— Luminor... ¡Luminor!
No me había dado que estaba acelerando el paso, solo cuando me detuve y me giré, es que Victoria estaba a unos diez metros corriendo hacia mí. Supongo que estaba divagando mucho en mi mente.
— ¿Si?. —Murmuré.
— Vaya que pregunta. —Victoria se inclinó un momento para recuperar el aire.— ¿Sabes al menos donde te diriges?.
Cuando bajé la mirada hacia mi mano, es que me percaté que las marcas en mi mano eran los demonios, no necesariamente era la ubicación de Emma. Coloqué la mano en mi cabeza para intentar calmarme un poco, no estaba pensando con lógica, por supuesto.
En primer lugar, ni siquiera sé dónde está ubicado ese Castillo y estamos en un continente desconocido.
— No. —Admití mi ignorancia.
— Lo supuse. Primero debes calmarte, no conseguirás nada con la cabeza caliente.
Tiene razón.
Aun así, me di la vuelta y seguí caminando pero esta vez decidí alentar mi paso, al menos lo suficiente para que Victoria me alcance. Ella continuó hablando.
— Será un poco difícil orientarnos aquí, generalmente no hay mapas en Asgard y no es como si a los demás les importara visitarse entre clanes.
El mapa en mi mano solo me mostraba una leve sombra de los bordes de los continentes, más no había divisiones ni nombres.
— Y supongo que adentrarnos a un lugar solo para buscar un mapa solo nos pondría en peligro, ¿verdad?.
— Sin mencionar que tu cabeza tiene precio. —Victoria soltó una leve risa.
Y yo me detuve.
Para el momento que mis pasos se habían detenido, yo me giré hacia Victoria y ella, en su miedo a mi silencio, rápidamente cubrió su boca con sus manos.
— Lo lamento.
Pero yo no estaba preocupado a su broma.
Simplemente incliné la cabeza hacia abajo, al suelo. De alguna manera, sentí que algo se retorcía, bajo unas hojas de color naranja, lo bueno es que me percaté de ello al instante y ninguno de los dos lo pisó. Bajé una rodilla al suelo para levantar las hojas y luego, me sorprendí al ver una pequeña hada, herida.
Victoria se quedó sin aire.
— No puede ser..
Cuando tomé al hada en mis manos y me volví a poner de pie, le di una mirada más detenida. A simple vista uno creería que está muerta pero sentí su pequeña respiración, estaba viva y probablemente agonizando.
— Le han arrancado las alas.
Victoria se tomó unos segundos para explicarme la importancia de las alas de un hada. En pocas palabras, es como si fuera las uñas y dientes de un humano, qué, al ser arrancadas no te provocan una muerte inmediata, solo una agonía por el fuerte dolor recibido. Lo más seguro es que esta pequeña hada estuviera agonizando por el dolor de sus alas arrancadas.
— Luminor, trata de sanarla.
Huh..
Evadí la mirada de Victoria.
Ojalá fuera sencillo.
Por culpa de Seraff no puedo usar ningún tipo de magia que contenga sanación. Victoria al percatarse de mi mirada, lo entendió y fue ella quién levantó sus manos sobre las mías para conjurar magia sobre la pequeña hada.
Puff
Hubo una luz verde que creció entre nuestros dedos, el brillo crecía a medida que la pequeña hada comenzaba a abrir los ojos. Nos quedamos en silencio a esperar lo mejor. Cuando Victoria se detuvo y alejó sus manos, las alas parecían haber cicatrizado. Quizá no logró recuperar sus alas pero al menos ya no estaba sufriendo. El hada se sentó sobre mis manos y nos observó a ambos.
Pero no dijo nada, más que poner una cara de asco cuando Victoria le sonrió.
— Hey ..
Victoria intentó reprochar pero el hada solo me sonrió a mí.
— Gracias señor, no sé qué hubiera hecho sin usted.
— Yo no fui. —Respondí.
— Fui yo. —Victoria colocó las manos en sus caderas.
— Escucho una brisa muy molesta señor. —El hada subió por mi brazo y finalmente se sentó en mi hombro, solo pude sentir un pequeño abrazo de su parte hacia mi mejilla.— Estoy agradecida con usted.
Está ignorando a Victoria.
¿Quizá porque es humana?.
Yo le negué la cabeza a Victoria para que lo pasara por alto y ella se cruzó de brazos y miró hacia otro lado, con notable molestia.
— ¿Como te llamas?. —Pregunté.
El hada parecía estar contenta contra mi mejilla, por un momento pensé que este cuerpo fabricado por Seraff quizá tenga algo que ver. Y sin embargo es extraño, pensé que en este continente me estaban cazando, como aquel Minotauro.
— Sandy señor y... ah ¡mis hermanas!.
Ella parecía más preocupada ahora, como si hubiera recordado lo que había sucedido. Se quedó sentada sobre mi hombro mientras seguía hablando.
— Mis hermanas y yo fuimos capturadas por los elfos cuando estábamos recogiendo algunas bayas. Yo logré escapar pero.. sin mis alas.
Victoria y yo supimos que Sandy derramaba algunas lágrimas cuando su pequeña mano limpiaba su rostro. No pensé que los elfos estuvieran capturando a hadas pero antes de preguntar, ella estaba explicando todo lo que había sucedido.
Detrás de las paredes del Castillo de los elfos.
.....
. .
.
— ...
— ...
Bajo un enorme prado, un joven elfo arrastraba a una pequeña niña a través de unas flores de color violeta. El agarre en su mano no era fuerte pero era lo suficientemente firme para llevarla con él.
— ...
— Hmm..
Aunque Martis no se detuvo en ningún momento, podía sentir la mirada de aquella niña que lo estaba observando con una expresión de decepción y enojo. Aquella mirada incluso lo hizo sentir culpable y luego de unos minutos, se detuvo para girarse hacia la niña que nunca cambió de expresión.
— Deja de mirarme así..
— ....
— De acuerdo, sé que lo que hice está mal pero deja de mirarme así, siento que estoy cometiendo un pecado!. —Martis se sintió nervioso y hasta cierto punto intimidado.
Pero a pesar de ello, Emma se cruzó de brazos y negó con la cabeza.
— ¡Perdon! ¿Si?. —Admitió Martis.— Sé que no debí separarte de ellos pero yo también tengo mis razones.
Aunque Martis estaba un tanto triste, se sintió culpable. Pero Emma sólo alejó su expresión de enojo a una de: estoy decepcionada de ti. Esto hizo que Martis se re-planteara si lo que estaba haciendo valía la pena o no, se sentó en el suelo unos momentos y colocó las manos sobre su rostro para intentar calmar ese sentimiento de culpabilidad.
Aunque Emma no podía escuchar, hizo lo posible para leer sus labios y sus expresiones.
— Helda.. es decir, Madam Helda, estoy haciendo todo por ella. —Dijo Martis luego de suspirar.— Ella es quién lidera a los elfos pero para mí, siempre será mi amiga de la infancia y mi primer amor.
Emma se inclinó sobre sus dos rodillas al ver que Martis tenía un rostro decaído y al borde de las lágrimas, así que colocó la mano en su cabeza a modo de consuelo. Esto hizo que él pudiera ser abierto con sus pensamientos, por una vez en su vida.
— Cuando era niño, Helda sufrió una enfermedad, una extraña enfermedad. Los elfos somos conocidos por resistir a las enfermedades, así que un caso como el de Helda hizo que todos en el clan de los elfos se asustaran. Su Padre, el anterior jefe hizo lo posible para obligar a algunos elfos a encontrar la cura pero nada fue posible. Y luego, ocurrió. Helda se salvó y tomó la posición de su padre cuando falleció.
Martis parecía estar recordando todo poco a poco, cada detalle y luego de tomar un respiro, continuó.
— Sé que ella.. no toma las mejores decisiones y sus métodos quizá sean.. poco ortodoxos pero, si yo la ayudo a abrir el portal que tanto desea, entonces ¿Volverá a ser la misma joven sonriente?.
Martis creía fervientemente que ayudar a Helda a sus objetivos haría que todo regresara ser como antes, lo que desconocía, es que había transcurrido cincuenta años y aunque era poco tiempo para los elfos con sus vidas tan prolongadas, ellos también podían cambiar.
Luego de desahogarse un poco más, Martis levantó la cabeza.
— Prometo que no haré que nadie te lastime, una vez que él llegue, te dejaré ir.
Martis se puso de pie, aunque no tenía ningún interés en Emma, solo quería atraer a Luminor al Castillo. No importaba la recompensa que se anunciaba, tampoco los privilegios o la fama que consiguiera, la final, estaba ciegamente enamorado y estaba decidido en cumplir el deseo de la elfa que tanto amaba.
Esta vez, Martis siguió caminando pero no se atrevió a tirar a Emma de la mano, al contrario, ella lo siguió.
Con la confianza de que Luminor estaría a salvo sin importar lo que pase.
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