El Conde mandó a llamar a Regina, le daría la noticia de que se iría de viaje por unos días, estaba muy preocupado por su reacción, ya que esta sería la primera vez desde que ella era consciente que la dejaría sola.
Regina miró sus manos, llevaba unos guantes de protección, sucios y ya desgastados, el Conde le había exigido que los usará para no dañar sus manos cuando practicaba el manejo de la espada.
Se los quito y los dejó a un lado con su espada de madera en el campo de entrenamiento, Karina le dijo que el Conde la estaba llamando, Regina se apresuró para atender al llamado de su padre.
La niña que vestía unos pantalones y camisa que eran más cómodos para el entrenamiento, llegó rápidamente a la oficina de su padre.
Sus mejillas estaban rojas luego de estar bajo el sol, de su pequeña frente corrían gotas de sudor, Augusto se acercó a ella, sacó su pañuelo y procedió a secar aquellas gotas que se escurrían hacia abajo.
Regina sonrió tiernamente, pero su padre estaba muy cerio, esa expresión tan dura en el rostro de su padre extraño mucho a Regina.
- Conde Augusto: puedes sentarte Cariño, papá tiene algo para decirte.
- Regina: Si papá.
El Conde también tomó asiento, Regina esperó atenta lo que su padre quería decirle, pero parecía que al Conde las palabras no le salían.
Luego de mírala en silencio por varios minutos, el Conde finalmente le dio la noticia.
- Conde Augusto: Cariño papá tiene que salir de viaje... Varios días y no te puedo llevar conmigo, lo que quiero decir es que deberás estar sin mí por varios días...
El Conde esperaba que Regina protestará y no quisiera quedarse sola, sin embargo, su reacción fue muy calmada.
- Regina: está bien papá, entiendo que no siempre podemos estar juntos.
- Conde Augusto: ¿de verdad estarás bien?, cariño lo repito serán varios días de viaje...
El Conde parecía buscar una respuesta diferente a la que Regina le había dado, pero volvió a escuchar algo similar.
- Regina: papá estaré bien, además no es como si nunca más nos volviéramos a ver.
Regina sonrió y el Conde sintió una leve sensación que afligió su pecho, como si su instinto se activará, pero no supiera reconocerlo, no supo reconocerlo.
- Conde Augusto: [ parece que solo yo estoy preocupado... Ella está bien, no hay nada porque temer, haré ese viajé y regresaré lo más pronto posible.] Tienes razón Cariño... Serán apenas unos días, pero debes entenderme como tu padre no puedo evitar preocuparme, Cariño siempre debes recordar que eres lo más importante para mí y a quien más amo en este mundo...
- Regina: Yo también papá! También te quiero.
Regina abrazó a su padre en un anticipo de su despedida, Regina notó lo nervioso y casi temeroso que estaba su padre, por ello quiso brindarle tranquilidad luciendo valiente y despreocupada por el tiempo que pasarían alejados, pero en realidad Regina estaba igual de temerosa que su padre.
Finalmente, los dos días de preparación pasaron y el momento de la partida llegó.
El Conde se dirigía a un viajé de negocios, así que tan solo con un carruaje y dos caballeros escoltas fueron suficientes.
El carruaje esperaba frente a la mansión, hasta ahí llegaron Regina acompañada de su nana, también ya estaban el Conde y Whilem que estaba recibiendo las últimas indicaciones.
El Conde hizo una seña y Regina se acercó, para estar a su altura el Conde hincó una rodilla, sus miradas estaban fijas, Augusto aprecio en silencio la tranquila expresión en el rostro de su hija, sus ojos se veían tan hermosos como siempre, en un fondo negro destellos dorados resaltaban como estrellas en el profundo y obscuro cielo nocturno.
- Conde Augusto: Un camino de estrellas...
Murmuró el Conde refiriéndose a ese particular brillo que tenían los ojos de Regina.
- Conde Augusto: Cariño pórtate bien y mantente saludable, papá te extrañará... Te extrañará cada instante.
Regina no lo pudo ocultar más, estaba nerviosa y asustada, abrazo a su padre mientras su cuerpo temblaba, y le dijo.
- Regina: Yo... yo también te extrañaré papá, también quiero que te mantengas saludable, recuerda que el norte es muy frío por ello abrígate mucho...
- Conde Augusto: Gracias Cariño... lo haré, bien papá debe irse.
Augusto estuvo un poco más de tiempo detenido en aquel abrazo con Regina, y luego subió a su carruaje.
Regina se quedó en su lugar, inmóvil viendo el carruaje perderse por el camino recto que llegaba a la mansión, sus manos no habían dejado de temblar, y quería llorar, pero Regina se repitió.
- Regina: [debo calmarme... No puedo ser un problema para mí,, padre... No puedo ser una molestia para mí padre #]
Con su mirada pegada a la ventanilla observó como la imagen de la mansión se hacía más pequeña hasta desaparecer.
Augusto miró al frente y suspiró, apenas se había marchado y ya la extrañaba, quería volver, pero sabía bien que no podía hacerlo, pero tal vez pensaba más en volver por esa sensación incómoda que no lo había abandonado.
Apenas el carruaje del Conde desapareció de la vista que se tenía desde la mansión, la Condesa que había observado toda la escena desde su salón, mandó a llamar a ciertos trabajadores a los que antes nunca le prestó atención.
¡Clak! El sonido de la taza de fina porcelana resonó en el salón exquisitamente decorado basándonos en el gusto de la Condesa.
Al escuchar el sonido los dos hombres vestidos como campesinos se estremecieron, sus miradas al piso demostraba cuan nerviosos estaban que ni siquiera podían levantar la mirada.
La Condesa los miró de arriba a abajo y les ordenó.
- Condesa Del: por favor pueden levantar sus cabezas, me gusta mirar a la cara a quien le estoy hablando.
Temerosamente, los dos hombres levantaron sus cabezas, inesperadamente la Condesa tenía una expresión más amigable de lo que recordaban, entonces apenas sus miradas hicieron contacto Odeli se dispuso a hablar.
- Condesa Odeli: Hay algo que me ha estado preocupando recientemente... Como madre uno ve peligros donde los demás no... Debe ser ese instinto que tenemos quiénes lo somos... Bueno a lo que quiero llegar es que me siento preocupada porque últimamente sé que mi hija más pequeña está pasando mucho tiempo con ese animal… Me refiero a ese horrible animal. ¿no creen que es peligroso? Después de todo es un caballo de guerra.
Los hombres no sabían que contestar porque estaban totalmente confundidos, ellos tenían entendidos que la Condesa no le prestaba atención a la pequeña Señorita Regina, y ahora de repente les estaba haciendo ese interrogatorio sobre si Ónix era o no un peligro para la pequeña.
El" Clak" volvió a escucharse, por el repentino cambio de atmósfera podían saber que la Condesa estaba impaciente por la respuesta, uno de los hombres decidió responder.
- Condesa usted tiene razón, pero, nos hemos asegurado de que el animal es cien por ciento obediente y está muy bien adiestrado... es sumiso a la Señorita así que no tiene de que preocuparse.
La Condesa agudizó su mirada sobre los trabajadores que se sintieron juzgados con esa expresión, la Condesa no parecía convencida de su respuesta así que volvió a insistir.
- Condesa Odeli: ¿estás seguro de lo que dices? ¿Entonces estás afirmando que bajo ninguna circunstancia podría ese animal provocar un accidente a mí niña? ¿Y sí estás equivocado y omiten detalles importantes que podrían prevenir dicho accidente?
La Condesa aturdió a los dos hombres con tanto palabrerío y los estaba acorralando a sentir que debían indagar más en cada detalle sobre el comportamiento de Ónix, ya que si dicho accidente ocurría ellos serían apuntados y tendrían cierta responsabilidad de ello.
Entonces el segundo hombre que no había hablado, expresó algo que había notado.
- Condesa hay algo... Algo que puede ser un poco ambiguo, pero... hee visto a Ónix un tanto nervioso por un motivo varias veces. Al parecer los objetos que huelen a cuero fresco incomodan mucho a Ónix y lo ponen nervioso... Lo he notado porque en los establos se curte cuero para fabricar diferentes objetos como las mismas monturas para cabalgar... siempre que ese olor de cuero fresco o curtido llega a Ónix él se pone nervioso...
- Condesa Odeli: Vaya... ¿Lo ven? Si buscas con atención siempre enconarás algo, entonces les encargó tener cuidado con eso ... Retírense.
Los hombres se retiraron creyendo que habían hecho un bien, pero en realidad sí pudieran ver la expresión maliciosa que tenía la Condesa apenas se retiraron, no pensarían lo mismo.
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Comments
Maria Elena Maciel Campusano
Como el Conde no está la condezorra buscará la manera de dañar a Regina y hasta capaz de matarla accidentalmente claro🤔
2024-11-11
1
Julieta Rodríguez
Jo... Ambos tienen el mismo presentimiento ☹️
2025-01-24
0
Julieta Rodríguez
¡Maldita!, quiere eliminar a Regina 😡
2025-01-24
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