CAPÍTULO 18

Suspiró con pesadez, mientras recapacitaba sobre las palabras que Tomás le estaba diciendo. Si bien ese lugar baboso era mucho más cómodo que estar en el mundo real, de verdad le dolía dejar a sus hijos tan pequeños; sin embargo, para una inútil y horrenda mujer como ella, de paso incompleta al no tener sus senos, ¿De verdad podía aspirar a tener tan siquiera una vida al lado de los gemelos que ella dio a luz? Al final de cuentas, se burlarían de ellos y los menospreciarían por tener a una madre tan débil y fea como ella, tal vez era mejor no estorbarles.

"Me hubiera gustado tener un amor desde joven, enamorarme de verdad, amar y ser correspondida, tener citas o pícnics románticas, casarme en una ceremonia bonita, tener a mis hijos en una cabaña en medio de un valle lleno de flores...sentir como sería cuando ellos tomaran leche de mí por primera vez... solo quería tener una vida tranquila..."

Pensó en todas sus lamentaciones, mientras sentía que varias lágrimas salía de sus ojos. No sabía porque, pero su cuerpo se sentía muy extraño, como si no lo sintiera suyo en realidad, pero aquello era lo que hacía que ese lugar se sintiera cómodo, como si la carga de su maldito cuerpo original se desvaneciera al estar dentro de ese capullo.

—¡Yo te daré todo eso! ¡Joder, Anika!—gritó traspasando más las capas de aquel extraño bulto que envolvía el cuerpo de la chica—¡Te construiré una maldita casa y tendrás tantos hijos que me pedirás que pare! ¡Te llevaré a citas y te daré jodidos picnics! Así que no te atrevas a dejar a los gemelos con un desgraciado amargado como yo.

Estaba desesperado, no solo la iglesia se estaba derrumbando, sino también el pueblo y de grietas en el aire, se empezaba a filtrar el miasma maligno; sin embargo, el fuego de su interior estaba luchando para que no los alcanzara, hasta poder sacarla de allí. Aunque no lo había pensado, era la primera vez que se ofendía así mismo, algo que para su orgullo de guerrero no era aceptable ni siquiera por parte de sus enemigos.

La mujer, que podía sentir como Tomás estaba por sacarla, estaba muy sorprendida, no entendía como él podía haber leído sus pensamientos, si nunca dijo en voz alta sus deseos más profundos; sin embargo, la fuerte y cálida mano del padre de sus hijos logró finalmente sacarla de donde estaba. Dejando a ambos sorprendidos, ya que no esperaban lo que vieron a continuación.

—¿Anika?—preguntó estupefacto por lo que estaba viendo.

Mientras tanto, Cedric seguía haciendo RCP a Félix, quién seguía sin responder. Poco a poco el alma y el corazón de Cedric comenzaron a sufrir más y más, estaba preparado de luchar hasta el final; no obstante, nunca se hizo a la idea de tener que perder a Félix.

—¿Félix?—preguntó al ver que su primo abrió los ojos.

Enseguida, pudo notar un brillo rojo surgir de los ojos que antes eran claros y ahora eran negros como la noche. Una contracción de sus pulmones fue suficiente para que sacara, de manera tardia, el miasma de sus pulmones.

—¡Gracias a Dios!—dijo Cedric.

Contento de verlo con vida, lo volteó para que siguiera expulsando miasma de su interior.

—¿Félix?—preguntó sosteniendole la cabeza.

—Tengo sed...—fue lo único que dijo antes de abalanzarse encima de Cedric.

El impacto, así como inesperado, fue muy pero muy rápido. Tanto que de un segundo a otro, Félix quedó encima de Cedric mientras mordía su cuello y succionaba su sangre.

—Así que ya recordaste—comentó acariciando el cabello de Félix—para, de lo contrario me terminarás marcando.

Ante la petición de su primo, Félix solo lo mordió con mayor fuerza. Después de salir de ese lugar, aparte de querer vomitar todo el miasma que tragó, también tenía mucha sed; sin embargo, en vez de provocarle el agua, lo hacía la sangre que extrañamente pudo ver recorrer a través de las venas de Cedric.

—Entonces no me culpes si exijo que te responsabilice por marcarme—dijo abrazándolo mientras seguía sintiendo como Félix bebía de su sangre—serás mío para siempre...

La situación no era distinta para Anika y Tomás, siendo que la madre de los gemelos, apenas salió del saco, terminó expulsando un poco de miasma en sus pulmones; no obstante, lo más extraño era realmente ella.

—¿Anika?—preguntó sorprendido Tomás.

Aquella no era la mujer que dio a luz a sus hijos, la mujer que terminó por rescatar del calabozo. Aquella era una mujer distinta, de cabello negro, ojos negros y piel blanca como la leche. Así mismo, era pequeña para alguien que como el, medía casi dos metros.

—Tengo sed...—dijo Anika abalazandose contra el.

Su delantera, antes inexistente, ahora habían dos grandes armas que rebotaron contra la delantera de Tomás, sintiendo los como dos sandías encima de él.

—¿Esto es una broma?—preguntó estupefacto sin entender nada.

Primero, el mundo en el que estaban, estaba por derrumbarse, lo único que los protegía era un campo de fuerza que se creó de su cristal mágico. Segundo, y por último, tener a una mujer que antes era Anika, desnuda, encima de él, bebiendo de su sangre y como cada segundo succionaba con más fuerza.

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Comments

Paola Martiz

Paola Martiz

😳👏👏👏 emocionante

2024-04-20

1

Paola Martiz

Paola Martiz

auww gruñón tierno 🥰🥰

2024-04-20

0

Cruz Mejia

Cruz Mejia

jajajaja espero que así como es la delantera también sea la retaguardia 🧚

2024-01-18

5

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