A la mañana siguiente, siento que mi cuerpo es levantado como si fuera una luma. Y soy dejada sobre una camilla, abro los ojos para encontrarme a Chase, mi abuela y la directora, trago en seco para luego sentarme.
—¿Qué haces durmiendo en el suelo? – Me miran confundida. — ¿Mk, te encuentras bien? –
—Gracias por todo, doctor, pero no será necesario dije que me la llevaré a Alemania. — Mi abuela habla con el doctor.
—¡No! Tú sí quieres irte, vete, pero yo me quedo. Tengo a Jennifer. — La directora, se cubrió la boca sorprendida. — ¿Qué? ¿Qué pasa? –
—Directora, ella no lo sabe. Está bien, Mk, pero primero que nada tienes que prometerme que no te alteraras. — Me sujeta de los hombros.
—No creo que sé buena idea, decirle ahora Chase. — Protesto la directora. — Esperemos a que se mejore.-
—Pueden dejar el suspenso, para los libros. — Me queje. — ¿Le paso algo a Jennifer? –
Se miraron entre los tres, y volvieron sus miradas a mí.
—¿Puedo hablar con ella a solas? – El doctor, mi abuela y la directora se fueron.
—¿Chase que sucede? - Pregunte alarmante.
—No sé, cómo decírtelo, pero Jennifer desapareció, hace 4 días y aún no la encuentran. — Me quede mirando el suelo.
—¿Cómo qué desapareció? Pero si ella, estaba con su novio la última vez, que la vi. Max debe saber lo que sucede. — Respiro profundo, para levantar la cabeza y mirarlo a los ojos.
—Lo siento, Mk, pero Max no sabe en donde puede estar. — Me bajo de la camilla. — ¿A dónde vas? -
—Tengo que buscarla, y buscar un nuevo trabajo. — Busco mi ropa, que deje a los pies de la camilla. —
—Yo te ayudo. — Dijo decidido.
—Cuenten conmigo. —
Miro hacia la puerta viendo a Victor, cruzados de brazos apoyados sobre el marco de la puerta. Vuelvo la vista de nuevo a Chase, pero, sin expresión, este se encuentra mirándome. Le regalo una sonrisa.
Término de cambiarme, y salgo de la habitación, esperando non encontrar a nadie, pero, mi abuela junto a Chase y Victor, los tres sentados en los bancos de espera.
Me acerqué a ellos, esperando a que mi abuela, me presionara para irme con ella. Supongo que la subestime demasiado, no dudo en dejarme las llaves de su casa y decirme que me cuidara.
—Hasta aquí, llego mi responsabilidad. — Se acerca a mí, para mirarme. — No me había dado cuenta de que has crecido mucho. —
—Eso te lo debo a ti. — Respondí con seriedad. — Debiste ponerme en adopción, si tanto te recordaba a mamá y te hacía daño. —
—Lo siento, McKenna no pensé mis palabras al momento de hablar. — De su bolso saca una caja. — Es el único recuerdo de que tengo de tu madre, aparte de ti. —
—Gracias, pero creo que deberías conservarla. — Ella, comienza a llorar. —
—Ella te la dejó a ti. Se supone que debí darte cuando cumplieras 15 años. — Acaricio la caja. — Pero no pude, quería continuar con la idea que aún tenía a mi hija. —
—¿Y para qué esa idea se cumple en tu cabeza, tenías que tratarme así? ¿Tenías que hacerme sentir una mierda? – Respiro profundo.
Comienzo a caminar, apartándome de los tres. Puedo escuchar los pasos, de uno de ellos. El camino se vuelvo lento y silencioso, Victor y Chase, se mantienen callados pero cerca de mí.
Siento que mis piernas pesan, con cada avance que hago lejos de mi abuelo. Los ojos de Victor, se clavan en mí, en mi nuca, haciéndome sentir insegura e indefensa. Giro mirando a Chase.
—¿En dónde fue la última vez que vieron a Jennifer? – Lo noto, nervioso y tenso a la vez. — ¿Victor, en donde? –
—En un club, cerca de la estación de trenes abandonada. — Observa a Chase.
—Gracias por confirmarlo, Chase. — Continúo caminando.
—Mk, sé que quieres encontrarla, pero arriesgando la vida no será de la mejor manera. — Se acerca a mí, poniéndose enfrente. —
—Deja que ella quiere ir a buscarla. Si te haces decir que eres su amigo, entonces deberías apoyarla. — Victor se acerca a mí. — Vamos te acompaño. —
—Chase, no te estoy obligando a nada, pero no pretendas que me quede solo porque sí. Tengo que encontrar a mi mejor amiga. — Lo esquivo.
Nos alejamos dejando a Chase, atrás. Estoy decidida a no detenerme, la vida de Jennifer está en peligro. Camino detrás de Victor, mirando para todos lados, recordando todo lo que vea. En dirección a la estación abandonada.
Cuando llegamos a la estación, el tiempo se encargó de marcar los años en la que nadie se ha preocupado por ella. Veo sus paredes, con grafitis, las hierbas creciendo en los bordes, en sus esquinas hay marcas de fuego, como si alguien predio fuego para calentarse del frío, las vías ya no se ven por las hierbas que crecen con el paso del tiempo.
Pero algo que realmente me asombro es que yo nací aquí, y no conocía este lado del pueblo. Vuelvo a mirar a Victor, y veo que se detiene en la boletería, el vidrio sucio, con grafiti y dos de las puntas están rotas. Me acerco a Victor y golpea tres veces, la puerta de un color azul viejo, con la parte de abajo con la pintura removida por el óxido. De golpe, la puerta se abre y este se levanta la ropa mostrándole algo, me mira y me hace señas para que lo siga.
Para mi sorpresa, me quedo sorprendida y con miedo al ver al supuesto guardia de la puerta, un sujeto de aproximadamente 2 metros, con ropa gótica, expansores en sus orejas, nariz y labios. Hasta que observo sus ojos, de un color verde esmeralda, tan llamativos que no pestañea y de golpe su pequeño compañero canino comienza a gruñirme, un perro grande de color blanco.
Victor, sujeta mi mano y se acerca a mí sacando de su bolsillo del pantalón, lo miro extrañada. Pero su cercanía se hace más y más, contra la pared, hasta hacer que mi espalda choque contra la pared, acorralándome contra esta.
Por detrás de él, pasan un chico y dos chicas, no pude ver cómo están vestidas, pero los ojos del chico no dejan de verme, algo que le molesta a Victor, el cual le devuelve la mirada pero amenazadora. Vuelve a mirarme, sujetándome de mi cadera, con brusquedad, haciendo que vuelva a mirarlo.
—Mírame a mí. — Respiro agitada. — No te lo quites. —
—¿Qué es esto? – Pregunte.
—Algo que te ayudara ahí dentro. — Miro sus ojos.
Los ojos de Víctor son tan hipnotizantes, no puedo dejar de verlos, este me suelta el cabello, y acomoda un poco la camisa, pero bufo molesto y la abrió de un tirón. No se convence con lo que ve y me molesto.
Lo alejo de mí, dándole un empujón y me adentro del lugar, en la entrada hay dos cortinas de color verde oscuro. Las luces negras acompañan a la decoración dejando algunos rincones a la imaginación, el aroma del ambiente es denso y dulce, hay personas en la pista bailando de una manera apasionada, hay otras en la barra y algunas en las mesas que rodean la pista. Miro el suelo que lo adorna, una alfombra del mismo color de las cortinas con bordes dorados, las mesas de maderas tienen un mantel como si un perro los hubiera roto, por travesura. La música se escucha alto, observo a la gente bailar, pero algo que me llamo la atención es que se mueven de una manera lenta, es como si estuvieran tocan unos contra otros.
Bajo dos escalones, mirando con atención el lugar y miro al escenario, en donde por encima de él hay un gran cartel con el nombre.
—Vinculum daemonium. ¿Qué clase de nombre es ese? – Pronuncio el nombre. — ¿En dónde podrá estar Jennifer? –
—Ella, tiene que estar en el sector de las habitaciones. — Me pone al tanto.
—¿A dónde tenemos que ir para llegar a las habitaciones? – Pregunto. Me acerco a él.
—Tranquila, antes que nada quiero decirte que… — Sus ojos se fijan en mí. — ¿Qué? –
—Mientras que tú me haces perder el tiempo. Jennifer puede estar corriendo peligro. — Su mirada cambio a una tranquila, pero picará. — Quítate de mi camino. —
Lo aparto de mi camino, y comienzo a caminar en dirección en donde están dos sujetos, de aspecto serio y con mirada de rabia. Les pregunto si puedo pasar, y ellos se abren de lado a lado, dejándome el largo pasillo que hay con luces rojas y azules, que ambientan el lugar.
Mientras que camino, las voces y gritos de hombres y mujeres, que provienen de las puertas que paso me llevan a entrar en pánico, mi mente juego disfrazando la voz de Jennifer con las demás.
Me acerco a la tercera puerta que tiene un símbolo en la puerta, esta no tiene picaporte por lo que es fácil, mirar. La puerta se entreabrió unos centímetros, y las voces se volvieron un poco insoportable.
Los gemidos de aquella mujer no cesaron. Un juego de luces, los ayuda al igual que el aroma. Me desanima un poco al ver que no se trata de Jennifer, por lo que trato de cerrar los más que pueda a puerta y me alejo para no interrumpirlo.
Y la segunda puerta, directamente, no existe y aun así no me atrevo a mirar, pero para confirmar que no se trate de Jennifer, me vuelvo a acercar.
Suspiro aliviada, porque no es ella. Antes de continuar, alguien me sostiene del brazo haciendo que retroceda, me cubre la boca y miro directamente sus ojos.
—¿Quieres que te maten? – Mira hacia la puerta. — No puedes ir de puerta en puerta, buscando a tu amiga. —
—Suéltame, no me importa no me voy sin ella. — Trago en seco.
—Oye tu niña. — Gritan.
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