CAPÍTULO 9

CONTENIDO SENSIBLE

El interrogatorio con la sirvienta no obtuvo resultados, por lo que fue enviada a la cámara de tortura, en los calabozos, a los cuales no había llegado el calor que emanó Tomás. Por lo que sabía la mujer que si sobrevivía a la tortura, sin ropa, moriría por el frío infernal allá abajo.

—Hijo mío, quiero que te vea el mago principal de la torre—ordenó su padre.

—No es necesario, padre, no voy a morir—quiso negarse.

—Lo es para mí, Tomás. Eres mi sucesor, ahora padre de dos gemelos y uno de mis nietos será tu sucesor a futuro. Así que no seas terco y déjate ver—explicó un tanto cansado Arthur.

Luego de suplicarle durante unos minutos más, Tomás no tuvo de otra más que seguir a su padre y a su hermano al despacho principal, donde se encontraba esperándolo el anciano líder de la torre mágica. Luego de evaluar el torrente mágico en la sangre del heredero, así como la mitad de su cristal mágico, confirmó que en efecto la naturaleza de este había cambiado.

—Entiendo que ahora mi hijo pueda manejar el fuego, ¿Pero por qué sigue habiendo tanto calor en el terreno del templo?—dijo su padre extrañado—pensé que el frío del valle opaca todo punto caliente.

—Debido a que es vapor lo que desprende el joven amo—explicó el anciano sentado frente de él—y que es de carácter mágico, puede que la duración esté dada por su fuerza de voluntad. A causa de que, al momento de que ocurrió el incidente, él estaba en peligro de muerte, el calor fue capaz de derretir el hielo; sin embargo, ahora que está a salvo, es capaz de controlarlo sin hacer daño a nadie.

Según lo que Tomás entendía, a causa del vapor que él emanó, no solo había producido un cambio en el clima circundante que provocó que los alrededores del templo se volvieran una combinación casi otoñal, sino que se pudiera incluso caminar sin sus pesados abrigos para el frío.

—¿El cristal de mi hermano puede ayudar a los gemelos?—preguntó Cedric—lo digo porque necesitan calor para crecer...

Se detuvo al sentir la intensa mirada de Tomás, su hermano, aunque amargado, sabía muy bien a que quería el llegar; sin embargo, ¿Qué más podría hacer? Ni los magos de la torre han podido ayudar de manera completa a sus sobrinos y siendo que el padre de estos poseía tal poder, no había razón para negarse a intentarlo.

—No voy a abrazar a nadie—dijo tajante, adivinando la intensión de su hermano de usarlo como estufa viviente.

—¡Sí lo harás!—respondió Cedric.

—¿Y por qué crees que voy a hacerte caso?—preguntó aun más malhumorado.

—Porque tu hermano fue designado por mí para ser tu protector, así como tu hijo menor será el protector del mayor—respondió su padre para detener la pelea—los protectores están destinados a proteger a los lores, así como lo hubiera hecho su tío de no haber muerto...aun cuando eso implique protegernos de nosotros míos.

Tomás suspiró, evitando discutir ese punto. No tanto por el dolor de su padre por la muerte de su gemelo, cuando él y su tíos eran niños, sino porque recordó como fue que Cedric tuvo que matarlo. En cierta forma, aunque él se lo buscó, era innegable el hecho de que, aun cuando un protector nacía como el hermano gemelo menor del heredero, poseía un poder incluso mayor que podría usar en ocasiones especiales si el futuro lord se descarriaba. Aquella era la supuesta bendición que Frost, el espíritu del invierno eterno, le dio a todos los descendientes que gobernarían el valle.

Sin nada más que decir, caminaron rumbo a la habitación de Anika, la cual tenía acceso directo a la de sus hijos. Primero querían hablar con la mujer, puesto que la poseer ella la otra mitad del cristal mágico de Tomás, el cual seguía conservando su magia de hielo, podía intentar suprimir la magia de fuego de este si algo salía mal.

—Necesitamos hablar con Anika—dijo Tomás entrando de sopetón.

Su entrada abrupta no solo asustó a la mujer, la cual por fin había logrado sentarse así fuera en su cama, sino que también a su padre. El lord sabía muy bien cuando su hijo estaba amargado, conocía la rabieta en su actuar cuando lo obligaban a hacer algo que no quería. Lo conocía tan bien que sabía que aquella falta de respeto, sobre todo de hablar antes que su padre, no era más una pataleta para devolverle un poco el enojo que sentía.

Ella de inmediato miró a las mujeres que la cuidaban, incluso a las cuidadoras de sus hijos. No sabía a quién se refería, no conocía a nadie con ese nombre, por lo que aquello se sumó más al malestar que sentía ante la imponente presencia del padre de sus hijos. Tuvo que agarrar con fuerza sus sabanas, para intentar así fuera contener un poco su impresión.

—¡Te hablo a ti!—espetó sentándose en la silla de al frente, cruzando sus brazos—Anika, esa eres tú. Tu abuelo me lo dijo.

—¡Habló con mi abuelo!—el semblante de ella cambió enseguida.

Si bien le temía un poco a Tomás e intentaba así fuera no temblar ante su presencia, ya que al menos quería confiar en que él protegería a su abuelo, aquella revelación confirmó los extraños orbes que había visto alrededor de él. Su abuelo no se había confundido, tal vez, aquel hombre amargado como una uva pasa pudiera ser el ángel que este le había enviado para ayudarla.

—Para mi desgracia, sí—respondió enojado aun por el cambio en la naturaleza de su magia—me dio un regalo para nada agradable.

Aquella respuesta no solo hizo que todo el romanticismo y la alegría de ella se derrumbaran enseguida, sino que también se entristeciera. Sabía que ya de por sí era una carga a causa de su salud, pensó que tal vez él estaba enojado por haberse involucrado con ella y que la madre de sus hijos fuera una mujer tan fea como ella. No obstante, el enojo del padre de los gemelos se debía era a otra cosa y ella lo había malinterpretado.

—Lo lamento, amo Tomás—respondió con la mirada gacha, en un susurro casi inaudible—¿En qué puedo servirle?

Tanto Arthur como su otro hijo tuvieron que calmarse unos segundos, de lo contrario terminarían golpeando frente a Anika a Tomás. No sabían como este era tan bruto en el trato humano con los demás, pero tan inteligente y fuerte en el campo de batalla. Sobre todo su padre, el cual había visto como su difunta esposa había inculcado a sus dos hijos la misma crianza y Cedric era lo opuesto a su hermano.

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Comments

Cruz Mejia

Cruz Mejia

aparte de amargado,mal humorado es un bruto 🤦con unos chanclazos tendrá?🤔

2024-01-18

10

Claudy

Claudy

por eso su hermano tuvo que matarlo

2024-01-10

2

Claudy

Claudy

jajajajajaja no seas malo, apapachalos un poco

2024-01-10

6

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