Sin respuestas 2/3

Entramos al club, mirando el lugar todo sigue igual que hace algunos meses. Pero esta vez solo hay personas que me miran, con sus ojos rojos como si tuviera algo que ver. A lo lejos visualizo a Baltor, el cual tiene una mano vendad y su aspecto de enfermo, sus labios están casi violetas, y su piel de color gris.

Nos miramos con Victor y este me agarra la mano, me mantengo tranquila, mientras camino me siento culpable, ahora que sé que el padre de Victor está en el pueblo, pero no sé los motivos, del porqué. Llegamos a la oficina de Baltor y este nos muestra, su interior. La gran ventana destrozada, los libros tirados en el suelo, todo el lugar estaba destrozado.

—¿Qué paso aquí Baltor? - Pregunto Víctor, mirándome a mí. — Tranquilo, ella ya lo sabe. —

—Tu padre vino, para saber cosas y como no puedo decir nada por un hechizo se enojó. — Su rostro solo expreso, preocupación cuando mira a Victor.

—¿Qué clase de hechizo? – Pregunte, mirando el suelo y levantado un libro. — ¿Qué puede tener tan enojado a tu padre para que haga esto? ¿Victor? –

—No lo sé, pero tenemos que averiguarlo. — Mientras que ellos hablan.

—¿Quién es él? – Cuando abro el libro encuentro la foto. — Me resulta conocido. —

—Él es Cole Brigman, él ayudó a tu hermana, él es el único que… — Se detiene, pasando su mano por su cabeza.

—¿El único qué? – Me pongo delante de Victor.

—Que sabe cómo se llama la hija que tuvo Celani… — Respondió, apenado

—Espera… ¿Celani tuvo una hija? - La confusión de Victor, hace que apriete mi mano. — ¿Y por qué te preguntaría eso a ti? -

—Ese no es problema, el problema es que con quien lo tuvo. — Escucho con extrema, atención. — Celani, me pidió que no confiara en nadie… menos en ti, es por eso que no te lo dije. —

—¿Quién es el padre, Baltor? - Su tono de vos, se vuelve grave y me suelta la mano.

—Victor, cálmate… ¿Sabes en donde está el padre? - Se acerca mi y revisa el bolsillo de mi campera.

—El dueño, de este collar, es el padre del bebe… en este caso tu sobrino, Victor. — Arrugo el ceño, sin comprender nada. — El padre es un ángel, es el primer híbrido. —

—No, no es posible, ese collar me lo dejo mi madre a mí. — Suelto la mano de Victor y acercarme a él. — Mi madre se llamaba Spencer y… —

—Espera Mk. Baltor, estás seguro de que el dueño del collar es el padre. — Afirmo, con molestia. — Porque este collar le pertenece al hermano de Chase, Davian. —

Cada una de sus palabras, me provocan escalofríos en el cuerpo. Mi madre tuvo un amorío con ángel caído, y producto de ese amorío nací yo. Ahora tengo que lidiar con todo esto.

Me giro para mirar por la ventana dejándolos hablar tranquilos. La conversación entre Victor y Baltor, se intensifica cuando Victor empieza a enojarse, siento frío y volteo para verlo mejor, y miro sus manos que cambian de a poco.

—¿Victor? – Pregunto. — ¡Mírame! Necesito que te tranquilices. —

—Tienes que aléjate. — Advierte Baltor.

—No pienso alejarme de él. — Afirmo.

Me pongo en frente y con mis manos en su rostro, hago que me mire, sus ojos cambian de color y el frío se vuelve insoportable. Baltor, se oculta detrás del sillón que está enfrente de nosotros, no perdí más tiempo y le doy un beso.

El calor de sus labios, es tan intenso que me quema de una manera tan excitante, que se vuelve irresistible. Sus manos se posan en mi cintura, apretándome contra su cuerpo, me dejo controlar por sus labios hasta que ese calor va desapareciendo de a poco. Abro los ojos, sonrió al notar que volvió a la normalidad, pero su manera de mirarme me provoca nerviosismo.

Baltor, aplaude por mi valentía y capas que por algo más. Victor no dice nada y se marcha, sin antes sujetar mi mano y llevarme con él.

¿Estará celoso? Deje que me sacara de ese lugar. Otra vez. Al salir, vemos la nieve caer, desde lo más oscuro del cielo, como una lluvia helada, pero que no tiene fin. Salimos de la estación y me lleva directo al su auto y entro, sentándome en el asiento del copiloto y me abrocho el cinturón. Victor, comienza a conducir, hasta llegar a la ruta y retomar el camino, hasta mi casa, pero el trayecto algo, golpea el coche desde atrás, haciendo que este pierda el control e intente maniobrar evitando chocar. Al detenerse levanto la cabeza, mirando hacia el frente, notando a una persona parada a lo lejos. Miro a Victor y este no dejar de intentar encender el auto, siento su desesperación, de una manera constante.

—¿Qué es? – Pregunte, mirándolo.

—No que, sino quién. — Respondió, encendiendo el auto. — Sujétate.

Aquella persona corre hacia nosotros, pero antes de que pudiéramos escapar, aquel sujeto llega hasta nosotros y detiene el auto con una sola mano.

—¡VETE! Corre al bosque. — Salgo del auto.

No pude decir nada y comienzo a correr, sin saber hacia donde iba, la nieve hasta que se vuelva imposible continuar, los árboles cubren la luz de la luna cuando las nubes se apartan. El aire entra por mi boca, haciendo que me ahogue, me duele la garganta de respirar profundo y tratar de controlar mis pulsaciones.

El frío se vuelve más doloroso, la lluvia de nieve parece cesar dejándome ver el dónde estoy. Escucho aullidos de lobos a lo lejos y me apresuro a correr, teniendo la esperanza de encontrar a alguien más. Cuanto más me acerco, visualizo una cerca como los que están en lo campo para que los animales no se alejen.

Continúo caminando, pero tropiezo con algo duro y frío, al caer al suelo, no siento los dedos de mis manos y de los pies. Me siento en el suelo, siento lo que parece ser una gran roca, pero, las nubes se corren de a poco dejando ver lo que realmente es, la luna alumbra como un sol de noche, una lápida con el nombre de Celani Klein, la imagen de Victor me llega a la cabeza, como el agua los ríos secos.

—¿En dónde estoy? – Me pongo de pie, buscando algún lugar cerca.

—¡MK! ¿En dónde estás? – Alguien grita a lo lejos.

Por unos minutos me asusté, al no saber de quién se podría llegar a tratar, pero no me quedaría para averiguarlo.

Continuó corriendo, volviéndome a perder dentro del bosque, no sentí cuando Kao, apareció y me sostuvo de los hombros haciéndome reaccionar. Suspire que todo había terminado, pero no fue así, Kao me está llevando a otro lugar.

No me percate que no es él, cuando me apuñalo con un cuchillo en mi vientre, ya era tarde. Levanto la vista y sus ojos de un color negro tan oscuros que puedo sentir maldad pura.

Saque el objeto con el que me apuñalo, y note que es el mismo cuchillo con el que me había defendido una vez. Aquella vez que apareció un demonio rastreador.

Al volver mi vista a él, este tiene un aspecto completamente diferente, su ropa y su rostro cambió por completo. Mis piernas tiemblan y no es por el frío, dejo caer el cuchillo y sigo caminando lejos de él. La nieve dejó de caer, las nubes se dispersaron en cuestión de segundos, Víctor no vino por mí y eso me provoca más miedo. Ese rastreador continúa detrás de mí. Sin escapatoria, no hace falta que mire hacia atrás, sé que él está ahí esperando el momento a que de mi último suspiro y llevarse algo de mí y mostrar que tiene una víctima para su colección.

Miro mi mano que cubre la herida y está de un rojo carmesí, todo se está volviendo borroso, el camino no parece estar cerca, y de golpe las risas de aquel rastreador, se escuchan detrás de mí.

—¿Qué quieres de mí? – Pregunte, echándome sobre un tronco tumbado en el suelo. —¿Por qué yo? –

 No responde, solo se me queda mirando de manera triste con la cual, sonrió su sonrisa, me dio lo que necesitaba en este momento. Aquel frío ya no lo siento y mis ojos comienzan a cerrarse de a poco, escucho sus pasos acercándose, pero no hay nadie cerca para ayudarme, sé que este es mi final y no puedo evitarlo, y si aún pudiera salvarme, ese no sería el caso estoy herida y perdí mucha sangre.

Sobre la nieve hay pequeñas de sangre, algo que me dio más risa. Su cercanía, 

Sus pasos se escuchan con tal perfección que no había notado hasta que abrí los ojos, que este solo se quedó mirándome. Viéndome como escupo sangra por la boca, mientras que las extremidades de mi cuerpo se congelan por el frío, deje de sentir el frío cuando se agachó, con el cuchillo en la mano.

No puedo mover mis labios, en todo lo que estaba pasando no prestó atención en los pequeños detalles que cuelga al costado de su cintura, notando que tiene algunos colgantes que son anillos, dijes y entre otros, pero el que llamo mi atención fue el llavero de mariposa, con decoraciones rojas y naranjas en las alas. Mi cabeza se quedó en blanco, al saber que esa mariposa le pertenece a Jennifer, por encima de su hombro veo que se acercan 3 personas, supongo que son más rastreadores que viene a matarme de a poco y lento.

Mis ojos se cierran de a poco, pero mi sentido del oído está activo, los sonidos de golpes y hierro chocando, hacen que me asuste y quiera mirar, pero no lo logro.

Siento que alguien me carga en sus brazos y me lleva, el frío dejo provocar dolor en mi cuerpo.

Los recuerdos de aquella visión, con mi madre y mi abuela, me llevan a un camino sin fin, en donde todo se repite como un bucle del cual no puedo escapar. El conocer a Chase, Kao y los demás, me hace dudar de lo que mi abuela dijo ese día, todos me defendieron de aquel enfrentamiento con el rastreador, incluyéndolo a Víctor.

Estoy en deuda con ellos, pero ahora que la verdad está más cerca, me hace dudar de mi relación con Chase y tengo miedo que al final de la verdad, nos lastime a todos, incluyendo a Víctor.

Durante un largo tiempo quede inconsciente, de manera que no sé en donde estoy. Al no escuchar más las voces, y la cierta cerrarse, abro lentamente los ojos observando el lugar. Una habitación cerrada, sin ventanas, con solo la cama y una pequeña mesa de noche al lado.

Me levanto de la cama, pero un dolor intenso en mi vientre, levanto la remará que traigo puesta y mirando la venda que tengo. El mantenerme de pie es casi imposible, sin sentir una fuerte puntada en mi abdomen, me apoyo contra la pared mirando la pintura de las paredes, notando que están viejas y huelen a humedad. Me acerco a la puerta, busco el picaporte y mi mente quedo en blanco, pensándome en todos los escenarios posibles en las que nuevamente fui secuestrada por el rastreador.

Pero supongo que los rastreadores, no te lastiman para luego curarte. ¿O Sí? Se escucha que alguien desde afuera, introduce una llave y abre la puerta, no sé qué quiero lograr para antes de que pueda reacción otra persona proveniente de afuera detiene mi puño.

—Hama, tiene razón, no eres idiota. — Expreso un chico, que tiene una bandeja con comida en su mano izquierda.

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