Caos

El pánico de solo pensar que alguien podría estar esperándome en la casa de mi abuela, me llevaba a pensar cosas que no quería. Chase, la chica rubia y el pelirrojo me llevaron a mi casa de nuevo, pero antes de bajar Chase le pidió a la chica, la cual llamo Amanda, que se quedara conmigo. Yo quiero ir.

Cuando llegamos, lo primero que hago es bajar, no podía quedarme en el auto con la pelirroja, en paños menores. Me quedé detrás de ambos chicos, esperando a que entraran a la casa cuando el pelirrojo entro este se redirige directo a la planta alta, mientras que Chase se queda abajo para revisar, el comedor, la cocina, el living y porque no, el sótano.

—Arriba está completamente vació. — Aclaro mi garganta. — Puedes subir a cambiarte, te enfermarás sí, sigue así. —

—Gracias. — Agradezco, mientras subo con rapidez para cambiarme.

POV; Chase. 

— ¿Qué crees que pude haber entrado? - Pregunto mientras, mira el mango de la puerta. — ¿Chase? -

—No lo sé, pero en definitiva no es demonio. — Aclaro, mientras me acerco a la puerta. — Es un simple humano. —

—En eso tiene razón, ahora podemos irnos. Sabes que no podemos estar aquí. — Exclamó, mientras que me acerco con los brazos cruzados. — No debemos romper las reglas. —

—Chase, Amanda tiene razón. Ya sabe lo que paso cuando tu hermano rompió las reglas. — Dije mientras este vuelve a mirar hacia arriba.

—Thomas, sí, lo sé, pero aun así quiero ayudarle. Me temo que otra vez Victor está buscando víctimas, nuevamente. — Le veo bajar con un cambio de ropa. — ¿Cómo te sientes? –

—Muy bien… gracias. Por cierto, soy McKenna Williams. — Le doy la mano a la chica y al pelirrojo.

—Un gusto soy Thomas y ella es Amanda. — Esta se marcha mirando a la chica. — Lo siento, no es muy sociable. —

—Descuiden, yo también hubiera reaccionado de la misma manera. — Ella sonrió apenada. — Será mejor que sigamos nuestro camino, supongo que estás segura. —

POV; McKenna.

Ellos se marcharon, dejándome sola en la casa. Me aseguré que todo estuviera cerrado, para continuación dar un segundo revisión a las puertas y ventanas de la casa, hasta que viniera mi abuela.

Busco algo para comer dentro en la heladera, capas que si mi abuela viniera de seguro me regañaría por lo que paso hoy en el colegio, pero no tengo la culpa Victor tuvo el descaro de golpear a Chase y… pero capas que sí tenía motivos que desconozco.

Al abrir la puerta de la heladera, miro lo que hay a lo que me llevo a perder el apetito, después de lo que paso no tengo mucho interés por comer. Vuelvo a subir las escaleras, mientras que miro la puerta de la habitación de mi abuela abierta, me quede unos segundos para recordando si fui yo quien lo dejo abierto o si, nuevamente, alguien se volvió a meter. Subo lentamente mirando el pasillo, la puerta del baño está cerrada y camino intentando hacer el menor ruido posible.

Me quedé parada en frente de la puerta entre abierta, pero el sonido del timbre me asusto, haciendo que bajara con miedo por las escaleras.

La figura sobre el vidrio de la puerta, me lleva a pensar que no es alguien desconocido. Abro la puerta, suspirando al ver a mi abuela.

—Quítate del camino. — Proteste, chocando mi hombro contra su brazo. — McKenna ayúdame. —

—Ya voy. — Cierro la puerta. — Abuela… mañana saldré con Jennifer. —

—Está bien. Pero, Mk… a Raquel, la encontraron muerta en el baño de su casa. — Informe, mirándola. — Los policías, dijeron que la ahorcaron. —

—Tiene que ser una broma. ¿No se sabe a qué hora? - Pregunte. — Ser mejor que no lo sepa. —

—Quiero te cuides y seas precavida, la Sra. Wills me dijo que hay sujeto, raros en la noche y secuestran, mueres. — Exprese.

—Entiendo abuela, prometo cuidarme. — Comienzo a ayudarla acomodar las cosas que trajo.

Aún no comprendía, como fue que paso. La señora Wills muerta y el sujeto desaparecieron, todo esto es extraño. No deje que esas ideas retorcidas, me perturbaran la mente.

Legue a pensar que capas, durmiendo, podría olvidarme un poco lo que paso hoy. Sin cambiarme la ropa, me meto a la cama cubriéndome completamente, no quería recordar el miedo que pase hoy.

Las sabanas frías tocan mi piel haciendo que esta se erizara, pero no voy a negar que esa sensación es tan perfecta que me provoca cosquilleo, en mí, entre pierna, hasta que mi cuerpo calienta las sabanas, pierden esa sensación. Me quedé unos segundos, debajo de las cobijas, solo para engañar a mi miedo, pero no a mi miedo.

Supuse que pasaron algunos minutos, después de haberme acostado. De a poco, me fui descubriendo a tal punto que solo la cabeza quede afuera. Por momentos, sentía la presencia de alguien mirándome desde la esquina de mi habitación, o desde la puerta del baño, la luz, que alumbra las ramas del patio, que entra por mi ventana, hace sombras tenebrosas, aunque sepa que solo es producto de mi mente. Es sofocante.

Me destapé por completo luego de llegar a la conclusión de que nadie aparecerá a querer hacerme daño. Baje los pies al suelo, buscando mis pantuflas, pero en su lugar mis zapatillas están ahí. Al final decidí no ponerme las zapatillas e irme directo al baño, para orinar.

—Solo espero que de ahora en adelante no me… — Entro por la puerta, pero me quede helada al ver el anillo que tenía dentro de mi mesa de noche. — ¿Cómo llegaste hasta aquí? -

Me agacho para tomar, pero en esos segundos los ojos de aquella serpiente parpadearon, pensé que solo fue mi imaginación, pero eso, cambio cuando la serpiente comenzó a enroscarse en mi dedo índice, para luego morderlo haciendo que gritar por el piquete que este medio, lo solté dejándolo caer al suelo.

Mirando cómo se vuelve más grande, con cada movimiento su cabeza golpea el suelo rompiéndolo. Me levanté con rapidez para salir corriendo del cuarto de baño, no pude visualizar lo que hay enfrente de mí, lo que llevo a que chocara contra otro cuerpo, el contrario me sujeto evitando que callera al suelo.

Forcejeó para que este me soltara, miro hacia la puerta del baño asegurándome que aquel animal no saliera.

—¿Qué? Suéltame. — Exigí. —¿Qué haces... Victor? -

—¿En dónde estabas? - Pregunte sujetándola del mentón. — Despierta, Mk. —

Sus palabras fueron más que suficiente, para que despertara de una pesadilla, a la mañana siguiente, al sentarme en la cama, miro hacia la puerta del baño, la cual está abierta con la luz apagada. Llevo mi mano, a mi pecho para sentir mis latidos, los cuales aún siguen agitados.

Hasta que recuerdo, el anillo y miro mi mano, suspirando con paz al no ver el anillo en mi dedo, pero es extraño porque mi mano tiene ligueras marcas de sangre. Nuevamente, me levanta para comenzar a vestirme para el colegio, esta vez no me metería en problemas. Cuando estaba por peinarme, me detuve al no escuchar la voz de mi abuela, llamándome para que bajar a desayunar.

Deje el peine en el mueble, y bajo a la cocina en donde esperaba escuchar algún ruido y así yo saber que ella está ahí. Pero, lo que temía es que aquella persona apareciera nuevamente y matara a mi abuela, el único familiar que me queda.

—¿Abuela? - Pregunte con voz quebrada.

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