Rastreadores. 1/2

El silencio entre los tres fue más que una tortura, Kao solo puede ayudar a Victor y en cuanto a Oriana solo se dispone a llamar a alguien por celular. De su bolsillo, saco una pequeña cajita de color bordo que dentro de ella hay una jeringa y dos frascos con un líquido rojo.

Oriana se acerca a la puerta mirando a que nadie entre. Mi corazón comienza a acelerarse, me acerco a Victor y agarro su mano, mientras miro con extrema atención a Kao, pero de la nada siento que alguien me agarra de los hombros, llenándome la sorpresa ver a Thomas junco con Amanda.

—¿Qué estás haciendo? – Kao no responde a mi pregunta. — ¡KAO! – Grite.

—Será mejor que le respondas. — Responde Thomas, luego de limpiar la herida de Victor.

—Es un medicamento, es para combatir el veneno. — Acerca la jeringa.

—¡Espera! Al principio lo sugerí, ahora se los exijo. Llévenlo a un hospital. — Cubro el brazo de Victor.

—Escúchame Mk, si sabes lo que somos, entonces entenderás que no cualquier medicamento sirve con nosotros. — Explico, luego de quitar mi mano y dejar que continúe.

Ahora más que nunca, tengo que estar consciente de que ellos no son humanos y que tengo que hacerme la idea que estoy metida en problemas. Luego de que le inyectara ese líquido en su brazo, deje que lo ayuden el resto entre Kao y Oriana. Amanda, por su parte, se quedó a mi lado, esperando a que la ayuda que Oriana había llamado, llegara.

Me fui de ese lugar sin ser vista, volví al salón en donde me senté como si nada hubiera pasado hasta que la clase empezó y de nuevo sentí que todo volvía a la normalidad. El profesor habla, escribe, habla, escribe… y así sucesivamente hasta que llego la hora de salir del instituto sin antes, ser llamada por Aida. Mientras guardo las cosas, salimos y caminamos hasta llegar final del pasillo, el cual está un poco oscuro, siendo iluminado por las ventanas que tiene las puertas de los salones, aunque algunos no den mucha luz, pero lo poco que dan hacen que el pasillo se vea y sienta como en una película de terror.

Cuanto más habla conmigo, más siento que puedo confiar en ella, es algo infantil creer que con solo hablar yo pueda tener amigas, pero así funciono con Aida, nuestro caminar se volvió lento con los chismes y noticias que ella tiene para mí. Algunas se escuchan interesantes, pero otras no tanto y cambio de conversación cuando veo el auto de Chase. Sé que ella sabe mucho de Chase, Victor y de los demás, pero es obvio que no sabe lo que son realmente, es me deja con solo una duda. ¿Qué pasará cuando sepan lo que realmente son? Una sola conversación obtuvo toda mi atención y es en la que está involucrada el hermano mayor de Chase y la hermana mayor de Victor, creo suponer que nada bueno salió de eso.

La historia parece no tener sentido, es más como la historia de Romeo y Julieta, que ambas familias se odian y al final ambos mueren, pero en este caso, solo ella tuvo ese final y él se dio a la fuga. Creo que debería indagar un poco más sobre la historia, pero dije que no volvería a hablar con ellos.

Llegamos al centro en donde ella toma el camino a su casa y yo continúo caminando, hasta llegar a la calle en donde me llevaría a la mía, y en el camino compro algunas cosas que necesito para la cena de esta noche, mi celular no sonó en todo el día. Chase y Victor les quedo en la cabeza que no quería hablar con ellos. Pensé en buscar a mi abuela y volver a hablar con ella, pero el miedo invadió mi cabeza, mostrándome miles de escenarios en donde ella me ignora, otro en donde me grita y muchos más, me quede para a mitad del camino buscando alguna otra solución, pero no logre encontrarla.

A dos cuadras de mi cabeza, una voz pronuncia mi nombre y me doy la vuelta para ver de quién se trata.

Una señora se acerca a mí con una mochila y de mala manera me la entrega, sin decirme nada, solo se fue esperé a algunos minutos para continuar mi camino, pero un chico que se encuentra del otro lado de la calle, se queda mirándome, de manera dominante. Devuelvo la mirada, ya estando más cerca de la casa y de sorpresa este chico ya no está.

El miedo invadió mi cuerpo y me apresura para entrar, cerrar por completo la casa, sin dejar la posibilidad de que alguien entre. Durante algunos segundos y con mucho cuidado y con las luces pagadas de la casa, observo por la ventana buscando a aquel chico que vi, recordando su ropa, borcegos de color negros, con jeans negros y una chaqueta de color negro, no pude ver su mochila y de test naranja.

Cada problema que tuve desde que llegue al Instituto, fue porque fui entrometida en la pelea de Victor con Chase, capas que así lo planearon ellos, para saber si sería capaz de soportar tanta información. Y para hacer cartón lleno, Victor decide llevarme a un club en donde hay más demonios, fingió que le interesaba ayudarme a buscar a Jenifer, me siento traicionada y peor aún podía sentir celos de aquellas chicas que llegaron a seducirlo.

A la mañana siguiente.

Me desperté luego de estar casi, todo el día encerrada en la casa de mi abuela, bajaba a la cocina, buscaba lo que necesitaba y volvía de nuevo, sin emitir sonido, algunos la sala, el comedor y gran parte de la casa se mantenía con las luces apagadas, no porque quiero ahorrar en dinero. Si no que mi mente, de mal viajo durante algunos días en donde pensé que Chase y Victor podrían, llegar a aparecer de la nada. Buscaba trabajo por internet, cerca de mi viejo trabajo, pero recordé el secuestro y cambié la dirección, en donde podría ubicarme. Luego pensé en mudarme y poner en venta la casa, pero pensé que capas, solo capas, mi abuela podría volver. Me bañé y salí en busca de víveres, ya estaba tomando la apariencia de un ermitaño.

Mientras camino por las calles, miro mi ropa, un vestido floreado, medias negras por encima de la rodilla, un gorro, una chaqueta y borcegos, y mi mochila, un estilo bohemio de bajo perfil para un pueblo que tiene pocos habitantes.

*Sonido de llamada.*

—¿Hola? – Me detengo enfrente de la tienda.

—¿Mk? Soy yo Aida, necesito hablar contigo. — Se corta la llamada.

—¿Qué? - Miro el celular. — Con qué número desconocido.

Guardo el celular y camino al supermercado, que está enfrente de mí. Por el reflejo de vidrio, veo al mismo chico de ayer caminando hacia mí. Entro al lugar, y comienzo a buscar mis provisiones hasta que llego al pasillo de productos fríos. Siento que alguien me mira desde lejos, y me apresuro para agarrar cosas.

—Hola, Mk soy Fausto, ¿Me recuerdas? – Dijo, con sus manos en su cadera.

—Hola, buenos días. — Respondo con amabilidad. — ¿Cómo estás? –

—¡Ah! Supe de tu situación, y quería que sepas que tienes nuestro apoyo para lo que necesites. Y supe que estás buscando trabajo. — Suspiro. Por encima de su hombro veo un par de ojos acercándose.

—Ah, gracias señor Fausto. Pero si me disculpa. — Me alejo de él para seguir al chico de atrás.

Lo busco, hasta hallarlo en el pasillo de limpieza y comenzar a caminar hacia él, pero me ve acercándome y se hace lo mismo, pero de lado contrario, dejo lo que tenía en las manos y sale del lugar. Paso por caja, para pagar por mis alimentos. Saliendo del sitio, el cielo se nubló de una manera extrema en donde la nieve comenzó a caer, logro ver al joven yéndose por una calle, que es sospechosa, pero recordé que Victor aparece cada vez que estoy en peligro, capas que ahora sepa por lo que estoy pasando.

Cuando llego a la calle, no hay nadie me adentro buscándolo con miedo, las piernas temblorosas, las manos sudando y mi respiración congelándose por el cambio de clima. Antes de irme, deje caer uno de mis pendientes, al suelo y me marcho. Vuelvo a retomar el camino a mi casa y por el camino veo a Amanda junto a Tohmas, me escondo dentro de una tienda, en donde vende todo tipo de cosas religiosas, pero no justamente sobre el cristianismo, más bien algo más como el paganismo. Miro nuevamente la vidriera por donde pasan Amanda y Tohmas, vuelvo a la señora y que está junto con otro mirándome y agarro algo de una mesa, sin ver y me acerco.

Su manera de mirarme, hacen que me sienta incómoda. Al terminar solo me alejo de esa tienda, mirando él nombra “Hijas de la luna” curioso nombre para una santería o eso es lo que creo. Llego a casa, y dejo las cosas sobre la mesa, el silencio que hay me provoca escalofríos y enciendo la radio que siempre está sobre la ventana de la cocina. La música suena en la casa, haciéndome sentir mejor y menos sola. Hasta que mi celular suena nuevamente y miro el número reconociendo que podría ser Aida

—¿Aida, eres tú? – Le bajo el volumen a la radio. — ¿Estás ahí? –

Solo se puede escuchar una respiración agitada, y de nuevo la llamada se corta nuevamente, pero esta vez si me dejo preocupada. Subí el volumen de mi celular, para escuchar la llamada, capas que la próxima vez sí puede llegar a ser ella. Respiro profundo y vuelvo a hacer mis cosas, terminando de ordenar los víveres y decidirme por fin a encender las luces. Estando en la sala, busco el interruptor de la lámpara, pero siento una mano sobre el sillón. En segundos aquella persona, me sujeto mi muñeca y dejo caer al sillón, encima de mí con mi mano libre solo puedo colocar mi ante brazo en su cuello para que no se acerque. El poste de luz, que sostiene una luz de noche, alumbra la ventana haciendo que entre por esta, dejándome ver a un chico, al chico de hoy ayer a la mañana.

Sus ojos verdes y con ojeras, su nariz roja por el frío y su aire a macho dominante, me provocan recuerdos de Victor. Trato de controlar mi respiración, pero al escuchar el sonido de mi celular comienzo a forcejear, muevo mis piernas sin sentido y buscar golpearlo. Pero es más que imposible, levanta su mano para mostrarme el pendiente que deje en aquel callejón, abro mis ojos de par en par. Con voz quebrada le pido que me suelte y este solo accede.

Aun así, sin antes, acariciar mi mejilla con la cual sostenían mis dos manos.

Una vez que él se alejó, las luces se encienden como por arte de magia. Me siento en el sillón, aguardando un poco para tomar la oportunidad para salir corriendo y esa oportunidad se presentó cuando él se para enfrente de la venta que da al patio, me levanto y camino con cuidado hasta la entrada de la sala y una vez que él no está mirando corro a la cocina. Aquellos pasos de mi agresor, se escuchan detrás de mí. Es la misma desesperación que tuvo cuando fui secuestrada, no supe qué hacer y termino por encerrar en el sótano, forcejeando un poco para cerrar la puerta.

Mi celular vuelve a sonar, y sin pensarlo continuo corriendo hasta la salida que me lleva al lado derecho de la casa. El frío se siente aún más, estando en el sótano, pero muchos sonidos comenzaron a escucharse en la parte de arriba, la luz se corta cuando toco el candado para intentar abrirlo. Pero me detengo al ver la sombra de aquel sujeto, desde las pequeñas aberturas de las puertas de madera, conteniendo un poco la respiración, me alejo, pero fui demasiado lenta, de un solo golpe este golpe el candado, la cadena y la puerta para sujetarme del brazo y sacarme de ahí.

—¡Espera! – Roge haciendo fuerza para que suelte mi cuello. — No lo hagas. —

—¿En dónde están los demás? – Pregunto con voz ronca. — ¿En dónde está el Demonio y el Virtudes? –

Este estira su mano, para sacar un cuchillo del costo de su cadera y cierro los ojos sabiendo que estoy por morir, pero una fuerza superior hace que me suelte. Caigo al suelo mareado y sin fuerzas. Levanto la vista encontrándome con Victor, sus manos muestran ese líquido espeso y supe que no ganaría nada con estar ahí.

Busco un árbol y comienzo a subirlo alejándome de ambos. Pero este sujeta mi pie haciéndome caer encima de las rosas. Victor grita mi nombre y se abalanza, golpeándolo son piedad, haciendo que la pelea se intensifique entre los dos. Sin perder tiempo, salgo entre los rosales, gateando hasta llegar nuevamente al árbol, buscando una manera de que no me encuentre.

No estaba prestando atención a la pelea, pero miro desde un lado y ve al sujeto golpeando a Victor, el cual pierde sangre desde su herida anterior, no quise que nada malo le pasara. Es por eso que me armo de valor, para correr hasta aquel sujeto y empujarlo, logrando que choque contra la pared, pero sin hacerlo el más mínimo daño. Algo que una simple humano no puede hacer.

Me levanto buscando a Victor y lo ayudo a levantarse. Saliendo de ese lugar, pero por la puerta de enfrente, cuando estábamos por pasar la sala, veo a Oriana junto a Kao. Oriana se lleva a Victor, Kao me pide que me fuera con ellos, pero yo no quería dejar la única cosa que me queda de mi madre, es por eso que corro hasta mi habitación, en busca de aquella caja. Llego, pero en la ventana lo veo, mirándome Kao me detiene.

—¿Hay algo en tu habitación? – Pregunto mientras que hace aparecer dagas de su manga.

—No, pero mi abuela siempre me hacía un ramo de hierbas para aromatizar la habitación. — Este sonrió. Veo que aquella cosa no puede vernos. — Hay que aprovechar… —

No logre terminar de decir eso que esté con su mano, levanta a Kao por los aires y lo choca contra la pared, para así expulsarlo por la ventana que da a la calle. Grite su nombre, capas que así Oriana lograba escucharme. Miro la caja sobre mi mesa de noche y aproveché la oportunidad y salir corriendo. Bajando las escaleras, esta me acorrala en la parte de abajo, pero mira en todas las direcciones, sin verme a la par de sus pasos, vuelvo a subir y conteniendo la respiración, llego nuevamente arriba.

Él se va a la pieza de mi abuela, abriéndola de un golpe y dándome segundos para escapar, con cuidado bajo las escaleras, pero el sonido de mi celular hace que salga nuevamente y me apresuro. En la puerta veo a Kao, esperándome con cortada en la cara y su ropa gastada y sucia. Entro al auto y en la parte de atrás está Victor desmayado junto a Oriana, intacta.

Intento reaccionar a lo que acaba de pasar, pero no hay una respuesta lógica, fui atacada por alguien que no conozco, Victor arriesgo su vida para salvarme y ahora está más herido que antes. Kao, llama por celular y Oriana, le cubre las heridas a Victor. Bajo la mirada, para ver mis manos cubiertas con sangre, temblorosas al igual que mis piernas, pero no solo tiemblan esta con raspones por todos lados al igual que mis brazos y pecho.

Mis ojos se llenan de lágrimas, cuando pienso en lo que paso vuelvo mi mirada a Victor y sé que valió la pena el enfrentarme a esa persona, para ayudarlo. 

No me di cuenta de que me quede dormida y abrí los ojos para llevarme la sorpresa de ver a Thomas enfrente de mi cruzado de brazo, con una expresión de enojo y escuchar, a lo lejos, la voz de Amanda y de Chase discutiendo. Me siento en la cama y a mi lado está Oriana acostada, mirándome con una sonrisa levanto los brazos para ver que están vendados al igual que mis piernas.

Salgo de la cama y voy directo a la puerta, encontrándome con Kao este sorprendido de mi recuperación, se quedó obstruyéndome el paso a Chase.

—¿En dónde está? - Pregunte sin sacarle los ojos de encima. — Y no te atrevas a mentirme. —

—Está descansando, déjame llevarte. — Se ofrece, tomándome del brazo.

—Gracias. — Me sujeto mientras comienzo a caminar.

La casa trasmite abandono y tristeza, es oscura y no hay mucha luz como aquellas casas en donde sabes que algo malo paso y aun así vives ahí porque es emocionante.  Los pasillos, las paredes tiene la pintura gastada por los años, la alfombra que decora el pasillo ya perdió su color.

Algunas pinturas como decoración, ya no tienen esos hermosos detalles que alguna vez tuvieron, las puertas solo son puertas de madera color marrón aburrido.

—Es aquí. — Me abre la puerta para que pueda pasar.

—Kao, muchas gracias… Por todo. — Me acerco para darle un beso.

No dije más nada y entre a la habitación, mirando la cama, viéndolo sentado sobre la orilla, con la mitad del cuerpo vendado, algunos moretones en su espalda, su cuello marco con las manos de aquel sujeto, camino lento esperando algo que no sé.

Me detengo a un lado y me siento, mirando por la ventana al gran patio de la casa. En segundos siento su mirada, en mí, siento que me seduce, no puedo modular palabra alguna, pero se siente un poco diferente esta vez. 

Giro, mira cabeza para mirarlo, me acerco un poco más hasta quedar cerca de él, observo de reojo y siento su mano en mi pierna.

—Gracias… Por ayudarme. — Hable apenada. — Como sabías que estaba en peligro. —

—De nada. Y sobre lo otro, es por el anillo, si te lo quitas no sabré en donde estás. — Respondí. — No quiero que vuelvan a hacerte daño. —

—Entiendo, eso quiere decir que estoy en deuda contigo. — Sonreí.

—Sí, eso mismo. — Le devuelvo la sonrisa.

El silenció quedo entre los dos, no como algo incómodo, sino como algo tranquilo. Agarro su mano que está en mi pierna y con la otra las junto para darle confianza y calor.

De a poco nos vamos acercando, hasta querer tocar nuestros labios y no haces falta que hablemos, solo es mirarnos a los ojos para saber que es lo que queremos.

Su mano sé pozo sobre mi espalda baja, haciendo que mi columna se endereza con un suspiro, sus ojos hacen que quiera más de sus toques, de su forma de acercarse hasta mi cuello y respirar de manera lenta y profunda. No llegue a pensar que esa forma de respirar provocara algo en mí, aprieto mis muslos de forma discreta y trago en seco.

Siento que mi cuerpo se calienta, hasta llegar a mi rostro. 

—¿Qué hacen? - Pregunto Thomas parado en la puerta. 

—Nada, solo… Viene a… ¿Y tú que haces aquí? - Respondí nerviosa.

—Victor, Chase necesita que hablemos. — Interrumpe.

—Está bien. — Respondió Victor. — Sé que es normal que los demonios y Ángeles, pero es la primera vez que quiero matar a Tohmas. —

Sonrió, al escuchar su comentario. El se levantó con dolor y levantó, se puso su chaqueta, para salir de la habitación. 

Llegamos a la sala y todos están aquí, Oriana sentada al lado de Kao, Amanda parada junto a la chimenea con Chase. Tohmas lleva a Victor al sillón, me quedo mirando a los demás, cruzo mis brazos esperando a que alguno hable.

—Ahora que estamos todos, es hora de decirle la verdad a Mk. — Observo confundida a todos.

—¿De qué verdad están hablando? – Pregunte luego de acercarme un poco más. — Desearía que hablaran. —

—El día de ayer fuiste atacada por un demonio rastreador, que fue enviado por alguien más… — Se acerca a mí.

—Es más que obvio, que alguien mando al rastreador para matar a Mk, ahora la pregunta que ella se debe estar haciendo, es quién y porque. — Explico Amanda.

—Desde mi opinión, ella entiende mucho más de lo que creemos, Chase y Victor le mostraron su forma verdadera y no ha hecho nada. — Tohmas se levantó luego de hablar. — Considero que hay que llevarla con Hama. —

—Dejemos que ella hable. — Siento la mirada de Victor.

—Solo quiero volver a mi casa. — Dije al levantarme.

—Es inútil, ella no quiere saber nada. Es mejor si le borramos la memoria. — Replico Amanda. — No vale la pena, arriesgar nuestro pellejo por ella. —

Me queda callada, pero al final no quise escuchar y me levanto para salir de ese lugar, no quiero dejar que sus palabras me hieran, no de nuevo. Cuando llego a la habitación, busco la caja que mi abuela me dejo y salgo de ahí, no sin antes mirarme en un espejo y notar que traigo la misma ropa, que ayer.

Me abrazo a la caja, y salgo encontrando a Kao en la puerta esperando a que me acerque. No deje que hablara y solo continúe caminando en dirección a la puerta principal, cada uno de ellos solo se ponen en frente de mí esperando a que me detenga, pero incluso Chase hace lo mismo y termina siendo ignorado por mí.

—Si te vas, no podres ayudarte. — Hablo de manera de advertencia, Chase.

—A poyo la idea de Amanda de borrarme la memoria, pero jamás voy a aceptar la idea de lo que son realmente. No hasta saber que puedo confiar realmente en ustedes. — Aclaro. — Adiós. —

—No estás escuchando, nada de lo que estamos diciendo, tú sabes que nosotros podemos ayudarte. — Hablo Kao.

—¡Sí! Casi lo olvido, gracias por ayudarme a encontrar a Jennifer, Chase no quería que fuera a un club y al Victor, me llevo y estuve a punto de ser parte de una estúpida orgía. — Tohmas, se ríe.

No me anime a decir nada más y me marcho de ese lugar, sabiendo que cualquier cosa que llegue a mi casa, puede o no estar al borde de mi propia muerte. No dejaría que nada ni nadie me venza tan fácilmente, solo por esta vez, me deje manejar como un muñeco, solo para que siguieran haciendo conmigo lo que ellos quisieran.

Le doy la espalda y comienzo a caminar, sin mirar a lo que ellos me dicen. Las horas fueron pasando, tanteo mi ropa queriendo encontrar mi celular y no lo encuentro, dejo de caminar para suspirar cansada, en el medio del camino en donde solo hay bosque y pasan autos cada una o dos horas, grito de la ira, la frustración, pero sobre todo del odio que tengo a la situación por la que estoy pasando.

Con desesperación busco cosas las cuales puedo tirar, romper, incluso golpearme, pero son solo arbustos, no pueden hacerme mucho daño. Caigo el suelo, quedándome sentada, pensando si debería volver o continuar por mi cuenta, la desaparición y búsqueda de Jennifer, que mi abuela me abandone, que Aida me cuenta sobre la vida de los hermanos de Chase y Victor, me hacen sentir que la cabeza me está a punto de estallar.

Me levanto al ver un auto acercarse a lo lejos, comienzo a hacer señas para que se detenga. Cuando se detuvo esta baja el vidrio del copiloto y veo la cara de Kao, suspiro para luego subirme al auto.

—¿Tú me salvaste de mi secuestrador? – Curiosa pregunté.

—Sí, fui yo… Victor, se enteró cuando tú estabas en el bosque. — Aclaro mi garganta. — Lo siento si te asuste o te lastime. —

—Descuida. ¿Qué es un demonio rastreador? ¿Y quién lo mando? – Volví a preguntar con un poco más de confianza.

—Aún no lo sabemos, pero creemos que se trata de alguien que te quiere muerta. — Aclare, bajando la velocidad. — ¿Alguna otra? –

—Sí. Quiero que me expliques por Victor y Chase, se odian cada vez que se ven o están cerca. En especial cuando se trata de mí. — Miro el camino esperando su respuesta.

—Eso no puedo responderte, pero puedo decirte que empezó mucho antes de que tú volvieras al pueblo. — Aprieto el volante. — Pero si de algo sé, es que Victor puede controlarse cuando te tiene cerca. Eso se debe a que… —

Se detiene en seco, y me mira confundido para buscar en mis brazos algo. Hasta llegar a mi antebrazo derecho y ver la cicatriz que tengo, se quedó mirándome de una manera tan sorprendida que me dio miedo.

—¿Qué sucede? - Habla agitada. — ¿Por qué frenaste así? ¿Kao? -

—Hay algo más que debes saber… — Dije mirándola a los ojos. — Sobre Victor y el anillo, para que no te asustes. —

—¿Pasa algo? - Me mantuve callada.

—Esos anillos tienen una tarea en específico, es por algo que Victor puede encontrarte con tanta facilidad. — Cierra los ojos. — Ahora entiende una cosa, la conexión entre un demonio y un humano. —

—¿Qué una conexión? ¿Con este anillo? - Observó el anillo.

—La conexión es tan fuerte y potente que si la humana o el humano, no sé siento atraído por el o la demonio, este no puede curarse si llega a estar herida, el anillo lo que hace es quitar fuerza al humano para dárselo al demonio y así reponer sus fuerzas. — Me informó. — Es por eso que Victor te dio y te pide que no te lo quites. Él entiende y comprende que no puede obligarte a amarlo, pero puede cuidarte, solo si confías en él. —

—Comprendo… Pero tengo una preguntan como tantas. — Me acomodo el anillo. — ¿Por qué me eligió a mí, entre muchas chicas del Instituto? -

—No, es que si te eligió, él no fue… El anillo te eligió a ti. — Lo miro de manera sorprendida.

—Está bien solo porque se lo debo, me quedaré con el anillo hasta que logre sanarse. — Aclare cuando quito una curita de mi dedo. — Y trataré de confiar en él. —

No hablamos más después de eso, llegamos al pueblo y vuelvo a mi casa, al bajarme del auto veo que la casa está intacta, parece que no fui atacada y mi casa no haya sufrido ningún percance.

De mi mochila, busco las llaves y me acerco a la puerta, la abro, pero algo no se siente normal, es como una energía que me pesa el cuerpo, a tal punto de sentirme mal, le aviso a Kao, pero el solo decir que es porque Victor está consumiendo mi energía. Me pide que me quede en mi casa y que en unos minutos volvería, inspecciono la casa con una cuchilla que tome del auto de Kao, y busco por la sala, el comedor, la cocina y el baño que se encuentra debajo de las escaleras.

Al terminar, voy a donde están las escaleras y comienzo a subirlas, pero veo que está todo oscuro y me detengo, espero a Kao en el primer escalón que llegue.

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