Feliz Cumpleaños.

Bajamos para no preocuparlas de más. Me despedí de Isaac y camino detrás de ellas, meto mis manos en los bolsillos de mi pantalón y camino. Una vez en el auto, Aida se dispone a conducir.

Durante todo el viaje, no hablé, solo me dispuse a escuchar la conversación de Aida y Alex. Aida nos sugirió un camino más corto, no me opuse a esa sugerencia y Alex, solo deja que Aida haga su santa devoción.

El camino se volvió más largo del que pensé. Me quedo dormida en el auto, mientras que ellas escuchan música.

La voz Alex, me despertó después de un buen rato. Miro la hora en el reloj de mi muñeca y esta marca las 03:20 de la madrugada. Me despido y entro a mi casa. Todo el lugar vacío y oscuro, haciéndome sentir como si estuviera una película de terror, dejo las llaves en la porta, llaves, suspiro y subí a mi habitación, me desvisto a medida que voy llegando a la puerta.

—Supongo que no dormiré mucho hoy tampoco. — Me queje.

Ente a la habitación y me acuesto en la cama, si acomodarla y mucho menos cambiarme, estoy cansada y solo quiero dormir. Durante mi conversación con Isaac, note que es, totalmente, diferente a Víctor o a Chase.

Isaac, escucha y luego opina, los otros dos solo opinan, dicen lo que piensan y luego hablan, aunque de las veces que eso pasó siempre terminaron a los golpes o peor, en no estar de acuerdo.

Pero cuando quieren trabajan bien en equipo. Supongo.

Moviéndome en la cama, desordeno las sabanas y las cobijas, intentando dormir, sacarme la idea de la cabeza en la que Víctor aparece enfrente de mí ahora. Hace 5 mese que no sé nada de ellos, levanto la vista y miro el calendario, el número 13 marcado en él, hace que suspire y no deje que pueda dormir tranquila.

A la mañana, siguiente, desperté y escucho el sonido del teléfono, con prisa bajo las escaleras y atiendo el teléfono, escuchando la voz de mi abuela, felicitándome por mi cumpleaños. Oficialmente tengo 18 años. Ella solo pronunció dos palabras y corto, nunca me afecta tanto como ahora, aunque no es buena demostrando sus sentimientos.

Y ahora, mucho menos, ella no sabe que yo sé la verdad y no quiero decirle. Aquel vacío interno volvió aparecer, después de escuchar su voz siento que las piernas, no soportan el peso de mi cuerpo. No quiero perder el único pilar, que me sostiene, que me mantiene de pie. No me desperté de la mejor manera y mucho menos de los mejores ánimos, pero estoy contenta de que Aida y Alex, no lo sepan.

Me levanto de la cama y me pongo el uniforme, para asistir al colegio, opte por apurarme, ya que se me estaba haciendo tarde, y lo malo que no sé si las puertas estará abierta para cuando yo llegue ahí. Salgo de mi casa y veo la nieve, cubrir el camino y gran parte del patio.

En el camino, no me encontré con Aida, pero sí con Alex, me acerco a ella, ingresa a una pastelería y la espero afuera. Me quedo mirándola y me percato que compra un pastel, algo que me pareció extraño, ella me ve desde adentro y al salir, se queda sorprendida.

—¿Qué haces aquí? -

Pregunto, tragando saliva.

—Voy al colegio. ¿Qué haces tú aquí, Alex? – Interrogo.

—Me mandaron por un pastel. — Agarro su mochila.

—Vamos. — Sonrió.

Durante el camino, nuestra conversación se limitó a solo saber si Aida, estaría en el instituto o no. Alex me preguntaba por qué me relacioné con Klein y Taylor, aunque no tengo una respuesta segura, solo le dije que Víctor y yo trabajamos, en la florería del pueblo, a lo que ella reaccionó de manera extraña.

No es algo nuevo que reaccione de manera sobresaltada, pero la suya me alerto. Me quedo mirándola, y ella siguió caminando.

—¿Paso algo Alex? - Se acerca mirándome.

—¿Tú trabajabas en esa florería? Haces casi 8 meses que se quemó. —

Sorprendida, escucho cada una de sus palabras luego del incidente con mi secuestrador, no volví a la florería y mucho menos volví a recibir, mensaje de mi jefa. Supongo que no volverá a verla, después de todo destroce casi toda la florería.

Alex no dijo nada más y seguimos caminando, hasta llegar al instituto. Pasamos el gran portón, escuchamos el timbre, de la primera hora y nos reímos. En la entrada del edificio vemos que Aida se acerca, muy feliz.

Retrocedo una paso, al ver que está acercándose. En esos segundos siento que alguien me cubre los ojos.

—Feliz cumpleaños. — Susurran en mi oído.

—Gra… gracias.  — Dude tocando sus manos. — ¿Víctor? -

Esa persona descubre mis ojos, el rostro de Aida y Alex, me dan a entender que no es Víctor, un escalofrío recorre mi espalda desde la nuca. Me quedo mirándolas unos segundos y volteo mirando al joven parado enfrente de mí, con el uniforme del instituto, con sonrisa amplia esparciendo confianza, como si todo estuviera bien.

Quedo en medio de Aida y Alex, sin entender lo que está pasando. Sus palabras resuenan en mi cabeza y espero a que terminen, pero en mi mente, solo pienso en dos y ellos no están aquí, en cambio, logro ver a Kao y Oriana, caminando entre medio de la gente.

Me apresuro para llegar hasta ellos, pero desaparecen y me detengo al escuchar la voz de Isaac, me toco el pelo, respiro profundo, para girar y mirarlo.

-¿A quién buscas? – Aida y Alex, aparecen detrás de él.

-Yo… a nadie… - Dude ante mi respuesta. – No busco a nadie. ¿Qué haces aquí Isaac? –

Aida interrumpe diciéndole que le mostrara el instituto, aprovecho para alejarme de ellos, la directora pasa por detrás Alex y la sigo, le aviso que los al cansaré después.

No entiendo qué problema tienen en este instituto con la falta de comunicación, pero ella solo me entrega un sobre, pero no era cualquier sobre, este tiene un sello de color azul y una pluma junta.

Reviso el sobre, pero no hay nombre y mucho menos de donde proviene, pero de algo si estoy segura, no proviene de un ser humano.

El resto del día, Aida, Alex, Isaac, se la pasaron animándome a hacer cosas, como ir de camping solo los cuatro, compraron para comer y beber. Me siento extraña cuando alguien muestra cierta amabilidad por mí, sin pedir algo a cambio, mi mente espera a que Chase y vector, aparezcan de la nada, y me saluden por mi cumpleaños, pero eso será difícil.

—¡¡Y ahora!! Para el gran final… — Expresa Aida, embocinada. — Un pastel, para la cumpleañera. —

—Supongo que me adelante a mi sorpresa… ¿O no Alex? – Ella se ahoga con lo que bebe.

—Supongo, que tu plan se echó a perder, Aida. — Agrego Isaac. — Mk, quiero preguntarte algo.-

—¿Qué cosa? – Le sirvo para beber.

—¿Quieres… ir a bailar? – Preguntó.

Aquella, pregunto ánimo más a Aida, la idea de salir a bailar no me apetece del todo. Miro a Alex y ella a Aida, y asiento volviendo mi vista a Isaac. Entre conversaciones y risas, nos vamos conociendo con Isaac, Aida y Alex notan nuestro interés, y ayudan con preguntas, que me hacen sentir incómoda.

Luego de casi dos horas en el parque, decidimos marcharnos para prepararnos para salir esta noche, Aida y Alex se marchan por un camino mientras que Isaac y yo vamos por distintos. Durante el camino, pensé en declararme enferma, pero eso no convencería a Aida, es muy intensa y no acepta un no, como respuesta.

Escucho la notificación en mi celular, y veo el mensaje.

Desde un número desconocido, alguien me saluda por mi cumpleaños, lo primero que pensé fue es el número de Víctor, pero no sé si los demonios tiene celular o los ángeles. Llegue a casa luego de estar pensando por casi 20 minutos, en la calle. Como siempre la casa en un rotundo silencio, vacía y a oscuras, una hora de salir con los demás se aproxima enciendo las luces, de la casa y subo a mi habitación, para bañarme y buscar ropa, que ponerme.

En el baño, busco una toalla para cubrir mi cuerpo y salir, en mi cabeza solo esperaba que aquel número le pertenezca a uno de ellos. Dentro de mi armario, busco algo que poner, pero sabiendo que Aida no estar contenta con lo que me vista.

Pero opte, por un vestido al cuerpo de color negro y con estampados de dragones en color rojo, decidí dejarme el cabello suelto y terminar de arreglarme, me maquillé suave y casi natural. Me queda unos minutos sentada en la cama, esperando a que llegara Aida. Mi vista se desvía, a la ventana, escuchando a los perros ladrar y el viento que, de a poco, mueve la copa de los árboles.

—Creo que ser mejor que me quede. — Dijo en voz baja, mirando por la ventana.

Pero en esos segundos, un auto se detiene enfrente de mi casa y se escucha la bocina. Respire profundo, para tomar mi abrigo y una cartera, en donde tengo mi celular y demás, al salir, miro a las personas que están dentro del auto, sonrío tímida al ver a Aida, haciéndome una señal que acepta lo que traigo puesto.

Me subo al auto, miro hacia la parte de atrás mirando a Alex al lado de Aida.

Aida no se detendrá, aunque le mintiera que estoy descompuesta.

Durante el viaje, hablamos de temas aburridos y algunos entretenidos, Isaac, en algunas ocasiones, evita mirarme sonrió intentando incentivar a que hable conmigo.

Llegamos al antro, Aida y Alex bajan y esperamos a que Isaac, estacione el auto y vuelva con nosotras, así entramo todos juntos, pero hay algo que no me gusta del lugar y siento bastante familiar. Mientras esperamos, la llegada de más personas me provoca escalofríos. Miro a las chicas y Alex parece estar más atenta a una chica de vestido oscuro, que no se dejan de mirarse mutuamente, pero Aida busca a Isaac, entra la gente que viene por la vereda.

—Tranquila, él está viniendo. — Acomodo su cabello hacia atrás.

—Mk, me impresionas como te vestiste, pensé que tendría que ayudarte a vestir. — Con su mano acaricio mi vestido.

—Gracias, Aida, a mí también me gusta la camisa que traes puesta. — Alague, sonriéndole.

— Ese vestido te favorece. Hoy tienes que tener seducir a alguien. — Emocionada me sugiere mientras que mira a los jóvenes que hacen fila para entrar al antro.

Todo está saliendo bien, pero ese escalofrío que recorre mi espalda cada vez que mira a fila de personas, no me deja tranquila. Cuando llego Isaac, no adentramos al antro, Alex reservo una mesa adentro. Algo que me sorprendió, porque la reserva tiene mi nombre.

Entre trago y risas, la noche comienza para mí. Isaac y Aida se conocen de a poco, pero siento que Alex quiere ir detrás de aquella chica que vio en la entrada. En cuanto a mí, solo recibo las botellas de cerveza que nos traen entre otro trago y botellas.

Todo se vuelve confuso y aquí es en donde no quería llegar, el alcohol sube aún más y un chico se acerca para invitarme a bailar, entra las personas, llegamos al centro de la pista y me muevo a la par del ritmo. El ritmo se vuelve fluido que no hace falta que me fije en otras chicas para bailar, las manos del joven se posan en mi cintura, acercándome a él, levanto mis manos, pero al sentir sus manos en mi trasero las bajo para quitarlas, su sonrisa ante mi reacción, lo ignora y continúa queriendo posar sus manos en mi trasero.

Me acerco a su oído para pedirle que se detenga, pero este, solo, sonríe intentando besarme a la fuerza. Desde la parte de atrás alguien lo detiene doblando sus dedos hacia abajo, levanto la vista encontrando a Víctor. Busco a Aida, con la mirada, pero ella no está en la mesa, solo encuentro a Alex con aquella chica, besándose, jugando con sus manos, con tropiezos camino chocándome con todos.

Miro de nuevo para quitarme la idea de que Víctor está aquí, agarro mi cartera y camino hasta el baño, siento todo el alcohol subiendo por mi garganta, debo admitir que no soporto el alcohol y mucho menos no sé beber. Llegue a mi límite.

Nada parecía más vergonzoso que tener la cabeza dentro del inodoro, siento que alguien sostiene mi cabello mientras, mientras expulso todo lo que bebí, en un promedio de tres horas. Siento que ya no tengo más y me siento en el suelo, para limpiarme la boca, y mirar a aquella persona. Sus borcegos negros, con un pantalón cargo gris oscuro, se arrodilla y veo unos hermosos ojos color almendra.

—¿Y tú quién eres? – Pregunto agarrando su brazo.

—Alguien que quiere ayudarte. — Me levanta.

—¿Por qué? – Solloce. — ¡Víctor! Eres un maldito traidor. —

Golpeo la mesada de lava mano, con ira intentando mantener el equilibrio, una segunda figura masculina reflejada en el espejo vestido de color negro, cubriendo su rostro con un pasamontañas, como aquel rastreador. Me giro rápidamente y veo entrar a Aida, buscándome, aquella figura se desvanece antes de que ella entrara. Por algunos segundos, pensé que se trataría de Víctor.

Isaac y Alex, se quedan en la puerta, y muevo mi mano en forma pacífica.

Los mareos cesaron al igual que las ganas de vomitar, pero algo que no me deja tranquila es el anillo que Víctor me dio, siento que la mordida que una vez me dio está ardiendo, como si quemara. Decido ignorarla, por el momento, pero es incómodo.

Aida y los demás me sacan del baño, llevándome de nuevo a la mesa, busco al joven con el que baile, pero no lo encontré. Me siento en la silla, miro una botella, pero Isaac la aparta, supongo que supo lo que estaba planeando.

—¿Quieres que te lleve a tu casa? – Me pregunto Alex.

—Cuando salga me tomo un taxi. Gracias por todo, yo me iré a casa. — Hable tranquilizando a los tres.

Ignorando todo lo que ella me dice, incluyendo a Isaac, salgo del antro caminando por la calle vacía y con poca iluminación. El viento frío golpea mi rostro de manera que me mantiene despierta y con la mente alerta, cuanto más me alejo el silencio y el vacío de la calle se vuelven parte de la noche, es tanto el silencio que puedo escuchar mis propios pasos y eso me provoca miedo.

Mi serenidad me abandona por momentos, respiro profundo, los árboles se mueven en unos compas que distraen, haciendo que mi miedo sea olvidado. El sonido de las aves nocturnas, cantan cosas que se rompen detrás de mí, hacen que voltee, suspiro al ver que se trata de un ciervo, seguí caminando sin darle importancia.

Llego hasta la calle que conecta mi casa, y de nuevo aquel ardor en mi dedo índice, hace que me detenga mirando mi mano con sangre y buscando ayuda sin tener éxito. Escucho el sonido de mi celular y atiendo la llamada.

Escucho respirar a alguien, pero no hay voces, no me animo a hablar y corto la llamada, hasta que algo me susurro al oído con voz gruesa y áspera, volteo lanzando mi celular en defensa, y no hay nadie.

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