El anillo.

Aquel ruido en la cocina no parecía ser más que parte de mi ilusa imaginación. Me acerqué a ella, para escuchar lo que tenía que decirme, aparte de puros regaños. No puedo negar que mi abuela cuando quiere puede llegar a ser preocupante, porque no importa cuánto me esfuerce por acercarme a ella, siempre se aleja y busca una excusa para despreciarme.

—¿Me necesitabas abuela? - Me anuncié. — Por cierto, esta noche saldré con Jennifer. —

—Si ya estoy enterada, no quiero que ventas que tu domingo siete. — Me queje, después de sentarme en una silla y quejarme del dolor. — Me enteré de que hubo una pelea en el instituto. —

—Sí, bueno fue el primer día. — Mencione apenada.

—Solo espero que el día en el que vayan a atacarte, reacciones de la misma manera. — Exprese con seriedad. — Ya puedes irte. —

Ella no dijo nada más. No entiendo, por qué ella es así conmigo, desde que tengo memoria mi abuela me trata como si fuera una extraña que invadió su casa. Quisiera averiguarlo, pero tengo miedo de meterme mucho en el asunto y no pueda saber la verdad, porque mis padres me dejaron tan pronto. El accidente, no solo me dejo marcada, sino que me dejo indefensa y a pesar de que tengo a mi abuela, ella no me aprecia como esperaba.

Vuelvo a mi habitación, para buscar mi celular y darme cuenta de que la ventana está abierta, me quedé unos segundos pensando si fui yo quien la dejo abierta, luego de algunos segundos solo la deje abierta y comienzo a buscar mis cosas, he ido a mi trabajo por suerte hoy no tendría que ir al instituto. No me sorprendería tener que ir y verle el rostro a Victor, no después de como lo pateé y traté el día de ayer.

Llegue a la florería, hoy me tocaba atender la florería a mí sola. ¿Qué puede salir mal?

Al cambiarme, escucho que abren la puerta. Para mi reacción fue creer que Victor llegó, mientras que me acercó hasta estar detrás del mostrador, la presencia de alguien en frente de mí me paralizo, aún más cuando no se le podía ver su rostro, tiene un piloto de color verde con bordes negros, su pantalón azul claro, y sus zapatos como manchados con barro.

—Señor, aún no abrimos. — Dije escuchando mi temblorosa. — Señor, podría por favor esperar a fuera. —

—No… no leíste mis cartas. — Exprese.

—¿Disculpe, señor? – Me acerco al final del mostrador. — ¿Cajas? –

—¡No leíste mis cartas! Que con tanto amor te escribí. — Avanzo, un poco quedando más adelante.

—Señor, por favor salga de inmediato o llamaré a la policía. — Vuelvo, a detrás del mostrador.

Con cuidado, miro de reojo para ubicar mi celular ubicándolo al lado de la computadora, volví mi vista en el sujeto, quien se aproxima lentamente hablando cosas sin sentido.

Entre palabras y observar sus movimientos, me olvidé de sus manos, la cual la derecha tiene un objeto corto punzante, por segundos me paralice esperando a que alguien apareciera, pero los segundos fueron pasando, hasta que me di por vencida y pienso enfrentarlo yo misma.

—Señor, no lo volveré a repetir, salga de la tienda o me veré obligada a… — Este llegó hasta donde me encuentro. — ¿Señor? –

—Silencio, eres una niña muy mala. — Descubro mi rostro.

El miedo invadió mi cuerpo, me quede paraliza al ver que se sacaba la capucha de su piloto, sus ojos verdes son opacados por las ojeras que están en la parte de debajo de sus ojos, aprieta sus manos, nerviosamente se mueve de u lado al otro, como si estuviera ansioso, pero no levanta la cabeza cuando me habla.

De a poco voy acercándome, a la caja registradora, para sacar el arma que se oculta detrás de esta. Levanto la vista para prestarle atención, y asegurándome de poder escapar ante cualquier peligro. Pero todo se volvió aún más oscuro cuando este del bolsillo de su copiloto, saco una prenda mía de ropa interior para llevarla a su nariz y olerla mientras que me miraba, quería enfrentarlo, pero el miedo de que tenga algo más dentro de los bolsillos, me llevo a detenerme a mitad de camino. La presencia de alguien más caminando hacia la florería.

La sombra del alguien, acercándose, me llevo a pensar que podía estar a salvo, pero al ver que solo continuo con su camino, mi pánico volvió a mi cuerpo, temblando de a poco. Mi celular comenzó a sonar, haciendo que la calma de mi oponente se alterara. Retrocedo ante su avance, volviendo a quedar contra la pared.

Con brutalidad me lanza contra el suelo, golpeando mi espalda alta, me giro para mirarlo con miedo. Se acercó tomándome de mi ropa, y levantándome como si fuera una pluma con su otra mano, me da un golpe en la cara aturdiéndome, me deja en el suelo para volver a la puerta y ver que nadie venga.

—Basta por favor, yo no te conozco… — Comienzo a arrastrarme, metiéndome hacia debajo de la mesa. — ¡¡Auxilio!! -

—Ayer te fuiste de tu casa, cuando te fui a visitar a tu habitación. Te dejé una carta sobre tu cama, y encima invitas a hombres a tu casa. — Lanzo las macetas con plantas hacia todos lados.

Todo se volvió borroso, y mi vista comenzó a oscurecerse. Pero en ese momento siento que me agarra del tobillo, mis brazos se mueven involuntariamente a mi defensa, golpeando en desierta manera a mi agresor, pero jamás pensé que mi agresor me volvería a golpear, pero esta vez me sujeto del cabello y me golpeo la frente contra el suelo, noqueándome por completo.

Narrador omnisciente.

McKenna, quedo inconsciente en el suelo, mientras que su agresor, la cargándola en su hombro, metiéndose a los vestidores buscando un lugar para dejar a la chica, pero creyó que lo mejor sería llevársela lejos del pueblo. Se dirigió a la puerta del vehículo, y deposito a la joven en el asiento de atrás, y volvió a conducir una vez que se subió.

Mientras del otro lado, una chica avisa a la policía, mientras que llama la atención de un chico castaño, claro, que la puerta está atrancada con las mesas que movió. Aquel chico, busco la manera de entrar, pero le fue imposible. Busco la segunda opción, y se dirigió a la parte de atrás, viendo que la puerta está abierta y en el callejón las marcas que un auto estuvo estacionado ahí. Entro al edificio y escucho las sirenas de la policía y espero para hacerlos entrar, mientas que la otra chica les avisa lo que vio, el castaño mira con cuidado el lugar, las mesas desparramadas, la sangre en el suelo y cierto aroma en el aire, que le pareció familiar. Salió del sitio, pero antes, se tomó el tiempo para liberar la entrada y dejar que la policía a que hiciera su trabajo en el sitio.

Una vez en el callejón, la presencia de alguien más. Lo llevo a meter sus manos en sus bolsillos, mirando fijamente a al chico que posa detrás de él.

—No creo que seas de ayuda. — Metió sus manos en los bolsillos de su pantalón.

—Eso no te concierne, solo la quiero a ella. — Me acerco a él. — Es un simple humano, no hay poder aquí. —

—No necesito tu ayuda. — Me defendí, al momento de girar, quedando enfrente de él. — Ahora te pido que te vayas, yo la encontraré. —

—Sabes que no puedes encontrarla sin mi Victor… Sé que nunca escuchas, pero puedo encontrarla mucho más rápido que tú y lo sabes. —

—Descuida, alitas Kao, Oriana y yo la encontraremos. — Sonrió, al ver a Thomas. — Y por favor llévate a los carroñeros lejos de aquí. —

—Como quieras Victor, salúdame a tu Celani. — Exclamo.

Sus palabras fueron las que detonaron algo dentro de mí, y no pudo aguantar que hablara así de Celani. Giro sobre mis pies, esperando ver el rostro de Chase, pero, solo veo el rostro de Kao y Oriana, con sus típicas caras de tristeza, cada vez que hablan de Celani.

Me acerco a la puerta de la florería, me detengo en seco al escuchar como una voz habla desde adentro, preguntando si hay alguien o si está todo Bien. Supuse que serían las autoridades. Las ideas que Kao tiene en la cabeza no son tan malas. Pero no servirán.

—¿Encontraste algo? – Se acercó a la joven. — ¿Vic? –

—Su celular. Vámonos. — Ordeno.

POV; McKenna.

Me removí adolorida sobre donde sea que este encima, mis parpados se abren y cierran, mis ojos intenta enfocar, pero noto que tengo puesta una bolsa, el dolor de mis muñecas y mis tobillos se volvió aún más insoportable.

Tras escuchar que alguien abre lo que sería una puerta, me quedo quieta. Los pasos se escuchan cada vez, más alto, hasta el punto de sentir que me agarra del brazo y le levanta, para quitarme la bolsa de la cabeza, la poca luz, no me deja ver bien en donde estoy.

Escuchando su voz, me recordó todo lo que paso anteriormente.

—Ya veo que despertaste. — Dejo nuevamente a la chica en el suelo. — ¿Cómo te sientes? –

—¿Qué quieres de mí? – Agacha la cabeza frustrada, revolviendo sus cabellos. — Tienes que saltarme, mi familia me buscara. —

—No, n-no, no puedo dejarte ir, tú eres mía, ¿No lo recuerdas? – Acaricio los cabellos de la joven. — No quiero que te alejes de mí. —

—Pero necesito volver con mi familia. — Comienzo a llorar. — Por favor, ¡¡Déjame ir!! –

Aquel grito fue lo que provoco que se enojara aún más y terminara golpeándome hasta desplomarme inconsciente nuevamente en el suelo. No recuerdo cuál fue el último golpe que recibí por su parte, solo logre escuchar que alguien abrió de golpe la puerta, por donde la luz del sol me alumbro la vista, segándome.

Forcejeo para buscar una manera de desatar mis muñecas, pero en vez de eso disloco mi dedo pulgar para liberarme de las sogas, me levanto de la cama en donde estoy y apoyo los pies en el suelo, escucho que mis zapatillas hacen ruido al pisar, y con dolor me quito la soga de mis tobillos y las zapatillas, aunque sé muy bien que tendré que tener cuidado en donde pise. En puntillas, camino hasta la ventana y la abro tratando de hacer el menor ruido posible, abrí las ventanas de par en par, pero los pasos se volvieron a escuchar.

Siento que voy a morir. ¡No quiero morir!

Mi corazón comenzó a latir más rápido sin pensarlo, salgo por la ventana y caigo sobre algo, siento que aire no entra por mis fosas nasales, y el pánico se apoderó de mí. Me levanto, escuchando la voz de aquel sujeto.

—¡¡OYE!! No te vayas. — Grita desde la ventana. — Maldita pe** -

Giro para caer sobre el suelo, el dolor en el hombre se volvió insoportable.

El camino que veo, enfrente de mí, se vuelve sombrío. Y tengo miedo. Las casas que se encuentran alrededor, marcan el tiempo de abandono y la tristeza por no poder ser ocupada de nuevo. Mi caminar se volvió, trote al momento en el que volví a escuchar su voz, por momentos siento que mi corazón saldrá de mi pecho.

Me adentro a una casa, que parece ser la más abandonada del lugar. 

La puerta se abrió con tan solo tocarla me adentro, buscando en donde esconderme, pero subo por las escaleras busco una habitación y corro hasta la última habitación, al abrir la puerta mi cuerpo se queda perplejo ante el aroma a carne podrida, manchas de un rojo carmesí en el suelo y paredes, que decoran el sitio.

En ese segundo, la puerta principal produce un ruido tras ser golpeada con brutalidad, no me queda más remedió que buscar un punto en donde esconderme. Pero el pánico y el miedo me invadió desde que llegue aquí.

Cierro la puerta con lentitud rezando que no producirá ningún ruido. Una vez que la cerré me mantuve en el rincón más oscuro de la habitación, aunque mis medias no me favorecen en mi camuflaje, los pasos se volvieron más fuerte hasta que se detienen, de la ventana la luz que proviene de la luna me dio una oportunidad de saber que la lluvia cesó, por el momento. Me pongo de pie, buscando una manera de salir nuevamente por la ventana.

Lo que jamás creí que un cuerpo secundario, con alas y ojos de color verde esmeralda, pudiera aparecer por esa ventana y sin lograr verle el rostro grita, de terror saliendo como alma que leva el diablo de esa habitación, pero sin recordar que del otro lado me esperaría aquel sujeto que me secuestro. Resbaló al intentar abrir la puerta, pero en ese segundo, aquella persona me detiene, miro la mano que poso en la puerta evitando que la abriera.

Su mano de un tono negro que desprende un líquido espeso del mismo color, escucho su respiración, agitado y profunda, que llega a mi pecho. Por miedo dejé la cabeza baja, esperando a que se fuera, pero la voz del otro sujeto se volvía cada vez más fuerte cuanto más, golpea la puerta con furia intentando abrirla. Me agarro del picaporte y con las pocas fuerzas me mantengo firme, el aire de la habitación, se volvió fría y más oscura la luz de la luna, dejo de alumbrar.

Cerré los ojos, no por miedo, sino por enojo, por cobardía y no por valentía, si tengo que morir lo haré en esta asqueroso lugar, pero no sin antes pelear. Con ambas manos, las apoyo en su pecho que está al descubierto y lo empujándolo lejos de mí. Al no poder moverlo a esa cosa, me doy por vencida al ver que dos colmillos atraviesan sus mejillas hasta el borde de su boca y cuatro colmillos inferiores son remarcados por lo blanco que son, no soporto seguir escuchando los gritos y golpes que el otro sujeto le da a la puerta, y de un solo golpe se abrió camino en la pared de madera y papel, comienzo a sentirme mareada y cansada.

Observo mi mano en donde vuelvo a ver a aquel anillo con el cual una vez soñé, siento que mis piernas se debilitan cuando quiero levantarme. De golpe se dejó de escuchar los gritos de aquel sujeto, y el frío no cesa. Miro en dirección a la ventana, observo como dos más de esas cosas entran por la ventana con alas negras y de igual manera con las manos manchadas, despidiendo aquel líquido espeso. Y me desmallé.

A la mañana siguiente.

Me desperté, mareada y con náuseas. Las imágenes de alguien mirándome desde una ventana, fueron apareciendo de golpe, luego de casa abandonada con la hierba alta que provocan escalofríos en mi cuerpo, me hacen levantar de golpe hasta que veo a mi alrededor y noto que estoy en mi habitación, todo parece estar ordenada y tranquilo. Esos segundos en lo que el silencio fue interrumpido por alguien en la habitación, no deje que pasaran segundos y salgo de esta, en dirección a la cocina en busca de mi abuela, pero ella no atiende a mis llamados, lo primero que pensé es que mataron a mi abuela. Pero demasiado pronto para rendirse.

—¡Abuela! ¿En dónde estás? - Dije llegando al final de la escalera.

—Detrás de ti. — Hablo de golpe, asustando a la chica. — ¿Qué te paso? ¿Jennifer y tú bebieron demasiado anoche? -

—¿Qué? ¿Jennifer? - Sacudo mi cabeza. — Sí, supongo que sí bebí demasiado. —

—¿De dónde sacaste, ese anillo? - Me pregunto enojada. — ¿MK, de donde lo sacaste? -

—Ah… no lo sé. — Dude. 

—No me mientas, McKenna. — Se levantó, de repente, y me sujeto del brazo.

—¿Qué? - Me suelto de su agarre y me alejo de ella.

—Hay cosas que no entiendes, aléjate de sus garras, no lo veas a los ojos… ellos te hipnotizan, ellos pueden hacer que te quedes con ellos. — Con miedo se sentó en la silla. 

—¿Abuela de quién hablas? - Vuelvo con ella. — ¿Esto tiene algo que ver con mamá? -

—Le dije que se alejara de esos asesinos y no me escucho. — Me quede en shock al escucharla.

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