Como lo esperaba, la estrategia de la Condesa era más que efectiva, no había una fiesta en los círculos sociales en los que no se comentará al menos, sobre la condición de la hija más joven de la familia Casiragui.
De boca en boca la historia se iba transformando, agregando o quitando detalles por parte de quienes la contaban, lo cierto de todo eso era que entre los nobles de la sociedad de Prusia, era sabido que la hija de la familia Casiragui, perteneciente a una de las cinco grandes familias del Imperio tenía una enfermedad, que aparentemente afectaba su físico.
¿ Quién frenaría esos rumores?, sí su propia madre era quien los alimentaba y su padre no tenía ni idea de que existían. La respuesta era obvia, nadie.
¿Qué tan malos son, que deben hacerle daño a otros y hacerlos caer para resaltar? En un mundo de apariencia nunca parecía existir un límite, terminaban con la obsesión de comprarse todo el tiempo con los otros, ¿No es acaso su condición miserable, entonces yo estoy mejor, soy mejor?. Con esa forma de pensar es que terminaban haciendo daño a otros para sentirse estar por encima de ellos, la repugnante sociedad de Prusia, era así cómo funcionaba y era por eso que el Conde Augusto la odiaba tanto.
La gran semilla que la Condesa plantó ese día de la fiesta no hizo más que crecer, la historia se había retorcido tanto que Regina fuera de la mansión Casiragui era conocida como un monstruo, alguien horrible que no se dejaba ver. El hecho de que Regina nunca hubiera salido de la mansión sólo afirmaba esos rumores.
Ocho años, ocho años de la vida de Regina habían pasado, inocente e inconsciente de las injurias que había cometido su madre contra ella, llevaba una vida tranquila, aunque nada normal para alguien de su edad.
-Whilem: ¡Es impresionante! ¡La Señorita es alguien muy disciplinada! ¡Mira todo lo que ha logrado en tan poco tiempo, viéndola así creo que es capaz de hacer cualquier cosa que se proponga!
El sonido de la espada de madera golpeando el muñeco de paja era constante, los ojos de la niña estaba enfocados en el objetivo, su cabello largo se había transformado en dos trenzas para que no fuera molesto, ahora era un poco más alta que dos años atrás, a lo lejos Karina y Whilem observaban su entrenamiento.
Karina suspiró con pesadez, no parecía para nada contenta con lo que veía, y Whilem se extraño por ello, pero Karina tenía una explicación para ello.
- Nana: En realidad es triste... Preferiría que la Señorita se comportara como una niña de su edad, que haga berrinches porque no le gusta estudiar, que quiera pasársela jugando... Que se niegue a comer las verduras que los niños detestan… Que quiera salir y tener amigos de su edad... El comportamiento de la Señorita no es normal, es como sí tratará de demostrar algo...
Whilem sintió una leve punsada y muchos recuerdos de como actuaba Regina le llegaron a la mente.
- Whilem: tienes razón ahora que lo pones de ese modo... Es como si la Señorita buscará ser notada... Notada por esa mujer...
- Nana: así es Sir Whilem... tras el esfuerzo de nuestra Señorita hay un solo propósito… Sabes cuántas veces la he encontrado con su mirada perdida en esa dirección...
Karina señaló con sus ojos la mansión de la Condesa, mientras terminaba su oración.
- Nana: y a lo sumo lo único que vio fueron los cabellos de las damas, ni una mirada ni una palabra le fue ofrecida después de tanta generosidad de parte de la pequeña Señorita...
Un silencio se estancó entre ambos que observaban a la niña practicar su manejo de espada, entonces Karina que parecía enojada siguió.
- Nana: Hay veces en las que quiero decirle a Señorita que no necesita hacer todo esto... Que no necesita demostrar nada a nadie, me gustaría decirle la verdad sobre su madre y que ella no tiene ninguna culpa en el porqué la Condesa hizo lo que hizo, pero... eso no me corresponde a mí... Yo solo soy su nana, sí hay alguien que debería decirle eso es el Conde, pero, supongo que no considera que es adecuado aún...
- Whilem: ¿y cuándo será adecuado?
- Nana: tal vez nunca, un tema como ese... Tal vez nunca exista un momento adecuado para hablarlo, es por eso que el Conde simplemente debería hablarlo...
Karina habló de la generosidad de Regina, con eso se refería al esfuerzo de la niña por agradarle a su madre y hermanas, al de constantemente recordarles que eran importantes para ella, y que siempre pensaba en ellas.
Siguió enviando cartas a menudo tanto a su madre como a sus hermanas, nunca había recibido una respuesta pero eso no la desánimo.
Recodo sus cumpleaños y le insistió a su padre para enviarle regalos y notas, a las tres.
Había veces en las que Karina quería decirle que lo más probable era que ni siquiera leyeran sus cartas, pero no tenía el corazón ni el derecho para hacerlo, el Conde sabía que Regina hacia aquello, también sabía que no recibiría una repuesta, aun así no la detuvo, se le habían privado de tantas cosas, la esperanza era algo de la que él no se sentía capaz de privarla.
Incluso cuando Regina podía decir que esa mujer eran completas desconocidas para ella, un presiente sentimiento de calidez la invadía cuando pensaba en ellas, después de todo también eran su familia.
Ni siquiera podía decir que conocía la voz de su madre o hermanas, las había escuchado hablar o reír, pero a lo lejos, tan lejos que no era lo suficientemente nítido como para recordar como sonaban.
Sus rostros los conocía mejor porque podía verlos en las pinturas, pero la realidad era que personalmente había visto más sus espaldas que sus caras.
Desde aquel día en que Regina fue ignorada por su madre y hermanas, tuvo la idea de que tal vez no era tan buena como ellas, y por eso se esforzó en todas la disciplinas, para que ellas voltearan a verla.
Mientras Regina terminaba su duro entrenamiento, en la oficina el Conde luchaba por tomar una decisión.
El Conde lanzó una carpeta con muchos documentos en su escritorio y chasqueo la lengua, se veía molesto.
- Conde Augusto: [ha sido mucho tiempo... este viaje ya no puedo posponerlo, pero, ¿no puedo llevar a Regina conmigo? Deberé dejarla sola por primera vez...]
Augusto se paró y posó su mano en el hombro del mayordomo que esperaba firme su respuesta.
- Conde Augusto: prepara todo mayordomo, en dos días partiré al norte.
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Comments
Maria Elena Maciel Campusano
Presiento que hay un trasfondo del porqué la condezorra odia a Regina y tal vez sea la última vez que vea a su padre😩
2024-11-11
1
Ynney García
que condesa mas bruta si tus hijas están metidas en el mercado matrimonial como vas a decir que tienes una hija enferma locaaaaa ninguna familia de alto rango quiere a alguien con una dudosa enfermedad que pueda ser heredada... que bestia
2024-06-24
3
Alex
Será que no regresa?? 🤨🤔🥺🥺🥺🥺
2024-06-17
1