Lord Arthur frunció el ceño, intentando mantener su temple tan característico de hierro, mientras observaba a sus dos pequeños nietos. No solo tuvieron que sentir como su madre estaba en pésimas condiciones, sino que apenas llegaron al mundo tenían ya los días contados.
Volvió a acercarse a su cuna, triste por aquella realidad. Si él tuviera relaciones con el gobernador del valle de la Eterna primavera, donde el clima era más humano, tal vez pudiera llevarlos. Pero la guerra le impedía aquello y enviarlos sería literal a condenarlos a ser prisioneros políticos. Solo los dioses podían saber las crueldades que aquello implicaba.
—Hable con la torre mágica—ordenó el gran maestro del clan—no importa cuanto dinero tome, que manden sus mejores hombres. Necesito que esta habitación sea capaz de aguantar la helada...
—Entiendo, mi lord—respondió el mago—mi señor, hay otro problema.
—¿Ahora qué?—preguntó empezando a estresarse.
Debido a que se trataba sobre la madre de sus nietos, fue la líder de las partera quien tomó la vocería. La mujer anciana, quien no había descansado nada desde que fue reclutada para tal misión, se acercó aguantando las lágrimas para intentar hablar con seguridad ante su señor.
—La señora presenta quemaduras en ambos bustos, estos quedaron tan destruidos que lo más probable es que haya que quitárselos para evitar que la infección se extienda aun más...—respondió con un nudo—como sabe, debido a la sangre del clan, los bebés solo pueden recibir leche directamente de su madre. Leche de una nodriza puede matarlos, ¿Es posible que podamos pedirle la ayuda a lady Serah?
El gran maestro asintió, su hermana, quien recientemente había dado luz a dos gemelas mujeres, era la única con su sangre cuya leche pudiera ayudar a sus nietos. Por lo que pidió a su segundo hijo llamarla directamente de su residencia, en lo que él arreglaba los arreglos médicos para que pudieran ayudar a la mujer.
"Nunca pensé que mi hijo, más frío que el propio hielo, fuera capaz de dar la mitad de su cristal mágico"
El hombre de mediana edad suspiró al ver a la mujer, aun con vida, postrada en la cama. Si bien el cristal era capaz de mantenerla con vida, al no dominarlo no podría usarlo. Lo único que podían hacer para darle una mejor calidad de vida era curar sus heridas, sobre todo en el área de los bustos donde veía que ambos estaban negros. Era un milagro que la infección aun no hubiera tomado dominio de su corazón.
—No sé cuál sea tu nombre, pero espero que me lo digas tú misma—dijo acariciando la cabeza calva de la mujer—te aseguro que tendrás un puesto en este hogar, al igual que mis nietos, así que si me estás escuchando...lucha por ellos.
Negó con la cabeza antes de irse, al ver como los magos y sus asistentes se encontraban preparándose para extirparles los senos a la pobre mujer. No podía creer que hubiera un monstruo en el mundo capaz de hacerle tanto, inclusive él, que no tenía piedad con los criminales, no llegaría al punto de torturarlos de esa manera. Por el bien de sus nietos, al menos esperaba que su madre sobreviviera.
Luego de suspirar y acomodarse el grueso abrigo que tenía, caminó unos cuantos pasos a la habitación de su hijo, donde lo encontró sentado en el balcón. Su hijo, si bien era un maestro en el dominio del frío, no tenía los límites en cuanto a este, podía soportar estar sin camisa en el invierno más crudo que él aguantaría sin problemas. Por lo que, suponiendo
Mientras tanto, en el mundo de los sueños, o más bien de las pesadillas, el alma recién "salvada" de la joven madre estaba siendo torturada por la muerte. El dios de la muerte, al sentirse frustrado porque se le fue arrebatada un alma, decidió torturar de manera constante, hasta que volviera a despertar, con pesadillas que recordaban su pasado.
Entre aquellas pesadillas oscuras, el revivir aquel recuerdo donde su madre la golpeó cuando le dijo a su abuelo todo lo ocurrido fue devastador para su ya destruido corazón. El día siguiente a que su padrastro quisiera abusar de ella, luego de que su abuelo le pidiera contarle todo, su madre salió de la habitación y luego de cerrar con llave esta para que su padre no atacara a su abuelo, arrebató de los brazos del anciano a su hija y se la llevó a su habitación.
—¡Sapa imbécil!—gritó aventándola contra el borde de la cama, lastimando su espalda—¡Él me lo contó todo! Me dijo que fue tu culpa, que lo sedujiste y él te confundió conmigo ¿Acaso tanto celos tienes de mí como para intentar robarte el esposo de tu madre?
La niña de doce años, asustada por su madre, lo único que pudo hacer fue agachar la cabeza. En ese momento no lo supo, pero se avecinaban muchas más golpizas de su celosa progenitora, la cual la culpaba de todas sus desgracias, incluyendo del daño emocional que le hizo al intentar robarse a su marido, al único que había velado por ellos.
Una vez que la mujer terminó con su hija, pudo abrir la puerta, empujando a su padre antes de salir de ella. El anciano quedó horrorizado al ver lo que había pasado, su hija, aquella demonio en vida, tenía ahorcando a su nieta con una sábana colgada en el techo. Mientras su pies se tambaleaban, intentando sostenerse de una silla, de modo que la acción de la caída no le arrebatara la vida.
—Bebé—dijo el anciano de noventa años intentando bajarla—abuelo está acá, abuelo está acá, abuelo te bajará.
Una vez que pudo soltar a su nieta, se dio cuenta de que su madre le había reventado los labios, y dejado un ojo rojo que pronto se volvería morado. El anciano casi senil, sintió un poco de fuerza para abrazar a su nieta y llevarla al baño para limpiarla un poco. Decidió en ese momento que, si la muerte se lo iba a llevar pronto, haría que su joven nieta se casara con un buen hombre que la protegiera.
—Abuelo—dijo la niña—deme un nuevo nombre...no quiero seguir llamándome como mamá.
El anciano, destrozado al ver como su nieta lo miraba con los ojos sin vida y lúgubres, asintió. Fue en ese momento que él había decidido darle el nombre de su fallecida esposa, su abuela, pero cuando iba a pronunciar el nombre, el recuerdo se quedó en silencio. Privándola de recordar tan siquiera el nombre que su abuelo le había dado antes de morir.
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Comments
Lucia Rosalba Garcia Mercado
pobrecita niña como puede aver madres así pero como que le van acortar los pechos así no va aber hombre que la quiera peor en esa época
2024-04-30
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SandraPRN
teniendo un abuelo tan sensible, como es que tiene una madre tan cruel 😡 Son padres e hija? Algo paso durante la educación de esa mujer 🤔
2024-02-12
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Atenea
Pobre niña, espero que esa maldita reciba un castigo lento y doloroso que no tengan piedad
2024-01-25
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