Respuestas 3/3

Aquel joven de aspecto rudo, cabellos negros y largos, sujetados a una coleta, ropa gastada, pero no voy a negar que es alto. Mis ojos los mirará con cuidado, sin falta, hasta que miro su mano con la cual sujeta la mía, tiene un anillo y en su cuello un collar como el mío.

Me suelta lentamente, y retrocedo dos pasos sin voltear, pero cierra la puerta detrás de sí, dejo la bandeja sobre la cama y camino nuevamente hacia la puerta. Sus ojos son tan normales como los míos, pero Víctor también mostró ese estilo de ojos, haciendo que desconfié, no me animo a hablar para preguntarle en donde estoy.

—Quiero… quiero hablar con Hama. — Cuando abrió la puerta, este solo se quedó parado.

—Entonces, tendrás que esperar. — Respondió, con una sonrisa.

Cerró la puerta detrás de sí. No puedo salir, busco alguna abertura o ventana secundaria por donde escapar, pero el dolor de mi vientre, hace que me retuerce en el suelo. Mi respiración se agita, contraigo los músculos de los brazos para hacer fuerza y así poder levantarme.

En los segundos, que ese joven se había ido pensé en patear la puerta capas que pueda romperla. Pero no puedo hacer fuerza, para poder levantarme, no creo tener suficiente fuerza, para patear la puerta.

Logre levantarme, miro la bandeja con comida suspiro y comienzo a comer entre las frutas y semillas, entre los alimentos, encuentro pélalos de una flor peculiar entre rojas y amarillas. Deje de comer, luego, de encontrar un sabor amargo a los pétalos.

Me quedo sentada sobre la cama, unas horas hasta que escucho nuevamente paso que provienen del arte de afuera. La puerta se abrió y por ella entra Hama, con un bastón en su mano y en la otra un libro.

Detrás de ella, se ve al joven que me trajo la bandeja con comida. Tengo tantas ganas de golpearlo, que hasta se me olvida que estoy herida.

—¿En dónde estoy? ¿En dónde está Víctor? – Pregunto, de manera agresiva y molesta. — Habla Hama. —

—Cuida tu tono mocoso. — Agrego al joven de cabellos largos. — Señor Hama, no deberíamos tenerla aquí. —

—Eso lo decido yo sola, no tú. — Se gira para mirarlo. — Espera afuera, Terence. —

Al escuchar su nombre, las imágenes de las cartas que mi madre, le enviaba a alguien, llegaron a mi cabeza como la luz en una habitación. Todo es tan extraño y sombrío que tengo miedo, ahora que veo a Hama de otra manera.

Abrió su libro, y busco entre la página una en específico, levanto la remera que traigo puesta y quito la venda que cubre mi herida, para murmurar cosas, una luz de color verde sale de mi herida y comienza a sanar, con sus murmureos. Es rara. Para mi sorpresa, no recuerdo cuando deje de sentir ese dolor que me incomodaba, me acomodo la ropa y ella me pide que la siga, camino detrás de ella y eso hago. El pasillo por dónde camina, se ven puertas abiertas con habitaciones vacías y algunas con personas sentadas en una silla, con la mirada perdida. Por algunos momentos, pensé que podría estar en una casa de la risa, pero no. Supongo que me salve.

Cuadros de personas que jamás he visto, floreros cerca de las puertas, con plantas marchitas y tierra seca. Al final del pasillo, me percato que llegamos a una sala, la cual, está decorada con cortinas viejas, rotas y gastadas por el pasar el tiempo, el suelo está viejo y sucio, con marcas de golpes, las paredes con la pintura blanca con manchas rojas, como si quisieran borrarlas.

La sala vacía, los vidrios de las ventanas rotos o estrellados. Hama, detiene su caminata, miro la entrada, otro pasillo, pero hay dos personas paradas mirándonos. Corro hasta esas personas para abrazarlas como nunca antes, me recibieron de la misma manera. La nostalgia de sentir el cuerpo de Víctor contra el mío, ya es más que costumbre.

—Pensé que no volverías por mí. ¡No! Vuelvas a asustarme así. — Exclame, abrazándolo. — Te odio. —

—Lo siento. — Me abraza por la cintura, respirando sobre mi cuello —Yo también te extrañé, mocosa. —

—Gracias, Hama. — Agarro la mano de Chase. — Podemos usar, la sala. —

—Sí, por supuesto… pero alguien más se les sumará a la charla. — Me alejo de Víctor y mira Hama. — Tienen que conocer a Terence. —

El joven se me queda viendo, de una manera como si nos conociéramos desde hace años. Sostengo la mirada con Terence, hasta que Víctor se mete entre medio de los dos. ¿Acaso está celoso?

La tención y el ambiente entre los cuatro, se vuelve insoportable. Chase y Víctor, se sientan, mientras que Terence y yo estamos enfrente.

 No hay manera que esto pudiera salir bien, teniendo en cuenta que ahora sé quién es Terence, pero ahora la pregunta es…

—¿No hablarás Terence? – Le pregunto Chase, mientras que Víctor saca de una mochila la caja que tenía en mi casa.

—¿De qué estás hablando? – Siento su mirada de reojo. — No tengo nada que decir. —

—No mientas, dile a Mk, que tú conocías a su madre y eras tu el mensajero de sus cartas a su padre. — Ataco Víctor, levantándose del sillón.

—¿Qué? Si sabes quién es mi padre o con quién se mandaba esas cartas, tienes que decírmelo. — Este negó aferrándose a su collar. — Sé muy bien que no me conoces, pero si tienes un poco de compasión por mi madre, me dirás la verdad. —

—¡No quiero! No pueden obligarme… Chase, tú no puedes tocarme, hiciste un juramento y tu Víctor, tienes un pacto, ambos están entre la espada y la pared.— Confeso, al tiempo que se ponía de pie.

—¿De qué estás hablando? – Pregunto, mirándolos. — ¿De qué pacto y juramento habla? –

—Cuando, un ángel hace un juramento con un motivo, pierde la memoria… — Confundida mira a Víctor.

—Es lo mismo para los demonios, pero… ¿Pero cómo es que tú sabes, lo que hicimos? – Víctor, avanza poniéndose más cerca. — Habla ahora humano. —

—¡Suficiente! No hablará, si lo presionan. — Agregue desanimada. — Tarde o temprano, tendrás que hablar y cuando eso suceda, no dejará que te vayas, hasta que hables hasta lo último que recuerdes. —

La vista se vuelve borro y siento lágrimas caer, no dejo que me vean así y me marcho dejándolos solos a los tres. Busco una puerta por donde salir, encuentro uno y sin pensarlo salgo, encontrándome con Hama, arrodillada, cortando tomates en una huerta.

Me seco las lágrimas, para acercarme ella y tener una conversación. Todo parce estar saliendo bien, pero cuando estar en frente, siento una gran presión en el pecho y termino por romper en llanto luego de que ella me mirase.

 Su abrazo, me provoco nostalgia, una necesidad de abrazar a mi abuela. Y de nuevo aquel nudo en mi garganta me evita hablar, incluso gritar. Como odio sentirme así. Vulnerable, indefensa y todo lo que haga referencia a inútil.

—Tienes que ser fuerte, Mk. — Aconsejo, luego me soltó. — Ellos no entenderán es tipo de dolor. —

—¿Qué he hecho para que mi propia abuela me diera la espalda? – Susurre, aferrándome a ella.

—No lo sé Mk, pero tienes una familia ahora que te apoya. — Me suelta.

Esa oración retumbó en mi cabeza, haciendo eco en los momentos en donde solía discutir con mi abuela. Los minutos pasaron y todo parecía estar mejor, las canastas con verduras y algunas frutas, su calidez con las palabras hacen que mi ser se sienta bien consigo mismo. Pero es tan efímero que asusta.

En la cocina, mientras que ella cocina, por mi parte quiero preguntarle cosas, pero no quiero romper con el ambiente, incomodándola.

La llegada de Terence, hace que se me faciliten las cosas, pero no parecía estar fácil a mi favor.

—No sé qué quieres, que te diga… no he visto a tu madre hace años… bueno, prácticamente 16 años. — Afirmo, mirando a Hama.

—Quiero que me digas a quien le dabas sus cartas. — Pregunte de forma autoritaria. — Quiero saberlo. —

—Tú no puedes, darme órdenes. — Alardeo.

No deje que se fuera, y en un ataque de enojo, le doy un golpe en la mejilla haciendo que caiga al suelo. Víctor, apoya su mano en su costilla, recordando cuando le di una patada, Chase por su parte solo sonríe y se acerca. Hama, solo mira a Terence.

—No te estoy ordenando, te estoy obligando… no me importa si lo recuerdas o no, pero yo quiero saber quién es mi padre, que paso con mi madre y porque está pasando todo esto. —

—Terence, no tienes opciones que decir la verdad, ayúdala… ella también sufre, por la pérdida de Spencer. — Agrego Víctor.

—Spencer, me daba las cartas, pero que se la diera a Davian, el hermano de Chase… — El silencio se siente como agujas clavándose en mi frente. — Spencer, las recibía de Celani, hermana de Víctor. —

—¡Espera un momento! ¿Celani? ¿Celani mi hermana? – Pregunta Víctor, metiéndose en mi campo de visión a Terence. — ¿Por qué le enviaría cartas a Davian? –

—Tranquilo, Víctor… Una vez encontré a Davian discutiendo con mi madre y parecía muy nervioso, ella le dijo que lo que había hecho estaba mal. — Víctor, toma a Chase de la remera.

En segundos, Víctor cae al suelo mientras agarra su cuello como si algo lo estuviera ahorcando. Asustada me hago a un lado, mirando a Hama, con su mano derecha sosteniendo un muñeco y con la otra, un ramo que parece ser que está hecha de hierbas. Ella deja de mover el muñeco y Víctor vuelve a respirar.

—No permitiré, que te alteres. No en mi casa demonio. — Ordeno Hama y lo ayudo a levantarse.

—Lo siento. — Se soba el cuello.

—Cuando Spencer, apareció en nuestra puerta rogando que la ayudáramos, apareció el rastreador detrás de ella. — Siento que todo a mí alrededor, da vueltas. — No venía sola, cargaba con ella una beba de aproximadamente cinco meses de nacida, tu Mk. —

—Mi madre, era perseguida por rastreador. — Víctor me sujeta, para que no caiga al suelo.

—Ella nos pidió que te lleváramos con su madre y si preguntaba de quién es la beba, que le dijéramos que eras su nieta. — Siento que me sumerjo, en las aguas más frías de la Antártida. —

No hacía falta que siguiera explicando, pero Hama y Chase necesitaba que terminara la historia, para confirmar sus dudas y así fue. El golpe final, llego a mis oídos como música clásica dentro de un teatro vacío.

—A la semana, te llevamos con ella, pero al llegar nos enteramos de que tu abuela ya sabía lo que tu mamá había hecho… — Miro a Víctor.

—Termina de hablar Terence. — Me quiero alejar, pero Hama me detiene. — No puedes irte. —

—Tu abuela, sabía que no eres su nieta biológica… pero aun así cuido de ti como si lo fueras. — El silencio entre, Chase, Víctor y yo es tan incómodo que ninguno se atreve a mirarse.

No podemos, modular palabra alguna, sin equivocarnos. Cada comentario que quería decir, terminaría por lastimar al otro, ahora está más que claro que no puedo enamorarme de Víctor. Mis sentimientos tendrían que ser guardados o correspondidos por otro.

Durante, todo el día me queda dentro de la habitación en donde me tenían, Oriana y Amanda, llegaron con comida y hablaron conmigo, intentaron hacerme sentir mejor. ¿Pero cómo decirles, que lo único que odia hacerme sentir bien, está prohibido? Esto es una maldita tortura, que comenzó con ese día en el que Víctor, casi me atropella.

Debí marcharme con mi abuela, pero eso cambia el simple hecho que no soy su nieta, que Spencer no es mi madre y ahora no tengo nada ni a nadie, incluyendo a Jennifer.

Amanda y Oriana, se fueron, yo me quede dormida. El sueño ganó y mucho más si tenía hambre.

A la mañana, siguiente, volví a casa, pero esta vez Kao y Thomas me trajeron, supongo que Chase y Víctor no querían estar cerca de mí.

Durante 3 meses, la ausencia de Chase y Victor, brillan como diamante. Mi vida volvió a hacer cotidiana, me despierto, voy al instituto, salgo como algo por el camino, voy a trabajar, salgo y voy a mi casa. Algo que deseaba que no pasar, era tener otra visita de aquel rastreador de nuevo, por qué capas que esta vez no tendría como defenderme.

No tenía noticias, ni de los chicos y ni mucho menos de Hama. Oriana y Amanda, aparecían cuando creían que las necesitaba. Su presencia me es indiferente, no tuve el tiempo suficiente para llevarme bien con ellas.

La directora del instituto, suele llamarme a su oficina, para preguntar como estoy y si me encuentro bien, no he recibido noticias de mi abuela, o mejor dicho de Vivian, pero decirle que ella no es nada mío, sería tener que contarle lo que paso y como legue a esa conclusión.

—Señorita Williams, le aconsejo que en las vacaciones de verano, las aproveche para ordenar su vida, ahora que es independiente…— Sonríe, al mismo tiempo que me entrega un sobre.

—¿Qué es esto? - Agarro la tarjeta y veo que en ella hay un nombre. — No necesito un psicólogo. —

—Tómalo como una ayuda, de parte de una amiga McKenna… sabes que lo necesitas. — Aprieto mi pierna con fuerza y me levanto. — Sabes que si no vas, tu siguiente opción es estar en una casa de adopción, aún tienes 17 años. —

—Lo pensaré. — Respondí de manera directa y salgo.

Guardo la tarjeta en mi bolsillo y camino por el pasillo, mirando a los alumnos que van y vienen, entre ellos Aida con sus libros e intentando conquistar a alguien.

Me acerco a ella y vuelvo a querer hacerme su amiga, no quiero suplantar a Jennifer, pero… no puedo levantar sospechas de su desaparición, tendría que explicar las cosas que pasaron. Y terminará en un loquero.

Vuelvo a retomar mi vida, antes de conocer a Victor y Chase, ambos dejaron de asistir al colegio, al igual que el resto, no me sorprende. Mi amistad con Aida se volvió más fuerte, ella me invitaba a fiesta y yo a mi casa, para forzar la amistad, a pesar de que solo sea para no levantar sospechas, pero estoy empezando a quererla.

Los días se vuelven tediosos e insoportables, el invierno se marcha para llegar la primavera y con ella las flores, entre otros. Comencé a ordenar el jardín que le pertenecía a Vivian, los narcisos y las rosas, volvieron a brotar, el pasto se mantuvo corto y los árboles dieron hojas luego del cruel frío. 

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