Asgard
Un continente mediano donde habitan todos los seres mágicos que eran imposibles de ver en mi mundo. Existen sirenas, hadas, duendes y otros seres no-humanos. Aunque son criaturas hostiles, algunos emprenden un viaje hacia Rizz para poder formar parte de algunos Gremios, aunque según Victoria, esa hostilidad nace por un pasado cuando hace siglos, algunos monarcas de Rizz intentaron esclavizarlos. Las vidas de los humanos son más fugaces, mientras tanto, el odio y el resentimiento de aquellas criaturas no lo era, llegan a vivir más de 300 años y se tiene conocimiento de un duende que vivió por 1000 años. Así que es normal contar anécdotas de aquellos días a la siguiente descendencia para que el resentimiento perdure. Por fortuna, algunos tienen la voluntad de hacer su propio camino, alejado de un recuerdo doloroso por los antepasados.
Divisé al horizonte, en medio de un vasto océano cuando por fin había tierra firme.
Martis avanzó por el barco hasta nosotros, con una mirada de enojo y luego se cruzó los brazos.
— ¿Por qué tuve que pagar el viaje yo?.
— Es lo menos que puedes hacer por intentar apuñalar a Luminor, agradece que no hagamos polvo. —Victoria le sacó la lengua.
— Serán..
Martis murmuró en voz baja, casi mordiéndose la lengua. Mientras tanto, yo acaricié la cabeza de Emma mientras dormía sobre unas cajas. El barco en el que zarpamos era enorme y los marineros de la zona no tenían problema en llevarnos a cambio de dinero, de hecho, esto lo hacían con frecuencia. Aunque ambos continentes están en paz, no muchos de Asgard abandonan sus tierras y los que sí, son considerados basuras por sus clanes.
No hay ciudades principales en Asgard, los territorios están divididos por clanes y cada uno tiene sus reglas. Por ejemplo, está prohibido nadar por los alrededores del Norte y el Sur de Asgard, donde se asientan las sirenas, tampoco puedes robar flores en el territorio de las hadas, ya que están muy arraigadas a la naturaleza y por supuesto, nada de cortar madera, eso es trabajo de los duendes.
No tengo intención de provocar una revuelta en todo un continente, solo haré mi trabajo de matar a quienes yo tenga que matar y me iré de aquí.
— Luminor..
— ¿?
Gire la mirada hacia Victoria cuando se acercó a mí.
— Estas .. buscando esas criaturas, ¿verdad? Como lo que vimos en el acantilado.
Ah, cuando aniquilé a esa criatura con forma de oso y alas, todavía recuerdo ese dolor en el pecho.
— Si, los demonios.
¿Debería llamarlo así?
Aunque Seraff mencionó que eran demonios, me parece muy raro que tengan una forma e imagen distinta a como los tenemos en la tierra. Parecen animales con formaciones extrañas, volví a mirar a Victoria.
Ella estaba en silencio, como si dudara un poco en seguir hablando o no.
— Alguna vez te haz preguntado, ¿Si realmente son demonios..?
Ahora yo me quedé en silencio.
— ¿A qué te refieres?. —Pregunté.
— Verás, cuando era niña me enviaron al Santuario Sagrado para tener clases ahí, ya sabes, como miembro de la realeza es obligatorio servir los mandatos de nuestro Dios. Pero lo primero que te enseñan ahí, es que no existen los Demonios, ni los Ángeles.
¿No existen..?
Ni siquiera sé que pensar, es decir, no es como si yo hubiera visto uno con mis propios ojos, este mundo era una locura para mí que simplemente decidí creer a las palabras de Seraff por miedo. Todo era tan irrealista, que la imagen de un demonio en mi cabeza era de aquellas criaturas.
Si no son demonios... ¿Que son?.
Ni siquiera sé porqué le doy mi confianza a Seraff. Está claro que tiene más secretos de lo que aparenta.
Te doy mi permiso
Incluso me dijo que yo podía quemar o robar lo que yo quisiera, todo mientras yo matara a esos "demonios", ¿Qué clase de Dios permite algo así en el mundo que debe cuidar?.
— Ah..
De pronto, he sentido como una pequeña mano fue colocada en mi mejilla. Era Emma y parecía que se había despertado. Sin embargo, el toque fue tan cálido que por un momento me hizo olvidar el enojo interno que tengo por Seraff, Victoria soltó una pequeña risa.
— Estabas frunciendo el ceño otra vez, creo que a Emma no le gusta verte enojado. —Ella rió.
— No estaba enojado. —Respondí apartando la mano de Emma con suavidad.
Emma luego levantó las manos para gesticular.
— "Todo estará bien"
— "Lo sé, gracias". —También le respondí con mis manos.
El resto del viaje me dejó más que dudas en mi cabeza y por mucho que quiera huir, no puedo, sé que Seraff me está observando, así que por ahora, me concentraré en esos demonios o lo que sea que fueran.
Una vez que llegamos a tierra firme, la arena bajo nuestros pies no tardó en desaparecer a unos metros para dar vista a un suelo verde lleno de césped. Habían árboles increíblemente enormes, probablemente de la altura de 10 metros o más, y además, tenían colores llamativos. Hojas naranjas y amarillas caían como si fuera otoño, cuando me giré, el barco que nos había traído hasta aquí ya había zarpado y con una mirada de asombro de Victoria, nos percatamos de algo.
Martis había huido.
Y no sólo eso, Emma también. Por la mirada de pánico de Victoria, supe que parecía más aterrada que yo.
— Yo.. yo.... Emma estaba aquí hace un segundo, la ayudé a bajarse del barco, solo aparté la mirada tres segundos y..
— Calma. —Respondí.
Incluso estaba temblando.
Volví a mirar a mi alrededor, como una rata de alcantarilla, Martis había desaparecido junto a Emma, aprovechó dos segundos que bajamos la guardia para huir y lo peor de todo, se aprovechó de una niña que ni siquiera puede hablar.
— Perdon... lo lamento, no sé..
— Victoria, él no le va a hacer daño.
— ¿Qué?.
Pisé con fuerza la arena que estaba bajo mis pies. Martis no solo huyó, también había dejado un mensaje en la arena con magia.
"Ven al Castillo si la quieres de vuelta"
Las cenizas de lo que alguna vez estuvo escrito en su mensaje, desapareció.
— Ahora si estoy molesto.
.....
.
.
..
.
— Inyecte más baba de caracol.
— No por favor..
Los gritos son frecuentes día a día en el Castillo de Asgard, gobernado por los elfos y bajo las paredes oscuras de tierra y barro, estaban seres mágicos que estaban atados con cadenas en sus cuellos. Algunos agotados, otros con traumas, pánico en sus ojos día y noche, con el miedo de que la puerta de su celda se abra porque una vez que lo hacía, no había más que sufrimiento.
— ¡Ahhhh!.
Una joven juntaba con fuerza sus piernas, hacia su pecho mientras colocaba sus manos en sus orejas para no seguir escuchando los gritos de dolor. Pero pronto, abrió los ojos cuando dos elfos se acercaron a su celda, ambos vestían batas blancas, uno de ellos llevaba lentes y el otro traía una tabla con papel en sus manos junto a un bolígrafo.
— Deja de negarte, sabemos que eres una sirena. —Murmuró uno de ellos.
— No lo soy, soy humana.
La joven repetía una y otra vez la mentira pero los elfos sabían la verdad. Entre los clanes de las sirenas, se esconde una poción que les permite convertir la cola en piernas pero es una pócima milenaria, tanto que parece una leyenda, solo las verdaderas sirenas tienen conocimiento de aquello. Y los elfos estaban más que curiosos por saber cómo funciona la pócima y quieren descubrir si pueden manipularla para beneficio de los elfos.
— Algún día mostrarás la cola.
— Y cuando lo hagas, la vamos a diseccionar.
Los elfos se alejaron de los barrotes para dirigirse a la siguiente celda. La joven seguía ocultando el rostro en sus piernas pero luego y sin que nadie la observara, tomó la perla que colgaba de su cinturón y la agrandó en sus manos, hasta quedar del tamaño de una pelota de tenis. Ahí dentro había un líquido espeso de color azul en su interior.
Era la pócima, oculta en una perla.
La joven bebió el contenido para seguir manteniendo sus piernas pero era un riesgo, algún día su pócima iba a acabar y cuando llegue cierto momento, su cola aparecería. Estaba aterrada que los elfos la descubran y comiencen a experimentar con ella. Levantó la mirada hacia la pequeña ventana que estaba a lo alto de su celda y con lágrimas en sus ojos, solo pidió un deseo.
— Por favor, quien sea, ayúdeme.
***¡Descarga NovelToon para disfrutar de una mejor experiencia de lectura!***
Updated 54 Episodes
Comments