño cambió de repente cuando alguien más tomó mi mano y al voltear a mi izquierda vi un rostro que no conocía.
Era un hombre de tez oscura, ojos rasgados y una terrible belleza que prometía someterme y cumplir todas mis fantasías y sueños.
Habló en mi sueño, pero no lo entendí al inicio. Volteé a ver a Mikhael y me di cuenta que él ya volteaba a verme. Ahora se veía mayor, más curtido, más apuesto y serio. Un hombre que había vivido demasiado, visto mucho y su mirada melancólica y triste me partía el corazón.
—¿A dónde te has ido?
No entendí la pregunta.
—Pero estoy aquí…
—¿Por qué te fuiste tan lejos? —Ahora había sido el hombre a mi izquierda, con una voz ronca, grave. Vibraba hasta lo más profundo de mi ser.
—¿A dónde me fui? ¿De qué hablan, si estoy justo aquí…?
El chico oscuro se inclinó hacia mí, tan cerca que pude oler su aroma a humo, a alcohol y a rosas. Un olor que me invitaba a romper esa distancia entre nuestros rostros…
—Vuelve, mi querida princesa…
Desperté sintiendo un horrible dolor en mi estómago, buscando aire para mis pulmones que no fuera ese intoxicante aroma de mis sueños.
Estaba sudando.
Antes de dormir me había asegurado de quitarme la ropa mojada y solo quedarme en ropa interior con la cobija encima… pero eso era otra cosa.
Me quité la cobija y me fijé en el catre debajo.
Una minúscula mancha de sangre.
Dioses, me había olvidado de esa terrible ocurrencia de cada mes. Había vuelto a la vida como una niña y no lo había sufrido desde entonces, pero ahora que lo volvía a tener y en el momento menos indicado, me parecía lo más horrible del mundo. Una mente de una mujer de más de 30 en el cuerpo de una niña de casi 13.
Tenía que repetir casi 20 años de ese sufrimiento una vez más. Parecía de lo más azaroso ahora mismo.
Me pregunté si usar el anillo en ese estado tendría alguna consecuencia para mi cuerpo.
—¡Twit, twit, ama! ¡Vienen los hombres que esperabas! —Maldición. ¿No podían haber venido antes de que manchara mi catre?
Me levanté de golpe y busqué cualquier cosa para ocultar la mancha en la tela, pero lo único que tenía en la mano era mi cobija. La lancé torpemente sobre la sangre, esperando que al menos no tocaran eso al entrar.
—Apus, regresa a la Mansión Negra y busca a Mona. —Comencé a vestirme con la ropa fría que había abandonado, temblando un poco por el contacto con mi piel. —Dile que ya es hora, que mande todas las cartas que preparé y que se vaya a su misión. Lilia tomará su lugar mientras tanto, así que le explique qué deberá hacer por los siguientes días.
Asintió con la cabeza y se marchó por los barrotes a través de la diminuta ventana por la que había entrado, desapareciendo en la noche sin alertar a nadie.
Agarré mi anillo una vez vestida y me lo deslicé por el dedo, cambiando de vuelta a ser Hansha en menos de 10 segundos… pero algo salió mal.
Apenas volví a ser un chico, mi estómago dio un vuelco. Fue como si hubiera recibido un puñetazo, mareándome y subiendo todo el contenido estomacal hasta mi boca.
Me doblé en dos y apenas alcancé la taza del baño para vomitar. El olor de aquello era incluso peor, lo que no me ayudó a controlar las náuseas. Me dolía demasiado, pero no podía comprender por qué. Lo único que se me venía a la mente era que quizás eso sí era un efecto secundario de cambiar de cuerpo durante una menstruación…
—Jo, jo, te dije que estaría aquí. —La voz de un hombre me sacó del trance del vómito, elevando la mirada por encima de la taza para ver el origen de esta.
Sin decepcionar, los tres estaban aquí. Y a la cabeza estaba Ceres, pelirrojo y con ojos del demonio.
—¿Acaba de vomitar? ¡Ja! Seguro le asustó matar a alguien. ¿Vinimos por nada?
Me limpié la boca con la ropa, sentándome en el suelo y tratando de recomponer mi cara en una aburrida y amenazadora.
—¿Y ustedes quiénes son? ¿Ratas de alcantarilla? Ya maté un par, pero lo acabo de escupir. ¿O es que ustedes traen comida de verdad?
Uno de ellos bufó con burla, pegándose a los barrotes para verme más de cerca.
—Este tiene bolas, ¿eh? Como si te fueras a comer una rata. Tienes cara de niña y de que te mimaron desde pequeño…
Invocando mis fuerzas restantes invoqué un cuchillo que voló directo a la cara de Sorent, frenándose justo antes de perforar su ojo.
—¿O es que vienen a otra demostración de la tarde?
La sonrisa de Sorent se borró de inmediato, alejándose lentamente de los barrotes con mi cuchillo amenazándolo de cerca.
—Eh, tranquilo. No vinimos a hacerte daño. —El que habló ahora fue Manson, burlándose de paso de su amigo. —Sorent aquí solo tiene un hocico de perro, pero nunca hemos logrado callarlo.
Mis ojos pasaron del primero al segundo, sin dejar el rostro de piedra. Las clases de teatro al menos me habían ayudado a no delatar nada. A Manson le había crecido el cabello, lo que le daba un extraño aire a un villano de película... lo que quizás no se alejaba de la realidad.
—¿Y tú eres el perro que mueve la cola? —Moví los ojos hasta Ceres, moviendo la cabeza en su dirección. —Porque estoy seguro de que ese Zenith es el que de verdad tiene las correas de ustedes dos… ¿Qué quieres?
Ceres sonrió con su cara de locura antes de soltarse a reír como un maníaco.
—En efecto, este tiene las bolas más grandes. —Me vio de pies a cabeza, manteniendo su sonrisa que parecía estar a la par con el demonio que llevaba dentro. —Veo que tus cadenas eran solo de espectáculo, y estás aquí solo por querer... Seré directo entonces, ¿No quieres convertirte en el perro que muerde, blanquito?
Si aceptaba muy rápido se vería muy sospechoso, así que seguí con la mentira de que ninguno de ellos me interesaba.
—¿Y por qué querría ser el perro faldero de un monstruo? —Para darle un toque de credibilidad, escupí los restos de saliva con sabor a vómito en su dirección. Jamás en mi vida volvería a hacer eso. —Ustedes traen más problemas de los que yo puedo traerme solo.
Ceres dio un chasquido con sus dedos y una de sus llamas oscuras envolvió mi cuchillo, derritiéndolo como lo había hecho el mago de fuego en la pelea.
—De eso no tengas duda. —Se acercó con lentitud a la puerta de la jaula, con Sorent y Manson haciéndole espacio. Metió las manos por los barrotes, pegando la frente a ellos para verme con sus ojos uno a cada lado de una barra de metal. Podía jurar que sus ojos brillaban amarillos a la poca luz de la luna que se filtraba de la ventana. —Y tampoco de que te puedo meter en peores problemas de los que ya tienes encima… ¿sabías que ese león inútil al que le reventaste el ojo sigue vivo?
Elevé una ceja. No me gustaba lo que estaba escuchando.
—¿Y qué con eso?
Giró la cabeza solo un poco, y confirmé que realmente sus ojos se veían amarillos y brillantes.
—¿No habría sido más divertido que de verdad se hubiera muerto? Jeje. Yo opino que sí. ¿Debería hacerlo? De todas maneras, toda la culpa caerá sobre ti, niño de sangre… O quizás podría matar a todos los guardias que tan cuidadosamente te cuidan, sacarte de aquí y veremos cómo resulta.
—Tsk. —Apreté los puños. Tratar con ese trío sería mucho más complicado de lo que esperaba.
—¿Qué tal suena ahora ser mi perro?
No podía estar segura, pero ya que lo veía de cerca y lo escuchaba hablar, aparte de un olor que cada vez llenaba más el ambiente a azufre… esto había adquirido nuevos tintes. Ceres tenía que ser capturado cuanto antes, pues si no me equivocaba, estaba sucumbiendo demasiado rápido al demonio con el que había hecho contrato.
Ya no era solamente por su participación con la esclavitud de la montaña, era que ya comenzaba a ser una amenaza creciente… y eso no había estado en mis planes. Algo había cambiado.
—No parece que des mucha opción. —Dije entre dientes y con los puños aún apretados.
—Es que no la tienes.
Dentro de lo malo lo bueno, había llamado suficiente su atención para sacarlo de ahí y que me llevara con él, pero ahora no sabía si eso sería lo más inteligente. Ceres estaba al borde de la locura.
Con un demonio a cuestas, todo parecía que solo podría terminar mal.
Puso la mano sobre la cerradura de la jaula y vi cómo sus llamas negras quemaron incluso el metal… no, no lo quemaron. Lo deformaron y derritieron hasta que sonó un fuerte crack que solo podía indicar que ahora no volvería a cerrar nunca.
Abrió la puerta como si nada, apareciendo justo debajo de donde la luz de la luna lo iluminaba con un macabro tono. Sus ojos habían vuelto a ser rojos, pero eso no mejoraba su apariencia.
—Venga, perro. Vamos a sacarte a pasear.
El tiempo pareció extenderse como si fuera algo espeso y fétido cuando me sacaron, quitándome las esposas como si nada y arrastrándome con ellos por un pasillo preocupantemente solo y callado. No había ningún guardia a la vista y comenzaba a preocuparme que ese montón de brutos les hubiera hecho algo.
Salimos del Coliseo y la oscuridad nos recibió con el mismo silencio.
—¿Y los guardias? —Pregunté a pesar del miedo a la respuesta y sus reacciones.
Solo me voltearon a ver y luego entre ellos, soltando risas bajas y Sorent se encogió de hombros.
—¿Quién sabe?
Un escalofrío me recorrió cuando mi nariz detectó el olor a sangre. Giré en la dirección a ver un callejón a la derecha, notando bultos demasiado oscuros para saber qué eran. Decidí que lo más sabio sería no averiguar qué eran.
Volví la vista al frente, esperando que Revan cumpliera su palabra y me siguiera por el resto del trayecto hasta donde sea que me llevaran.
Aunque al ver los caballos más adelante, me congelé en el lugar.
Manson se dio cuenta de inmediato, sonriendo burlonamente.
—¿Qué ocurre, blanquito? ¿Nunca habías visto caballos? ¿O es que no sabes montar? No me sorprendería con tu origen de poca monta…
Parpadeé volteando a verlo y fruncí las cejas.
—¿Y qué si no sé montar? No todos tenemos el lujo de tener un caballo.
Eso al menos me serviría de excusa. Que tampoco era mentira si éramos honestos. Si no era un caballo que no estuviera acostumbrado al olor de la sangre, seguramente me huiría. Y aún si lo era, no estaba demasiado cómodo montando. Además de que no estaba seguro de si Revan podría seguirme la pista si andábamos a caballo.
—Tsk, estás saliendo muy inútil, perro. —Maldijo Ceres con fastidio. —Si no quieres que te arrastre Manson con su caballo, montarás.
Tragué saliva viendo al caballo, pero ninguno de ellos me hizo más caso avanzando cada uno a su respectivo semental.
Con un vistazo a mis alrededores, avancé resignada al caballo, el que apenas me acerqué este se alejó de mí jalando de sus riendas. Si no hubiera estado sujeto, estoy segura de que habría huido.
—Lo siento, tendrás que aguantarme un rato. —Le susurré casi sin voz al pobre animal, desanudándolo del poste. Pero en el momento que no sintió ninguna resistencia, de inmediato volvió a hacerse para atrás y lo intenté jalar de regreso hacia mí. —¡Ey!
El caballo completamente asustado de mí volvió a tirar de las riendas y esta vez no lo pude detener. Se soltó de mi mano y se encabritó, alzándose a dos patas y antes de que pudiera golpearme con ellas me hice para atrás, pero apenas vio la oportunidad, salió corriendo como loco por la calle, dejándome atrás solo y con tres idiotas burlándose de mí.
—¡Vaya, este no mentía!
—¡Jaja! ¡Muy salvaje en la arena, pero aquí no puede ni agarrar a un mísero caballo!
Mientras seguían burlándose, tuve el repentino deseo de atacarlos a todos de una vez y solo acabar con eso de una. Pero estaba uno contra tres, así que si uno se daba cuenta, podría terminar muerta yo. En especial con el demonio de Ceres.
—Ah, qué risa… será porque el idiota tiene maná de sangre. —Dijo Manson aún con una risa idiota entre palabras. —Ah, nunca había visto uno de verdad…
Elevé una ceja en confusión. Eso ya se había repetido antes, cuando todos vieron mi maná rojo en la esfera de prueba. ¿Qué significaba eso?
—¿De qué hablas?
Ceres bufó en burla, pero parecía tener mucha más información al respecto que yo.
—¿Eres uno de esos y ni siquiera lo sabes? Menuda basura eres. —Sonrió mostrando sus dientes que por alguna razón me parecieron afilados. —Parece que tengo la mano ganadora aquí.
Esto comenzaba a confundirme mucho más poco a poco, y me frustraba saber eso porque significaba que no podía simplemente llamar a la caballería de la trampa y encerrarlo ahora. Tenía que sacarle la mayor cantidad de información posible antes de eso… y parecía que sería complicado.
Le dediqué mi mejor mirada de odio, pero su sonrisa de superioridad tenía más poder aquí por la información que portaba.
Bajé la mirada, en un simple acto de sumisión.
—Te perdonaré una única cosa, y será irte a pie. Creo que no puedes evitar que los caballos detesten el olor de tu sangre. —Se mofó una última vez antes de hacerle una señal a Manson. —Llévalo.
El susodicho volteó a verme desde su caballo, primero con una ceja levantada y tras una mirada de pies a cabeza sonrió como si algo le hubiera divertido.
Los recuerdos que tenía de Manson no implicaban nada bueno, así que no pude evitar el escalofrío que me pasó por la espalda.
—Vamos, blanquito. No tengo toda la noche. —Me ofreció la mano, la que tomé tras dudar mi buena ración de tiempo.
—Y yo no tengo la paciencia.
Sin embargo, no me puso atrás como esperaba, sino delante suyo. El caballo se agitó incómodo ante el peso y aparentemente el olor de mi sangre como lo había dicho Ceres, pero Manson me sostuvo detrás encerrándome con su brazo. Su cabeza se asomó por encima de la mía, siendo aún más alto que yo como chico.
A mi horror, acercó su nariz a mi cuello, justo por detrás de la oreja.
—¿Qué demo--?
—Hasta hueles a mujer. ¿Seguro que no eres una? —Sonrió como un enfermo, deslizando su mano desde mi cadera hasta mi entrepierna, tocando aquello que no debería y que me sorprendió en demasía.
—¡Ey! —Le quité la mano con rapidez y la rabia se apoderó de mí. De inmediato quise formar un cuchillo en mi mano, pero olvidé totalmente el asqueroso atributo de Manson: la magia no salía ni aunque pusiera mi vida en ello, así que ahora estaba solamente con mi fuerza física en su contra. El pánico me invadió. —¿Cuál es tu problema?
—Ey, Manson, controla tus impulsos, maldito pervertido. —A mi sorpresa, Sorent fue el que lo cortó, colocándose a su lado con cara de disgusto. —No me importa con una mujer, pero ya sabes que me da asco cuando lo haces con un hombre. Espérate a una puta habitación.
¿Con chicos? ¿Manson hacía eso?
Volteé a verlo con un empujón y su sonrisa era de alguien que sabía que tenía la ventaja. Que tenía el poder y la voluntad de hacer algo que me dañaría y que disfrutaría de ello.
Comenzaba a replantearme el plan y la viabilidad de ello sin salir… muy, muy mal parada.
Luego volteé a ver al frente donde Ceres ya solo esperaba a que avanzáramos, pero su sonrisa era de burla total.
Me había dejado con Manson a propósito porque sabía que ese asqueroso simplemente jugaría de las suyas y me bloquearía de la magia.
Hijo de puta.
Lo iba a matar.
A todos ellos, con mis propias manos.
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Updated 70 Episodes
Comments
Alex
😱😱😱😱
2024-08-06
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Irene Salas
🤔🤔🤔No sé si realmente logrará su cometido Evelyn y no padecer en el intento, me pone de nervios como se expone cada vez más a un peligro inminente 😯😯😯
2024-05-08
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