Capítulo 10: El dulce canto de un ser querido

La luz atravesaba la ventana.

Mis párpados poco a poco se fueron abriendo y tan pronto como desperté, un dolor agudo golpeó mi pecho así que bajé la mirada tan pronto los recuerdos llegaron a mi cabeza.

Maté al demonio, fui apuñalado en el pecho y luego....

Mi mente quedó vacía.

Era extraño, siento que olvidé algo importante, solo recuerdo que fui apuñalado por el demonio porque me estaba agotando. De cualquier manera, sólo pensarlo, me hacía doler la cabeza, me senté sobre la cama solo para observar que estaba en una pequeña habitación. Yo no traía la camisa puesta porque había algunas vendas sobre la herida, manchadas con sangre. Cuando miré por el lugar, me di cuenta qué era un lugar muy humilde. Las paredes eran de madera, sobre la cama bajo sábanas había paja y una puerta sencilla puesta con alambres para que se mueva de un lado a otro.

— Ah, estas despierto.

Una señora de edad avanzada atravesó la puerta con una bandeja de comida. Tenía arrugas en sus manos y su ropa tenía agujeros, a pesar del estado del lugar y su amabilidad, tuvo el tacto de ayudarme. Cuando ella se acercó a la cama, los rayos del sol hizo que yo pudiera ver bien su rostro y yo me quedé sin palabras.

No, era imposible.

Imposible.

Imposible.

Imposible

..

— .... ¿Mamá?. —Tan pronto las palabras salieron de mi boca, yo levanté la mano para dejarla sobre mis labios.

No puede ser, debe ser un sueño. Aunque la herida en mi pecho me gritaba que yo estaba despierto. Aun así, me costó no ver el reflejo de mi madre en aquella mujer, era idéntica. Cabello blanco, una sonrisa gentil y pequeños hoyuelos.

— No sabía que podías recordarme pequeño Lumi, ha pasado tanto tiempo.

Ella se sentó en un pequeño banco junto a la cama con una bandeja de comida en su regazo.

¿Lumi?.

— Lamento lo de hace un momento, me recordó a alguien. ¿La conozco?.

— Claro que sí, ¿Entonces no me recuerdas?. —Ella comenzó a pelar una manzana.— Solías llamarme mamá hace mucho, antes que ellos te separan de mí. No pensé que volvería a encontrarte cuando fui a buscar hierbas medicinales.

Ellos..

Por un momento recordé las palabras de Victoria.

— Usted ... ¿Es la Condesa Amelia Von Kleist?.

Ella se quedó en silencio y luego suspiró.

— Condesa... ese título me lo arrebataron hace mucho. —Ella me entregó un trozo de manzana pero por primera vez, no me atreví a rechazarlo. Así que lo comí.

Tiene un pésimo sabor amargo, aparte que no necesito comer, no me gusta ingerir alimentos porque hasta la carne más jugosa me sabe amarga, como cerilla de oído.

— ¿Qué sucedió?. —Inicié una conversación para alejar ese sabor amargo de mi mente.

La mujer se inclinó para buscar en uno de los cajones de una mesa, entre papeles viejos y rasgados, tomó una fotografía y me la mostró. No sabía que en este mundo existieran las fotografías pero al ver que estaba en blanco y negro, lo entendí. Ahí aparecía una mujer alegre junto a un niño y no había duda, era la misma imagen de mi madre.

— Cuando me quitaron el título, me quedé en la calle. —Murmuró la señora.— Pero no me arrepiento, yo nunca pude tener hijos, así que ver un bebé abandonado en mi jardín me hizo sentir que el Dios Seraff cumplió mi deseo. Hasta que los Sacerdotes te arrancaron de mí.

No lo sé, pero puedo imaginar cómo debieron irrumpir en su hogar para arrancarle a un niño que lo criaba como su hijo. Debe haber llorado pero no hicieron más que juzgarla y señalarla con el dedo.

— Lo siento. —Murmuré.

— No te preocupes, viví mi sueño de ser madre, no tengo arrepentimiento alguno.

Su mano se situó en mi cabeza, como a un niño que le acaricia los cabellos. Incluso el tacto es el mismo que el de mi madre. Así que solo me quedé ahí, cerré los ojos e intenté disfrutar de su amabilidad incluso si yo no la merecía.

Y luego..

Me quedé tres días ahí.

Aunque Amelia no era poseedora de maaná, se las arregló para vivir en una pequeña casa en medio del bosque, donde nadie la molestaba. Aunque yo seguía herido, la ayudé con pequeñas tareas, como limpiar el piso y lavar platos, aunque todo lo hice con magia.

Solo esperaba que Victoria y Emma se encuentren bien.

No sé porqué siento que olvidé algo importante de ese día. Me frustraba no recordar más que caer por el acantilado.

Mientras yo pensaba, no me percaté que Amelia se había caído cuando estaba barriendo. Rápidamente, avancé hacia ella y la sostuve antes de que se golpeara la cabeza.

— ¿Se encuentra bien?. —Pregunté.

— Si, solo tengo mareos recurrentes, no te preocupes.

A pesar de eso, bajé los brazos para cargarla y luego recostarla en la cama. Su cabeza parecía estar ardiendo y levanté mis manos solo para darme cuenta de que Seraff suprimió todos mis poderes de sanación. Quizá yo pude haber hecho algo pero me siento tan frustrado en este momento.

— Lumi, no te preocupes, ya estaré bien, solo necesito descansar.

Era una mujer mayor, viviendo en un bosque y sobreviviendo a base de comida cercana de algunas frutas y verduras. Sé que la gente no portadora de maaná que vive en la calle suelen acabar vendidos como esclavos y este lugar sea el más seguro para ella pero su salud también estaba en peligro.

— Ya regreso.

Antes de que ella pudiera decir algo, yo salí de la pequeña casa. Coloqué la mano sobre la herida de mi pecho y yo suspiré.

— Puedo hacer esto.

En medio del bosque, extendí ambas manos hacia el suelo y comencé a invocar un hechizo, el símbolo se iluminó abajo de mí mientras una ráfaga de viento me envolvía.

Y pronto, yo logré teletransportarme.

Caí en medio de un Hospital.

— Huh..

Ante la mirada perpleja de muchas personas, yo me levanté del suelo un tanto agotado. Dicen que la magia de teletransportación consume mucho maaná y ahora lo entendía completamente. Miré a mi alrededor para ver las camillas y a los pacientes, los enfermeros que tenían medicinas en sus manos y a doctores que susurraban entre sí.

— Necesito un médico.. ahora.

— ¿Usted está herido?. —Una enfermera se acercó a mí.

— No. Es para alguien más... —Yo miré a mi alrededor y tomé del cuello al primer doctor que estaba cerca de mí.— Tú servirás, vámonos.

— ¡¿Como?!

Con otro hechizo que manifesté, me llevé al doctor conmigo.

Y ambos aparecimos afuera de la pequeña casa, yo me derrumbó en el suelo escupiendo sangre. El doctor que estaba a mi lado, se inclinó hacia mí. Pero yo lo aparté.

— Olvídese de mi y atienda a la mujer que vive aquí. Rápido.

El doctor miró hacia atrás y simplemente asintió con la cabeza. Yo me quedé un momento en el suelo para tratar de regular mi respiración, yo todavía no me encontraba del todo recuperado y hasta sentí que la herida en mi pecho se estaba abriendo pero me quedé quieto hasta calmarme.

Cuando volví a ponerme de pie luego de uno minutos, el doctor salió.

El doctor se limpiaba la frente.

— No le queda mucho tiempo.

— ¿Qué?.

— Algunos de sus órganos estan fallando, ya es una mujer mayor, incluso si volvemos al hospital para hacerle algún tratamiento, solo alargaremos su sufrimiento.

— Pero.. debe existir Magos verdad, quizá magos expertos en ese hospital.

Me niego, me niego a quedarme de brazos cruzados.

— Si pero los magos no pueden sanar enfermedades terminales. Porque las células malignas dañan cada segundo el cuerpo, sería tener trabajando a un mago toda su vida y eventualmente, el maaná no es eterno.

Me quedé sin respiración.

El doctor colocó la mano sobre mi hombro antes de mirar a su alrededor y tratar de irse por su cuenta en medio del bosque.

Mientras tanto yo, me quedé quieto.

No sabía qué pensar pero luego de otros minutos. Avancé por la puerta y me acerqué a la cama de Amelia, sin expresión alguna, me senté a lado de su cama y le llevé un trozo de manzana de la misma manera que ella lo hizo por mí.

— ¿Como te sientes?. —Pregunté.

— Estoy muy bien, ese doctor sacó un polvo de su bolsillo y cuando lo bebí, la cabeza dejó de dar vueltas pero.. ¿De dónde salió?.

— Estaba de paso, no te preocupes. —Yo le entregué el trozo de manzana.— ¿Puedo pedirte un favor?.

Ella comió la manzana antes de sonreirme.

— Claro pequeño Lumi.

— No tengo recuerdos acerca de mi infancia, quizá tenerme encerrado en ese Santuario me hizo perder los recuerdos, ¿Me puedes contar sobre mi niñez?.

La sonrisa de Amalia se iluminó.

Y pronto, ella comenzó a relatar todo desde un principio. Como una mujer que nunca tuvo hijos y que su esposo falleció, se quedó en la mansión para trabajar como Condesa hasta que me encontró. Dijo que no necesitó de criadas para cuidarme y ella tampoco asistía a fiestas sociales solo para jugar conmigo. Dice que yo crecí rodeado de amor pero los demás nobles se percataron de su ausencia y había rumores, rumores que no tardaron en llegar a oídos de los Sacerdotes del Santuario.

— Antes de que ellos te apartaran de mí, te prometí que te cantaría por tu cumpleaños, lo siento mucho que ese día nunca llegara.

— Lo entiendo, ¿Por qué no me cantas ahora?.

— ¿Ahora? Pero ya estoy vieja. —Ella rió.

— Hazlo, por favor.

Ella estuvo pensativa por un momento pero luego cantó. Una voz melodiosa, suave y gentil se extendió, incluso ella canta bien como lo hacia mi madre, me incliné lo suficiente para dejar mi cabeza en su regazo y ella me acarició el cabello, como siempre lo hizo.

No dejaba de transmitir amor.

Y a la mañana siguiente, no volvió a despertar.

Tomé su mano una última vez, recordando sus palabras antes de que ella se durmiera.

"Prometeme que vas a ser feliz"

Ni siquiera yo estaba seguro si yo podría encontrar la felicidad algún día, cada día es cazar demonios con la condición de que mi alma no sea torturada, ni siquiera sé si algún día seré libre.

Enterré el cuerpo de Amelia en el jardín, a fuera de su pequeña casa, escribí su nombre en un trozo de madera y dejé una manzana arriba sobre la tierra. Cerré los ojos un momento y luego me puse de pie.

Quizá no pueda prometerte mi felicidad mamá, pero te prometo que algún día buscaré mi libertad.

Finalmente me marché de ahí.

Con mi última promesa en el aire.

....

Dentro del profundo bosque, un hombre en bata llevaba días caminando, el doctor estaba agotado y miró a su alrededor.

— Creo que si me perdí.

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Comments

Ophelia Palafox

Ophelia Palafox

pobre doctor /Grievance/

2024-03-29

0

Ophelia Palafox

Ophelia Palafox

lloré 😢😢😢
al menos la condesa se fue contenta de ver por última vez a su hijo y de cierta manera el tuvo una despedida de su mamá 😢😢😢

2024-03-29

0

Jenifer 🤓💫

Jenifer 🤓💫

Ay pobre😅 Hasta yo me olvide de él

2023-10-11

2

Total
Capítulos
1 Prólogo
2 Capítulo 1: Hasta los Dioses necesitan ayuda
3 Capítulo 2: Recuerdos dolorosos de un pasado imperdonable
4 Capítulo 3: En dirección a la ciudad capital
5 Capítulo 4: Dentro de las enormes paredes de un Castillo
6 Capítulo 5: Una misión que duda toda capacidad de atención
7 Capítulo 6: El estatus del maaná y su infortunio
8 Capítulo 7: El demonio que apareció en el peor momento
9 Capítulo 8: Las nuevas órdenes de un soberano hacia su títere
10 Capítulo 9: El silencio de los secretos
11 Capítulo 10: El dulce canto de un ser querido
12 Capítulo 11: El papel de héroe está disponible
13 Capítulo 12: Una escapatoria hacia lo conocido
14 Capítulo 13: El dolor oculto tras los experimentos
15 Capítulo 14: Un viejo amor de la infancia
16 Capítulo 15: El hogar y el amor de una familia
17 Capítulo 16: Una enfermedad que marca el corazón de la ira
18 Capítulo 17: El cambio drástico de una generación de elfos
19 Capítulo 18: Una pista para la liberación
20 Capítulo 19: El primer amor nace de una buena acción
21 Capítulo 20: Una sonrisa sin arrepentimientos y orgullo
22 Capítulo 21: El miedo más irracional
23 Capítulo 22: Las mentiras de un líder hacia su raza
24 Capítulo 23: La lucha por la paz renace
25 Capítulo 24: La puerta de lo desconocido
26 Capítulo 25: La historia de una enfermedad que nunca acabó
27 Capítulo 26: Los secretos revelados detrás de un portal
28 Capítulo 27: Un trato a cambio de poder
29 Capítulo 28: Las leyes de un mundo distintas al nuestro
30 Capítulo 29: El fanatismo que proviene de un protagonista
31 Capítulo 30: El plan de infiltración
32 Capítulo 31: El nuevo mago al servicio de la reina
33 Capítulo 32: Las granjas donde los gritos son ahogados
34 Capítulo 33: El acto de fingir y tomar un papel de un ilustre hechicero
35 Capítulo 34: Un pequeño secreto resguardado en la torre
36 Capítulo 35: El amor llega cuando menos lo esperas
37 Capítulo 36: La cura ante todas las exigencias
38 Capítulo 37: Un pastel lleno de sonrisas
39 Capítulo 38: Una cita en medio de lobos hambrientos
40 Capítulo 39: El valor de proteger a un ser amado
41 Capítulo 40: La reunión de las brujas a través de los sueños dimensionales
42 Capítulo 41: La orden de una posible revolución
43 Capítulo 42: El dilema de la familia con el personal
44 Capítulo 43: El poder que no me hace un ser divino
45 Capítulo 44: Los secretos que comienzan a salir a la luz
46 Capítulo 45: Los relojes que comenzaron a contar hacia atrás
47 Capítulo 46: La fuerza de proteger a los débiles más no amenazarlos
48 Capítulo 47: El cambio de una perspectiva a través del amor
49 Capítulo 48: Los desastres antes de la llegada de un Dios
50 Capítulo 49: El ser que busca la aniquilación
51 Capítulo 50: Hay que abrazar las lágrimas para avanzar hacia el futuro
52 Capítulo 51: El respeto nulo de la jerarquía
53 Capítulo 52: El resarcimiento de todo el dolor ocasionado
54 Capítulo final: El deseo de convivir en familia
Capítulos

Updated 54 Episodes

1
Prólogo
2
Capítulo 1: Hasta los Dioses necesitan ayuda
3
Capítulo 2: Recuerdos dolorosos de un pasado imperdonable
4
Capítulo 3: En dirección a la ciudad capital
5
Capítulo 4: Dentro de las enormes paredes de un Castillo
6
Capítulo 5: Una misión que duda toda capacidad de atención
7
Capítulo 6: El estatus del maaná y su infortunio
8
Capítulo 7: El demonio que apareció en el peor momento
9
Capítulo 8: Las nuevas órdenes de un soberano hacia su títere
10
Capítulo 9: El silencio de los secretos
11
Capítulo 10: El dulce canto de un ser querido
12
Capítulo 11: El papel de héroe está disponible
13
Capítulo 12: Una escapatoria hacia lo conocido
14
Capítulo 13: El dolor oculto tras los experimentos
15
Capítulo 14: Un viejo amor de la infancia
16
Capítulo 15: El hogar y el amor de una familia
17
Capítulo 16: Una enfermedad que marca el corazón de la ira
18
Capítulo 17: El cambio drástico de una generación de elfos
19
Capítulo 18: Una pista para la liberación
20
Capítulo 19: El primer amor nace de una buena acción
21
Capítulo 20: Una sonrisa sin arrepentimientos y orgullo
22
Capítulo 21: El miedo más irracional
23
Capítulo 22: Las mentiras de un líder hacia su raza
24
Capítulo 23: La lucha por la paz renace
25
Capítulo 24: La puerta de lo desconocido
26
Capítulo 25: La historia de una enfermedad que nunca acabó
27
Capítulo 26: Los secretos revelados detrás de un portal
28
Capítulo 27: Un trato a cambio de poder
29
Capítulo 28: Las leyes de un mundo distintas al nuestro
30
Capítulo 29: El fanatismo que proviene de un protagonista
31
Capítulo 30: El plan de infiltración
32
Capítulo 31: El nuevo mago al servicio de la reina
33
Capítulo 32: Las granjas donde los gritos son ahogados
34
Capítulo 33: El acto de fingir y tomar un papel de un ilustre hechicero
35
Capítulo 34: Un pequeño secreto resguardado en la torre
36
Capítulo 35: El amor llega cuando menos lo esperas
37
Capítulo 36: La cura ante todas las exigencias
38
Capítulo 37: Un pastel lleno de sonrisas
39
Capítulo 38: Una cita en medio de lobos hambrientos
40
Capítulo 39: El valor de proteger a un ser amado
41
Capítulo 40: La reunión de las brujas a través de los sueños dimensionales
42
Capítulo 41: La orden de una posible revolución
43
Capítulo 42: El dilema de la familia con el personal
44
Capítulo 43: El poder que no me hace un ser divino
45
Capítulo 44: Los secretos que comienzan a salir a la luz
46
Capítulo 45: Los relojes que comenzaron a contar hacia atrás
47
Capítulo 46: La fuerza de proteger a los débiles más no amenazarlos
48
Capítulo 47: El cambio de una perspectiva a través del amor
49
Capítulo 48: Los desastres antes de la llegada de un Dios
50
Capítulo 49: El ser que busca la aniquilación
51
Capítulo 50: Hay que abrazar las lágrimas para avanzar hacia el futuro
52
Capítulo 51: El respeto nulo de la jerarquía
53
Capítulo 52: El resarcimiento de todo el dolor ocasionado
54
Capítulo final: El deseo de convivir en familia

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