CAPÍTULO 8

CONTENIDO SENSIBLE

Estaba preparado para recibir el golpe de chocar contra el agua congelada; sin embargo, era tanto el calor que estaba emanando, que el vapor que desprendía de él logró descongelar una parte de la capa de hielo, antes de caer en el lago. Aquello, según él, pensó que lo ayudaría. No estaba acostumbrado al calor, de hecho, prefería dormir sin tener la chimenea encendida; sin embargo, lo que tuviera ese maldito té le producía una temperatura que le desagradaba.

Justo en el momento en que sintió aquel contraste de temperatura, una luz dorada comenzó a cubrir todo el lago, derritiendo el hielo por completo. Aquella luz llegó incluso a la habitación de sus hijos recién nacidos, cuyo resplandor comenzó que ellos comenzaran a llorar a causa de la impresión. Su madre, quien había podido, con ayuda, recostarse contra el espaldar de la cama, estaba intentando con ayuda de sus cuidadoras, calmar su llanto.

No fue hasta que la ventana, congelada, comenzó a descongelarse, que la temperatura, un tanto calidad de la habitación de su madre, comenzó a aumentar, que ellos dejaron de llorar y empezaron a reírse mientras estaba durmiendo. Aquello les pareció extraño, en especial para ella, quien sentía menos frío que antes.

—¡Es la primera vez que los veo así de sonrientes!—dijo ella con una sonrisa.

—¡Así es, mi señora! ¡Sus bebés están sonriendo!—expresó una de las cuidadoras.

Mientras tanto, el cuerpo de Tomás estaba sumergiéndose cada vez más. Si bien el frío del lago lo ayudó, seguía emanando calor. Aunque no se sentía en peligro de muerte, no le gustaba aquella sensación. Por lo menos había evitado caer en las manos de aquella arpía sirvienta, por lo que apenas saliera del agua, lo primero que haría sería que la decapitaran por lo que hizo.

"¡Vaya! ¡Funcionó!"

El padre de los gemelos escuchó la voz de un anciano sonar frente suyo, al abrir un poco los ojos, pudo notar que el espíritu de un anciano flotaba frente suyo, entre los miles de orbes que danzaban en el agua que seguía estando dorada.

"¿Funcionó qué cosa? ¿Quién es usted?"

"El haberle pedido al dios del destino que cambiara la naturaleza de tu cristal mágico, por cierto, ¡Soy el abuelo de Anika!"

"¿Anika?"

"Sí, Anika, la madre de tus hijos"

Fue entonces que el anciano le explicó que, pese a ser algo que él estaba haciendo por obligación, se conmovió al ver como él daba la mitad de su cristal mágico, y por ende, de su poder, para salvar la vida de ella.

Por lo que, aprovechando que era un espíritu, pudo hablar con el dios y este accedió reconfigurar la naturaleza de su poder de fría a caliente, o mejor dicho, de hielo a fuego. Aquello provocaría no solo que compensara su perdida de energía mágica, sino que su cuerpo rechazara substancias nocivas como los afrodisíacos.

“¡¿Con qué derecho viene usted para pedir que cambien mi poder!?”

“Solo hice una petición, si quiere reclamar algo, hágalo a dios, pero siendo que tiene una posibilidad de irse al infierno...creo que no es recomendable"

El anciano comenzó a reírse, aumentando el enfado de Tomás. No le gustaba que decidieran por él, mucho menos personas más débiles. Siempre debía mantenerse fuerte, la debilidad le asqueaba.

“Anika es mi tesoro, lord Tomás. Lastimosamente dentro de poco ya no podré manifestarme en sus sueños, morí hace tanto que mi espíritu pierde energía. Solo le pido que, aunque no la ame, la trate como una mujer y la madre de sus hijos. Solo, dele el respeto que tanto le han negado”

El anciano cerró sus ojos, derramando unas cuantas lágrimas, mientras desaparecía en el fondo del lago. De un momento a otro, Tomás sintió como algo lo arrastraba hacia arriba. En realidad se trataba de su hermano, que luego de que fuera informado de que él había caído al agua, se apresuró para sacarlo lo antes posible.

Por primera vez alguien podía acostarse en el césped bajo la nieve, sin que la nieve misma quemara su piel directa. Fue así que pudo recibir primeros auxilios de su hermano, que estaba intentando autorregular su propia temperatura corporal a causa del frío luchando contra el calor que emanaba su hermano.

—¡Tomás!—dijo dándole una cachetada para que despertara.

—¡Joder!—gritó el padre de los gemelos al toser el agua que ingirió.

Cedric pudo respirar tranquilo, no solo le había prometido a su padre de cuidar al tonto de su hermano, sino que, aunque tuvieran una mala relación, no significaba que él lo odiara. Solo necesitaba que Tomás dejara de ser al menos un poco amargado.

—¿Por qué estás emanando tanto calor?—preguntó al sentir vapor salir de él.

—Mi cristal cambió...—habló levantándose con una mirada oscura—¡Ahora soy un jodido mago de fuego! ¡Maldición!

No es que ellos tuvieran un odio particular por los magos con otro tipo de naturaleza mágica, pero era irónico que el gran y frio heredero del templo, conocido por ser uno de los magos más fuertes en el uso del hielo, ahora portara una magia que por lo general solo la tenían las mujeres por su tendencia a ser más cálidas de corazón.

“¿Será que el destino quiere que deje de ser tan amargado?”

Dijo mientras observaba a su gemelo entrar con ira al templo, se le había ocurrido una idea. Aunque de seguro se ganaría la ira de Tomás, pero al menos podría aportar su granito de arena a la tarea titánica de hacer que ese hombre cambiara.

Una vez volvió a sus aposentos, y se cambió con algo liviano, salió al salón del trono donde su padre y hermano lo estaban esperando. Allí, esposada y solo cubierta con una manta, se encontraba la sirvienta que quiso drogarlo.

—¿Se puede saber por qué no la han ejecutado?—preguntó enojado al verla vida.

—Yo lo he ordenado, hijo—dijo su padre mientras su asistente le mostraba algo encima de una bandeja—esa botella contiene un poco de la pócima que ella te dio a beber.

—¿Lo encontraron en su habitación?—preguntó observando en su mano la botella—¿Es esto vidrio oscuro?

Al entender la razón por la que su padre le había salvado la vida, de manera momentánea, se quedó estupefacto. Aquel tipo de vidrio, el cual servía para ocultar el aroma de las pócimas mágicas, solo era proveniente de los herreros, en el valle de la primavera. El enemigo acérrimo de su padre, el lord August, lo más probable es que hubiera dado la orden de ayudar a la criada en su misión.

—Entonces es una pócima que a la larga me iba a matar—dijo colocando la botella en la bandeja.

Mientras la criada intentaba excusarse, sin saber de verdad la naturaleza de la pócima, Tomás se quedó en silencio analizando las cosas. Aquello no había sucedido antes de volver de la muerte, aun tenía en su memoria cada una de las cosas que ocurrieron en su pasado.

“¿Será que el haber salvado a Anika cambió lo que ocurrirá en la historia?”

Aquello erizó un poco su piel, ya que estaba a la deriva. La ignorancia lo volvía débil, y teniendo el que proteger a una mujer convaleciente y a dos recién nacidos, la situación se volvía más complicada.

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Comments

Cruz Mejia

Cruz Mejia

jajajaja el abuelo tuvo una oportunidad y la tomó el solo pidió algo y dios fue el responsable de hacerlo que culpa tiene el abuelo 😂😹

2024-01-18

7

Cecily~★

Cecily~★

Yo no lo dije, tú lo dijiste! 🤷🏻‍♀️ jajajajaja🤣🤣🤣

2024-01-10

6

Cecily~★

Cecily~★

Yo aprovecharía a darle otra cachetada 😏 jeje 😈🤣🤣🤣🤣

2024-01-10

7

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