Tomas observó por varios segundos a la mujer, quien estaba siendo atendida en una camilla especial dentro del carruaje. Aunque si bien podía dejar que ella muriera en pro de sus hijos, debía salvarla a ella, con base al acuerdo que hizo inicialmente con el dios.
—¡Sálvenlos a todos!—ordenó antes de ponerse en marcha.
La procesión de caballos, liderados por Tomas, mientras custodiaban el carruaje, se sintió en todas las aldeas aledañas e inclusive en el propio templo donde su padre y hermano pudieron sentir las vibraciones tan fuertes que estos producían en la tierra; sin embargo, lo que más sorprendió fue que este, conocido por su semblante de roca en situaciones difíciles, tuviera una mirada tan oscura que heló hasta la sangre de su propio padre.
Todo el ala donde estaba la habitación fue inaccesible para todos, solo se permitía el paso del gran maestro si este de verdad lo deseaba; sin embargo, Tomas, quien lo había dejado en el total misterio, no tuvo de otra que acudir a despacho para rendir cuentas en lo que la mujer era atendida.
—¡¿Cómo que no recuerdas cuándo te acostaste con ella?!—preguntó anonadado su padre.
—Tienen mi misma firma mágica esos dos niños en su vientre, por lo que sé que son mis hijos—respondió su hijo mayor mirando por la ventana—solo eso debe ser suficiente para reconocerlos, ¿No es usted quien nos ha inculcado hacernos responsables de nuestros actos?
Tanto su hermano como su padre se quedaron sin habla, si bien tenía el mismo semblante amargado y serio, algo en su gesto y actitud lo caracterizaba del Tomas anterior. Como si el casi haber muerto en ese atentado que lo dejó en cama por varios días, le hubiera cambiado algo en su interior.
—Ese no es el problema, hijo—expresó su padre acariciando sus sienes—¿Puedes...
Intentó preguntarle sobre cómo la encontró; sin embargo, toques apresurados en su puerta los interrumpieron. Fue así que se enteraron, por parte de uno de los magos auxiliares, de la noticia del nacimiento de dos gemelos idénticos; sin embargo, también supieron de la muerte de su madre.
—¡¿Cómo que´no pudieron salvarla?!—arrinconó Tomas, de un golpe, contra la pared al mago—¡Es la madre de mis hijos! ¡Les dije que también la salvaran!
—Mi señor—intentó hablar, pero le faltaba el aire.
Fue allí que su hermano intervino, tocando su brazo para que lo liberaba. Si quería explicaciones no podía irse en contra de los que le habían salvado la vida a quienes eran ahora sus sobrinos.
—¡Habla!—ordenó su padre al ver como su hijo iba rumbo a la habitación.
Una vez ingresó, se encontró con una escena más dantesca que la del calabozo. Aquella moribunda mujer yacía en la cama, con el vientre suturado a causa de una cesárea que tuvieron que hacerle para sacar a los bebés.
Debido a su mal estado, era imposible que ella diera a luz de la manera tradicional, por lo que tuvieron que hacer algo nuevo para salvar la vida de los tres; no obstante, fue el mismo desangramiento lo que provocó que ella exhalara su último aliento.
Al acercarse un poco más, terminó por manchar su bota con la sangre de la mujer; sin embargo, al darse la vuelta, notó como en la habitación contigua se escuchaban los llantos de los dos bebés.
Fue gracias a eso que entendió lo que debía hacer, aunque fuera en contra de su voluntad, si no quería ir al infierno, habiendo ya un espacio con su nombre en este, debía estar dispuesto a todo por la vida de la madre de sus hijos.
"¡Joder! ¡Yo, el futuro gran maestro, salvándole la vida a una plebeya común y corriente! ¡Qué ironía!"
Dicho eso, colocó recta sus piernas y con sus manos sacó de un punto, bajo su ombligo, su cristal mágico, el cual dividió en dos. Si aun tenía suerte, debido a que había muerto hacía solo unos segundos, pudiera salvarle la vida si le daba la mitad de su cristal mágico, aunque eso implicara que se quedara sin al menos más de la mitad de su energía mágica.
Unas horas después, cuando el proceso terminó, la mujer logró volver a respirar; sin embargo, debido a su condición física y perdida de sangre, no despertaría hasta un buen rato. Fue entonces que Tomas, pálido a más no poder, salió a su habitación, que se encontraba frente a la de ella y vomitó todo lo que había consumido. No solo estaba asqueado por lo que había visto en el calabozo, sino que el perder la mitad de su cristal provocó mucha debilidad en él.
Mientras tanto, su hermano y padre se encontraban en la habitación de los bebés recién nacidos. Ambos, niños idénticos, gemelos al igual que su padre y tío, se encontraba en buenas condiciones pese a lo duro que fue su tiempo en el vientre y que casi mueren en el parto.
—De acuerdo a la placenta, mi lord—habló el jefe de los magos médicos—ya sus nietos se encontraban listos para venir al mundo; sin embargo, a causa de la malnutrición de la madre, estos muestran un desarrollo de un bebé de tan solo cinco meses.
—¡¿Cinco meses?!—preguntó asustado mientras veía a los dos niños juntos en una cuna—¿Cómo es que están vivos, pequeños míos?
Extendió su dedo para acariciar la mejilla de uno de ellos, el cual se encontraba dormido mientras su hermanito lo veía con los ojos sospechosamente abiertos. Cuando el bebé dormilón sintió el tacto de su abuelo, se rio entre sueños, pero aquello provocó que su hermanito llorara un poco. Intentando calmarlo, su abuelo colocó su otra mano para también acariciarlo, provocando que este terminara por calmarse y dormirse.
—Igualitos a ti y a tu hermano cuando competían porque los mimara—dijo aguantando la risa.
—Herencia, ¿Supongo?—respondió su segundo hijo con una sonrisa.
—¿Ahora qué procede?—preguntó mientras se separaba de ellos—¿Podrán mis nietos sobrevivir a la helada que se avecina?
Con dolor, el mago líder negó con la cabeza. Si bien estaban intentando controlar la temperatura de aquella habitación, a causa del frío extremo, si fueran bebés más fuertes, tuvieran mayores posibilidades. No obstante, no sabría a ciencia cierta con la helada infernal que se avecinaba y duraría un mes.
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Comments
Anna Luna
desgraciados
2024-01-25
1
Grinilda Vargas
yo sé que dicen que los muertos hablan pero ¿una placenta?
2024-01-21
1
Cruz Mejia
estoy segura que si aguantaron tanto junto a su madre lograrán salir adelante, quiero que que castren al infeliz psicópata del cerdo 🐽 del padrastro y se lo den a comer después de violarlo y que lo dejen a pura agua y no lo dejen morir tan fácil (soné como una sádica) jajaja pero ese desgraciado mal nacido saca lo peor de mi
2024-01-18
11