El resto de los sucesos ocurrieron en un abrir y cerrar de ojos.
Un grupo de doctores corrieron a auxiliar al cuerpo inerte del león. Lo taparon de la vista de todos y también oscurecieron el domo de la arena, lo que nos dejó a oscuras. Lo sacaron de ahí con una camilla y el presentador avanzó hacia mí con rostro serio.
Parecía que me iba a llevar un buen castigo por todo eso, incluso si había sido accidental.
Pero para bien o para mal, lo último que alcancé a ver de los rostros de Ceres, Manson y Sorent… fueron sonrisas de pura satisfacción. Parecía ser que mi objetivo estaba completo ahora, pero no de la manera que a mí me habría gustado hacerlo.
Me sacó del brazo mientras ayudaban a los otros dos estudiantes, arrastrándome hasta los pasillos del coliseo con todos los demás concursantes viéndome en el trayecto, susurrando cosas de mí, de lo que acababa de suceder y sin apartarme los ojos de encima.
Llegamos a la oficina interna del coliseo, donde me empujaron sin decirme nada más que un:
—No te muevas de aquí. —Y con eso dio un portazo, dejándome encerrada, mojada y un poco aturdida dentro.
Un movimiento llamó mi atención, pero solo era mi reflejo en un pequeño espejo en la pared.
Hansha.
Era verdad. No era Yami, no era Evelyne. Era Hansha.
Podía simplemente quitarme el anillo y desaparecer de ahí cuando todo se pusiera demasiado abrumador. Que un estudiante matara a otro era bastante grave, pero si dicho estudiante no existía… bueno, nadie podría inculparme después.
Las puertas se abrieron de golpe sacándome un susto, pero el que entró no era el entrenador, sino Revan.
Cerró la puerta tras asegurarse que nadie lo había visto y luego me dedicó la mirada más enojada posible. Pero como una tonta, recordé las palabras de Sima. “Es toda una diva”.
—¿¡Te has vuelto loco!? —Comenzó con obviedad cuando la puerta estuvo bien cerrada. —¿¡Esta era tu idea de llamar la atención!? ¿¡Tan desesperado estás para cumplir tu misión que tienes que recurrir a matar a alguien!?
Parpadeé un poco ante su explosión, aún algo aturdido.
—¿Lo maté? —Todavía tenía la esperanza de que solo le hubiera reventado un ojo, no voy a mentir.
—¡El cuchillo le atravesaba la cara! ¡Si no se muere es un milagro! —Me espetó con tono incrédulo, pasando su mano por su cabello perfectamente peinado.
—No era lo que tenía planeado. —Admití aún un poco perdida, parpadeando torpemente por una gota de agua que me cayó al ojo. Yo también me pasé la mano por el cabello humedecido, notando entonces que me temblaba la mano. Me la quedé viendo un momento, pero la apreté en un puño.
—Vas a tener que darme muy buenas explicaciones para que te crea eso, Lapis. —Revan estaba hecho una furia, pero no podía culparlo. Si me ponía de su lado, yo tampoco me creería a mí misma que no había sido a propósito considerando cuál era mi objetivo y qué tipo de fama necesitaba para eso.
—La única que tengo es que quería desviar la bola de fuego. Pero no apunté bien cuando lancé el cuchillo. —Levanté la mirada de mi mano a Revan, pero no parecía creerse nada de lo que decía.
—No me importa por qué ni para qué lo hiciste, pero enfrentarás las consecuencias de esto, Lapis. Lo juro y no esperes nada más que un castigo por haber involucrado a un inocente.
—¡Escucha que no ha sido a propósito! —Grité de repente más alterada que antes, pero todo eso se interrumpió cuando alguien más abrió la puerta y Revan se desapareció del aire de una.
Los que entraron fueron ahora sí el entrenador, el presentador y a mi sorpresa, Xadran. Al estar tan cerca, por fin pude notar su ansiedad y agitación. Estaba realmente preocupado por mí, pero yo solo me puse más nerviosa por su presencia.
—¿Qué hace él aquí? —Pregunté con un pelín más de agresividad de lo que pensaba. Pero si Revan estaba por ahí aún, no podía decirle de ninguna manera que no dijera nada que me delatara… lo que sería demasiado difícil.
Xadran de inmediato alzó una ceja, ofendido y extrañado de mi pregunta.
Pero luego entró Veothus, y comencé a ponerme realmente nerviosa. El pelirrojo no lucía nada contento, además de que no sabía quién era yo realmente y muchas cosas podían salir mal en esos momentos.
—Lord Veothus es el encargado de supervisar los asuntos del Coliseo, señor Lapis, así que le sugiero que mantenga un nivel de respeto a como se corresponde. —El presentador ya había perdido todo su carisma de la arena y me veía con seriedad. —Ahora mismo, como usted comprenderá, tenemos que decidir qué hacer con usted al respecto del señor Valuar. —Hasta ese momento, ni siquiera sabía el nombre del chico león. Eso añadió más sazón a la culpa que sentía. —Dígame, señor Lapis, ¿qué fue lo que sucedió en esa caverna? Necesitamos escuchar su versión de los hechos.
Paseé los ojos de un adulto al otro, finalizando en Xadran que solo me asintió con la cabeza para animarme a hablar.
—No fue a propósito. —Comencé con un leve escalofrío en mi espalda. No sé si era por todas las miradas que recibía, el frío de la ropa húmeda que tenía, o que Revan parecía estar caminando por la sala y viéndome fijamente. —Solo lo hice por defenderme a mí mismo de esa bola de fuego.
—El señor Agnor se lo conoce por controlar muy bien sus bolas de fuego, tanto en intensidad como en tamaño. No te habría matado ni herido de gravedad. —El entrenador parecía furioso, más que los otros dos. —Además de que el agua que usted liberó del techo la habría extinguido. ¿Por qué tiró el cuchillo?
Enarqué una ceja.
—¿Y cómo iba yo a saber todo eso? —Me defendí sin pensar, incluso si quizás esa forma tal vez no sería la mejor. —El tipo derretía todos mis ataques, actué en instinto y ese mismo me dijo que si no desviaba aquella onda de calor, ni siquiera el agua me salvaría. ¿No cree que a mí también me pudo haber derretido como mis cuchillas?
—No estás hecho del mismo material que tus armas, Lapis. —Me señaló con un dedo acusador. —¿Lanzaste el cuchillo directamente a su cara y no se te ocurrió pensar en que eso podría tener serias repercusiones?
—No estaba exactamente apuntando desde mi pánico, profesor. —Respondí con los dientes apretados. —No lo he hecho a propósito. ¿Qué ganaría de matar a otro alumno en una competencia donde me descalificarían por ello?
Todos parecieron irritados por ello. De verdad que no tenían respuestas para mí, pero a mí me irritaba más que siquiera pensaran la posibilidad de que lo hubiera hecho realmente…
—Hasta que no aclaremos todo el asunto, te quedarás bajo vigilancia. —Declaró Veothus finalmente, pero yo no podía permitirme eso.
—¿Qué? ¡Eso es lo mismo que admitir que lo he hecho a propósito!
—Pero lo has hecho, con intención o no. Y no saldrás impune por ello. Hasta que decida un castigo, te quedarás bajo arresto y usarás unos grilletes para la anulación de maná…
—¿¡Qué!?
Eso iba de mal en peor. Veothus podía ser bastante intimidante cuando no estaba en su gracia.
—¡Silencio! Si no quieres añadir nada más a tu castigo, te quedarás callado hasta que no lo recibas en su plenitud. Xadran, ve por las cadenas.
Xadran vio a su hermano, luego a mí y la duda se vio a plena luz del día en su cara.
—Veothus, no creo que sean necesarias…
Su hermano volteó a verlo sin creérsela, algo que nunca había visto en su persona. ¿Dónde había quedado su personalidad tan festiva y sencilla?
Solo sus ojos que cambiaron a aquellos de reptil sirvieron de advertencia para él, que solo soltó aire y se fue de la habitación por aquello a lo que le habían ordenado.
Tras lo que pareció una eternidad, Xadran regresó con las cadenas en manos, pasando la mirada entre ellas y yo con notable ansiedad. Una emoción que se me pegó con facilidad ya que yo apenas y podía mantenerla a raya.
Me toqueteé el anillo con los dedos, preguntándome si las cadenas también anularían su magia y terminaría expuesta ante todas esas personas. Los nervios incrementaron a niveles preocupantes para mí, haciéndome temblar solo de verlas.
—¿Es realmente necesario? —Pregunté ahora con un nudo en la garganta, observando a Veothus con una súplica en los ojos.
Él no cedió, sin responder a mi pregunta.
—Manos. —Xadran ya estaba frente a mí, con los grilletes abiertos para ponérmelos.
Con la respiración errática, vi a los ojos a mi mejor amigo… y de repente sentí una oleada de tranquilidad venir de su parte.
Todo saldrá bien. Nada te ocurrirá. Parecía decirme.
Con el miedo en la boca, solo puse las manos frente a él, y los grilletes se cerraron alrededor de mis muñecas con un ruidoso click…
No pasó nada. No sentí ninguna diferencia.
—Llévalo a las jaulas. Vayamos a la enfermería. —Le dijo el pelirrojo a los otros dos, llevándolos de regreso a la puerta primero.
Avanzamos tras ellos, Xadran cargando la línea de las cadenas delante de mí para ir tras él.
Ya que la enfermería estaba en la dirección opuesta a las jaulas, cuando nos separamos Xadran se detuvo frente a mí revisando mi espalda con un vistazo.
—Ya se han ido. —Dijo suspirando, con una oleada de alivio que también me invadió, haciéndome suspirar.
—Dioses. Tomaste unas cadenas que no sirven, ¿verdad? De verdad me asustaste. —Me apoyé de la pared llevando mis manos a mi cara, restregándomela con nerviosismo. —No pensaba que vendrían…
—Lamento lo de Veothus. Él no sabe, no le he dicho…
De inmediato le tapé la boca con mi mano, recordando de golpe que quizás no estábamos solos aún. Revan podía estar vigilando desde algún lugar.
—Y no necesita saberlo, pero tampoco lo digas en voz alta. —Volteé a ver a nuestros alrededores, pero de verdad que no lograba verlo. —¿Revan, sigues aquí?
Xadran me vio extrañado y con una ceja levantada, pero también observó conmigo los alrededores.
No hubo respuesta.
—¿Revan?
Repetí una vez más, un poco más alto, pero obtuve el mismo resultado.
Eso me hizo suspirar por fin de doble alivio, soltando los labios de Xadran y tirándome al suelo cansada de todo.
—¿Revan? ¿De qué hablas? —Xadran parecía más confundido ahora.
—El enviado de Mikhael. —Le expliqué en voz baja, pero noté de inmediato que su cuerpo se tensó y sus emociones saltaron un pico. —Se supone que me iba a ayudar a llamar la atención en la arena, pero no esperaba que yo lo hiciese de esta manera. Dioses, pobre chico… no pensé que le daría en el ojo…
—No está muerto, sabes. —Me soltó de repente Xadran, viéndome atentamente con una ceja levantada. —El cuchillo pasó por su ojo, es verdad, pero no llegó a su cerebro. Solo que está bastante grave y no saben si podrá recobrar su ojo…
Me levanté y sin pensarlo lo empujé con enojo.
—¿¡Está vivo!? ¿¡Y qué demonios fue todo ese espectáculo de castigo!?
—¡Ey! ¡Yo no hice nada, fue mi hermano el de la idea! —Se defendió con justa razón, y yo solo suspiré liberando todo el estrés que no sabía que estaba acumulando en mi interior. —Él dijo que te iba a castigar aún si no lo habías hecho con intención, pero sí habías sido tú, a fin de cuentas, es todo…
Y vaya castigo había sido aquel para mí.
Cerré los ojos y me recargué en el hombro de Xadran, con el cansancio por fin pegándome en el cuerpo. Tanto el mental como el físico por todo lo que había hecho en la arena.
Sentí la risa de Xadran en la cabeza, junto con una pequeña palmadita a mi cabeza de su parte.
—Ustedes dragones me caen mal. —Murmuré sin siquiera levantarme. —Van a terminar por explotarme el corazón un día…
—¿Y yo qué hice?
—¿Acaso tengo que recordarte cómo me odiabas en un inicio por nada? —Por fin me levanté de su hombro, viéndolo a los ojos con cansancio. Él bufó viéndome de regreso.
—Cierto, cuando creía que eras una esnob y presumida…
—Pero si hola, señor clasista…
Ambos nos terminamos riendo uno del otro, lo que me ayudó toneladas. Pero nos quedamos viendo uno al otro demasiado tiempo… lo que se volvió de repente incómodo y no dudaría en que ambos nos sonrojamos al mismo tiempo.
Al menos Xadran tuvo la decencia de cambiar de tema.
—¿Qué harás con tu misión?
Buena pregunta. Ahora no podía salir libremente a los pasillos de la Academia como Hansha. Y no sabía cuánto iba a durar ese dichoso castigo. Pero de cualquier manera había llamado la atención de esos tres problemáticos en la pelea…
¡Ah!
—Por ahora nada. —Dije con una extraña certeza en mente. —Si esos tres hacen honor a su reputación, ellos harán todo por mí.
Xadran levantó una ceja, y seguido de ello entendió.
—¿Crees que ellos te sacarán? Pero mi hermano es muy quisquilloso con sus cosas. Su seguridad será demasiada…
—Ahí es donde entras tú. —Le sonreí de la manera más inocente posible, encogiéndome de hombros. —Quizás puedas ayudarles a esa banda de brutos lo suficiente para que puedan entrar y sacarme…
—Pero ¿qué te asegura que de verdad vendrán por ti?
Suspiré encogiéndome de hombros.
—Tal vez no conozco demasiado a Manson o a Sorent… pero sí conozco a mi hermano. Ceres tiene esta impulsividad de la que es incapaz de resistirse a hacer cosas malas.
Xadran se me quedó viendo con algo de duda, viendo a la jaula un poco más allá y luego a mí de nuevo.
—¿Y qué harás con… ya sabes, el asunto del anillo?
Eso también me preocupaba. No podía durar demasiado tiempo transformada. La última vez que duré un día completo en mi forma masculina, el cambio en reversa fue demasiado doloroso y lento.
—Supongo que por ahora tendré que confiar en que nadie entre. —Me quite entonces la máscara, pasando ese doloroso hormigueo del cambio en menos de 5 segundos. Xadran se me quedó viendo con los ojos muy abiertos. —Descansaré lo que pueda y si escucho a alguien venir, bum, Hansha otra vez.
El pequeño dragón se me quedó viendo con atención, negando con la cabeza en medio de un suspiro.
—Espero que sepas lo que hagas, Evelyne.
—Yo también. Pero, de todas maneras, si notas que esos tres no vendrán para nada, solo avísame. Mandaré a Apus contigo. Y entonces sí encontraré una manera de escapar.
Con otro largo suspiro, Xadran solo aceptó mis decisiones y dio media vuelta. Me encerró en el que sería mi habitación por la noche, donde había un camastro, un baño y un lavabo. Un hotel 5 estrellas sin duda.
—No te veré después de esto… así que te deseo suerte, Eve.
Volteé a ver a Xadran una última vez, sonriéndole para calmarlo. Calmarnos.
—Nos vemos en la obra de Teatro, mi joven príncipe.
Bufó divertido por el apodo.
—Hasta entonces, mi querida princesa.
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Comments
Irene Salas
Por lo visto sale de una mala pasada a otra peor y todo por salvar su vida, qué complicado 🤯🤯🤯
2024-05-08
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