— Desde hace algunas décadas, con la muerte del antiguo líder del clan de los elfos, Pollux, no ha habido más que temor.
Me encontraba sentado en una pequeña silla y una mesa con algunos pastelillos. Elena, que era la madre hada, me estaba contando todo lo que sabía, mientras Sandy hacia un intento de que las demás hadas hablaran con Victoria para que no tuvieran miedo de ella.
— Pollux.. supongo que es el padre de Madam Helda.
Elena asintió.
— Pollux era un elfo ejemplar, en su momento, yo me reuní con él para delimitar los territorios de los elfos y las hadas. Siempre hizo énfasis que la comunicación era la base de todo y se aseguró de que tuviéramos una estrecha relación. Una vez construyeron casas de metal para nosotras pero rechazamos su regalo porque el metal se enfría más en invierno.
Ella bebió el té de su taza, parecía que tenían una buena relación, casi como la de unos buenos amigos. Luego suspiró, inundada de vagos recuerdos.
— Cuando Helda se enfermó, ordenó a varios elfos que encontraran una cura, intentó con savia, pétalos de flores, rocas calizas y aguas de manantiales, incluso nos pidió un poco de polvo de nuestras alas pero nada parecía servir. Y luego..
Yo la seguí observando, se tomó otros minutos antes de continuar.
— Helda comenzó a hacer sus propios experimentos a escondidas de Pollux, comenzó a usar seres faericos, como duendes. Cuando algunas de mis hijas comenzaron a desaparecer en el límite de los elfos, yo encaré a Pollux, creí que él sabía algo pero no, dijo que él mismo iba a investigar el asunto. Fue entonces que descubrió a Helda y ella.. asesinó a su padre.
Yo abri los ojos de sorpresa, no pensé que ella pudiera asesinar a su propio padre. Entiendo que esté desesperada por encontrar una cura a su enfermedad pero no tenía que ir a los extremos. Cuando levanté la mirada a Elena, parecía triste, había perdido a un buen amigo.
— Helda asumió el poder como líder y Madam. Dejó de entablar conversaciones con otras razas y se encerró a sí misma junto a los elfos en el Castillo. Y luego, varios faericos comenzaron a desaparecer, no sólo sirenas, duendes, minotauros, hydras, también mis hijas, es por eso que nos escondemos aquí.
Es cierto que se me hizo un poco extraño este lugar, realmente tendrá algunos metros bajo la superficie pero al menos aquí se puede sentir cuando alguien ajeno llega. Elena debe sentirte fatal por estar perdiendo más hijas cada semana.
— Señor Luminor..
— ¿Si?.
— ¿Sería muy atrevido de mi parte pedirle ayuda?.
Elena suspiró para llenarse de valor y levantar la mirada hacia mi, podía ver el agotamiento en su expresión. No, quizá el miedo que debe estar viviendo todos los días.
— Tengo que recuperar a una niña que fue secuestrada en el Castillo. —Respondí.— Pero tenga por seguro que si alguien se mete en mi camino, lo destruiré.
Ella no tenía expresión alguna pero mostró una leve sonrisa al final.
— No es lo que quería escuchar pero estoy satisfecha.
Antes de que pudiéramos seguir charlando, se escuchó una fuerte caída no muy lejos de nosotros, la cueva realmente hace un eco fuerte cuando alguien cae como yo lo hice. No tuve que adivinar para saber que alguien había llegado y antes de que Elena se levantara de su asiento, yo hice un gesto para indicarle que haga silencio.
Y me puse de pie.
Las hadas no tardaron en esconderse en sus pequeñas casas de madera que colgaban de los árboles al escuchar como alguien se quejaba de dolor. Incluso Victoria y Sandy se quedaron atrás.
Cuando avancé lo suficiente, observé como un tipo de orejas largas tenía su mano detrás de su cabeza.
— ¿Una caída larga?. —Pregunté.
— Si, como duele.. ¡¡AH!!
Cuando el elfo se percató de mi presencia, rápidamente sacó un arma de su bolsillo y lo disparó en mi dirección pero más grande fue mi sorpresa que solo se extendió una pequeña red hacia mí que pronto cayó al suelo.
Seguramente usa esto para atrapar a las hadas.
— Aha..
Esta vez yo me incliné y tomé al tipo del cuello con suficiente fuerza para levantarlo del suelo y lo llevé conmigo del cuello hasta acercarme a Elena que parecía un poco temerosa por el elfo. Las hadas se asomaban con temor para ver lo que estaba sucediendo.
Tiré al tipo al suelo y até sus brazos hacia atrás cuando otro grupo de hadas se acercó con cuidado para entregarme algunas sogas. Ahora, el elfo solo permanecía en el suelo, quejándose ya que no podía moverse, ante esto, las hadas parecían sentirse más cómodas y se alejaron de sus escondites para observar con completo enojo al elfo que ha estado secuestrando a sus hermanas.
— ¿Cuantos saben que estamos aquí?. —Preguntó Elena al elfo.
Este lugar era un escondite, incluso si atrapamos a uno, el que se haya divulgado la información solo será cuestión de tiempo que más elfos lleguen aquí.
— ¡Muchos! ¡Todos vendrán aquí para atrapar...!
Ni siquiera me molesté que terminara de hablar cuando mi pie presionó su boca. Esto es malo, van a seguir llegando más. Levanté la mirada hacia el agujero que estaba arriba, justamente a la salida y luego caminé hasta allí.
Mi cuerpo es pesado y tomé más de 30 segundos caer hasta aquí. Así que hay una profundidad de más de 40 metros de este lugar hasta la superficie. Levanté ambas manos para formar una esfera de agua, incluso para cualquier humano o elfo, a menos que seas una sirena, te costará aguantar la respiración y bajar 40 metros. Así pues, el agua de mis manos comenzó a subir para llenar completamente el canal de arriba. Con mi magia, era posible que incluso quede levitando para no inundar la cueva.
Luego me giré hacia Elena.
— Por ahora nadie vendrá.
Las hadas observaron impresionadas como la única vía para llegar a ellas estaba llena de agua. Los elfos tendrían que al menos, crear algún dispositivo que los ayude a respirar bajo el agua pero hasta ese entonces, espero haberme encargado de todos ellos. Las hadas se veían tan alegres que parecían bailar en el aire, por lo que miles de luces brillantes se movían como un espectáculo majestuoso.
Luego de algunos minutos de su festejo, yo me incliné al suelo para ver al elfo de cerca.
— ¿Qué?. —Preguntó.
Pero yo no tenía intención de hablar con él, al contrario. Mis manos viajaron por sus bolsillos, quizá pueda encontrar algo útil.
— ¡OYE! ¡NO ME TOQUES! Gzzz
— ¿Qué es esto?
Saqué dos canicas de metal y las coloqué en mis manos. Las esferas brillaban con la tenue luz pero no se veían como simples objetos, no si conozco que los elfos tiene una buena inteligencia, así que debe ser algún dispositivo.
— Regresamelo.. —Murmuró el elfo.— No importa cuanto lo observes, no sabrás usarlo si no te lo digo.
Esta vez, mi mano se dirigió a su cuello.
— Espera, espera, podemos hablarlo.
Tan pronto como notó mi intención, cambió de opinión. Evitó mi mirada como si no tuviera más opción y luego suspiró de cansancio.
— Es un dispositivo de comunicación, nosotros no usamos palomas mensajeras para mantener la confidencialidad de nuestros mensajes.
— Interesante.. ¿Y como se usa?.
— Tienes que colocar la 1era canica en tu oído y si la otra persona está cerca, colocar la 2da canica cerca de tus labios. Si la persona está lejos, más de un radio de 50 metros, la canica puede viajar hasta esa persona y hablar con la 2da canica colocándola en su oído.
Estaría mintiendo si dijera que esto no es sorprendente. Incluso sería mejor que un teléfono, es pequeño y compacto, además de poder moverse por el aire.
— Solo debes decir el nombre del ser a la 2da canica para que se active.
— Excelente. —Respondí.
Tomé una canica y la coloqué en mi oído, luego con la otra canica, le hablé de cerca para que escuche el nombre que salió de mis labios.
— Martis..
La canica emitió una extraña luz azul que rodeó su esfera, luego se movió de mi mano para subir y atravesar las masas de tierra sobre nosotros a una velocidad impresionante. Incluso puede viajar y atravesar la materia, creo que me quedaré con esto. La canica que estaba en mi oído comenzó a emitir algunas señales de estática.
Y finalmente ..
— ¡¿Jextor?! ¡¿Donde estás?!
Pude reconocer la voz de Martis a través de la canica. Sin embargo, guardé silencio mientras él hablaba de manera desesperada.
— Madam Helda me encerró, necesito ayuda, además traje una niña conmigo y ahora ella..
— ¿Ella qué?. —Pregunté.
Probablemente mi tono de voz no fue el más amable ni cordial, quizá por eso percibí que Martis se había quedado congelado cuando escuchó mi voz.
— Tu.. ¡¿Luminor?!
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