Luego de esa noche, volví a casa esperando a que el despertador sonará avisándome que tendré que levantarme para ir al instituto. En la madrugada, una presencia masculina se ve en la entrada de mi casa, a Terence, con una bolsa de cartón en sus manos.
Parada mirando hacia él, esperando a que bajara por las escaleras, supe que no sería bueno si esa bolsa era para mí. Terence, me vino a alertar que aquel rastreador está cerca y tengo que buscar Víctor y Chase, para que puedan protegerme, pero hace meses que no lo vemos y estaría mintiendo si dijera que tengo ayuda extra. Resultó que Hama, le dio órdenes a Kao y Thomas, para que busquen cosas fuera del país, Oriana y Amanda, estamos de igual manera pero dentro del país.
Ahora, más que nunca, me siento indefensa. Pensé en ir con mi abuela, pero eso sería darle la razón a ella y tener que estar bajo sus órdenes nuevamente. Ahora que tengo 18 años tengo oportunidad de hacer cosas que no podía.
Reviso el celular, antes que suene el despertador notando un número desconocido, abro el mensaje, dejándome atónita al reconocer el número, la madre de Jennifer quiere hablar conmigo. Es aquí en donde comienzo a cuestionarme, si realmente vale la pena, hablar con ella o no. Jennifer desapareció aproximadamente 6 meses y nadie la ha visto, siento como mis manos sudan, no puedo mover mis piernas y dejo el celular a un lado.
Respiro tranquilizándome, recordando los premio que aquel rastreador tiene, reconociendo a uno de ellos. Jennifer, no volvería y no sé cómo decírselo a su madre, como mirarla a los ojos y resistir las ganas de contarle, quién fue el causante de la muerte de su pequeña hija, en algún momento ella vendrá aquí y no sabré qué decir. No puedo decir que me afecta que ella no este, pero no siempre estábamos de acuerdo con ciertos temas, incluso cuando conoció a Max.
Jennifer, era una chica algo complicada y a veces solía meter en problemas a los demás, sin tener en cuentas las consecuencias que este podría llegar a tener, muchas de las veces tenía que sacarla de sus apuros y en otras ella me metía en esos apuros.
Planeo ir después de clases.
El despertador sonó y busco el uniforme que está encima de la silla delante del armario, mientras me visto miro por la ventana, sorprendiéndome al ver a un auto igual al que tiene Víctor. Escucho que se detiene, enfrente y no espere un segundo en salir corriendo, con la pollera y la camisa desabrochada.
Llegue a la puerta, la silueta de un hombre aparece por la ventana de la puerta, me quede unos segundos hasta que escucho su risa. Abro la puerta y la imagen de Víctor, mirándome con sus ojos de pícaros, me abalanzo sobre él esperando a que no sea mi imaginación.
Sus manos recorren mi espalda, hasta mi nuca y bajamos de nuevo, su perfume entra por mis fosas nasales, en instantes dejo de sentir el suelo en mis pies. Víctor me sostiene y me lleva a dentro de la casa, Entrelaza mis dedos en sus cabellos apretándolo.
—No te atrevas a bajarme. — Amenazo.
—Lo siento. — Me baja. — Mk, solo quería decir que… —
No deje que terminara, para retroceder unos cuantos pasos y lanzarle una patada, a las costillas haciendo tambalearse y termine apoyado en la pared. Abrocho mi camisa, esperando una respuesta de su parte, pero solo obtuve su cercanía y agarro mi mano con su mano derecha, mi mentó con la izquierda para darme un beso.
No es cualquier beso, es de esos besos que te mantienen cegada, sorda y muda por minutos, al sentir sus labios suaves con los tuyos, intente sacarlo empujándolo con mi mano sobrante, pero es imposible, hasta que llegue a tal punto en donde dejé de lucha para dejarme llevar. Y realmente lo estoy disfrutando.
Sus manos, deja su lugar para ir hasta mis piernas y sujetarlas con firmes levantándome, me aferro a su cuello para no caerme, sus pasos no se sienten. Hoy faltaré al colegio.
En la sala, se sentó en el sillón y encima de él, lo miro directo a los ojos, escuchando su corazón agitado y como intenta controlar su respiración. Acaricio su rostro, mirando cada uno de sus rasgos, es una figura masculina en toda la palabra.
No desaproveche en tocar sus labios, con mi pulgar siento que mis mejillas se sonrojan, ante su mirada, es como si me desvistiera de a poco. Con sus manos, se vuelven ligueras, pero algo me llevo alertarme con lo que Terence me dijo aquella vez que vino.
Me levanto, alejándome de él, agarro un garrón de la mesita que está cerca, su sonrisa hace que me termine por confirmar mi sospecha, se levanta y de a poco va cambiando, mostrando su verdadero ser, su demonio.
—¿Víctor? ¡VÍCTOR! – Lo llamo varias veces, sin tener respuesta.
De a poco sus salas, comienzan a salir de su espalda y se despliegan, al igual que sus cuernos de ambos lados de la frente, comienza a caminar hacia mí, retrocedo al ver que sus ojos cambian de color. Busco mi celular y recuerdo que los deje en mi habitación, retrocedo hasta la escalera, cuando su altura de dúplica, a tal punto que tiene que agachar su cabeza para pasar por la puerta.
De sus manos, desprende ese líquido negro, espeso del mismo que Kao, en aquel momento en el que me salvo. Siento su mirada en mí, como si me quisiera comer, sus pasos son largos, y tropiezo subiendo los escalones de espalda. El garrón cae sobre la escalera rompiéndose, sus ojos dorados, y su altura de casi 2 y medio de altura, agacha hasta mí, y comienza a olerme, buscando mi mano derecha en donde tengo su anillo y la segundo mordida. Al sentir su lengua, tocar mi mano, grite a todo pulmón por el ardor que me produce, siento mi respiración, cortarse, ante sus movimientos y mi corazón se acelera cuando me mira.
Se aleja, aun con sus ojos en mí me quedo sentada en el escalón temblando del miedo, a lo que él pueda llegar a hacerme, no lo conozco del todo siendo humano y mucho menos siendo demonio. Desde sus manos, se comienza a quemar, el fuego crece a medida que se esparce por su cuerpo, quemándose, consumiendo su apariencia, su grito de dolor cuando el fuego termina con todo, dejándolo agotado.
Esto no es como la primera vez, cuando estábamos en la casa de Hama, en donde Chase y él, se mostraron como son realmente, esto es distinto y me da miedo, no saber cómo llevarlo, como afrontarlo. Solo tengo 18 años y aún no termino la secundaria, y ya tengo experiencia con lo sobrenatural.
Víctor se sienta en el suelo apoyando su espalda en la pared, esperando a que su cuerpo deje de expulsar vapor, sollozando en silencio espero a que despierte, los segundos, minutos y horas son eternas, un día más que estoy ausente en las clases, otro día en el que Aida vendrá a casa y me buscará para darle explicaciones. Aferrada a mis piernas, noto que Víctor comienza a cobrar el conocimiento, este se sienta mirándome y luego se mira, golpeando sus piernas.
—¿Por qué? – Pregunte sollozando.
—Tendrás que ser más específica. — Este se incorpora.
—Fue tu idea, el casi atropellarme aquel día. Fuiste tú, quien mando a Kao a salvarme cuando el secuestrador me llevo. Fuiste tú quien me estaba cuidando en el baño la noche de ayer… — Afirmo, intentando levantarme.
—¿De qué estás hablando? – Pregunto.
—Te voy a pedir que no vuelvas aquí. — Mi voz tiembla, al hablar.
—¿Qué? Mk, no espera… no puedes echarme como si nada, ahora estamos entrelazados. — Se levanta.
—Sí, si puedo… ahora vete. — Me tranquilizo. — Y no vuelvas. —
No pude evitar reaccionar de manera rápida cuando se levantó, me aparto cuando quiere acercarse, el miedo se apoderó de mi cuerpo, haciendo que mi mente se mantenga en blanco. Se siente igual que aquel temor, que te plantea imágenes que viviste, cuando era una niña o un adolescente.
Aquellas imágenes se cortan cuando levanta sus manos para querer tocarme, pero retrocedo unos pasos, dándole entender que realmente le tengo miedo.
Sabía, que no era bueno relacionarme con Víctor, pero quería saber que se sentía estar enamorada, sin tener en cuenta que se trata de una criatura, de más de mil años. No puedo apartar mis ojos de él. Siento que me estoy muriendo.
Se aparta, y decide marcharse, cierra la puerta, la puerta detrás de él. El aire entra por mi boca, haciéndome caer de nuevo sobre los escalones, aprieto mi pecho ante el miedo. Falte al instituto, y no por las razones que pensaba. Escucho pasos, desde fuera y me acerco para abrir la puerta, segundos antes pensé en no abrir, pero pensé que capas, vieron a Víctor, salir de la casa.
La voz de Isaac, se escucha y este abre la puerta, antes de que yo lo hiciera. Su presencia era más que clave, para intentar, escapar, pero no lo logre.
Isaac se acerca sin decir nada y me abraza, no era más que un momento de ira y miedo, pero la llegada de Isaac, calmo un poco más mi alma y mente.
—¿Qué sucedió? – Miro para todos lados. — ¿Mk? ¿Por qué tu casa huele a azufre? –
—No me creerías, aunque te lo explique. — Exprese.
—Tenemos todo el resto del día. — Agrego.
Le explico todo lo que sé a Isaac, esperando a que no me tome como una loca y no piense en huir después de esto. Pero de alguna manera, Isaac no parece sorprendido, es como si adivinara lo que estaba por decirle, antes que lo dijera.
Por otro lado, Isaac busca dentro de su mochila, sacando un cuaderno de color azul, lo deja sobre la mesa.
Lo abre para ojearlo, encontrando una foto entre sus hojas, dejo la foto, enfrente de mí. Aprieto mis manos, por debajo de la mesa.
—¿Qué es esto? – Pregunte, agarrando la foto.
—Ella es tu madre. Spencer Mehei, esta foto fue tomado por mi padre… — Coloco mi mano sobre su hombro. — Estoy aquí, porque quiero ayudarte, mi padre se enteró de la muerte de Spencer, pero tu abuela se alejó contigo. —
—¿De qué estás hablando? - Susurre, levantando la vista.
—Mk, somos primos tu madre, era hermana de mi padre. — Se inclina, para mirarme a los. — Y tu abuela, nos había avisado que estabas sola. —
—¿Qué? – Replique, de manera abrupta, poniéndome de pie. — ¡Espera! ¿Qué somos primos? ¿Tu padre? –
—Mk, ¡Mk escúchame! – Levanta el tono de voz.
—¡Ya cierra la boca! – Grite, alejándome de él. — No puedes venir a mi casa, a decirme lo que son parte de mi familia y quiénes no. Vivian, me dijo que solo tuvo una hija. —
—Te mintió, ella nos estuvo evitando por casi 16 años. — Explico. — Prometo, que te contaré todo lo que quieras. Incluyendo el secreto de Víctor. —
—¿Qué tienes que decir de Víctor? – Pregunte, haciendo que algo se alarme en él. — ¿Qué? ¿Tú también lo sabes? ¿Tú sabes que Víctor es un demonio? –
—Mi padre, me contó sobre lo que paso, cuando tu madre nos pidió ayuda, tu abuela se negó y ella recurrió a ayuda externa.— Explico dejando el cuaderno sobre la mesa.
Cada una de sus palabras, suenan en mi cabeza, impidiéndome que no pueda pensar mi madre, tiene más hermanos, al parecer, pero solo conozco al que dice ser mi primo. Ahora tengo que afrontar, un nuevo problema.
Antes que pueda hacer algo, el sonido del timbre se escucha y me acero a la puerta, llevándome la sorpresa de ver a Oriana y Thomas, con una bola en su mano.
—No quiero hablar. — Cierro la puerta, pero Oriana la detiene.
—Encontramos esto en el puente viejo a las afueras de Murten. — Ellos me entregan la bolsa. — Queremos que confirmes si le pertenecía a Jennifer. —
—Mk, cabe aclarar que hay rastros de sangre en el lugar. — Agrego Oriana.
—¿Qué? – Abro la bolsa, sacando una mascada de color uva con dibujos de pétalos de flores. — ¡Llévenme! –
Cierro la puerta, dejando a Isaac a dentro, quiero saber si es ella. En el auto de Thomas, Oriana llama alguien por teléfono y luego de algunos segundos de hablar en un idioma que no conozco, cuelga la llamada.
Reviso mi celular, asustada, veo un mensaje de la madre de Jennifer, diciéndome que necesita hablar conmigo sobre su hija. Me siento presionada, Isaac revelándome que es mi primo, que mi abuela me mintió sobre mi madre y ahora Thomas y Oriana, encontraron cosas de Jennifer.
Cuanto más nos acercamos al lugar, más sentido tiene la desaparición de Jennifer. El silencio entre los tres, hace que sobre pienso, todo lo que estoy escuchando, la información de Isaac sobre mi madre y mi abuela.
—Ella tiene un vínculo con un demonio y por no seguir las reglas, un rastreador la encontró ¿Verdad? – Pregunte, dejando el celular en mi bolsillo. — Quiero la verdad, por favor. —
—No sabemos, quién es el demonio… solo sabemos que no es del pueblo. — Informo Oriana. — Mk, no hay forma de saber que fue lo que realmente le hicieron. —
—Pero tampoco quiere decir que no encontraremos su cuerpo. — Thomas, detiene el auto. — Es aquí. —
Bajo del auto, con las esperanzas de encontrar el cuerpo de Jennifer, aunque no tengo la menor duda que pueda tener la simple certeza, de que sea la única responsable de su muerte. Pero no siento culpa alguna.
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