La vida en la familia y mansión Casiragui cambio radicalmente desde el nacimiento de la tercera hija de la familia, Regina.
Fuera de las paredes de la mansión nadie lo sabía, pero, la familia Casiragui estaba partida a la mitad, cinco años habían pasado desde entonces, y ahora Regina corría por todas partes siempre siguiendo a su padre.
Un largo cabello negro hecho dos coletas por la niñera, unos ojos negros que brillaban por la emoción, ella corria con dirección hacia la oficina del Conde vistiendo un vestido azul, pero llevado de bajo unos pantalones cortos porque a Regina le encantaba subirse a los árboles, incluso cuando su padre se lo había prohibido por ser peligroso, de alguna manera Regina lograba subirse a uno diariamente.
La pesada puerta de roble había dejado de ser cerrada por completo para que Regina pudiera entrar a gusto y fácilmente, la oficina del Conde era un lugar restringido para todos menos para ella.
Un pequeño chirrido se escuchó y el Conde ya se paró de su silla, y abrió los brazos para recibirla, Regina exclamó con entusiasmo.
- Regina: ¡papá!
- Conde Augusto: Mi pequeña ven con tu padre.
Contesto amablemente el Conde, todas las mañanas a partir de que ella pudo caminar hizo aquello, ir a su oficina y saludarlo.
La niñera siempre la seguía detrás, y luego de que ella entrase también lo hacía y se paraba a un lado de la puerta esperando para ver sí debía llevar a la pequeña a desayunar en solitario o sí desayunaria con el Conde, pero siempre terminaba en el mismo resultado, el Conde nunca dejo que Regina tuviera una comida a solas.
- Conde Augusto: ¿dormiste bien cariño?
- Regina: sí papá! ¿Papá durmió bien?
- Conde Augusto: Sí Regina durmió bien, papá durmió bien.
Contesto el Conde mientras bajaba a Regina, la niñera que los observaba pensó que era como ver doble, Regina era tan parecida a su padre, el color negro de su cabello, algunos de sus rasgos, su pequeña nariz, sus gestos y sobre todo sus ojos, sus ojos que eran tan negros como la noche, pero a su vez tenían un espectacular brillo como sí habitarán estrellas en ellos.
Al pensar en ello otro pensamiento fue inevitable para la niñera, y eso era el contraste que había con las otras dos Señoritas que no se parecían en absolutamente nada al Conde, pero que al contrario eran sumamente parecidas a la Condesa, y contrariamente Regina en ese caso no tenía nada en común con su madre.
El desayuno entre el Conde y Regina transcurrió como de costumbre, luego de ello el Conde debía trabajar y Regina había comenzado con sus clases particulares.
Karina, así se llamaba la niñera, ella era la que estaba en todo momento con Regina por ello hubo un malentendido cuando Regina comenzó a hablar, llamó a Karina como" mamá", aquel suceso hizo ver a Karina una gran tristeza en el Conde, y de alguna forma lograron hacer que ella entendiera que Karina no era su madre y que debía llamarla Karina o niñera.
Apenas Regina tuvo conciencia sobre lo que significaba una madre, comenzó a preguntar por la suya, la respuesta de Karina siempre fue," la Condesa está muy ocupada, por ello no puede ver a la Señorita, pero si la Señorita se porta bien, come todas sus comidas y siempre hace caso al Conde, de seguro la Condesa se sentirá orgullosa y hará un tiempo para verla".
Karina sabía que hacía mal, la Condesa en cinco años, no mostró el más mínimo interés en la pequeña Regina, y no parecía que eso iba a cambiar, pero Karina no podía decirle que su madre la rechazó apenas nació y que hacía como si ella no existiese.
Pero a la vez que Regina tuvo conciencia de la existencia de su madre, también la tuvo de sus hermanas, su curiosidad por ellas era enorme, quería verlas, conocerlas y hablar con ellas, pero cuándo le dijo esto a Karina o al Conde, la respuesta que recibió fue siempre la misma, " ellas están ocupadas con sus estudios, no pueden verte por ahora".
Con el tiempo, Regina fue normalizando esa extraña forma de vivir de su familia, ella y su padre en un sector de la mansión, y su madre y hermanas en otro, sin verse, sin hablarse, pero aun así no pudo deshacerse del creciente sentimiento de curiosidad por la familia que no conocía, y eso llevaría a Regina a desobedecer a su padre y cometer imprudentes actos.
Karina estaba acompañando a Regina al salón dónde tomaría sus clases, de camino ahí a Regina le llamo la atención un gran árbol de cerezo que debía ser el más alto de todo el jardín, a ese árbol nunca lo había escalado.
Mientras cambiaba por el pasillo, sus pasos se volvieron torpes al no poder quitar sus ojos de aquel espectacular ejemplar, Karina noto el interés de la pequeña en el gran árbol, y se acercó hasta que se agachó y le susurró.
- Karina: mi Señorita sabe bien usted que el Conde no quiere que haga nada peligroso, me he dado cuenta de lo que observa, por su propia seguridad le pido que borre esas malas ideas que puede estar tendiendo.
Regina se estremeció y puso una expresión de sorpresa, mientras fingía haberse asustado, y le decía a Karina.
- Regina: Nana! Me has asustado! ¡Por qué dices eso, sabes que Regina no desobedece a papá!
- Karina: Señorita ¿no tiene miedo de que le crezca la nariz? Le he dicho lo que pasa con los mentirosos, así que no sea uno de ellos.
Le dijo Karina con una sonrisa burlona en el rostro, consideró que Regina se veía tan tierna tratando de engañarla, y a la vez viéndose tan asustada por algo tan falso como que le crecería la nariz por mentir.
Regina volteó y siguió su camino con una expresión de ofensa, Karina la siguió mientras reina a escondidas de la pequeña, esa era una de las típicas actuaciones de Regina cuando se quería librar de Karina para poder hacer una travesura.
La clase comenzó y Regina estaba tan concentrada en ello, que desde el punto de vista de Karina ella había olvidado la travesura que había pensado hacer.
Pero lejos estaba eso de ser realidad, mientras una mujer de avanzada edad le dictaba sus clases, Regina que parecía estar absorta tratando de leer palabras por primera vez, de pronto se detuvo y pido a Karina algo.
- Regina: Nana! ¡Tengo hambre! ¿Podrías traer algo de comer? A la profesora también le gustarán las galletas que hacen aquí.
Karina miró a Regina, y recordó una orden del Conde, Regina nunca debía pasar hambre y alguna otra necesidad.
- Karina: está bien Señorita.
Karina salió del salón hasta el pasillo y llamo a alguna doncella sin recibir respuesta, no quería abandonar su lugar de trabajo, pero no tenía otra opción, así que se dirigió a la cocina a buscar las galletas que Regina pidió.
La profesora siguió dictando las clases a la pequeña, entonces de pronto Regina se paró y fue hasta la señora, tomo su falda y se dio un pequeño tirón para llamar su atención.
- Regina: Señora profesora... Yo quiero ir al baño, no, yo lo necesito.
La expresión de la pequeña se veía tan mal, que la profesora no dudo un segundo en brindarle el permiso para poder ir al baño.
Regina salió con pesadez del salón, pero apenas tuvo un pie en el pasillo, salió corriendo como una persona complemente sana.
En su cabeza solo estaba el árbol de cerezo, y no era por lo hermoso que era o porque nunca lo había escalado así que estaba tan emocionada por hacerlo porque tenía una idea.
- Regina: [si llego a lo más alto de ese árbol... Sí lo hago podré ver dentro de la mansión de mi madre... Tal vez pueda verla a ella o mis hermanas, y tal vez ellas me vean a mí... ¡Entonces! Entonces por fin podremos hablar.
Era con esa intención con la cuál Regina había escalado a diario cada árbol que pudo, para así poder ver a su madre y hermanas, pero aún no lo había logrado.
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Comments
nand
pienso igual seguro no quiere a Regina porque es hija de su esposo
2024-07-19
0
Elizza Diaz
y aquí es donde mi mente trabaja!/Right Bah!/
esas niñas tu rubias serán del amor de su vida de la condensa?
2024-07-08
0
Ynney García
estoy llorando pobre bebé
2024-06-24
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