A los 15 años, conseguí un trabajo con florista gracias a que mi abuela conoce a la dueña del local. Baje del autobús, buscando el pequeño manojo de llaves, llego al lugar y veo a la jefa con un cliente, no le di mucho interés, entro para ir al vestuario y cambiarme. Suena mi celular.
Mi corazón late con rapidez cuando veo el nombre de la persona, que me llama, no quiero responder. Hasta que recordé lo que paso hoy en el colegio y la manera en la que golpee a ese chico, para avergonzarme en cuestión de segundos y sentarme en el banco que hay cerca de los casilleros. Cuando escucho que la puerta se abre.
—¿Mk? – Se abre la puerta. — Necesito que vengas unos minutos. —
Me levanto rápido. —¡Sí! Claro ya voy. — Me acomodo la ropa y salgo.
—Preséntate, por favor – Me quede boquiabierta. - Es mi sobrino. -
—Soy Victor Klein. — Extiende su mano. — Un gusto. —
— ¿Mk, te encuentras bien? – Se incluna un poco a mi para posar su mano en mi hombro. — Si necesitas irte antes, solo dímelo. —
—Ah, sí, si estoy bien. Un gusto Victor. Soy… McKenna. — Dije desviando la mirada a las flores. — ¿Jefa puedo hablar con usted? –
—Claro, acompáñame. — Camino a mi oficina.
Nos quedamos unos segundos mirándonos con Victor, puedo darme cuenta de que mide aproximadamente 1.80, su piel blanca, sus cabellos castaños claros, sus labios rosados, con tatuajes en su mano derecha. Puedo sentir la mirada de Victor, sobre mí es tan fuerte que a mi mente vuelven las imagines de cuando me acorralo en el baño. En la oficina de la jefa, hablamos unos minutos y vuelvo a salir, para despedirme de ella. Solo me pidió que le enseñara todo lo que ella me enseño a mí y que cuando sintiera que está listo que podía irme.
Veo a Victor acomodando, algunas macetas en donde hay ramos armados, solo hay que cambiarles el agua. Me quedo en el mostrador, cortando los tallos más largos de las rosas, para así armar ramos pequeños.
Aunque no hay mucha conversación con Victor de las veces que se acerca a mí, puedo escuchar su respiración, prácticamente, en mi nuca, pero no puedo negar que es estúpido pensar de esta manera, que es atractivo que un chico te respire en la nuca solo para ponerme intranquila. El acorde de las campanas de la tienda, dejando ver a Kao acompañado con una chica de pelo rojizo, tiene apariencia hippie, con collares y dijes colgantes, sus cabellos rojizos recogidos en una coleta, le dan un aspecto desordenado.
Ellos fueron directo a Victor, felicitándolo por su nuevo trabajo, no puedo ignorar que puedo escuchar su conversación, me voy a la parte de afuera para regar las plantas y así ellos pueden hablar tranquilos. Pero siento que alguien toca mi hombro y me giro para ver de quién se trata.
—Chase. ¿Qué haces aquí? ¿No tienes clases? – Miro a la chica rubia que anteriormente lo defendió. — ¿También trabajas de medio tiempo? –
—En realidad no, nos escapamos del instituto… después de la golpiza necesitaba algo de tiempo. — Sus mirada se desvia hacia dentro del local y ve a alguien. — Puedo ver que tienes compañero nuevo. —
—Sí… yo también estoy sin palabras...? — Continúo cambiando el agua de las macetas.
Detrás de la chica rubia, veo a un chico de cabellos rojizos, algo parecido a la chica que está con Kao y Victor. Son hermanos.
Saco un clavel blanco para dársela a Chase y verlo sonreír, con su mano derecha acaricia mi mejilla acercándose. Su mano caliente hace que el frío de mi cuerpo desaparezca, siento mis pómulos arder del calor, pero, antes de que estos sigan su camino, Victor y los demás salen.
—¿Sucede algo? – Sus ojos fueron directo al clavel de Chase. — ¿Victor? –
—No te metas. — Su voz se escucha molesta. — ¿Qué haces aquí Chase? -
Me di cuenta de que las dos chicas se quieren meter, pero me adelanto, metiéndome entre medio de Victor y Chase. No sé a quién de los dos mirar, por lo que busco una manera que no lleguen a los golpes.
—Por favor, aquí no. — Dije con voz ruda y firme. — Ahora necesitó que Victor entres a dentro y los demás se vallan. —
—No creo que sae posible, yo vine a ver a Victor. — Mi exprecion, de enojo hace que se quede calladow. — Lo siento preciosa. —
—Victor no puede tener visitas, está en horas de trabajo y que no se les olvide que hay cámaras, un paso en falso y te denuncio. Ahora largo. — Le agarro la mano de Victor, metiéndonos a dentro.
Chase y Kao, se miraron unos segundos mientras que yo meto a Victor de nuevo a la florería. Aquella chica colorada se queda junto a Kao mientras que Chase y los otros dos se marchan. Los ojos de Victor se asentaron en mí, desde que tome su mano. Yo también me siento extraña y eso que ni siquiera lo conozco.
Mientras que los demás se fueron, me quedo unos segundos en la puerta para ver si volvían, pero no volvieron. Cuando volteo, la presencia de Victor detrás de mí, llevo a que dejara de respirar por unos segundos, sus ojos marrones no dejaban que desviara las vista, muerdo mis labios coqueteando.
—¿No vas a alejarte? - Pregunte tímida.
—Ahora estás en plan de tímida, hace unos segundos me metiste adentro de la tienda… — Lo empujo, luego de escuchar lo que dijo. — Ahora eres una niña muy ruda. —
—Ya me disculpé, por la patada. — Me cruzo de brazos. — ¿O seguirás con estos jueguitos de niño? -
—Lo siento, no sabía que estaba jugando con una niña grande. — Acarició mis cabellos. — Y aún no me he olvidado de esa patada. —
Me quedé pensando al sentir que me acaricia el cabello. Parece que el tiempo se detiene, pero el sonido de la puerta abrirse, provoco que este mirara con odio al cliente que entro. Mientras que lo atiendo, Victor acomoda las plantas para después cerrar. La conversación de aquel hombre se volvió extraña y casi fuera de lugar, trato de evadir sus preguntas, pero no hay sentido alguno para el momento en el que Victor, se acerca para golpearlo tirándolo al suelo.
Se subió encima de él, para continuar con los golpes. Dejo lo que tengo en las manos para tratar de detenerlo, no recuerdo haber escuchado la puerta abrirse, pero Kao y la pelirroja aparecieron detrás de mí para separarlos y sacar a aquel señor de la tienda.
La mano derecha de Victor, está sangrando, no perdí un segundo y voy al baño para buscar una caja de primeros auxilios. Al volver, este se estaba por marchar.
—¿A dónde crees que vas? - Kao y la pelirroja, se quedaron en la puerta. — Déjame curarte. —
—No lo necesito. — Continuaron con su camino, dejándome sola.
Se quitó el mandil, para dejarlo cerca de una maceta que se encuentra en el centro del local. Lo veo alejarse junto a Kao y la pelirroja, le mando mensaje a mi jefa diciéndole que me iría más temprano, no porque quiera seguirlo, más bien quería volver a casa, es demasiados actos violentos para mi vida.
Llegue a casa luego de limpiar y ordenar todos, abro la puerta y busco a mi abuela en silencio, supuse que no estaría en casa. Subo las escaleras, entrando a mi habitación, cerrado la puerta detrás de mí, dejándome caer en el suelo, aferrándome a mi mochila.
Me levanto luego de algunos segundos y dejo la mochila en la cama, para entrar al baño y ducharme capas que así pueda descansar. Pero, luego recordé que dentro de mi mochila tengo el mandil de Victor, no me anime a dejarlo, ya que este tiene manchas de sangre. Siento algo pesado dentro del bolsillo y cuando saco, abro la mano notando que es un anillo con forma de serpiente, en sus ojos tiene pequeñas piedras de color azul, pero en la punta de la cola tiene un grabado que por falta de luz no puedo saber que es.
Deje el anillo en la mesa de luz, y entro a ducharme. Salgo después de 15 minutos, me seco el cuerpo para ponerme mi ropa interior, tomo una toalla y me envuelvo dejando que mis cabellos se secaran al natural, de mi mochila saco mi celular y mi sobre con mi sueldo que la jefa me dio hoy. Del cajón de la mesa de noche, saco una cajita de color azul y guardo el sobre dentro de este.
Escucho ruido en la parte de la cocina y aun con la toalla baja (qué lógica, más ilógica) una vez que baje por completo, me quedo parada en la entera y agarro un paraguas, no sé qué tanto podría ayudarme, pero algo lograría hacer. Camino hasta la cocina en donde todo el lugar está a oscuras, enciendo la luz al no ver nada fuera de lo normal, vuelvo a mi habitación, cierro la puerta, pero el frío que proviene de mi ventana me llevo a entrar en pánico, camino a la ventana y no veo nada, la cierro y corro las cortinas.
Me encierro en el baño, hasta que volviera mi abuela, pero lo malo es que no sé si volverá. Pero se escuchan pasos detrás de la puerta del baño, con cuidado me meto dentro de la ducha haciéndome un pequeño bollito, rezando que no entre nadie.
¡Mierda! ¿Y ahora qué hago?
Dije para mis adentros, pensando en una solución, miro la pequeña ventanita del baño, siempre supe que estoy loca, pero ahora termine de confirmar que lo estoy por completo. Me levanto, y comienzo a escalar por el lavamanos, hasta llegar a la pequeña ventana, abrirla y comenzar a salir sujetándome de las ramas del árbol que está en el patio de la casa de mi abuela.
Salgo por completo, caminado por la rama como si fuera la cuerda floja.
—Definitivamente, estoy loca. — Me queje, mientras me aferro al tronco del árbol. — Voy a morir a los 17 años. —
Miro la ventana del baño y veo, un rostro o algo parecido con una mano sujetándose del marco, grito asustado y por desesperación me cruzo a la otra rama, para colgarme de los brazos, pero no logro sostenerme con fuerza y caigo en la calle, lo bueno que no me lastime, lo malo que un auto se detuvo delante de mí con las luces encendidas por momento creí que la toalla se me había caído, pero no.
Escucho que la puerta del auto se abre, el sujeto se paró al costado del auto y pronuncia mi nombre, jamás no podía decir nada, estoy asustada y solo puedo aferrarme a mi cuerpo, rogando que no hagan nada malo, me pase hasta que aquella persona se acerca un poco más.
—¿Mk? Mk, soy yo Chase. — Sus ojos se abrieron de par en par, y me acerco un poco más para ayudarle. — ¿Qué fue lo que te paso? -
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