—Debo admitir que, de no haberlo visto con mis propios ojos, no me habría creído los rumores. —Comenzó Mark con una sonrisa de satisfacción hacia sí mismo. —Una chica que llama la atención del joven príncipe. Hubo comentarios al respecto aquí en el centro cuando sucedió en el norte, pero no me esperaba que fuera verdad. O que fuera tan hermosa, milady.
El baile comenzó con esas palabras, y tras una marcada reverencia como lo indicaba la danza, el profesor de runas me atrajo hacia él con demasiada confianza.
—Me halaga, milord. No creí generar tal nivel de interés entre la gente en este reino…
—Oh, pero lo hace. Una belleza tan peculiar como usted no se encuentra en ningún lado. Pero no creo que sea poque usted es extranjera o algo así… —Con un escalofrío, aquel hombre recorrió mi espalda hasta el hombro y lo recorrió por todo mi brazo hasta la mano, donde me la tomó con firmeza y la acercó a sus labios, donde sonrió al pegarla contra su piel justo donde estaba mi anillo. —Sino porque usted se creó a sí misma.
Bueno, al menos no era solo un charlatán en cuanto a runas se trataban, pero eso no me hizo nada feliz.
—No sé a qué se refiere, milord. —Dije intentando fingir demencia, pero quitándole mi mano de su agarre. —Pero apreciaría que no abusara de la cercanía del baile para tocarme así.
—¿Oh? Pero no pareció tener problemas cuando era el príncipe haciéndolo. Según escuché, se puso muy… cariñosa con su joven Majestad cuando lo conoció.
—No hace falta mencionar que es por lo menos 20 años más joven que usted. —Aquello no pareció hacerle gracia, porque rápidamente cambió a una expresión enojada cuando mencioné aquello. —Y la química fue inmediata, a diferencia de alguien que solo llega a hacer declaraciones sin sentido ni fundamento. Me parece que se adelanta a las conclusiones con demasiada rapidez, milord.
Su rostro enojado cambió de nuevo con bastante rapidez, levantando una ceja con curiosidad sin dejar de verme.
—Jm. Me recuerda a alguien que conocí. Quizás, en efecto, me adelanto a los hechos y eso puede morderme la mano después, pero al menos aprendo de esos errores. —Sonrió como si hubiera descubierto algo, y seguramente lo había hecho. Me puse nerviosa de inmediato. —Espero que usted haga lo mismo, señorita. Y espero que sepa evaluar sus opciones con más cuidado de igual manera, antes de dar un paso en falso…
Antes siquiera de que se acabara la canción, Mikhael ya estaba ahí, arrebatándole la intención de seguir bailando conmigo a ese hombre y a cualquiera que pudo haber hecho una fila para conocerme.
—Me temo que quiero a mi pareja de baile de vuelta, profesor. No la tendré toda la noche, quiero disfrutar de su breve compañía.
Tardé un segundo en comprender lo que estaba ocurriendo, y cuando lo hice, no pude evitar soltar un minúsculo bufido.
—Lo siento, milord. Me parece que no tengo otra alternativa más que obedecer a Su Majestad. —Tomé la mano de Mikhael, quien me la regresó con un apretón un tanto cariñoso, pero como si fuera a escapar en algún momento.
—Entonces los dejaré a que disfruten su mutua compañía, pues la juventud se va en un parpadeo, aunque no lo parezca. —Nos dedicó una reverencia muy educada, alejándose hasta desaparecer entre la gente. Me dejó un mal presentimiento verlo irse, pero no lograba realmente darle en el clavo a la razón por qué.
Pero no pude pensar mucho en ello cuando Mikhael me alejó de la pista jalándome de la mano.
—¿Qué ocurre? —Le pregunté con curiosidad. Si no estaba malinterpretando nada de él, lo que había detectado antes habían sido celos. Aunque una parte de mí se alegraba, otra quería rechazarlo. Era un continuo ir y venir de sentimientos cuando se trataba de él.
—Descubrí algo…
Oh.
Era algo de la investigación.
Qué tonta.
Se me salió una risita de vergüenza sin querer, que por suerte no vio.
Me llevó hasta una de las salidas al jardín, donde la luna estaba alta en el cielo y la tranquilidad se respiraba en el aire a comparación del caos de ruido dentro del salón. La caricia de la luz lunar me revitalizaba, pero noté que mi corazón también comenzó a latir como loco. Selene parecía notar a quién tenía a un lado, y era molesto.
Me obligué a respirar profundo para calmar esa carrera de latidos, manteniendo la cabeza lo más fría posible.
—¿Aquí no nos escucharán? —Intenté hacer una conversación muy banal cuando nos detuvimos, y revisé a nuestros alrededores que en efecto no había nadie presente ni espiando. —¿Qué descubriste?
Luego es que me di cuenta de que Mikhael ni siquiera había volteado a verme. Tenía la cara oculta por su mano en una expresión de alguien que le molesta o se arrepiente de algo.
—¿Mikhael? —Le llamé ahora confundida. ¿Quizás había descubierto algo muy malo?
—Lo siento… —Soltó lentamente, pasando su mano por su cabello lo suficiente hasta despeinarse y dejar una agradable vista a los ojos de su rostro. —No debí interrumpirte, quizás estabas sacando buena información del profesor Luden…
—Eh… no realmente, de hecho, comenzaba a incomodarme su conversación. Parecía querer cambiarme de bando o algo así…
—¿Y qué le dijiste?
Su expresión se sumió en una de ansiedad bastante notable. Era un tema muy sensible para él por mil y un razones, pero solo le sonreí de medio lado y levanté una ceja casi en burla.
—¿Tú qué crees? —Se removió incómodo, y me di cuenta de que mi pequeño sarcasmo no ayudó a relajarlo. Suspiré, encogiéndome de hombros. —Le dije que lo sentía, pero no me gustaban los hombres 20 o 30 años más grandes que yo. Prefiero los chicos jóvenes e inocentes como tú.
Ahí pareció entender que estaba bromeando para relajarlo, lo que por fin lo hizo sonreír e incluso soltar un pequeño bufido de diversión.
—Vaya, ¿de verdad le dijiste eso? —Asentí con la cabeza, sonriendo un poco también. —Creo que le diste justo en su debilidad entonces. Mark Luden se lo conoce por su obsesión con parecer más joven de lo que es y mentir sobre su edad constantemente.
Eso me hizo abrir los ojos bastante, pero solo atiné a reírme. Entonces me preguntaba si habría mentido sobre su edad en la Academia para recibir más atención de las jóvenes estudiantes y nobles a las que daba clase y que tanto atendía.
—Vaya, entonces espero que no me haya ganado un enemigo jurado por accidente.
—Me aseguraré de protegerte si es así. —Me sonrió de medio lado, ofreciéndome sutilmente el brazo para volver a caminar escoltada por él. Sin pensar mucho, tomé su brazo como si fuera lo más natural del mundo, avanzando a paso lento por el jardín de flores donde hace unas cuantas semanas nos habíamos puesto de acuerdo sobre tantas cosas. Parecía ya un siglo atrás desde entonces, con tantas preparaciones que habíamos hecho.
—Entonces me quedaré en tus manos por esta noche, Su Majestad…
—Agh, sabes que en privado odio que me llamen así.
—¿Entonces debería llamarte Mik? —Le moví las cejitas, bastante enternecida por ese apodo que su padre le daba. —Sigue siendo bastante tierno que te digan así…
Negó con la cabeza, pero sonreía.
—Eso solo tienen derecho mis superiores o Thresh o Revan.
—Bueno, yo aplico en esa descripción. Estuve encima de ti. —Le moví las cejitas con diversión, lo que ganó en su cara un enrojecimiento que me hizo sonreír aún más. —Y creo recordar que de hecho te dejaste…
—Ah, no empieces, ¿quieres? No fue consentido…
Antes de poder seguir molestándolo al respecto, sus ojos brillaron dorados en un segundo y me abrazó quitándome del medio cuando una hoja voló en mi dirección con letalidad hacia donde estaría mi cuello. Con rapidez él respondió lanzando una bola de luz hacia el atacante, quien también alcanzó a esquivarlo con una destreza impresionante.
—¡Alto! ¡Deténgalo! —Los ojos de oro de Mikhael ardían igual que su cuerpo. De un segundo al otro había pasado de ser un chico relajado a un militar entrenado, protegiéndome con su cuerpo y gritando órdenes.
Sin embargo, su cercanía fue demasiada para mi cabeza.
Escalofríos me inundaron. Si él estaba caliente, yo estaba gélida. Sentí todo mi cuerpo temblar y reverberar ante su presencia. La respiración se me quedaba en la garganta y comenzó a latirme como salvaje el corazón.
No era justo. Para nada era justo que por mi sangre y por la suya no pudiera controlarme. Pero era una atracción irresistible, porque lo único que pude pensar era en el aroma tan intoxicante que tenía Mikhael y en que su corazón estaba tan acelerado como el mío, incluso si mi cabeza me gritaba que era porque acabábamos de recibir un intento de asesinato.
Pronto un rayo de luz verde pasó frente a nuestros ojos, y antes de que pudiera escaparse, el atacante fue capturado por la enorme fuerza de la velocidad y puesto bajo arresto en cosa de nada.
Mi cabeza totalmente mareada en el aroma de Mikhael tuvo que concentrarse bastante en ponerle atención a la escena que se estaba desarrollando frente a mis ojos.
—… ¿quién te mandó? —Estaba diciendo Mik sin soltarme un segundo, escudándome de todo. —¿Estás consciente que esto es una pena de muerte, especialmente por estar en el castillo? —Su voz era firme, autoritaria. Ahora sí que parecía una figura de poder impresionante.
Pero el asesino no dijo ni decía nada. Solo nos veía con ojos muertos… no, me veía. Era solo a mí la intención. Pero lo sentía totalmente hueco, vacío. Como si solo fuera una marioneta…
—¡Habla! —Insistió, pero sin respuesta alguna. —¿Conoces a este hombre, Yami?
—Su pregunta me descolocó por un segundo, pero cuando lo destaparon de la cara, mi cabeza pudo reaccionar mejor. Sin embargo, no conocía a ese hombre de nada.
—No… pero un momento, ¿intentó… darme a mí? —Mikhael elevó una ceja por mi confusión, pero asintió con la cabeza confirmando aquello.
¿Por qué querría matarme a mí?
—Sea como sea, enciérrenlo y no hagan tanto ruido por esto. Lo descubriremos después. Ahora no podemos darnos el lujo de…
Cuando levantaron al asesino, éste no tardó ni un segundo en vomitar sangre a nuestros pies, haciéndome alejar con sorpresa del disparo rojo dirigido casi a mis pies. Mi cuerpo se tensó a la vista de ello, y Mikhael por suerte pareció darse cuenta a tiempo.
Mientras el tipo prácticamente ya se moría enfrente de nosotros, Mikhael comenzó a alejarme de la escena con rapidez.
—Se mordió la lengua. Al parecer el tipo sabía que si lo atrapaban no tendría otra escapatoria mas que la muerte…
—Solo sáquenlo de aquí. Y limpien la sangre. No mencionen esto a nadie y vigílenla… a la Reina. Esto suele ser hecho por esa maldita vieja. Vigilen el perímetro por si hay algún otro tonto suicida.
Me alejó de la sangre con rapidez mientras yo me tapaba la boca, donde mis colmillos comenzaban a crecer ansiosos de comer. No habría pensado que en esa vida, para mantener viva a Yami, tendría que beber sangre. Era un misterio sin resolver aún, pero ambas habíamos acordado la idea de que es porque algo había sucedido en el transcurso del renacimiento.
Cuando estuvimos lejos de la sangre, a pesar de que seguía oliéndola como un pesado perfume bajo mi nariz, el aire helado de la noche ayudó a calmar mis ansias y a concentrarme mejor en la luna, o en…
—¿Estás bien? —Mikhael me hizo sentar en una banca de piedra, agachándose frente a mí con rostro preocupado. Un escalofrío me recorrió entera.
—¿No había quedado claro que no quería nada romántico? —Intenté rechazarlo incluso antes de que empezara a planteárselo, quitándole mis manos que justo acababa de agarrar.
Suspiró con diversión, pero se sentó a mi lado con una postura relajada.
—Claro, lo dejaste claro desapareciendo de la faz de la tierra tras la Cacería, pero luego me diste señales mixtas cuando reapareciste en la subasta e intentaste comerme… literal y figuradamente.
Tosí como si algo se me hubiera atorado en la garganta, recordando el momento cuando había estado encima de Mikhael en ese diminuto cuarto de la subasta.
Ahora no era la mejor imagen para tener en la cabeza, considerando que en esa ocasión había estado a nada de beber de él.
Él solo se rio de mí, pero ahora entendía que solo había intentado distraerme.
—Bueno… supongo que debería disculparme entonces.
Volvió a reírse, reacomodándose en el asiento.
—Acepto la disculpa, aunque debo admitir que… no fue mucha molestia. Creo que me dejé llevar también…
Bueno, eso podía ser un poco bochornoso, pero en mi interior, Yami y Selene parecieron volar en mariposas. Me recorrió un escalofrío de nuevo, pero me obligué a ser paciente. O, mejor dicho, a disfrutar del paseo.
—Si estás intentando distraerme de la sangre, está funcionando. Pero mal. —Admití inhalando profundamente, soltando el aire con la mayor paciencia posible. —¿O es que quieres repetir los hechos?
La luna en mí no podía evitar coquetearle al sol en él. Era un magnetismo casi imposible de evitar.
Y era por ambos lados, lo que hacía todo demasiado fácil para dejarse llevar.
—Quizás. No lo negaré… —Admitió él por su parte, sonriéndome sin vergüenza alguna. —Pero…
Eso fue como darme contra una pared, pero también fue un alivio el que lo hubiera hecho. Parecía ser un auto sin frenos a ese punto.
—¿Pero…?
Mikhael pareció dudar en esos momentos, pero solo se removió un poco antes de hablar.
—Sé que comenzamos de forma… peculiar… pero quiero que sepas que… —Volvió a removerse, y comencé a ponerme nerviosa al darme cuenta de qué es lo que estaba sucediendo. —No quiero dejar las cosas solo como algo pasajero.
No. No podía estar pasando esto. Lo complicaría todo.
La Evelyne en mí entonces comenzó a apanicarse, comenzando a rechazar todo eso.
No lo quería. No lo necesitaba. No sabía qué es lo que estaba sucediendo.
—Mik, yo no…
—No, lo sé… pero necesito sacarlo y que sepas toda la verdad.
—Mikhael…
—Yami. —Por primera vez, mi nombre parecía realmente falso en sus labios, y me hizo sentir terriblemente culpable de estar mintiéndole. —Desde que te conozco has sido todo un suceso de eventos que me han dejado sin aliento, me han ayudado y has estado siempre en mis pensamientos desde entonces. —Me tomó de las manos una vez más, pero esta vez no las quité de las suyas. La emoción a la par de la culpa me carcomía desde dentro. —Yami Morozova. Cuando te fuiste con Luden por un momento pensé que podría quemarlo todo. Y ahora cuando casi te atraviesan el corazón, a mi casi se me detiene el mío. No sé qué hechizo has puesto en mí, pero he caído completamente y no puedo seguir sin hablarte de mí sentir. No quiero que te vayas de mi vida. Eres un viento fresco en este mundo de palabras podridas. Hablas lo que piensas, haces lo que quieres, no te guardas nada. De verdad me fascina lo que eres y aunque sospecho que es más probable que me rechaces, quiero que lo sepas. Y no necesito una respuesta ahora… pero sí que lo pienses… en si te gustaría quedarte conmigo. Te ayudaré con tus problemas, no tendrás que estar atada nunca más.
Me quedé congelada por unos instantes. No podía apartar la vista de sus ojos que solo hablaban de sinceridad, y tampoco podía responder a su declaración de amor que parecía estar dirigida a la persona incorrecta. Incluso si la mitad de mí quería aceptar y volver a hundirse en ese ciclo de toxicidad entre el sol y la luna…
—No puedo. —Terminé diciendo a pesar de que todo mi cuerpo vibraba con decir que sí. Sentía que estaba en una ilusión. Nada de estar con Mikhael parecía real, sino algo… preparado. Así como la abeja está predeterminada a ir a la flor más melosa para crear miel. Un final preparado. —Lo siento. No puedo. Lo lamento mucho, Mik…
Me levanté como si algo se hubiera apoderado de mí. No podía pasar ni un solo momento más ahí.
Mikhael entonces pareció reaccionar y sorprendido se levantó conmigo, pero yo me separé de él como si tuviera una enfermedad contagiosa. No quería que me tocara, ni que estuviera cerca de mí.
—Yami…
—No… no digas mi nombre. No me busques. No pienses en mí. —Aunque mi voz era firme, mis ojos delataban todo el miedo que me recorría como un frío gélido hasta mis huesos. Se sentía como si algo se estuviera rompiendo en mi pecho.
Y sin ver atrás, salí corriendo de ahí, desapareciendo entre las sombras cuando sus ojos no pudieron verme más. No podía estar ahí ni un segundo más sin sentir que se me iba el aliento.
Lo siento, Mikhael… pero hasta no poder estar segura de que me atraes por ser tú, y no una tonta leyenda… no puedo corresponderte.
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Updated 70 Episodes
Comments
Yulis Puello guzman
a mi parecer es principito de quita es más manipulable ,que feo tan fácil de engañar
2024-10-31
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Irene Salas
Tiene razón debe aclarar su mente y sentimientos para no sucumbir a la tragedia que representa su amor si se puede decir
2024-05-08
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