...CLARA:...
No comprendía la rabia que me inundó, lo atribuía a que Cristopher quería que permaneciera sola y encerrada en esa habitación y yo por supuesto no iba permitir eso, si quisiera quedarme en una habitación no lo hubiera seguí hasta otro reino diferente. No iba volver a recaer, pero a pesar de que aceptó mi exigencia, yo seguía enojada.
Era una sensación que me hacía querer romper objetos.
Brotó de mí cuando me percaté de la presencia de Cristopher en la acera, no estaba solo, estaba con una mujer, tal vez una cortesana como la del carruaje, no pude ver su apariencia ya que estaba de espaldas, pero lo que si pude divisar es que la estaba besando.
Me había exigido que no llamara la atención y él lo estaba haciendo en plena calle, no había muchas personas, pero las pocas que estaban tampoco parecían darse cuenta del show que estaba armando con la desconocida, las miradas seguían deteniéndose en mí y eso me enfadó aún más. Si estuvieran desnudo en plena acera y yo estuviera a unos pocos metros, la reacción de esas personas hubiese sido la misma, me observaban como si tuviera rostro inhumano.
Quería gritarles un insulto para que dejaran de observarme, pero lo que más quería hacer era ir hasta donde se encontraba el espía y ver el rostro de la susodicha, el infeliz notó su presencia y no le importó seguir pegado a la mujerzuela.
Me marché antes de cometer algo irracional.
Traté de calmarme cuando llegué a la habitación, intenté escribir, pero nada me quitaba el mal genio. Era una reacción tan similar a la que me recorrió cuando Sandra se había quedado durmiendo con Itans en el cuarto de huésped, me enojó que estuviera con ese hombre y me abandonara, en ese entonces tenía miedo de que la única ancla que me quedaba me dejara sola.
La sensación era más fuerte con Cristopher besando a otra mujer, ni siquiera con Eidan llegué a sentirla, tal vez porque nunca lo observé besándose con otra.
Mi furia aumentó cuando volvió y me exigió una explicación de porque estaba en la calle, él no era mi dueño y no pude evitar reclamarle por el beso.
En ese instante me lo dejó en claro, no era mi asunto y tenía razón, Cristopher podía acostarse con quien quisiera, no éramos nada, ni siquiera amigos.
¿Entonces por qué eso no me calmaba?
Él era hombre y obviamente iba querer hacer cosas inmorales, sin que su reputación se manchara. El mundo seguía siendo desigual, los hombres podían acostarse con todas las mujeres del mundo y su dignidad seguía intacta, en cambio una mujer deshonrada fuera del matrimonio era considerada una mujerzuela y toda su vida sería repudiada, no le quedaría más remedio que ganarse la vida abriendo las piernas, como esa desconocida.
Cristopher salió del baño y fingí estar concentrada en el libro que tenía en mis manos.
Me tensé cuando salió sin nada de ropa, solo una toalla cubriendo su cintura.
Mis ojos se apartaron del borde del libro.
Toda su piel era blanca y limpia, su cuerpo de guerrero era todo un sueño, tenía los pectorales bastante formados, un abdomen tallado en músculos y unos hombros firmes, con poderosos brazos.
Las piernas también estaban bien trabajadas.
Llegó hasta su valija y eso me permitió ver su espalda, los músculos tensos que se estiraban con el movimiento de sus brazos buscando algo en la valija.
Mis ojos no pudieron evitar llegar hasta sus nalgas, que se moldeaban perfectamente contra la toalla.
La necesidad de apretar su trasero me recorrió.
Jamás había visto un hombre así de desnudo, si tuviera el talento de Sandra, lo hubiese pintando de inmediato.
Parecía una escultura en mármol que hubiese tomado vida propia y eso me molestó aún más.
Me molestaba que fuese tan perfecto y más al pensar en la cantidad de mujeres que seguramente había llevado a la cama utilizando esa belleza.
Se giró con su ropa en manos y volví mi vista a las páginas.
Entró de nuevo al baño, me relajé.
Salió después de unos segundos, vestido con una camisa blanca holgada, calzones y medias.
— ¿Durmió? — Cortó el silencio, me tomé mi tiempo, fingiendo estar concentrada en mi libro.
— Si — Dije, sin apartar mis ojos de las letras.
— Yo dormiré un poco, estoy agotado.
Me mordí la lengua para no responder algo que tuviera que ver con la mujer de la acera.
— Dejaré un espacio por si le da sueño — Dijo y lo observé, estaba sentado sobre la cama, con el cabello revuelto.
Sentí mis mejillas arder.
— No se preocupe, si me da sueño dormiré en el sillón.
— No le haré nada, yo no muerdo — Murmuró y sus ojos brillaron de una forma extraña, sentí una punzada en mi vientre.
— Tendría que usar la pimienta en usted si fuese así.
Se rió — Sería traidor de su parte usar las armas que le dí contra mí.
— No si es en defensa propia.
— No se preocupe, no voy a tocarle ni un hebra de su cabello — Me juró y una extraña decepción me recorrió.
Eso debería dejarme aliviada, me desagradaba la idea de un hombre desconocido acercándose, pero con ese hombre fue todo lo contrario.
Se dejó caer en la cama y cubrió su cuerpo con las mantas.
— Al parecer su encuentro con esa cortesana lo dejó agotado — No pude evitar que mi lengua se detuviera.
Desde mi posición no pude ver su expresión, pero su cuerpo se quedó inmóvil.
— Esa mujer no es una cortesana — Confesó y no le creí.
— ¿Ah, no? Juraba que sí.
— Forma parte del grupo de espías, es mi compañera — Gruñó mientras observaba el techo.
Eso aumentó mi enojo,la conocía, no era un entretenimiento de una noche.
— ¿Cómo se llama? — Pregunté, encajando mis dedos en el libro.
— Mina, la conozco desde hace diez años — Ese tiempo era casi toda mi vida — Por cierto, se está alojando en ésta misma posada, ninguno de mis compañeros sabe que la he traído a ésta misión, así que debe ser muy discreta.
La susodicha estaba tan cerca, quise preguntar el número de la habitación, pero no iba llegar tan lejos, si mostraba interés él lo iba malinterpretar.
— He sido muy discreta, usted no lo fue cuando estaba con su compañera, estaban llamando mucha atención besándose en la calle — Cerré el libro, controlé el tono de mi voz, pero era difícil no empezar a gritar.
— Tiene razón, mi compañera me extrañaba y quiso recordar viejos tiempo — Dijo y una ola de repulsión me recorrió — Gracias por no acercarse, no sabría que cosa inventar.
Agradecerme era peor de humillante.
— ¿Son novios? ¿Se van a casar? — Pregunté, sintiendo el sabor amargo de la respuesta.
— Mi trabajo no me permite tener vida personal, es necesario estar solo — Dijo con un tono resignado y el enojo se fue de mí.
— ¿Por qué no?
— El riesgo, el constante peligro, soy el perro chismoso del Rey Evans y tengo muchos enemigos, estar solo me libra de sufrir, si me atrapan únicamente moriré yo, pero si tuviera una familia o alguien que me importara, estoy seguro de que la usarían para encontrarme — Suspiró pesadamente y me embargó la lástima.
Se giró, dándome la espalda.
Eso significaba que estaba solo en el mundo y que no tenía nadie. ¿Qué hay de sus padres? Tal vez era huérfano como yo.
Su respiración se tornó pesada y supe que se había quedado dormido.
Intenté dormir en el sillón, pero lo cierto es que era muy incómodo, tenía bastante sueño y también frío.
Me cambié el vestido por uno de mis blusones, me acerqué a la cama y me acosté en el lado vacío.
Por fortuna la cama era grande y no me preocupé por el cuerpo que estaba a unos pocos centímetros.
Me arropé y dormí de espaldas a Cristopher, mientras mi mente se empeñaba en recordar que él estaba solo y sentí mucha pena por mi compañero, por un tiempo yo había sentido lo mismo, pero no había comparación, una cosa era sentir soledad y otra cosa era estar completamente solo, sin nadie que se preocupara por ti.
Me dormí después de tanto pensar en eso.
...****************...
Un extraño ruido me despertó, eran jadeos, palabras incoherentes que sonaban al antiguo idioma y movimentos bruscos detrás de mí.
Me giré asustada, Cristopher estaba boca arriba, su pecho se agitaba frenéticamente junto con su respiración, sus parpadeos se movían y estaba sudando.
Seguía murmurando palabras y soltando gemidos de dolor.
Estaba teniendo una pesadilla.
Sus manos se enterraron en la manta.
No sabía que hacer, lo menos que quería era despertarlo y que me encontrara a su lado, decidí esperar a que se le pasara.
No se tranquilizó.
Empezó a gritar y me acerqué a su cuerpo, estaba caliente y abracé su pecho, apoyando mi cabeza de su hombro.
Coloqué mi mano en su mejilla, se sentía rasposa por la barba que le estaba creciendo.
— Tranquilo, todo estaba bien — Murmuré suavemente y empecé relajarse, su cuerpo dejó la tensión, su respiración se calmó y se quedó en silencio.
Me dió curiosidad saber el motivo de su tormento.
Debía apartarme, pero no puede.
Se sentía bien tener su cuerpo junto al mío y escuchar sus latidos disminuyendo en su pecho.
Era firme y suave a la vez.
Me quedé dormida de nuevo, sintiendo una paz en mí.
Abrí mis ojos, la habitación estaba llena de luz y supe que había amanecido.
Estaba de nuevo de espaldas, con mi cuerpo hacia la ventana, pero algo era diferente, mi cuerpo empezó a latir rápidamente cuando sentí la respiración cálida en mi cuello.
El cuerpo firme de Cristopher estaba cernido a mi espalda y me preparé para el pánico, pero esa sensación no fue la que me envolvió, sino nervios que no tenían nada que ver con miedo.
El peso de su brazo rodeando mi cintura me hizo estremecer, me estaba abrazando y no podía moverme, si insistía se despertaría. No quería eso, sería demasiado incómodo para mí.
Me encontraba atrapada contra su cuerpo sin poder hacer nada.
La calidez que emanaba de él aumentó mi respiración.
Estaba tan pegado que podía sentir sus músculos de acero, pero había algo más duro que presionaba contra mi trasero.
La sensación entre mis piernas se hizo presente, pero empezó a sentirse más fuerte conforme pasaba el tiempo y él no se despertaba.
La única forma de librarme de un momento incómodo era hacerme la dormida hasta que él despertara y se alejara de mí, pero por su respiración eso iba tardar.
Observé hacia abajo, su poderoso brazo estaba pegado a mi abdomen.
Me abrazó aún más, haciendo que la dureza contra mi trasero, presionara más fuerte.
Jadeé cuando sentí otra ola de hormigueo en mi feminidad.
Pensé en el libro de reproducción, comprendí de inmediato lo que era esa dureza y casi grito espantada, pero eso lo despertaría.
Algo no encajaba ¿Si estaba dormido cómo podía estar... Al menos que no estuviera dormido y estuviera fingiendo para propasarse.
Me enojé, pero mi cuerpo seguía reaccionando a la cercanía, la necesidad en mi cuerpo era incómoda, no parecía disminuir, me causaba un desasosiego, quería aliviarlo y sin que pudiera mis caderas se movieron contra su dureza.
Eso me hizo temblar, me detuve con abrupto.
¿Qué estaba haciendo? ¡Esto era inmoral!
Mi corazón parecía querer salir de mi pecho y la necesidad aumentó.
El roce de su respiración en mi cuello me provocaba un cosquilleo que no ayudaba a calmarme.
Me froté otro poco y gemí sin poder evitarlo.
Me cubrí la boca cuando dejó salir una respiración que me indicó que se había despertado.
Me hice la dormida.
Retiró su brazo de mí y se apartó abruptamente, como si asustara despertar abrazándome.
La ausencia de su cuerpo me hizo sentir fría, pero me quedé quieta con los ojos cerrados y la respiración profunda.
Mi cuerpo volvió a apagarse.
La vergüenza me inundó, me sentí como una completa lujuriosa con lo que estaba intentando hacer mientras Cristopher dormía.
Tal vez aquello que sentía era lo que tenía que ocurrir con la cercanía de un hombre en el lecho, pero no de cualquier hombre.
Pensar en otros hombres me daba pánico, pero con Cristopher me sentía diferente y la curiosidad me embargó ¿Cómo se sentiría besarlo? ¿Cómo se sentirían sus caricias? Aquello hacía que mi cuerpo temblara.
La curiosidad de hace cuatro años volvió, con Eidan me había hecho preguntas similares, pero esto era muy diferente, con él no sentía la necesidad que me ocurrió hace segundos con Cristopher.
Decidí no pensar en eso, las cosas eran diferentes ahora, mis sueños de príncipe azul y matrimonio se había extinguido, tenía sueños más importante que cumplir.
Sinceramente no quería casarme y no era lo que pensaba al ver a Cristopher, era algo diferente, una curiosidad por sentir más de lo que acababa de experimentar nuevamente.
Era algo carnal.
Abrí mis ojos cuando sentí que se levantaba y caminaba hacia el baño.
Me senté en la cama.
No iba hurgar más en esa curiosidad, ni pensar en eso tampoco.
Al recordar mi mala experiencia todo aquello se esfumó como polvo.
La puerta se abrió, Cristopher salió con las mejillas sonrojadas, al verme ocultó su expresión.
Evité bajar mi mirada hacia los pantalones que llevaba puestos.
— Buenos días Señorita Clara.
— Buenos días.
No había ocurrido, ni volvería a ocurrir.
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Comments
Yeli Martinez
que tremenda 🤣🤣😁
se acaba de despertar una fiera. y una mujer despierta es peligrosa 😈
2025-03-14
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Yeli Martinez
este hombre lo golpearon de chiquito y quedó pendejo
2025-03-14
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Yesica López
Jajaja jajaja que cosas/Awkward//Awkward//Awkward/
2025-01-21
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