Todo fue un lento descenso al caos.
Aunque al principio estuve feliz de que Xadran por fin había logrado transformarse, me di cuenta poco después de que había sido una transformación a medias.
Su mente humana no había quedado intacta durante el proceso, y no lograba detectar ninguna emoción estable viniendo de él. Lo único que lograba captar era el dolor, la ira y la rabia ciega que sentía hacia Mikhael. Y por debajo de todo, un lazo inquebrantable de lealtad hacia mí.
Parecía ser que en estos momentos era la princesa del castillo que debía proteger.
—¡Evelyne! —Mi nombre hizo eco a través del espacio vacío del teatro, y yo volteé a ver buscando el origen.
A lo lejos, Raya estaba moviendo los brazos para llamar mi atención y a su lado estaba Asher con la espada desenvainada viendo sorprendido el enorme dragón frente a mí.
Estaban de vuelta, y no les había sucedido nada. Por un momento los había olvidado, y no consideré en que, por ser parte de mi grupo, ellos pudieron haber sido capturados o lastimados por ello. Pero parecían estar sin ningún rasguño ni golpe, así que pude tranquilizarme un poco al respecto.
—¡Corre!
Me gritó una vez más Raya, y yo volteé a ver a donde ella lo hacía. La cola de Xadran se agitó contra el suelo, rompiendo el suelo de madera del escenario y mandando astillas por todas partes. Las luces de la magia de Mikhael volaron a todas partes, chocando con las escamas impenetrables de Xadran, quien a su vez rugía, lanzaba mordiscos y atacaba usando patas y alas por igual.
Estaba siendo todo un caos, de verdad tenía que salir de ahí antes de que tumbaran todo el teatro sobre nuestras cabezas.
Siguiendo ese grandioso consejo, tiré los tacones a un lado sin extrañarlos y me solté a correr levantando mi vestido con la mano.
Ugh, pero querías verte grandiosa mientras encarcelabas a todos.
Mientras recorría los pasillos entre los asientos, volteé a ver a mi espalda para ver qué sucedía con aquellos dos, justo a tiempo para ver cómo Xadran se abalanzaba a comerse a Mikhael. Cerré los ojos involuntariamente, escuchando su hocico cerrarse con fuerza…
Mikhael podía odiarme ahora, pero no quería verlo muerto.
Pero cuando volví a abrir los ojos, tenía alrededor suyo un escudo de luz como una esfera arcoíris, descompuesta en mil colores como un caleidoscopio.
Al menos podía defenderse bien de Xadran, pero no parecía poder vencerlo de ninguna manera, pues ataque que lo golpeaba, ataque que rebotaba o solo era absorbido.
Y es que también me quedé embobada viendo a ese enorme lagarto.
Un lustroso negro que brillaba a cada movimiento. Enorme, regio, poderoso. Era maravilloso.
Pero tuve que dejarlos atrás cuando llegué a la entrada y estuve rodeada de gente familiar. Todos salimos juntos del teatro hasta la calle, donde ya no pude ver la pelea y solo pude detenerme a desearle buena suerte a Mikhael, porque en el fondo… la verdad es que solo estaba pensando en que Xadran ganaría.
—¿Qué demonios sucedió? ¿Por qué Mikhael se volvió loco contra mí? —Fue lo primero que les pregunté cuando llegué a su lado, y luego bajé la mirada a ver a Mona, quien aún mantenía la mirada fija en el suelo, evitando ver la mía. —Mona. ¿Qué haces aquí y no en el norte?
Lo único que pude sentir respecto a ella fue una sensación de frialdad.
Aunque una parte de mí… una pequeñísima parte quería creerse que lo había hecho meramente por supervivencia. Que algo había sucedido para que me traicionara.
Pero si no era el caso y lo había hecho por voluntad propia… no sabía qué haría.
Porque, a pesar de haber llegado a ese mundo sin intenciones de confiar en nadie, llevaba ya tanto tiempo con Mona a mi lado como mi propia sombra que inevitablemente me sentía terrible al recibir su traición.
Pero Mona no respondió, solo manteniendo la vista al suelo. Algo ahí estaba mal.
—¿Mona?
A mi sorpresa, Raya fue la primera en reaccionar, pateando en el estómago a Mona con tanta fuerza que se le fue el aire por unos momentos. Escupió sangre, lo que supe que fue obra de Mikhael, porque una patada no habría hecho eso directamente.
—Responde, maldita víbora de dos cabezas. —Le espetó Raya con odio, jalando su cabello para que levantara la vista. —Dile cómo la acusaste de todo lo que pasaba en la montaña con tus papeles inventados y el sello robado que te encontró el príncipe en tu bolsa. ¡Dile! ¡Dile todas las mentiras que le dijiste a ese principito!
Bueno, ya no hacía falta escucharlo de la boca de Mona, pero aún quería escuchar algo.
—Sea lo que sea que haya hecho… solo quiero escuchar algo. —Quité a Raya del medio para ver el rostro golpeado de Mona. —¿Por qué lo hiciste? ¿Quién te lo ordenó? ¿Mi padre? ¿Arthrea? ¿O…?
—Milord Hansen. —Respondió de repente con la primer expresión de enojo en su rostro. Escupió entonces sangre en mi dirección, dedicándome por fin la cara de odio que me había ocultado en los últimos meses. —Él es quien debería heredar la casa Zenith. Milord hará de nuevo honorable su nombre y nos dará lo que nos merecemos a todos los que le ayudamos a su causa y a subir en el escalón de poder…
—¿Qué te prometió? ¿Dinero? ¿Liberar a un familiar tuyo? ¿No matarte? —Pero su mirada de odio fue una muy especial. Una que, aunque hoy me arrepentía, conocía demasiado bien de las épocas en las que yo alguna vez quise el amor de alguien y lo defendía a muerte. —Ah, pensaste que te amaba. ¿Es eso?
Quizás fue la rapidez de mi sugerencia lo que la sacó de su mirada amenazante, pero volvió con rapidez a poner cara de enojada.
—No lo entendería alguien como tú. Alguien que no ha vivido, que no ha hecho nada más que llorar y perseguir ideas imaginarias…
—Oh, Mona. —De repente volví a ser la mujer fría de antes, recordando todo lo que me habían hecho solo por confiar en ellos. Por pensar en que me salvarían, que me protegerían si entregaba todo lo que tenía por ellos. —¿Crees que te ama? ¿Crees que te dará un lugar en su vida? Pft. —Me reí de ella. Me reí de sus sentimientos. Y probablemente no debería, pero sabía cómo acababa. Sabía que era algo de una sola dirección y que no tendría futuro. —Lo único real que tendrás en esa relación es que él es tu jefe y tú solo eres su herramienta, su juguete. Te usará y te desechará y… oh, espera. Acaba de hacerlo.
Volví a reírme sin poder detenerme, solo suspirando por ella que había caído en las garras de ese hombre.
—No lo hizo, él vendrá por mí. Y terminará con…
—¿Dónde está? —La interrumpí, comenzando a desesperarme por su sentido inútil de lealtad.
—¡Terminará contigo! ¡Maldita basura sin padres…! —La abofeteé, dejé salir una mano oscura del suelo y la agarré de la cabeza, empujándola a la piedra dura de la calle.
Justo al mismo tiempo, el techo del teatro explotó, y Xadran en forma de dragón salió volando del interior.
Con asombro y maravilla, vi cómo se alzó en el cielo nocturno, más oscuro que la noche y las estrellas. Y tras un rugido ensordecedor que dejó por los suelos la música del carnaval, llamas moradas y carmesíes volaron en la noche iluminando todo con su terrible calor.
—Ojalá tus insultos fueran buenos, porque serán los últimos que me dediques. —Volví a la realidad tras ver esa imagen surrealista, volviendo a Mona y su rostro ahora asustado de ver la imagen del dragón en el cielo. —Nadie va a venir a salvarte, Mona. Nadie. Mi hermano es un idiota que envía a sus hombres y mujeres a una muerte segura y lo sabes. Ja, incluso lo conoces mejor que yo, pero creo que ambas podemos estar de acuerdo en eso.
Mona me volteó a ver más asustada que nunca. Y me di cuenta de que no era por mí, ni por Xadran. Sino que de alguna manera se dio cuenta de que tenía razón. Se percató de que Hansen realmente estaba jugando con ella.
—Si te lo digo… ¿me dejarás vivir? ¿Me protegerás?
Me la quedé viendo por unos momentos, pensando en su solicitud.
Me había traicionado. Había confiado en ella y rompió esa confianza sin dudarlo. ¿Y ahora me pedía piedad? ¿Qué tuviera compasión?
¿Me creía una heroína ahora? ¿Una santa?
—Por decírmelo. —Dije sin dar detalles. Depende de lo que me dijera es que pensaría en perdonarle la vida o no. —Y espero que me lo digas todo, sin falta.
Se me quedó viendo un momento, bajando la mirada con expresión sumisa. Parecía que comenzaba a rendirse.
—Está… en las ruinas de Antiqua…
Levanté una ceja. ¿Qué hacía ese idiota en unas ruinas?
—¿Por qué está ahí?
—Dijo… que descubrió el secreto de su sangre… Dijo… que sabe qué oculta y que tiene la llave para para liberarla o para matarla de una vez por todas.
Yo y Yami entonces reaccionamos. Por que ambas sabíamos que se refería… bueno, a nosotras. Una a la otra. Pero no había manera que él se enterara de eso… ¿o sí?
—¿Qué más? ¿Qué es lo que sabe?
Mona comenzó a temblar.
—N-no lo sé… yo…
—Mona. Dime todo lo que sepa, ahora mismo.
Asher y Raya entonces voltearon a verme confundidos, y me di cuenta de que ese no era el mejor momento para hablar de ello con ella. Aunque de igual manera, ella solo negó con la cabeza.
—No me dijo nada más… —Claro, no había manera en a que él pudiera decirle más información de la que debería a una simple sirvienta. Eso era más que obvio… pero aún así…
Ya no podía confiar en ella. No sé cuánto me había espiado, hablado y cuánta información guardaba. No podía estar segura de nada con ella.
—Aléjenla de mí. —Dije de inmediato. Y aunque no podía evitar pensar en que podía ser una carga para mí y lo que era… también aplicaba para Hansen. Sabía cosas de él. Cosas que quizás podía usar… pero de ahí en adelante, realmente dependería de ella si sobrevivía o no. —Y sáquenle toda la información posible. Raya, tú te encargarás de ello. Y sé discreta con todo lo que encuentres. Asher, encuentra un carruaje. Iré al norte. Quédate con tu hermana…
—¿No prefieres un método de viaje más rápido? —A mi sorpresa, Naïssen apareció de la nada, seguida de su hermano mayor Munnoa y más atrás de Veothus que tenía la mirada pegada al cielo donde Xadran volaba y se pelaba con decenas de luces que eran disparadas desde el suelo, donde asumía que estaba Mikhael aún luchando contra él.
—Na—maestra… no… eh…
—Naïssen sí está bien. No te preocupes, Eve. —Me interrumpió con una sonrisa. Parecía eufórica. Quizás porque su hermano menor por fin se había transformado después de tanto tiempo. —Dijiste que vas al norte, ¿cierto? Creo que en vez de llevarte un carruaje en el que vas a tardar mínimo una semana y eso sin contar lo que tendrás que hacer a pie para llegar a las ruinas de Antiqua, creo que será mejor si te llevo directamente.
—¿Me… llevas?
—Volando, claro. —Me sonrió como si nada, algo que comenzaba a acostumbrarme a pesar de ser inquietante cada vez que escuchaba su entusiasmo inocente. —Después de todo, tenemos que regresarte el favor que nos has hecho liberando el dragón de Xadran.
—Oh, pero yo no hice nada…
—No seas humilde, Eve. —Me interrumpió, volteando a ver a su hermano gigante en el cielo. —Tal vez no lo sepas, y tal vez ahora esté vuelto loco porque es la primera vez que se transforma… pero fue gracias a la gran cantidad de emociones y voluntad de protegerte lo que le ayudó a hacerlo. Es gracias a ti que su condición por fin mejoró… y solo vendrán grandes cosas a partir de entonces. Has salvado la vida de Xadran, y darte un aventón a donde quieras es solo una pequeña muestra de nuestro agradecimiento. Tienes nuestra buena voluntad de aquí en adelante, Evelyne Zenith.
—Pero será mejor que nos adelantemos a detenerlo antes de que termine destruyendo toda la ciudad. Vamos. —La voz de Munnoa era la más grave que jamás había escuchado en mi vida, y me dio un escalofrío escucharlo. Era como si la misma tierra estuviera ronroneando para producir el sonido que era su voz. —No lo sabes ahora, pero nos costó a nosotros dos derribarte a ti cuando te transformaste la primera vez, Veothus…
—Bueno, es que siempre he sido el más fuerte…
—Ah, pero a Naïssen les costó a 3 de nuestros tíos derribarla y casi necesitamos uno más. —Lo interrumpió Munnoa, y antes de que pudiera decirle cualquier otra cosa Veothus, corrió por la calle y en una de las transformaciones más rápidas y fascinantes que había visto, cambió de su forma humana a tener alas, garras, cola y un cuello largo que se extendieron sin fin y se alzaron al vuelo.
Veothus lo siguió en su transformación, y en menos de un minuto, había tres dragones en el cielo luciendo todos sus hermosas y brillantes escamas como diamantes con luz propia que iluminaban el cielo nocturno.
—¿Qué van a…?
—A controlar a Xadran. —Me respondió Naïssen viéndolos partir, pero sus ojos bajaron rápidamente hacia el suelo y yo seguí su mirada al darme cuenta de lo que veía.
Mikhael saliendo de las ruinas del teatro, lleno de polvo y con algunos rasguños, pero intacto y buscándome todavía.
—Dioses, sigue rabioso. Y ni siquiera es mi culpa. —Me quejé invocando mis sombras, lista para defenderme, pero antes de poder hacer nada siquiera, Naïssen me tomó y la mano y comenzó a correr por la acera.
Capté de inmediato lo que estaba haciendo y el pánico comenzó a invadirme.
—¡Naïssen, espera, n-nunca he volado así…!
El grito que salió de mis labios debió ser un récord en el nivel de agudez. De la nada mis pies habían dejado de tocar la tierra y mi cuerpo estuvo entre dos enormes alas que solo iban creciendo en tamaño y envergadura. El aire me ensordecía mientras la distancia entre la ciudad y nosotras dos disminuía y aunque al inicio cerré los ojos por miedo a ver abajo ante la idea de no tener mínimo una pared de aluminio entre yo y el vacío de una caída, cuando el movimiento de las alas de Naïssen comenzó a ser tranquilo y constante, me atreví a ver mis alrededores con lentitud.
Abrí los ojos poco a poco. Sentía a la enorme dragona moverse debajo de mí, pero eran movimientos específicos, algunos minúsculos, la mayoría de las alas.
Pero la sensación de seguridad, de tener escamas a cada lado de mis pies y otras en mis manos para sostenerme… me hizo por fin levantar la mirada de ese blanco puro de Naïssen y ver a mis alrededores.
Por un momento la vista me dejó sin palabras.
Las estrellas brillaban hermosas arriba, y abajo las luces de la ciudad parecían otro cielo nocturno, que se alejaba poco a poco a nuestras espaldas y hacia abajo.
Estaba volando.
Y no en un avión como en mi viejo mundo… sino en un dragón.
En una hermosa dragona.
Y ahí fue que entendí por fin.
Sentí que todo estaba… en su lugar correcto.
Debía dejar de pensar en mi viejo mundo y solo pensar en ese, porque no había vuelta atrás. Yo pertenecía a ese mundo. Y ese mundo era mío.
Yo pertenecía a ese lugar. Tenía que creérmelo… y ahora, viéndolo todo así… de verdad podía creérmelo.
Y era fascinante.
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Updated 70 Episodes
Comments
Alex
Algo bueno dentro de todo lo podrido
2024-08-06
2
Irene Salas
Wow Autora me tienes en suspenso total, gracias 🥀
2024-05-10
1