Regina se encontró a los pies del gran árbol, su mirada se deslumbró, observándolo desde ahí podía ver que sus ramas se extendían hasta frente de algunas ventanas del sector Sur de la mansión, que era el lugar donde vivía la Condesa.
Regina sonrió segura de sí misma y optimista por obtener resultados en esta ocasión.
Regina puso sus manos en el tronco, sujetándose de él, era mucho más grueso que el de los demás árboles que había escalado hasta entonces sería el más difícil, pero Regina no se rindió.
- Regina: [debo apresurarme para que Nana no me descubra]
Y así Regina comenzó su riesgosa escaldada, mientras tanto, en su oficina el Conde trabajaba como de costumbre.
El mayordomo entró y le entrego unos documentos, el Conde los reojeo mientras fingía escribir algo pregunto con aparente desinterés.
- Conde Augusto: esa mujer... Que es lo que ha hecho últimamente.
El mayordomo carraspeó su garganta mientras adoptaba una postura mas sería y contesto casi de inmediato.
- Mayordomo: últimamente la Señora ha estado asistiendo a muchas fiestas de té... También próximamente llevará a la Señorita Ofelia consigo para comenzar a introducirla en mundo social.
El Conde se detuvo repentinamente, parecía nervioso y preguntó dudosamente.
- Conde Augusto: Ofelia... ¿Ella está de acuerdo con eso?
- Mayordomo: La Señorita Ofelia se ve entusiasmada por ello, suele mencionar que quiere ser una dama de la alta sociedad al igual que su madre...
- Conde Augusto: ya veo puedes retirarte...
A Augusto no pareció gustarle esto último que dijo el mayordomo, sin embargo, no lo cuestionó, el mayordomo estaba por salir cuando se detuvo repentinamente y volteó hacia Augusto para decirle.
- Mayordomo: por cierto Señor, el cumpleaños de la Señorita Ofelia es en dos días.
-Conde Augusto: oh lo había olvidado... Compra algo de mi parte.
- Mayordomo: está bien Señor...
El mayordomo esperaba esa respuesta, pero pensó que tal vez el Conde le pondría más interés, el Mayordomo era consciente de que con el paso del tiempo la distancia entre el Conde y sus dos hijas mayores se agudizaba, y ni mencionar con la Condesa.
La Condesa Odeli, una mujer refinada, elegante y de gran belleza, a pesar de tener todo eso, antes de casarse con el Conde, no poseía un elevado estatus, siendo la hija de un Barón sureño, el Barón Robert Euler.
Fue llamada afortunada en los círculos sociales, ya que al conseguir un buen matrimonio político paso a formar parte de una familia tan prestigiosa y respetada como lo era la familia Casiragui, además a quien recibió como esposo se trataba de un hombre de buena apariencia y conocido por tener una buena personalidad, era amable, tranquilo y muy eficiente ejerciendo su título de Conde.
Ambos se complementaban, siendo Odeli una líder en la sociedad y Augusto un líder en la administración y negocios del condado, la pareja parecía tenerlo todo.
El mayordomo que estaba rememorando la historia del Conde y la Condesa, suspiró sin entender como fue que llegaron al punto de ni siquiera hablarse por los últimos cinco años.
En ese momento en el salón privado de la Condesa, se encontraba Ofelia y Olivia, mostrando a su madre lo que habían aprendido en sus clases de etiqueta.
Odeli tenía en sus manos una taza de té, primero disfruto de su aroma y luego lo bebió con gracia, se veía tan elegante, la mujer que no aparentaba ser madre de tres.
Sin levantar su mirada y mientras apreciaba el color del té, con voz de mando la Condesa dijo.
- Condesa Odeli: La espalda Ofelia, endereza esa postura. Olivia mantén en alto tu barbilla y deja de observar hacia los costados.
Las pequeñas ya no tan pequeñas se sobresaltaron, aunque en repetidas ocasiones habían visto a su madre actuar de ese modo siempre les sorprendía el hecho de que sin mirarlas supiera lo que estaban haciendo mal.
Aún inconscientes de que estaban siendo observadas por alguien más, Ofelia y Olivia intentaron corregir sus posturas.
En una rama que se mecía suavemente, rozando con sus hojas el vidrio del ventanal, Regina abrió grandes sus ojos, llenos de emoción y sorpresa, frente a ella por primera vez estaba viendo el rostro de su madre y hermanas.
Regina no podía parar de sorprenderse, sus ojos negros brillaron, en su interior sintió un cosquilleo que la hacía tener una tonta sonrisa.
Por un momento Regina estuvo en silencio, no sabía exactamente que hacer, su expresión estaba llena de admiración, quería llamar la atención de la elegante mujer de cabellos como oro y llamarla madre, lo mismo con las dos hermosas jóvenes que caminaban con elegancia, quería que voltaerán a verla y se sintieran como ella lo estaba haciendo, pero al mismo tiempo la pequeña Regina no se atrevía a hacerlo.
- Regina: [tengo miedo... Y sí mi madre se enoja porque la interrumpí en su trabajo... papá y la nana dijeron que ella está muy ocupada por eso no puede verme... ¿sí la interrumpo me convertiré en una niña mala para mí, madre?]
Regina estaba tan absorta en sus pensamientos que no noto que la que estaba siendo observada ahora era ella y cuando lo hizo se sorprendió tanto que nada bueno ocurrió.
Regina estaba con su rostro casi pegado al vidrio de la ventana, entonces de pronto fue sacada de sus pensamientos por un constante y molesto sonido, Regina sacudió su pequeña cabecita y vio frente a ella unos grandes ojos verdes mirándola fijamente.
En definitiva se sorprendió, pero la sensación inmediata que tuvo fue de miedo, porque esos ojos verdes la estaban mirando de una forma tan aterradora, una forma en la que nunca nadie la había mirado, quién estaba mirando de ese modo a Regina era Olivia.
Regina se puso tan nerviosa, quiso saludar, pero no le salió la voz, miró hacía todos lados y entonces se encontró con otros ojos verdes, pero estos eran aún más aterradores, la miraban de una forma tan fría, como sí ella fuera una molestia en el campo visual de esa persona.
Entonces un fuerte golpe en el vidrio de la ventana, proveniente del interior sorprendió a Regina que comenzó a tambalear y sin poder sostenerse a tiempo entro en desesperación al ver que estaba cayendo del árbol al que tanto su padre como su Nana le dijeron que no lo subiera.
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Comments
Sandra Mejia
Que 🤔 tristeza 😢 tu parir a tu hija y despreciarla que madre tan desnaturalizada pero en fin que las hay las hay y lo mismo padres y herman@s.
2024-02-18
6
Luz
pobre niña, aunque ella sufrirá era mejor decirle que su madre y su hermana no la quería y evitaban que ella se asercara a la perra 😡
2023-09-30
4
Laura Aguado
pobres niñas, todo por culpa de los padres
2023-09-28
1