Perdóname.

Capas que sí, no hubiera pasado nada, mi abuela ahora no se enteraba de que un psicólogo me medicaba para los ataques de ansiedad. Pero de no ser así, no estaría viva. Resulta que el supuesto psicólogo, es un farsante que solo quería sacarme el poco dinero que tenía.

Más problemas para mi abuela.

Mi abuela supo de lo que sufro y no quiera aceptar que no estoy bien, que solo finjo y que quiero llamar la atención, en cambio, la directora le pidió que me cuidara mejor. En serio, que complique las cosas.

Chase y Victor, se turnaban para cuidarme Chase al día y Victor por la noche, no voy a negar que sea un poco agobiante y que haya una gran diferencia entre los dos.

Teniendo la impresión que ambos, son como el balance, el bueno y el malo, pero como diferenciarlos, es simple, Chase tiene la apariencia de ser el chico bueno, en típico chico de la novela romántica, el sujeto que no rompería un plato, lindos ojitos, manos medianas pero masculinas y piernas musculosas. En cambio, Victor es el personaje problemático el que tiene el papel de ser el niño malo, el que rompe las reglas, el que intenta llevarse a la chica y no puede, porque la protagonista se queda con el chico bueno.

Oh, solo me estoy, equivocando y son simple, chicos, pretendiendo ser algo que no son.

No sé cuánto tiempo paso exactamente, desde que llegue al hospital, pero recuerdo ver entrar a mi abuela, echando fuego a su alrededor, supuse que la directora le contó lo que paso y del porqué termine en urgencias. Lo único de lo que no me arrepiento es el hecho que tuve que volver al maldito psicólogo por su falta de cariño, empatía y sobre todo de su atención.

Nunca tuve tantas ganas de morir como aquel día en el que tuve que ir a vivir a su casa, ella me revivió a su casa, pero no en su corazón, el simple hecho que su hija tuviera un bebe, no la complacía del todo. Durante muchos años, aprendí a vivir por mí misma, ah cuidarme y sobre todo a no decir nada, si me dolía algo físicamente, si sufría o si lloraba solo me tragaba mis problemas y continuaba.

En cambio, ahora mismo la siento demasiado distante, como si fuera mi culpa que ella no pueda conservar ni un solo trabajo, a donde quiera que vaya la acosan con pregunta sobre mi madre, o cómo fue que mi marido mato a su única hija.

Ese sentimiento, de tristeza, volvió a mí y unas cuantas lágrimas caen por mis mejillas y luego, está ella… Una persona completamente fría, egoísta y muy apática. Por momento pensaba que mi abuela, jamás, quiso que naciera y es por eso que ella y mi madre, no se levaban bien. Hasta que un día, cuando era pequeña, encontré una foto de ella y mi mamá, en un libro suyo y comprendí que su sonrisa murió junto con mi madre, se veían tan vivas y felices, que no me atrevo a decir que está muerta.

Me siento en la camilla y de a poco siento que me siento mejor, la directora le cuanta lo que me paso y por sorpresa su respuesta dejo a todos en shock, incluyéndome.

—Lo siento, los problemas que ella pudo haber causado… — Se defiende. — Me temo que no está bien, desde que su madre la abandono. —

—Está bien, pero por favor… necesito que mañana se quede en casa y descanse el lunes, podrás reincorporarte tranquila. — Explico la directora, mirándome.

—Está bien, muchas gracias. — Me agarra del brazo.

—Disculpen, pero el horario de la visita ya termino. La señorita Taylor, tiene que descansar. — Interrumpió la enfermera.

—¿Taylor? ¿Tu apellido no es Williams? – Pregunto confundida la directora.

—¿Podemos hablar afuera? – Ambas salieron, dejándome con Victor y Chase.

Pareciera que el silencio, le encanta hacerme sentir incómoda. Pero el sentir y ver la presencia de Chase a mi lado, me dejo un poco más tranquila, pero la mirada de Victor me saco de mi tranquilidad.

—Victor, puedes irte a casa, yo me quedaré con Mk. — Exigió Chase.

—No, está bien, yo me quedaré, aún tengo que hablar con ella. — Se defendió Victor. — Tú deberías irte. —

—Ok, está bien, yo creo que ambos debería irse… yo puedo cuidarme sola y a demás está mi abuela. — Explique.

Victor y Chase, me miraron antes de marcharse y para mi mala suerte, mi abuela entra por la puerta mirándome enojada y cruzada de brazos. Está de más, pensar que no se molestó o que luego de que Victor y Chase se marchen, ella aproveche a reprocharme hasta por cosas que no he hecho.

En la habitación quedamos solo ella y yo, no puedo asegurar si es miedo lo que estoy sintiendo, pero, tampoco puedo asegurar que no le tengo miedo.

—Mañana, te cambiarás de escuela. Te irás a un internado en Lindenberg, Alemania, cuando salgas de aquí. — Molestas, se queda mirándome, esperando a que dijera algo.

—¿Puede saber por qué? – Suspiro, cansada. — ¿Abuela, no crees que estás exagerando? –

—¿Exagerando? ¿Yo? – Se acerca a mí y me abofetea. — Exagerado sería, que te deje seguir viviendo conmigo, después de que me entere te están medicando. —

—¿Y por eso tienes que golpearme? – Me levanto, con mi mano en mi mejilla. — Siempre me reprochaste, que eres la única que sufre y que tuviste que cargar con una niña, que jamás quisiste. Y ahora, pretendes que está todo bien, cuando es lógico que nunca me hablas a menos que sea para insultarme y hacerme sentir menos de que lo soy… —

—Es que eres una inútil, preferiría que tu madre siga viva y no tú. — Dijo sin tenerme en cuenta.

—Perdón por ser una carga. — Me vuelvo a acostar en la camilla.

Ninguna de las dos dijo ni una sola palabra. Cerré los ojos, sin soltar ni una sola lágrima, un parte de mí sabía lo que me esperaba y la discusión continuaba por ese ritmo, pero otra parte de mí no quería escuchar esas palabras.

Ella apaga las luces de la habitación y sale de esta, dejándome sola, muerdo mi labio y con mi mano aprieto con fuerza el mi muslo derecho, provocándome dolor.

Siento un nudo en mi garganta, que intenta ahogarme, me resulta imposible el respirar, me levanto de la camilla y corro hasta el baño y cierro la puerta detrás de mí, me apoyo contra la puerta y me dejo caer, cubriéndome la boca para que no se escuchara nada.

20 MINUTOS DESPUÉS.

Supuse que había pasado un buen rato, por lo que decido salir mirando la habitación completamente oscura. Camino con cuidado hasta llegar a mi cama, pero siento que alguien me mira entra las sombras de la habitación, me quedo parada mirando hacia la puerta que está abierta cuando recuerdo que mi abuela la dejo cerrada antes de irse.

De golpe, recuerdo a aquella criatura que me encontré en la casa, abandona y trato de tranquilizarme. Trago en seco, buscando la manera de escapar de ese lugar, finjo bostezar para acercarme a la puerta, cuando identifico aquello que encontré en esa casa.

Grite desaforada, pero nadie llego por mí, vuelvo a sentir miedo, pero no era cualquier miedo, es un miedo que puedo controlar.

—¿Qué quieres? – Pregunte con voz temblorosa.

No hubo respuesta. Me tranquilizo al confiar que no me hará daño, pero sé que me estoy arriesgando. Suspiro lentamente, cuando se me acerca y retrocedo, chocando contra los pies de la camilla. Vuelvo a mirar sus ojos.

—No te agradecí, por lo de otro día. — Me quito el anillo y se lo devuelvo. — Supongo que es tuyo. —

Con su mano, toma el anillo y lo derrite. Suspire esperando a que se marchara, pero en vez de eso comienza a olfatearme mi mano hasta llegar a mi hombro, el cual don tres de sus garras, rascuño cierro los ojos por el dolor.

Cuando lo vuelvo a abrir, este ya no está y las luces vuelven a encenderse, las ventanas de la habitación quedaron abiertas, algo dentro de mí me dice que la cierre, pero la otra parte me dice que las deje abiertas por las dudas. Es confuso y sospechoso.

Pero creo saber de aquí se trata.

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